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Haití sigue malherida cien días después del terremoto

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Han pasado cien días. Puerto Príncipe ha resucitado, pero sigue malherida. Ya no hay cadáveres en cada esquina de la capital de Haití. Tampoco zombies que desfilen por sus calles tras la mayor tragedia natural de la Historia, la que el 12 de enero reventó al país más pobre de América.

El escenario de la catástrofe sí es muy parecido al de entonces: casi mil campamentos donde pernocta el millón de personas que vieron cómo sus viviendas, 105.000 edificaciones, temblaban hasta romperse. Otras 208.000 están condenadas al derribo por sus condiciones inhabitables, censadas con las siglas rojas MTPTC. Calles deterioradas, escombros, edificios fantasmales A los pies de este paisaje, que en algunos barrios parece el de una guerra nuclear, los haitianos desfilan ahora con brío, buscando resolver su día a día.

La calle mezcla esperanza y caos. La lluvia de millones de la solidaridad mundial y la lucha por la supervivencia de una sociedad siempre golpeada han iniciado la lenta recuperación. Veinte colegios reabiertos, ayuda alimentaria y agua canalizadas, campamentos más sólidos. Y un Estado que ya no es invisible. La vuelta a la normalidad parecía imposible tras la muerte de 220.000 personas. Pero el pueblo haitiano es orgulloso e indomable, el primero en declararse libre en América Latina.

Sin refugio contra las lluvias

A los pies de la estatua de su libertador, Toussaint Louverture, se lucha por la subsistencia. Estamos en el Campo de Marte, el campamento de desplazados situado junto al Palacio Presidencial. Muy pocos metros para una lejanía tan grande. El principal reto gubernamental todavía no se ha cumplido: muchos campamentos no son refugio seguro contra las lluvias, que se recrudecerán en mayo. Un mes después comenzará la temporada ciclónica del Caribe. Según estimaciones oficiales, 245.000 personas corren grave riesgo de sufrir una inundación y 40.000 de ellos necesitan ser evacuados con urgencia.

“Cuando llueve, el agua se mete por debajo y por arriba de las tiendas”, muestra Joseph Joel, antiguo albañil de 37 años convertido hoy en uno de los líderes de Es tiempo de levantarnos, uno de los grupos surgidos en el interior del Campo de Marte.

Joel recorre con Público los infernales callejones nacidos dentro de esta favela levantada con plásticos. En una sola tienda, en muy pocos metros, viven Luciene Baptiste y 11 personas más. “El Gobierno nos olvidó”, dice con amargura.

La debilidad de las tiendas sigue siendo el gran problema. “Y la comida no la vemos hace semanas”, insiste la mujer. Un tanque y sus siete grifos proporcionan agua a las 2.800 personas que allí malviven. Una brigada de 50 personas con camisetas rojas, contratadas por Save the Children por cinco dólares diarios, barren toda la zona. Entre ellos, Michelle Auburg, contenta porque lleva cuatro días trabajando. Unos y otros siguen esperando una solución parecida al proyecto estrella del presidente Preval: el traslado de 5.000 desplazados desde el campo de golf de Petionville hasta Coral Cesselesse, a 20 kilómetros de la capital.

Fans del fútbol

En la ciudad resucitada, pero malherida, el fútbol sigue ocupando el espacio de los sueños. Miles de haitianos se congregaron frente a televisiones, en medio de la calle, en las peluquerías, incluso en la aduana del aeropuerto, para disfrutar el martes de la semifinal de Champions. Y cada vez que Messi se cosía el balón a la bota, el locutor gritaba ¡goudou, goudou! Y los seguidores del Barça, que son legión, lo repetían alborozados, ¡¡goudou, goudou!! Ese es el sonido con el que los haitianos reproducen el bramido que el 12 de enero salió desde las entrañas de la Tierra. Hoy, cien días después, ya suena distinto.

(Publicado en Público, España)

Se han publicado 2 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Javier dijo:

    Debemos ayudar a nuestros hermanos haitianos, ese debe ser el llamado para todos los países del mundo, seguir el ejemplo que esta brindando mi Cuba bella, aportando en las ramas de la medicina que es lo que más ellos ahora necesitan; no hacer como obraron los imperialistas americanos mandando su ejército para asegurar lo que ellos llaman la ayuda cuando en verdad lo que quieren es beneficiases de lo sucedido. Aún después de cien días del terremoto e sienten los estragos y solo por la simple cuestión de que Haití es uno de los países más pobre del mundo y el más pobre de América; por eso esto debe ser un llamado para los restantes países, que consiste en brindarles a estos hermanos ayuda, para que no sigan personas de este glorioso país durmiendo en las calles, niños bañándose en ríos contaminados, muchos vagabundeados sin ayuda, ni los primeros auxilios aunque sea; por lo que debemos dejar esa diplomacia burocrática y ponernos para ayudar a estos pobres seres humanos que aún hoy después de cien días les aflige el dolor.

  • idalmis dijo:

    Lamento mucho la situación Haití y quisiera poder tener la oportunidad de colaborar con su desarrollo cultural en materia de alfabetización, estoy preparada para ello.

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