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En fotos, Fidel habla a la prensa extranjera durante Operación Verdad

Por: Equipo Editorial Fidel Soldado de las Ideas
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La Operación Verdad fue una de las primeras misiones del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, luego del Triunfo de la Revolución Cubana. A 60 años de aquella primera campaña que buscaba desmentir las manipulaciones de los medios internacionales sobre los juicios contra personeros de la dictadura batistiana que habían cometido crímenes contra el pueblo, Cubadebate y el Sitio Fidel Soldado de las Ideas recuerdan fotografías de la conferencia de prensa ofrecida por Fidel a representantes de la prensa extranjera en el Hotel Habana Riviera, el 22 de enero de 1959.

Como parte de la Operación Verdad, Fidel dijo en el Palacio Presidencial, el 21 de enero de 1959:

"Yo no tengo que rendirle cuentas a ningún congresista de Estados Unidos  yo no tengo que rendirle cuentas a ningún gobierno extranjero. ¡Yo le rindo cuentas a los pueblos; yo le rindo cuentas, en primer lugar, a mi pueblo, al pueblo cubano".

Fidel pronuncia discurso desde el Palacio Presidencial en el que se reúnen un millón de personas para respaldar la justicia revolucionaria en la llamada "Operación Verdad". Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas, 21 de enero de 1959.

Fidel ofrece conferencia de Prensa a los medios extranjeros en el Hotel Habana Riviera, como parte de la Operación Verdad, para desmentir las manipulaciones de la prensa internacional sobre los juicios legítimos que la justicia revolucionaria efectuara contra los prisioneros de la dictadura batistiana que habían cometido crímenes contra el pueblo. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas, 22 de enero de 1959.

 

En el Hotel Habana Riviera, Fidel ofrece una conferencia de prensa a periodistas extranjeros sobre la Operación verdad de Cuba. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas, 22 de enero de 1959.

En el Hotel Habana Riviera, Fidel ofrece una conferencia de prensa a periodistas extranjeros sobre la Operación verdad de Cuba. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas, 22 de enero de 1959.

En el Hotel Habana Riviera, Fidel ofrece una conferencia de prensa a periodistas extranjeros sobre la Operación verdad de Cuba. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas, 22 de enero de 1959.

En el Hotel Habana Riviera, Fidel ofrece una conferencia de prensa a periodistas extranjeros sobre la Operación verdad de Cuba. Foto: Fidel Soldado de las Ideas, 22 de enero de 1959.

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Se han publicado 5 comentarios



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  • Eduardo González S. dijo:

    Recuerdo a Fidel preguntándole/respondiéndole a un periodista norteamericano cuántos reportes había publicado su periódico sobre los asesinatos casi diarios de jóvenes por la policía de Batista. El hombre se pasó con el doblenueve. Al Comandante nadie le ponía una banderilla.

  • Graciela López Offis dijo:

    A 60 años de la operación Verdad los testigos de la barbarie de Sánchez Mosquera, en Buey Arriba (municipio de la a provincia de Granma) no olvidan la historia:
    Algunos testimonios del libro en fase de edición: Felipe, el haitiano de la autora Graciela López Offis residente en Julio Sanguily 224, Camagüey.
    Correo: graciela.lopez@reduc.edu.cu
    Teléfono: 32-251820.
    Entre las víctimas ocasionadas por la delación del chivato Baró, que refiriera el Che en sus pasajes de la guerra revolucionaria se encuentra el caso reconocido por la población como “los cinco hermanos reyitos”: Adolfo, Aurelio, Antidio, Ángel y Antonio Reyes García. El hijo de este mártir dio su testimonio sobre este horrendo crimen, también Arcides Reyes Varona y Evelio Reyes Torres, combatiente del ejército Rebelde. Ese chivato quien fuera ex prisionero del Che conocía que en la casa de los reyitos simpatizaban con los rebeldes y que guardaban mercancías para subir a la Sierra, entonces entregó una lista de revolucionarios a las tropas de Sánchez Mosquera. Primero cogieron a Antonio y mandaron a buscar a los otros hermanos y al bajar a la Minas fueron arrestados y torturados.

    Otra víctima fue el arriero Israel “Gelo”, padre de María Enamorado Hernández cuyos restos se exhumaron junto a otros. Ella ofreció este testimonio:
    -Yo fui la última persona de la familia que vi con vida en el cuartel de la tiranía que ahora es el taller de muebles de “Guaniquiquí”. Me dejaron pasar por un ratico. Recuerdo la imagen de la Santa Bárbara de Sánchez Mosquera. Yo no había cumplido los 15 años, tendría 10 o 12, me estaban saliendo los senitos. Mi padre me adoraba, no olvidaré nunca lo que me dijo: -Ay mi´ja busca a alguien que me saque de aquí, que me van a matar, entonces se tomó el café con leche y el trago de café que le había llevado.
    - Salí llorando y al pasar delante de la Santa Bárbara de Sánchez Mosquera me quedé mirándola, mientras que unos casquitos se mofaban cantando: “lloré como lloré nadie debe llorar, lloraba quedaba pena por amor a Magdalena…”
    - Antes de caer preso papá subió con su arriero Chenene a las lomas a llevar comida. Y mi tío Misael que estaba alzao le dijo: Mi hermano quédese aquí porque los van a matar y él se negó diciéndole:-No porque mis hijos están allá abajo y si me quedo los van a matar. Cuando él llegó a la casa, se tiró en la cama y mientras yo le quitaba las botas llegaron unos guardias me dijeron:” No le quites las botas que él va acompañarnos al cuartel y se lo llevaron preso.
    Otro día volví a ese lugar siniestro como una loca, pelúa así como me levanté. Cuando llegué y le pregunté a uno de los casquitos: ¿Dónde está Sánchez Mosquera, que lo quiero ver?
    --¿Qué tú haces aquí pelúa mocosa?, me preguntó.
    -Y le respondí con otra pregunta: ¿dónde está mi padre?
    - Nosotros lo soltamos y él se fue con los Mau-mau.
    De acuerdo a lo que me dijo mi mamá a papá deben haberlo asesrnado un 2 de enero del 58. En el parque de Manzanillo donde le celebraron los juicios a los criminales, pude identificar al “guayescao” , entonces cogí el micrófono y lo denuncié públicamente: ¡Ese mató al padre nuestro que dejó 10 hijos huérfanos!
    El caso de Celia Aguilar Tamayo, también, es muy conmovedor por tratarse de una madre de 5 hijos. El 28 de abril de 1958 fue apresada y conducida al cuartel por soldados al mando del sanguinario Sánchez Mosquera.
    Causa del delito: compra de cajas de cigarros en la tienda del poblado de las Minas. Sin ser procesada por un tribunal competente fue condenada a muerte por torturas. También resultó asesinado el joven dependiente que hizo el despacho. De nada valieron los ruegos de su madre Eufemia quien al día siguiente se presentó al cuartel con tres hijos de Celia: Merceditas en sus brazos con solo 7 meses de nacida, Joaquinito (pititi), 2 ó 3 años y Marcos con 12 años el cual la acompañaba el día de la detención.
    Con cinismo los sicarios le bociferaron: “ya su hija no está aquí, la pasaron pa´ Santiago de Cuba”. Marcos no olvida lo que le ripostó la abuela: “Sí, Santiago de Cuba, es la loma donde ustedes matan a la gente”.
    Pero el cadáver de Celia no apareció ni en la Posta 7, ni en la Piñuela, Corojito ni en otros de los cementerios privados de Sánchez Mosquera.
    En ocasión del Encuentro de arrieros y fabulaciones serranas que se celebra anualmente en Buey Arriba se proyectó una serie de la televisión serrana sobre la Guerra de Liberación Nacional y en los comentarios sobre la misma uno de los presentes Ledwing Renn Veloz hizo un relato que a todos conmovió:
    -Un día de 1959, no recuerdo la fecha exacta, me encontraba trabajando en la tienda propiedad de mi padre Lalo Veloz la “Comercial cafetalera” que estaba a la salida de Las Minas a la Sierra Maestra. Alrededor del mostrador había un grupo de curiosos observando un buldócer que desbrozaba un montículo para construir la tienda de Raúl Quesada en el área donde antes estuvo el bohío de Felipe, el haitiano. De pronto se sintió un olor muy fuerte y desagradable, entonces le gritamos al tractorista: ¡Apártate, dale pa´tra! Cuando nos acercamos a ver de qué se trataba: eran unos huesos de personas y la sangre ya tenía un color cenizo. Había prendas de vestir, un cinto con iniciales y llaves de puertas. Buscamos picos y palas con lo cual pudimos sacar la osamenta de varios cadáveres corrompidos que depositamos en cajas de bacalao. Después se hicieron las investigaciones y se identificaron los restos de: Felipe, el haitiano, de Gelo y Chenene. Los tres atados por las manos con alambre con púas.
    La gente del pueblo sabían que a Felipe, Gelo y otros lo habían desaparecido los guardias al mando de Sánchez Mosquera, pero no sabíamos dónde lo habían enterrado.
    Sorprendida por ese testimonio me paré como un resorte y exclamé: “yo soy la hija de Felipe, el haitiano” “yo soy la hija de Felipe el haitiano”

    En 1959 una solemne peregrinación acompañó a las víctimas de la barbarie batistiana hasta el cementerio Los Molinos de Buey Arriba. En su mayoría, fueron jóvenes inocentes e indefensos que aparecían irreconocibles, destrozados, putrefactos por el monte en cualquiera de los diferentes cementerios privados de Ángel Sánchez Mosquera. Corojito, Posta 7, almacén de los Moros Aviche, cañaveral de Nando Chacón y hasta en la orilla del río Buey se encontraban restos de cadáveres a flor de tierra, pues cuando llovía mucho la corriente arrastraba los huesos de los muertos con los palos, animales hasta el mar.

    “Si yo fuera jardinero sembraría el camposanto con flores de Siemprevivas y Nomeolvides”
    Porque mi pueblo, es un pueblo mágico, /
    donde los muertos salen por los senderos oscuros del monte/
    cabalgan como Quijotes contra la corriente del río crecido;/
    vuelan sus ánimas errantes por encima de las nubes
    y descienden con la luna por la Maestra a beber en el mar de agua dulce;
    danzan con el croar de las ranas, el trinar del sinsonte y el canto de los gallos anunciando el amanecer/
    andan, se detienen, se esconden, aparecen y desaparecen/
    pero están ahí persiguiéndonos con la luz perenne de Yara .

    ¿Quiénes eran la llamada coronela y el Coronel Sánchez Mosquera?
    En una crónica que leí en una Bohemia de 1959, el reportero testimonió que:
    “(…) la triste célebre “coronela” se le ha acusado de haber establecido con los jefes militares de Bayamo, un pingue negocio en que traficaba con la libertad y la vida de revolucionarios y campesinos. Se les cobraba por liberarlos. Después en innúmeras ocasiones, se les volvía a coger y aparecían asesinados en cualquier camino, en cualquier sendero de la Sierra y los montes. “Martha sabe que se le ha acusado abiertamente de haber vendido vidas jóvenes a los matones de la dictadura. En los juicios contra algunos de ellos caídos en poder de la justicia revolucionaria hubo voces que se alzaron iracundas señalando su nombre sin rodeos como una de las más eficaces colaboradoras de Ugalde, de Merob Sosa, de Morejón y del coronal Ángel de Sánchez Mosquera y de todos los demás asesinos que ensangrentaron la cuna de Céspedes y los campos, los llanos y la Sierra (.) Para ella, Sánchez Mosquera es un criminal y dijo: “Ese asesinó a muchas gentes
    El coronel Ángel Sánchez Mosquera: Teniente al inicio de la guerra, ascendido hasta el grado de Coronel en virtud de la actuación sangrienta en la Sierra Maestra. Fue uno de los jefes más capaces y decididos del ejército batistiano. También uno de los más asesinos. En uno de los combates finales resultó gravemente herido en la cabeza Murió exiliado en Miami.

  • Elys dijo:

    Era muy pequeña cuando triunfó la Revolución Cubana, pero mis padres me cuentan actos de total barbarie cometidos por miembros del ejercito del tirano Batista, especialmente de la Guardia Rural ya que vivíamos en zonas campesinas; tal es el caso de Sosa Blanco, hombre o mejor dicho bestia muy temida , responsable de crímenes tan terrible como atar a un paciente psiquiátrico dentro de su casa y matarlo o matar a dos campesinos (hijo y padre) que labraban la tierra y no se escondieron a su paso como era característico, entonces decía !Ah! no me tienes miedo ahí te va... ¿Era justo dejar impune crímenes como éste y algunos más terribles como las torturas? Por eso fueron sometidos a juicios y a todos los militares que no se inmiscuyeron en delitos de sangre se les respetaron todos sus derechos incluso a una jubilación remunerada y conozco varios casos incluso de personas emparentadas con mi familia.

  • ppg dijo:

    La afirmación del intelectual cubano Eusebio Leal en la inauguración del Foro Internacional de Periodismo por el aniversario 60 de la Operación Verdad de que es más que nunca necesario el testimonio verdadero, la capacidad de transmitir y dar a conocerlo, me lleva a escribir y a dar a conocer este testimonio. Es cierto que la Operación Verdad es necesaria ahora, más que nunca, porque la operación mentira nunca ha terminado.
    Hace unos días, recibí de un familiar entrañable que reside en los Estados Unidos una página, la página once, de un texto publicado en aquel país en el año 2009 y que fue escrito por una señora que responde al nombre de María Werlau. Ya de sí, el título es una afrenta: “Ché Guevara’s Forgotten Victims”, o sea, “Las víctimas olvidadas del Ché Guevara”.
    Quien me remitía la página sabía muy bien por qué lo hacía. Aunque no vivió los terribles tiempos de la tiranía batistiana, en nuestra familia sí se conoce perfectamente el nombre del sujeto de quien trataba el texto en cuestión. Claro que en ese documento, al parecer una colección de esbirros y asesinos ajusticiados en la fortaleza de La Cabaña al triunfar la Revolución, este señor aparece, por obra y gracia de la manipulación mediática, como un inocente fusilado solo por haber pertenecido a la policía batistiana dos o tres meses antes del triunfo revolucionario.
    Decía que en mi familia, desde mi madre, hoy centenaria, hasta sus más jóvenes descendientes, se conoce el nombre de este individuo, Miguel Ares Polo, por una razón muy sencilla, fue el traidor al Movimiento 26 de Julio que personalmente entregó a su antiguo compañero en la lucha clandestina en la capital, José Manuel Giménez Díaz, mi padre. Pero no solo a mi padre, sino que a otros combatientes clandestinos también traicionó.
    Mi padre, entonces un hombre de más de cincuenta años, había pasado a la clandestinidad desde el mismo dos de diciembre de 1956. A mediados de 1957 se incorpora a la lucha en la Sierra Maestra, pero a los tres meses tiene que regresar a causa del asma y de la disentería. Al reincorporarse a la lucha clandestina en la capital, regresa a la habitación que había compartido con otro combatiente, Juan Ramón López Fleitas que había permanecido en la Sierra, en la calle San Miguel, en la capital del país. Rehace sus contactos con los combatientes clandestinos en La Habana y vuelve a los sabotajes, a la colocación de bombas y a los asaltos a policías, pero hay algo que ya no sale bien, se empiezan a frustrar las acciones, como una de un ataque a un carro perseguidor a la entrada del túnel de la calle Línea. Este día ya estaba preparado todo para la acción, cuando de manera fortuita se encuentra mi padre con un antiguo vecino en Bejucal; le dicen Pedrito “el gambao” y tiene un camión de su propiedad en el que traslada materiales de la construcción en la capital. Le dice que se pierda de por allí porque en el trayecto hacia este lugar había visto a varias perseguidoras en los alrededores y a policías gesticulando aparatosamente. Giménez, mi padre, que estaba al frente del grupo de acción, les dice a sus hombres que hay que retirarse y delante de ellos recoge su pistola, que había dejado al cuidado de unos españoles amigos, propietarios de una cafetería cerca del lugar. Los comerciantes habían escondido la pistola debajo de una vidriera donde exhibían pasteles y otros dulces. Uno de los integrantes, del grupo, Miguel Ares Polo (Miguelito), increpa a Giménez y, de forma airada, le pregunta si se había acobardado, a lo que responde el aludido que sí, que efectivamente se había acobardado y que si él quería que se quedara. En la retirada abordaron un ómnibus de la ruta 37, pero durante todo el trayecto del viaje, Miguelito no disimulaba el mal humor y la frustración que sentía. Mi padre y Miguel Ares Polo vivían en la misma calle San Miguel, Giménez sabía dónde vivía este, pero no así a la inversa.
    Después de la frustrada acción a aquella perseguidora, Miguel Ares Polo se aleja de toda actividad conspirativa y ya no acude más a contactos ni a reuniones. Sí se conoce que el comercio de los españoles que habían escondido la pistola de Giménez aquel día había sido asaltado por la policía, que no había dejado un cristal sano en el establecimiento.
    En la tarde del día trece de septiembre de 1958, se dirigía Giménez al domicilio de Miguelito para saber cuál era su situación, cuando se encuentra con un viejo amigo bejucaleño, un tabaquero apodado “El Niñito”, que no tenía vínculos con las acciones clandestinas. Le dice Giménez al amigo que lo espere en la bodega que está en la esquina, a unos pasos de donde vive Miguel Ares Polo, que él va a hacer una gestión rápida y regresa enseguida para tomarse un coñac juntos y conversar. El amigo se dirige a la bodega y pide dos coñacs al gallego propietario que es al mismo tiempo el dependiente. Giménez llega a la casa de Miguelito, toca a la puerta y es la madre de aquel quien lo recibe y le dice que no está, que había salido hacía un rato. Giménez le responde que él va a estar en la bodega de la esquina, que si viene que lo vea allí para que le entregue la pistola si no va a seguir en las acciones revolucionarias. Regresa a la bodega y permanece un rato conversando con “El Niñito” cuando, inesperadamente, siente un arma que se le aprieta contra el cuello, vira instintivamente la cabeza y alcanza a ver a quien lo encañona, que no era otro que Miguelito. Sin reponerse de la sorpresa le dice: – Miguelito, ¿tú estás loco? A lo que responde el aludido, – No, yo lo que soy es policía. Giménez solo le puede decir: -Bueno, si es así, entonces me jodí. Giménez se percata entonces de que Miguelito no estaba solo sino con otros cuatro policías que habían llegado allí en una perseguidora, muy sigilosamente. Lo siguiente que hace Miguelito es preguntar al dueño de la bodega que con quién había ido ese hombre allí. La respuesta de aquel, visiblemente molesto, fue –“Miguelito, este hombre ha venido solo aquí”.
    Después de ser detenido por el traidor Miguel Ares Polo y los policías que trajo con él a la bodega de la Calle San Miguel, Giménez fue introducido en la perseguidora desde donde pudo escuchar la voz de una vecina que, desde un balcón gritaba: – Miguelito, no hagas eso, – Miguelito, no hagas eso. Mucho tiempo después supo Giménez, que aquello le costó a la señora una golpiza mayúscula por parte de los esbirros.
    En la misma perseguidora comenzaron a golpear al detenido, uno de los golpes que recordaba Giménez fue el que le dieron con el canto de la mano abierta en la tráquea, cuando el nerviosismo del chofer del auto lo hizo frenar, y la inercia impulsó el cuerpo del detenido hacia adelante, lugar donde estaba colocada, en el respaldo del asiento delantero, la ametralladora Thompson del artillero de la perseguidora.
    Al primer lugar al que condujeron a Giménez fue a la estación que se hallaba en la calle Dragones, frente al parque que hacía un cuchillo entre esta calle y Zanja. Subiendo las escaleras de esta estación, Miguelito gritaba a voz en pecho, – “Aquí están los guapos de la Sierra” y lo repetía entre carcajadas nerviosas. A dejar solo al detenido frente a la carpeta, este aprovecha, saca el llavero que colgaba de su pantalón y lo introduce, con todas las llaves, detrás de la pizarra que se hallaba a sus espaldas. Allí las encontraría después del triunfo de la Revolución, cuando fue a recuperarlas.
    Después de estar un rato en aquella estación, es conducido a la décima estación de policía, que, como dijimos, se encontraba enclavada en la Calzada del Cerro que era el sitio donde torturaba el sanguinario Carratalá a las órdenes de quien, después se supo, estaba Miguelito el traidor. El interrogatorio comenzó, como siempre, con la técnica del policía bueno y el policía malo. Carratalá le preguntó, ¿Tú quieres hablar conmigo o quieres hablar con una persona decente? Giménez le contestó que a él siempre le había gustado hablar con las personas decentes. Con una sonrisa en su desmedrada cara, Carratalá le indicó que pasara a otra habitación donde se hallaba otro coronel de ademanes suaves y voz pausada que le ofreció asiento y lo exhortó a hablar sobre todo lo que conocía sobre los lucha clandestina en la capital, le dijo, entono paternal que ya él no estaba para eso, que esas eran cosas de los jóvenes idealistas que estaban locos, que esa situación nunca iba a cambiar y que lo que los revolucionarios querían era encaramarse en el poder para hacer lo mismo. Giménez le contestó que él nunca había hecho nada, que eran compromisos políticos los que lo habían puesto en esa situación. El esbirro lo detuvo y le preguntó, –
    -¿Entonces tú no has puesto bombas?.
    – No, le contestó Giménez.
    -¿Ni has matado policías?
    – No, tampoco.
    -Ah, entonces tú eres un angelito.
    Inmediatamente llamó a Carratalá diciéndole:- Coronel este lo que es tremendo descarado. Mire a ver si con usted habla. Carratalá le dijo que se lo pasara y así volvió Giménez a la habitación donde se encontraba anteriormente, frente al pálido asesino. Este le dijo:
    Así que tú eres bombero.
    No, coronel, yo soy guagüero.
    No te hagas el comemierda que tú sabes bien lo que te estoy diciendo. Así que tú eres Gimenito el de la 4, pero coño, cómo te íbamos a coger si estábamos buscando a un muchacho y tú lo que eres es un viejo de mierda.
    Diciendo esto le tiró un golpe que Giménez respondió con su puño izquierdo, pero fue lo único que pudo hacer, porque toda aquella jauría de esbirros le cayó encima dándole golpes y patadas.

    El traidor Miguelito siempre que tenía una oportunidad pasaba por donde se hallaba el detenido para decirle entre risas y burlas: – A ver, ¿qué tú quieres que te pongan en el epitafio? ¿Aquí yace el comandante Giménez? Tú lo que eres es un comemierda. ¿No ves que a Batista no hay quien lo tumbe?

    A través de innumerables gestiones, por ejemplo la del hermano de Giménez, Hortensio, que era amigo personal del ex presidente Ramón Grau San Martín, al cabo de los dos meses, pudieron conseguir la libertad de aquel, pero condicionada a la expatriación, o sea, la propia policía se encargaría de llevarlo al aeropuerto, pero el pasaje de avión a México tendría que ser costeado por la familia, lo que se logró gracias a una colecta que se realizó con tal propósito.

    Fue de esta manera que a inicios de noviembre de 1958 se preparó la maleta de viaje en su casa y se le llevó al aeropuerto José Martí adonde fue conducido Giménez por varios policías, entre ellos uno nombrado Rodolfo Larrinaga, técnico en explosivos e instructor de jiujitsu de la policía que le advirtió antes de emprender el trayecto de la décima estación al aeropuerto: – Giménez, si hay un intento de rescate, el primer muerto vas a ser tú”, pero Giménez lo tranquilizó diciéndole,- Despreocúpese que yo no soy nadie importante y no va a haber ningún intento de rescatarme, puede estar tranquilo”.

    Giménez fue conducido hasta la misma escalerilla del avión por la policía, que no dejó el lugar hasta que el avión hubo despegado.

    Una vez en México, se incorporó Giménez al Movimiento 26 de Julio en ese país junto a los compañeros Baudilio Castellanos, Osmani Cienfuegos, Benito Lorenzo y otros. Permaneció en tierras mexicanas hasta el 8 de enero de 1959 en que regresó a Cuba, ya liberada de la oprobiosa tiranía batistiana. Asiste a los juicios a los criminales de guerra batistianos en La Cabaña, donde acusa al traidor Miguel Ares Polo que, supo entonces Giménez, había sido el responsable de numerosísimas detenciones de combatientes clandestinos en la capital, entre los cuales figuraron Manuel Blanco (Maño), Luis Pérez y el propio Delio Gómez Ochoa, Delegado Nacional de Acción del Movimiento 26 de Julio que había llegado a La Habana el 15 de mayo de 1958, quien dijo que había escapado de milagro de la traición de Ares Polo. Esta es la verdadera historia del traidor que fue fusilado en La Cabaña el 6 de febrero de 1959.

    Alerta. Los que nos piden que olvidemos nuestra historia ya han fabricado otra falsa

  • DANEYSI dijo:

    FIDEL ,HOMBRE CON GRAN VALOR ....EXITEN POCOS HOMBRES DE TU TALLA ,LOS AGRADECIDOS TE RECUERDAN ,SIEMPRE TE LLEVO EN MI CORAZON .

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