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¡Feliz cumpleaños, Moscú!

En este artículo: Ciudad, cumpleaños, Moscú, Rusia
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Este mes de septiembre, mi Moscú cumple 879 años. Digo “mi Moscú” porque es la ciudad donde nací y vivo, al igual que mis padres, mis abuelos y varias generaciones más.

Entre el 5 y el 6 de septiembre, decenas de espacios por toda la capital rusa albergarán, desde grandes conciertos y festivales deportivos hasta reconstrucciones históricas y visitas guiadas.

Así celebrará su día una urbe cuya historia es, en realidad, mucho más antigua: las evidencias arqueológicas demuestran que ya latía con vida mucho antes de su primera mención escrita en 1147.

Sea como sea, es su nuevo cumpleaños, y como todo aniversario, es también un motivo para reflexionar sobre cómo está, qué ha logrado y a dónde va. Y sí, me siento autorizado para afirmar tres cosas: está mejor que nunca, los logros son tremendos y va en la dirección correcta.

Tan solo un ejemplo. Hace poco vi en las redes unas imágenes de los noventa de la calle Tverskaya —la principal de la ciudad, que prácticamente desemboca en el Kremlin—. Me quedé impactado por los cambios y por cómo, en aquel momento, no era consciente de cuánto se podía mejorar un lugar. Es verdad que uno se acostumbra rápido a lo bueno y olvida el pasado.

En esa época todo era asfalto y coches sucios aparcados en la acera que obligaban a los peatones a maniobrar entre ellos; una estampa gris donde los edificios, e incluso el cielo, quedaban ocultos bajo una selva de carteles publicitarios.

Había olvidado por completo cómo era la calle Tverskaya antes; un verdadero desastre en comparación con la belleza que es hoy. Ahora luce impecable, pavimentada en granito y con hileras de árboles que separan el paseo peatonal del tráfico, convirtiéndola en un escenario profundamente fotogénico. Lo mejor es que este cambio se repite en cada rincón de esta inmensa ciudad.

De hecho, en estos años, Moscú se ha vuelto muy peatonal y asombrosamente amigable con el caminante. Cuenta con numerosos espacios donde pasear y poder disfrutar de la belleza de su arquitectura, tanto histórica como la más moderna, con rascacielos de vidrio y metal, parques y malecones, entre ellos del río Moscova.

Además, siempre hay un banco cómodo y limpio donde descansar. La limpieza es, precisamente, otra de sus grandes señas de identidad. Volviendo a las fotos de Tverskaya, hoy es sencillamente imposible ver un auto mal estacionado; entre otras razones, porque la grúa lo retiraría en cuestión de minutos.

El aparcamiento en la capital ha vivido una reforma radical: se han delimitado zonas gratuitas y otras de pago, con tarifas notablemente altas en el centro. Ahora reina un orden absoluto, al tiempo que el increíble desarrollo del transporte público invita a cada vez más personas a dejar su vehículo en casa.

El metro de Moscú no necesita presentación. Siempre ha sido y sigue siendo increíblemente bellísimo, cómodo y puntual. Solo un par de datos. En los últimos 15 años, su longitud casi se ha duplicado. En la práctica, significa una mayor conectividad y movilidad para el ciudadano, lo que también se ha aplicado a los demás medios de transporte público: autobuses –alrededor de la mitad de su flota capitalina ya es eléctrica–, tranvías – cada vez más autónomos y sin conductor–, y las líneas de tren suburbano forman una red integrada.

En pocas palabras, la ciudad ha vivido una auténtica revolución en movilidad. De hecho, este nivel de eficiencia malacostumbra a cualquiera, ya que el sistema funciona con la precisión de un reloj suizo y ofrece comodidades como wifi gratuito; lujos que aquí damos por sentados, pero que en muchísimas metrópolis del mundo están muy lejos de ser la norma.

A propósito de revoluciones, hay otra costumbre que los moscovitas han interiorizado y que resultaría casi impensable en otros lugares: el respeto absoluto de los conductores, que se detienen de inmediato cuando un peatón pisa el paso de cebra. En los noventa esto era una utopía. Para mí, este civismo al volante es otra de las grandes evoluciones de la ciudad, aunque haya sido una de las más silenciosas.

¿Cómo englobar todo esto en un solo artículo? Es imposible, la lista sería infinita. Moscú es una ciudad que nunca duerme y que produce las 24 horas del día: puedes salir a comprar flores a las tres de la madrugada o hacer la compra en un supermercado a cualquier hora.

Al moscovita, de hecho, le sorprende descubrir que esto no es posible en otras capitales. Otro gran acierto son los programas sociales gratuitos para todas las edades: desde talleres de todo tipo para niños hasta actividades de bienestar para los mayores, diseñadas específicamente para mejorar su salud y calidad de vida.

Ya lo he dicho: la fecha exacta de su fundación puede ser cuestionable, pero lo que es innegable es que quienes la fundaron estarían hoy profundamente orgullosos de lo que verían. No se equivocaron.

¡Feliz cumpleaños, mi querida Moscú! Para celebrar esta ocasión, te dedico la canción del emblemático cantante soviético Muslim Magomáyev. Y tú ya sabes perfectamente cuál es: “La mejor ciudad del mundo”.

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Víctor Ternovsky

Víctor Ternovsky

Egresado de la Universidad Estatal Lomonósov de Moscú. Especialista en Estudios Iberoamericanos. Apasionado de la política internacional. Trabaja en Sputnik desde 2011, cubriendo como reportero eventos de diversas temáticas y alcance. Vive en la capital rusa.

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