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En pantalla Del amor y otros demonios, un desafío costarricense

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Del amor y otros demoniosLa cineasta costarricense Hilda Hidalgo está de plácemes con su versión del libro Del amor y otros demonios, que nació casi
de una provocación de su autor, Gabriel García Marquez.

Es la más cinematográfica de sus novelas, le comentó Hidalgo en La Habana. ¿No te gustaría hacerla?, fue la respuesta de Gabo, a la que ella replicó: “No bromée porque me atrevo”.

La conversación fluyó en una de las sesiones de Cómo contar un cuento, el taller que el escritor imparte cada diciembre en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, Cuba, donde se formó la realizadora costarricense.

A Gabo lo predispuso tal vez el hecho de que una mujer a las que otorga un papel decisivo en su narrativa- se atreviera a llevar a la pantalla una obra por la que siente especial predilección.

Para Hidalgo, fueron seis años de duro bregar inmersa en el guión y en la búsqueda de un financiamiento ascendente a 2,2 millones de dólares para cuajar un filme coproducido con Colombia y recibido con palmas en ese país, donde se estrenó el 26 de marzo último en un circuito independiente y con audiencia masiva.

Su debut comercial aquí fue el pasado 9 de abril con reseñas agridulces de una crítica que elogió el poder avasallador de las primeras imágenes y la calidad de la fotografía, pero miró con escasa benevolencia la construcción narrativa, la propuesta argumental y el ritmo del metraje de casi dos horas.

De todas formas es una hazaña de Hidalgo emprender su primera aventura fílmica de largo alcance con la obra de un escritor que ha navegado con poca suerte en el cine, salvo dos o tres excepciones como la María de mi corazón, del mexicano Jaime Humberto Hermosillo.

Hidalgo tenía 33 años cuando abrazó con pasión este proyecto que concluyó a los 39, cautivada por la historia de amor prohibido entre una niña de la aristocracia colonial, Sierva María estigmatizada por la iglesia católica- y el sacerdote Cayetano, a quien le confian la misión de salvar su alma.

El resultado está ahí y toca a cada espectador emitir su juicio, desde una conexión individual con lo que ocurre en pantalla, más allá de la opinión de críticos y cronistas.

A Hidalgo le complace, sobre todo, haber concretado un desafío artístico y personal, y el hecho de que la producción y dirección estuvieran en manos exclusivamente de mujeres.

De igual modo agradece la factura técnica, impecable a su juicio, de un equipo integrado por especialistas y productores de Costa Rica, Colombia, Argentina, Cuba, México y España.

Filmada en Cartagena de Indias y ambientada en el siglo XVIII, la cineasta gozó de una absoluta libertad, otorgado por Gabo, para armar su versión fílmica de la novela, protagonizada por la actriz colombiana Eliza Triana y el actor español Pablo Derqui.

Contó además con el respaldo de Ibermedia, el organismo creado a raíz de las Cumbres Iberoamericanas para promover la producción audiovisual en el área, y al que se adhirió Costa Rica hace dos años.

Es también una película debutante en otro sentido: la primera en rodarse a la sombra de la Conferencia de Autoridades Cinematográficas de Iberoamérica, extendida a sus 18 países miembros.

(Con información de Prensa Latina)

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