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Frente al presidente venezolano Hugo Chávez funciona una terca y absurda oposición de oficio. Todo cuanto hace, dice o piensa da lugar a un debate que asombra por su intensidad y apasionamiento. Así ocurre con la necesidad de su país de ordenar la utilización del “espectro radioeléctrico”, cosa que hacen todos los estados, con más celo y rigor los más desarrollados.