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Estar allí entonces, en la Escuela Lenin

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Vivienda del escritor cubano Félix Pita Rodríguez (al centro). El segundo, de izq. a derecha, es Gregory Randall, le sigo yo (Enrique Ubieta), a mis dieciseis o diecisiete años.

La Isla desconocida

Entre los “libros libres” que Rebelión ha situado en la red, aparece desde hace algunos días uno que lleva por título Estar allí entonces. Recuerdos de Cuba 1969 – 1983. Su autor es Gregory Randall, norteamericano de origen, hijo de la poeta, ensayista, traductora y fotógrafa Margaret Randall, cofundadora en México de la renombrada publicación El Corno Emplumado.

Su familia tuvo que establecerse en Cuba después de la brutal represión de la Plaza de Tlatelolco. A Gregory lo conocí en la redacción del periódico de la Escuela Lenin, donde ambos estudiamos, y fue -a pesar de ser dos años menor-, parte de nuestro grupo literario.

En el apartamento vedadense de su mamá, escuché en silencio a personajes como Eduardo Galeano y Alí Primera, que solo algunos años después pude valorar en su justa dimensión. Pero la sed de conocimientos nos llevaría entonces a los hogares de Félix Pita Rodríguez, Mariano Rodríguez, Eliseo Diego, Dora Alonso, Gaspar J. García Galló.

No había vuelto a saber de Gregory (le llamábamos Goyo). Este libro me ofrece la alegría de saber que no reniega de los años vividos en Cuba, y que, aún desde la necesaria perspectiva crítica, sigue amando a Cuba y a su Revolución.

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Fragmento del capítulo “La Lenin”

Por Gregory Randall

Poco a poco los cubanos fueron construyendo un sistema escolar diversificado. Había escuelas secundarias en la ciudad, a la que los chicos iban durante unas 4 horas al día, y existían también las llamadas «Escuelas al Campo» que estaban esparcidas por todo el país. En algunas regiones cada dos o tres km había una, rodeada de plantaciones donde trabajaban los estudiantes.

El «principio de la combinación del estudio y el trabajo», que impregnaba todo el sistema escolar cubano, significaba en ese caso que los chicos estudiaban media jornada y trabajaban en la agricultura la otra mitad del día. En general eran jornadas de 3 ó 4 horas, no muy exigentes pero que iban formando la disciplina y nos enseñaban ciertas habilidades. Había también escuelas deportivas donde los jóvenes con mayores potenciales atléticos se iban formando con más rigor como deportistas de alto rendimiento y escuelas artísticas dedicadas a la danza o a las artes plásticas.

Los principales cuarteles militares del país habían sido convertidos en ciudades escolares. Florecían las escuelas por todos lados. Cuando estaba terminando la primaria me enteré de que existía una escuela «vocacional» llamada Vento. Era algo así como una escuela con mayor rigor académico a la que se accedía por expediente y donde se suponía que los niños podían desarrollar mejor sus respectivas vocaciones.

La entrada era muy selectiva: había un número pequeño de lugares por región y se concursaba según las calificaciones de primaria para lograr el ingreso. Sarah, que entró un par de años después, fue la única que lo logró en su escuela. Conseguí entrar allí. Era el primer año de mi educación secundaria y seguía becado. Esta escuela estaba también en casas recuperadas como las de mi beca anterior, pero en la zona de Marianao. Había algunos cambios en la vida cotidiana. Ahora teníamos varios profesores en vez de un maestro y el trabajo manual se convertía en una actividad cotidiana. Me tocó trabajar produciendo artículos deportivos.

Ese año hice redes de baloncesto y pelotas de béisbol. Las redes las tejíamos con una cuerda gruesa enrollada en una agujeta que utilizábamos con habilidad para hacer los nudos. En los ratos libres intercambiábamos con algún amigo un nuevo punto de macramé. Las pelotas de béisbol tenían un corazón de trapo que apretábamos con fuerza entre nuestras pequeñas manos mientras enrollábamos una cuerda fina en todas direcciones. Un molde y un martillo de madera nos permitían darle una forma lo más esférica posible antes de coser algo parecido a una piel que las cubría. En los dormitorios había una disciplina cercana a la militar. A veces marchábamos en formación y cantábamos al paso: «¡sólo los cristales se rajan, los hombres mueren de pie y nosotros los pioneros moriremos como el Che!».

En la televisión pasaban en esos días una serie cubana que nos fascinaba. Se llamaba Los comandos del silencio y estaba basada en las acciones de los Tupamaros en Uruguay. La música de fondo era una canción compuesta por Sara González e interpretada por Silvio Rodríguez. Mientras un combatiente se preparaba para salir a un contacto o a una acción de guerrilla urbana se escuchaba la canción de fondo: «un hombre se levanta, temprano en la mañana, se pone la camisa y sale a la ventana, un hombre simplemente…».

Cada episodio narraba una acción real que había sucedido poco antes en el Uruguay. Ese año estuvimos en Vento mientras se construía nuestra futura escuela: la escuela Lenin, que sería el buque insignia de la educación cubana. Fue equipada por la URSS que donó laboratorios y mobiliario.

En realidad era una verdadera ciudad escolar para 4.500 alumnos, todos becados. Había además cientos de profesores y funcionarios, muchos de los cuales también dormían allí. Estaba formada por numerosos edificios dedicados a dormitorios y un conjunto de instalaciones deportivas y culturales impresionante: decenas de laboratorios de física, química, biología e idiomas; salas acústicamente acondicionadas para el aprendizaje de la música, dos piscinas olímpicas de 50 metros, un tanque de clavados, terrenos de baloncesto y voleibol, canchas de béisbol y de tenis, pista de atletismo, tres museos, varias salas de teatro, un gimnasio formidable.

La escuela estaba ubicada cerca del nuevo jardín botánico que incluía zonas con plantas típicas de los distintos continentes y cerca también del Parque Lenin formado por 50 hectáreas de pasto ondulado con restaurantes, juegos infantiles, palmeras y bambú y que se iba convirtiendo en uno de los lugares de esparcimiento preferido de los habaneros.

La escuela Lenin incluía a estudiantes desde séptimo hasta terminar la educación media. En ella funcionaban decenas de círculos de interés: desde espeleología hasta astronomía, pasando por química o televisión. Cada círculo de interés poseía equipamiento para que los niños pudieran aprender experimentando. Los que estábamos interesados en periodismo teníamos nuestro propio periódico, el Juventud de Acero, que escribíamos, editábamos y publicábamos nosotros mismos. Los muchachos de vela tenían acceso a un velero para navegar en él y los de espeleología tenían el equipamiento necesario y salían en expedición a explorar cavernas.

Para cumplir el principio de la combinación del estudio y el trabajo la escuela contaba con varias facilidades: estaba rodeada de campos sembrados con cítricos, papa, tomates y otras hortalizas que eran cultivados y cosechados por los alumnos. El producto de esas huertas formaba parte de nuestra dieta. Se levantaba también una verdadera zona industrial al lado de la escuela donde los alumnos producíamos pilas, radios, centrales telefónicas y las primeras computadoras cubanas, las llamadas CID-201-B.

La construcción de la Lenin era una obra importante y una de las que Fidel seguía de cerca. Luego, ya inaugurada, aparecía a cada rato con algún visitante ilustre para mostrarle con orgullo las instalaciones.

Así vi al líder soviético Leonid Brézhnev, que la inauguró durante su visita a Cuba, y a François Mitterrand, que era aún candidato socialista a la presidencia de Francia. Toda clase de personalidades nos visitaba, incluyendo muchos artistas que venían a Cuba a conocer el proceso revolucionario y solidarizarse. Frecuentemente teníamos algún concierto
gratuito en la escuela por parte de músicos o cantantes de primera: desde Los Van Van y los Iraquere hasta Paco de Lucía, Joan Manuel Serrat y Roy Brown entre muchos otros.

Recién terminados los edificios nos mudamos a vivir allí y pudimos ver a varios de los mejores pintores cubanos haciendo murales gigantes en las paredes de la escuela. Era un privilegio verlos trabajar y luego correr por esos pasillos y estar rodeados por esas obras.

Mientras cursaba mi séptimo grado, aunque estábamos viviendo en Vento, los futuros estudiantes de la Lenin ayudamos a construir la nueva escuela con nuestras propias manos. Recogíamos piedras, trasladábamos cosas en largas cadenas humanas, pintábamos. Cada uno hacía lo que podía bajo la dirección de los albañiles. Luego inauguramos la escuela y fuimos los primeros en ocuparla, eso nos daba un sentimiento de pertenencia muy especial y un gran orgullo.

La escuela era un monstruo difícil de manejar. ¿Cómo controlar la disciplina de 4.500 alumnos internos?, la extensión física ya era un problema, ¿qué decir de las hormonas juveniles y la disciplina? Había además un equipamiento material que era precioso y que había que cuidar.

La piscina, por ejemplo, tenía baldosas que se suponía no debían ser pisadas con zapatos. Atravesar por la piscina evitaba un rodeo de cientos de metros para ir de los dormitorios a las aulas, así es que muchos pasábamos igual. Muy pronto pusieron un cuidador cuya función principal era evitar que cruzáramos con zapatos. Le decíamos Olivito por su ropa militar verde olivo. Era un típico guajiro, de los que había ganado todo con la Revolución.

Seguramente había aprendido a leer y escribir ya adulto, durante la campaña de alfabetización, y con gran dificultad escribía en una libreta los nombres de quienes atrapaba cruzando por la piscina con zapatos. En la lista de transgresores que entregaba a la dirección nunca faltaban los Shakespeare. Esas burlas quizás simbolizaban la diferencia entre la generación que hizo la revolución y la que disfrutaba de sus beneficios.

Las autoridades intentaron de todo para mantener la disciplina: desde llamados a «la conciencia que todo joven revolucionario debía tener» hasta intentos de introducir una disciplina casi militar. En un momento decidieron darnos unos carnés que había que llevar siempre encima.

Por cada falta cometida nos ponían un reporte en el carné. Cada cierto tiempo los que habían acumulado un cierto número de faltas pasaban a «consejo de disciplina». Una vez un profesor me encontró conversando con Dulce, que en ese tiempo era mi novia. Estábamos tomados de las manos en los bajos de su albergue. El profesor nos regañó y ordenó que la chica subiera a su dormitorio. Yo la acompañé a la escalera y le di un beso de despedida. Eso fue suficiente para ganarme un reporte en el carné.

Los edificios eran de 4 pisos y tenían dormitorios reservados para muchachos o para muchachas. En cada piso había una pequeña sala de estar con algunos asientos y un televisor y luego un largo espacio rectangular donde las camas se organizaban en 6 hileras de 5 literas cada una. Dos hileras enfrentadas formaban un espacio que podría llamarse un «cuarto» para diez personas.

No había separación material con el resto del dormitorio, simplemente las literas de las filas 2 y 3 estaban muy pegadas, así como las de las filas 4 y 5. Uno podía caminar por el «pasillo» que se formaba entre las hileras 1 y 2, 3 y 4, 5 y 6. Cada litera tenía al lado un mueble con un espacio para colgar ropa y un pequeño cajón para guardar los objetos personales. Al fondo del dormitorio teníamos un amplio baño con varias duchas en un espacio común, así como lavamanos y excusados. Un sistema de tuberías comunicaba una fábrica de vapor que alimentaba los comedores con los baños de modo que teníamos un lujo raro en la Cuba de entonces: agua caliente.

En los albergues dormíamos solamente alumnos. Los profesores encargados de la disciplina aparecían a veces. Un sistema de audio ponía música indirecta o pasaba anuncios. A las seis de la mañana nos despertaban con música y teníamos algunos minutos de ejercicios matinales. Cuando apagaban la luz para dormir, a las 10 de la noche, no faltaba quien seguía charlando con algún amigo. A veces uno escuchaba un verdadero murmullo de los que hablaban dormidos.

Varios se iban al baño a jugar dominó mientras alguno vigilaba para ver si se acercaba algún profesor. En tiempos de intentos disciplinadores esas pequeñas faltas podían tener consecuencias importantes. Cuando descubrían que en el albergue había barullo no faltaba algún imbécil que nos levantaba de madrugada, nos hacía formar en el patio y preguntaba quién era el que estaba hablando.

Ante la ausencia de respuesta aparecía la conocida frase: «¡pagan justos por pecadores!» y nos ponía a marchar: «¡uno, dos, tres, cuatro; uno, dos, tres, cuatro!». Nosotros cantábamos por lo bajo: «¡uno, dos, tres, cuatro: comiendo mierda y rompiendo zapatos!». Esos excesos de disciplina iban provocando acumulación de bronca y a la vez nos iban enseñando ciertas cosas. No eran realmente brutales pero molestaban bastante.

Nuestro tiempo estaba reglado por las numerosas actividades que teníamos pero no estaba saturado por ellas. Teníamos clases unas 4 horas al día y otras 3 eran de trabajo. El resto del tiempo quedaba bastante libre y había muchas actividades para hacer: leer en la biblioteca, participar en los campeonatos de ajedrez o de ping-pong, practicar deportes, participar en las actividades propias de los círculos de interés, simplemente jugar o sentarse a tomar sol y a pensar.

En lo que respecta al trabajo a mí me tocó trabajar en los cítricos, deshierbando con guataca o con machete. Durante dos años fui designado a trabajar en la escuela misma. Primero formé parte de la cuadrilla que ayudaba a los plomeros en los arreglos de los baños y luego me tocó limpiar una sección de la zona de salones de clases. La norma que nos imponían nunca era exagerada. La idea no era explotarnos sino que aprendiéramos a trabajar. Me di cuenta rápidamente de que podía hacer mi parte en una hora y dedicar el resto del tiempo a lo que quisiera. Convencí de ello a mis amigos y a partir de entonces nos dedicamos a terminar la limpieza rápidamente para ir a leer a la biblioteca. Ese año estuvo marcado por lecturas de novelas de aventuras, de horror y policiales: Salgari, Verne, Simenon, Conan Doyle, Maurice Leblanc y Poe.

Al año siguiente me tocó trabajar en la cocina de uno de los dos comedores. Era una verdadera industria que producía 3.000 raciones en cada turno. Yo era el ayudante del pinche del cocinero encargado del arroz. Luego de un tiempo cada uno de los tres se ocupaba de una marmita gigante, que producía varios cientos de raciones de arroz. El vapor pasaba por el doble fondo de la marmita antes de seguir camino hacia los baños en los dormitorios. Otros amigos pelaban papas o separaban las piedras de los chícharos o del arroz.

El deporte estaba siempre presente. Cuba empezaba ya a perfilarse como potencia deportiva mundial. Recuerdo las Olimpíadas de 1972. Todos mirábamos en los televisores a boxeadores como Garbey, Correa o Stevenson que ganaban campeonatos mundiales y olímpicos y cuando Silvio Leonard corría los 100 metros todo el mundo vibraba con él.
Tiempo después Cuba invitó a la selección de vóleibol del Japón, que era campeona del mundo, para que pasara una temporada. Estuvieron practicando unos días en el gimnasio de nuestra escuela formando a las cubanas en ese deporte y nosotros nos asomábamos a mirarlas trabajar. Años después Cuba desbancaría a Japón, sería campeona mundial y comenzaría un largo periodo de supremacía cubana en ese deporte.

Se han publicado 26 comentarios



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  • Yanet dijo:

    GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSSS, MUCHAS GRACIAS DE CORAZON, QUE LINDOS RECUERDOS, ME EMOCIONÓ MUCHISIMO ESTE FRAGMENTO, OJALÁ PUDIERA LEER EL CAPÍTULO DE LA LENIN COMPLETO (por si pudiera ser, mi correo es mignorabs@infomed.sld.cu). FUI ESTUDIANTE DE LA LENIN, GRADUACION 30 ANIVERSARIO (Curso 2001-2004). AUN ME INTRIGA QUE MAGIA ESCONDERA LA LENIN QUE A TODOS NOS DEJA ESA LINDA SENSACION CUANDO SE HABLA DE ELLA Y QUE NO SE BORRA AUNQUE PASEN LOS AÑOS. UNA DE MIS MEJORES AMIGAS LA CONOCI EN LA LENIN, SI SUPIERAN CUANTAS COSAS LINDAS LE HA ESCRITO A ESA ESCUELA… ME ENCANTARIA PODER ACCEDER AL SITIO DE LA LENIN EN INTERNET, PERO BUENO… ALGUN DIA.
    OTRA VEZ GRACIAS POR LOS RECUERDOS!!
    SALUDOS
    YANET

  • Mónica Cuevas dijo:

    Woooooow!!!!!!!

    Me emocioné leyendo ese pequeño fragmento……no solo admiro la revolución como algo superficial……sino como una verdadera necesidad social……..ojalá en México tuvieramos esa educación tan maravillosa como la de mis hermanos en la revolución: los cubanos.

    Tuvé el privilegió de abrazar la revolución sin conocerla teniendo apenas 13 añitos….estudiaba y trabajaba……y coincidia con las ideas del gran Marx…amaba cada uno de mis trabajos por más sencillos que fueran….desde paqueterita, ayudante de panadero, etc….le resté importancia al dinero xq aprendí que lo más hemoso es la pasión y el amor a éste…por eso actualmente me es imposible no laborar más de 10 horas diarias…solo pasión.

    Conocí el marxismo en la universidad por un par de profesores (unos erúditos…revolucionarios, investigadores….dos grandes ejemplos) que estudiarón su doctorado en Cuba………y comprendí que es la solución a los problemas sociales y económicos del mundo entero.

    Ojalá algún día tenga la oportunidad de conocer Cuba…estoy segura que lo haré…..a mi comandante Fidel….a su pueblo…poder ayudar a su causa…………los admiro!!!

  • Ibis Palmar dijo:

    Por Dios que recuerdos , tienen uds de esa escuela, lastima que en América del Sur , nuestras escuela no hay recuerdos, dichosos uds mis queridos cubanos, saludos camaradas desde Maracaibo , Venezuela , saludos

  • Ayi dijo:

    Aun no lo he leido pero lo hare.. Tambien estuve alli, soy de la 36 (2007-2010).. la verdad q hermosos años, ver esa foto me removio el corazon… jaja.. por unos segundos volvi a estar en esos pasillos..

  • Margaret Randall dijo:

    Es emocionante para mi, la madre de “Goyo”,ver esta foto de los muchachos junto al gran Felix Pita Rodriguez, asi como leer los comentarios de otros que estuvieran en la Lenin con mi hijo en esos años! El tiempo ha corrido, pero siento que el espiritu que adquierieron todos ustedes–desde Mexico a Maracaibo y mas alla–sigue vivo en los corazones y memorias jovenes. Ojala que algun dia, en un futuro no tan lejano, todos los jovenes de America y del mundo tendran la posibilidad de estudiar en una escuela como la Lenin. El libro de mi hijo calo hondo entre los uruguayos cuando salio hace un par de años. Ahora me alegra ver que llega mas lejos por Internet. Yo tengo hecha una buena traduccion al ingles, pero hasta la fecha no he podido interesar a nadie en EE.UU. o en Inglaterra en publicarlo en ese idioma. Quiza algun dia.

  • Rosario del Pilar Gibert dijo:

    Hola Enrique, no sé si te acordarás de mi, soy Charito, estudiamos juntos en la Lenin.Mi esposo que es fan a escribir en estos espacios, me llamó y me dijo, lee esto que te traerá grandes recuerdos, y en verdad si, pues reviví todos los recuerdos disfrutando cada palabra, cada acento y cada coma que escribistes, en verdad fue una gran escuela La Lenin nos formó en una gran disciplina que nos ha servido durante la vida para enfrentar grandes retos con tezón, como mi caso, pues vivo en México y me ha servido de mucho y siempre con gran orgullo digo: YO ESTUDIÉ EN LA LENIN!!!!!!!!!!!!!!!!
    P.D Ojalá y pudiera contactarte

  • Rodolfo dijo:

    Ya lo habia bajado desde Rebelion, pues me llamo la atencion, debido a que abarcaba el periodo que yo habia vivido en Cuba,4 años entre 1980 y 1984. Me emociono montones, pues me trajo de golpe al presente todo lo bellamente vivido, conocido, aprehendido en esos 4 años. Los conceptos, el lenguaje vivido, la naturaleza del pueblo cubano y la Revolucion, con lo positivo y lo criticable, me llevaron a que por siempre quedara en mi mente y corazon la bella Isla de Cuba y su pueblo en Revolucion. Lo magico de leer este libro, descubierto casualmente, es la sorpresa de que el autor haya militado (en La Habana) en la misma organizacion chilena de la cual era yo, ya en ese tiempo (1983), un antiguo militante.
    Otro paralelo, salí de Cuba en 1984, y volvi a visitarla el 2009, o sea 25 años despues. Muchos cambios me encontre, pero bueno eso es otra historia.
    La vida nos lleva, a veces, por senderos paralelos realizando nuestros propio actos.
    Creo que se necesitan muchos mas testimonios, como este, que rescaten la memoria.
    Solo agradecer a Gregory Randall por estos recuerdos que ya son colectivos.

  • JESUS dijo:

    VAYA, VAYA, VAYA…

    Mi curiosidad me llevó a leer el artículo del compañero Enrique Ubieta. Como quiera que encuentro el enlace para bajar el Libro, lo hice, y me puse a leerlo pensando en unas 20 páginas a lo más para formarme una idea.

    Pero no fue así, porque sobrepasé al fragmento publicado por Enrique Ubieta y me fui hasta la pagina 71 de un tirón. Ahí lo dejo hasta mas tarde, ya es hora de dormir (faltan 20 minutos para la una de la mañana de hoy 22/08/2011)

    Lectura fácil y bastante amena el relato de sus recuerdos.

    Aunque el autor se propuso también la crítica, eso no lo encuentro, sino pequeños fragmentos intentando señalar ciertas contradicciones en el actuar de ciertos personajes y del mismo proceso revolucionario cubano. Tal vez más adelante, veremos.

    Al término de mi lectura tal vez pueda hacer llegar una mejor apreciación, mientras tanto agradecer a Cubadebate por este Libro de alguien que al parecer amó y ama aún a Cuba.

    De los que insertaron sus comentarios, hubiera sido muy interesante expresaran sus opiniones con relación al contenido del Libro, quedarse en el pasado de sus recuerdos no contribuye en nada para quienes no vivimos esa experiencia.

    Desde Perú escribo

  • Leonardo Bravo Rdguez dijo:

    Yo tambien estuve en la Lenin (1991-1994), a pesar del crudo periodo especial puedo decir que hoy todavia son los mejores recuerdos de mi vida, no creo que nada pueda superarlo en cuanto a relaciones extrafamiliares se refiere, alli aprendi casi todo lo que se hoy o al menos aprendi como aprender, un beso y un abrazo bien grande a todos los que estuvimos alli

  • Alejandra Hernández Leonard dijo:

    Soy de las emocionadas con el recuerdo de Gregory Randall, porque estudié en la Lenin, en el mismo grupo de él. Sólo que para mí era Gregorio “el hijo de una americana amiga de Cuba”. En algún momento supimos que se habían refugiado en Cuba,huyendo de alguna dictadura y eso aumentó esa especie de encanto que tenemos los adolescentes por lo heroico y la aventura. Recuerdo que después tuve ese mismo sentimiento, mezcla admiración y de orgullo por tener tan cerca a un héroe, cuando en el año 1978 recibimos, entre los delegados al XI Festival de la Juventud y los estudiantes, a algunos tupamaros uruguayos, que nos contaron de las torturas sufridas, y de lo que tuvieron que hacer para poder salir de su país en forma clandestina.
    En fin… éramos tan jóvenes…
    Creo que pudiera firmar debajo de algunos de los párrafos, porque es exactamente así como recuerdo aquella etapa. Yo era dirigente de la FEEM a nivel de toda la escuela, encargada de la divulgación, y además,tuve el privilegio de estar en la Tribuna con Fidel y Brezhnev durante la inauguración de la escuela.
    Gracias a Gregorio por sus memorias. Es imposible leer ese fragmento sin una sonrisa. Ojalá pudiera leer todo el libro.

  • Ana Victoria Tamajón Rodríguez dijo:

    Casi no tengo palabras para describir la emoción que sentí y siento, luego de leer estos fragmentos sobre mi escuela querida, donde pasé los mejores años de mi vida de estudiante. Soy de la graduación de 1993, me gradué posteriormente de Licenciatura en Español y Literatura. Tengo los ojos llenos de lágrimas porque la descripción es exacta, aunque ya en mi época solo era pre- universitario, la foto es precisamente de mi aula de 12 Grado y los albergues son donde viví y sentí como mi propia casa. Sí, ¨La Lenin¨ tiene magia, es algo que va más allá de los conocimientos adquiridos, pues el sentido de pertenencia que siempre inunda a cada estudiante de la misma, para mí, se traduce en Amor a todo los que nos rodeó durante mucho tiempo,son los amigos nuevos que perdurarán o que no verás más, los profesores con su preparación incuestionable, cada rincón por donde pasé, la prueba que me tuvo sin dormir, la mala o la buena nota que saqué en un examen, el chequeo de emulación donde conocí al Grupo Moncada, a Pablo y a Silvio; y qué decir del rigor, casi militar, como bien lo expresa Gregory Randall, la disciplina estaba en cada movimiento prácticamente que hacíamos,es cierto que durante ese tiempo nos molestaba a todos, pero hoy cuando miro hacia atrás, reconozco que gran parte de mi formación como profesional y sobre como conducirme en la vida personal fue allí donde lo aprendí; Es increíble hasta te enseñan a comer en un comedor modelo que te llevan los primeros días luego de comenzado el curso escolar, pero eso no es suficiente, tienes que aplicar todo lo que te enseñan cuando ibas a desayunar almorzar y comer, parece que no te va servir de mucho en ese momento, pero hasta hoy no he dejado de comer aplicando todo lo que me enseñaron en ese maravilloso comedor modelo… En fin hablar de ¨La Lenin¨ es para hacer un libro, quizás con las experiencias de alumnos y profesores que por allí pasaron… A la Lenin le agradezco la profesión que elegí, pues tuve la influencia de mis profesores de Español y Literatura que me hicieron viajar hasta cada lugar donde se desarrollaba la obra; fui, en mi mente, protagonista de Romeo y Julieta,la Nora de Casa de Muñecas y estuve en Tampa junto a Martí cuando pronunció el Discurso ¨Los Pinos Nuevos¨. Puedo estar escribiendo horas y horas sobre una etapa de mi vida que me marcó y que recuerdo con mucho cariño y nostalgia, pero lo voy a dejar para futuros escritos que realice… Si algunos de mis compañeros me recuerda y quiere comunicarse conmigo este es mi correo: anavi@epepo.cupet.cu, Y si el profesor Francisco de física que le dicen Pancho todavía trabaja en la escuela y lee lo que escribí le mando un saludos muy grande de una de sus alumnas de Santa Cruz del Norte cuando estaba en la Unidad 3, a Conchita la Secretaria Docente que nos daba unos ¨De pie¨ a las 6 menos 5 de la mañana tan fuertes que nadie se quedaba un minuto más en la cama… Un saludo a los profe de antes y a los de ahora por la hermosa labor de preparar a las futuras generaciones en la ardua tarea de seguir construyendo y defendiendo nuestra Revolución.

  • Jorge Luis dijo:

    Que lindo seria que los graduados de tantos años de esta escuela insignia de Cuba, que inició experiencias similares en varias provincias del país, pudieramos compartir alguna vez nuestras experiencias. ¿No hay forma de que desde la misma escuela se propicie este intercambio? ¿No seria una forma de contribuir a la educación de las actuales generaciones de estudiantes el intercambio con los graduados de tantos años? Confieso que para mí seria un sueño. Saludos de corazón a todos los que compartimos el orgullo de que recibimos una magnífica preparación docente y de vida en las aulas y albergues de La Lenin.

  • Yanet dijo:

    Hola… otra vez aqui, hoy envié la página a algunos amigos que estoy segura les va a encantar. Les confieso que cuando era estudiante de la lenin, me intrigaba ver que los días del egresado se llenaba la escuela de personas que me duplicaban la edad o un poco más, no entendía que hacían allí después de tantos años…. cuando egresé me di cuenta que la lenin nos deja a todos esas eternas ganas de volver a recorrer sus pasillos, aunque ya no llevemos el uniforme azul del monograma rojo, siempre buscamos la manera de volver aunque sea a través de fragmentos como este…

  • José dijo:

    En primer lugar sugiero a todos aquellos que comentan el capitulo de la Escuela Lenin, que lean el libro completo en la página de rebelión.org
    Tambien quiero saludar desde aquí y a traves de Cubadebate a la querida Margaret Randall (madre del Goyo) pues yo formé parte de aquel grupo de jóvenes latinoamericanos que la Familia Randall acogió con una inmensa solidaridad en su casa del Vedado. Es dificil describir (el Goyo lo hace en su libro) todo el calor humano que había en aquel hogar donde la música, la poesia y el amor habitaban cada rincón. He tenido la suerte de continuar la amistad con el Goyo y ya despues de haber cumplido 50 años toda aquella generación de muchachos dispersos por el mundo debería leer este libro que narra vivencias que han sido fundamentales en nuestras vidas.
    Gracias Margaret por tanta generosidad.
    Venceremos.

  • ErnestoWY dijo:

    Soy egresado de la Lenin Grad.35(2006-09) y si bien a cambiado mucho, le queda esa esencia que siempre hace que miremos atrás los que alli vivimos una pequeña parte de nuestras vidas…y si bien mi nostalgia no es mucha pues hasta hace poco estuve alli y mantengo contacto con todos mis compañeros, es obligatorio el sentirme afin con lo expresado por los que ya egresaron hace mucho tiempo.

  • DraMsCMaría del Carmen Pino dijo:

    Hola yo soy la nieta de la dortora Maria del Carmen y estudio aun en la LENIN.Soy de la 38,actualmente voy a cursar el 12 grado y aunque en cuanto a condiciones la LENIN para nada es la misma me ha conmovido mucho leer este articulo,pues comprendo lo importante que se hace estudiar ahi para cada ser,y no me refiero solo a la preparacion profesional que aun diferencia a sus estudiantes del resto, sino a esos recuerdos que toda persona que pasa por ahi tiene luego para contar ya sean buenos o no, y a las excelentes amistades que se hacen durante esos tres cursos y que no se por que quedan a pesar de todo y mas de las distancias en el corazon con un sello bien importante LA LENIIIIIIIIIIIIIIIIN.Me llamo Thaysa y siempre voy a estar mas que contenta de haber pasado por la LENIN pues ,aunque sea lo que dice casi todo el mundo cuando termina,no se que tiene la escuela pero sin dudas hace que sean tres de los mejores anos de tu vida.QUIERO DE ESTA MANERA ENVIARLE UN SALUDO AL ESCRITOR DEL LIBRO POR REVIVIR TODOS ESOS MOMENTOS Y NO DEJAR ATRAS LA LENIN.IGUAL A MIS AMISTADES DE ALLI Y A TODOS LOS QUE HAN PASADO POR ELLA PUES SE QUE SON MUCHOS Y QUE ANDAN EN SU MAYORIA REGADOS POR TODO EL MUNDO PERO TENEMOS ALGO EN COMUN TODOS Y VALE DE VERAS RECONOCERLO.gracias por hacerme reir en vacaciones al leer sobre la escuela LENIN.

  • Elismenes Montero dijo:

    Me ha gustado mucho este artículo, que aunque recuerda momentos de los estudiantes que pasaron por la Vocacional Lenin, a otros como a mí que no estuve allí pero que estudié en la Vocacional Antonio Maceo de Santiago de Cuba, me hace recordar los de pié del subdirector de internado Máximo, mi tarjeta de amonestación que me hizo ir a consejo disciplinario, las fogatas que hacíamos los 4 de Abril, los matutinos patrióticos de los viernes, el juego de dominó después de las 10 en el baño, las formaciones antes de ir al comedor y las consignas que deciamos, la amplificación de haciendo radio en la mañana, el juego de baloncesto con los amigos, mi profesora guía Madelaine Rodríguez de Matemática, los encuentros Inter Vocacionales de deportes y ciencias. Mi curso fue el primero en entrar desde 7mo. hasta el 12mo. grado, dese 1981 hasta 1987, disfruté de todas las bondades de mi Revolución, hoy soy médico, especialista de Genética Clinica y siempre he estado orgulloso de haber estudiado allí. Conservo excelentes amigos de esa época y siempre recordamos esos momentos cuando nos encontramos, gracias a Cubadebate por este regalo.

  • Abel Alejandro dijo:

    Muy bonito el artículo, te hace pensar en cada pasillo que recorrimos en esa gran casa azul, y sobre todo en cada amigo que los pisó junto a nosotros. Amigos que ya no están, otros que viven lejos, y otros que están lejos a pesar de estar cerca, pero que al pensar en esos tres años de tu vida no existen diferencias de cariño para ninguno. Sin duda es una época que nos marca, es primera vez que realmente estamos fuera de casa, para vivir en otro lado, y a pesar de la disciplina, es algo maravilloso, te llena tanto esa escuela que al volver a estar allí y no ver ni a tus profesores de entonces, a todos los amigos juntos, pues simplemente te sientes vacío. Emocionante el sólo pensar en la Lenin, todo lo que prendes allí, en las aulas y fuera de ellas, te marca para toda la vida, quiero terminar con un fragmento de una canción que compuse gracias a la magia que envuelve a esta escuela:

    “Solo sé que la extraño, y olvidarla no puedo, porque mis mejores años,se han quedado allí, todo lo que seré y todo lo que fuí, sé que de alguna forma yo se lo debo”
    “Y aunque digan que pasó y aunque digan que quedó atrás….. MI LENIN SIGUE AQUÍ”

    Abel Alejandro Pino Moragues graduación 32….

  • Nubia Fuentes Hernández dijo:

    Hola,

    También soy egresada de la Vocacional Lenin. Estudié en esa escuela mi enseñanza secundaria y el preuniversitario, desde septiembre de 1979 hasta julio 1985. Me ha emocionado mucho leer este capítulo del libro y haré esfuerzos por tenerlo y leerlo completo.
    Hoy tengo un hijo adolescente; es una edad preciosa y compleja y suelo decirle que le debo a mis años de vida en la Lenin las virtudes y también los defectos que tengo. Mi mejor amiga ha sido y es la niña que dormía en la parte de abajo de mi litera durante 6 años. Ahí aprendí a tener amigos, que te acompañan en todos los momentos (buenos y no tan buenos)cuando no tienes a tus padres junto a ti durante 5 ó 6 días, cuando hacías de un maestro o maestra un amigo, aprendí a tener disciplina, a querer, respetar a los demás, gané la independencia que disfruto hoy como persona. Ha sido con diferencia la mejor parte de mi vida en la junventud.

  • lourdes dijo:

    Que bonitos recuerdos de los años maravillosos que muchos pasamos en La Lenin ,donde aprendi lo que era hacer buenos amigos , compañeros de clase y conocidos ,pero si algo coincide entre todos, buenos recuerdos y grandes enseñansas Soy graduada en 1981 y se que muchos vivimos fuera de Cuba y otros siguen sus vidas dentro, pero si algo les deseo a todos es que sean muy felices ,mucha salud para todos y sus familias y en el momento que nuestras vidas coincidan sea para contarnos cosas buenas , deseos de exito y buenas intenciones , fuimos una generacion increible ,lo que mas me enorgullese es que la gran mayoria somos universitarios con familias ,con grandes valores como seres humanos y ganas de salir adelante.Creo que al leer las notas anteriores y eso que llamamos falta de hormonas , me puso sencible pero dejare la curcileria y me despido mucho amor para todos Pavel ,Carlos Amat, Diocles,Eva ,Alejandro Mirabal, Piplin ,RoxANA,Barbara,Manolito,Anna Cecilia y a su hermano Ariel Escalante, Maria Elenana torralba,Alejandro Castro,Esther Lidia Cabesas,..Celia Guevara,Armando Carballo ,Cosme,Edy Rubio ,Miguel Aleman,Loret de mola,Laurita Garcia bango,Mari Miranda , EL gato gran actor cubano,Martin JUAN, lidio, ….besos a todos y mis mejores deseos para todos ,sus familias y para los que no menciono tambien los quiero y de cada uno tengo momentos y recuerdos bonitos lo que hicieron que mi adolescencia haya sido una etapa maravillosa ,genial , llena de grandes aprendizajes,besooooossss y buenas vibras a todos.

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Enrique Ubieta

Enrique Ubieta

Ensayista y periodista cubano. Director de la publicación “La calle del medio”.

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