Gente de sol

Hombres de tabaco. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
Mi abuelo, mientras tomaba el café de la mañana en su casita de campo, siempre me repetía una frase del Apóstol. La tierra es la gran madre de la fortuna, labrarla es ir directamente a ella.
Yo, con solo 6 años no entendía que me quería decir, hasta que descubrí que esa tierra era la novia de aquel guajiro de San Luís en Pinar del Río, y que hacerla producir era de la dicha de mi viejo, quien hacía del surco una fiesta de anécdotas y cuentos de los más longevos habitantes de aquella zona.
Es por eso que hoy rindo homenaje a todos los campesinos de Cuba, esos que hacen soñar el cultivo con cada caricia de sus manos.

Hombres de campo. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

Regadío. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

Campesinos en cosecha. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

Las manos del tabaco. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

El arte de la cosecha. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

La mujer campesina. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

La mujer campesina. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

Casa de escogida de tabaco. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate

Campesinos durante la cosecha de tabaco. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate
- Donde crece la ternura: Aniversario 65 de los círculos infantiles (+Fotos)
- Descúbrelo: Paseo del Prado: Historia y vida en el corazón de La Habana
- Protagonistas del presente y futuro: Niños y jóvenes en el alma de la Revolución
- Descúbrelo: Donde la ciudad se encuentra con el mar
- El negocio de vender cosas usadas
- ir aFotorreportajes »


Mi abuelo se levantaba antes de la salida del sol y se iba a tomar su café mirando a sus tierras, inspirando profundamente para sentir ese olor único a campo mojado de rocio del amanecer. Repasaba cada surco, podía apreciar el crecimiento de sus plantas comparadas con el día anterior. Conocía cada fruta que iba a madurar y estaba presto a cosecharla. Era un poco más que un sacrilegio que en sus tierras naciera una sola mata de marabú. Sacaba hasta lo último de provecho a una pequeña finca que se mantenía impecablemente limpia y totalmente aprovechada. Yo lo escuchaba hablar con sus plantas de tabaco.
Mi padre seguía a mi abuelo como una sombra, creció detrás de él, y aprendió cada detalle de las fases de la luna, de que planta sembrar según época del año, y hasta en que rincón de la finca se daba mejor el frijol, la yuca, el tomate o el pimiento. Continuó trabajando la tierra, hasta que paso a estudiar y trabajar con las nuevas ofertas y oportunidades de la revolución, y después compraba todo lo necesario por la libreta de abastecimientos.
Yo aprendí a trabajar, pero solo para ayudar a mi padre y a mi abuelo. Me decían que era muy bueno saber hacer de todo en la vida, por si un día me hacía falta, pero que lo mío era estudiar. Y yo estudie, y más nunca trabaje el campo, aunque no dejo de ir, de pensar en mi padre y sobre todo en mis abuelos, tomo un machete, una guataca, y me pruebo a mí mismo, que todavía me acuerdo, que aun puedo hacerlo.
Mi hijo, no sabe lo que es un campo, un machete, una guataca, para él la luna es bella y no tiene la idea de que cosa se hace en el campo durante el menguante, no conoció a mis abuelos y me mira con respeto cuando le hago las historias y le cuento las anécdotas, las que aprecio que le sepan a un cuento muy lejano. Para eso es un excelente estudiante¿ o no?...
Mis padres nos levanta escuchando los compadres, hacia el café, encendía en Tabasco y todos juntos íbamos para la ciembra. Cómo me trae recuerdos esas mujeres de corazón de lucha!. Sus manos manifiestan su amor por lo que hacen.
Yo, nací y crecí en el campo, mi madre se casó de nuevo cuando yo tenía 5 años, éramos muy pobres y él trabajaba un pedazo de tierra a la tercera parte con el dueño; allí iba a diario con ellos, aprendí muchas cosas y siempre ayudé en todo lo posible; al llegar la Reforma Agraria, ese pefazo de tierra le fue entregado y entonces ya era más grandecita y trabajé en todas las labores, sólo eran 13 mensanas pero ahí se cultivaba arroz, frijoles, yuca, malanga y hasta teniamos un pedazo para el tabaco, con resultado excelente. A los 16 años vine a la ciudad, las tierras pasaron a la presa, mis hermanos no aprendieron lo que significa el olor a esa tierra mojada. Tecuerdo esa etapa de mi vida con alegría, fue duro pero lindo.
Muy bonitas fotos Abel. Me traen el recuerdo de mi abuelo campesino al que muchas veces acompañé a ordeñar bien temprano en la mañana con los pies empapados en rocío. Muchas gracias por tu sentido y profundo homenaje.
Estimado abel , el comentario de el companero orlando supero su homenaje ,jjjj e incluso me atreveria a decir que tienen segunda parte y que le falto algo que queria expresar acerca de la vida del campesino actual y las nuevas generaciones . muy ameno, lo disfrute