Aprendan del Conejo Malo

En esta la guerra cultural que le han declarado a la Revolución cubana, artistas que uno creyó conocer, van cambiando la guitarra por el puñal retórico y pidiendo, para su propia tierra, la más abyecta de las soluciones: la invasión extranjera.
Compañero, para entender este enredo, hay que partir de una verdad de Perogrullo: en Miami no se canta por libre. La ciudad es un enorme estudio de grabación donde la disidencia tiene un precio de mercado y el guion anticubano es obligatorio para entrar a la fiesta. Allí, una maquinaria de “exiliados históricos” y nuevos conversos actúa como policía cultural: te dan aire en la radio, te pagan contratos jugosos, te ofrecen escenarios, pero a cambio exigen tu alma. Exigen que cada declaración sea un dardo, cada canción un panfleto y cada gesto, una negación de lo que fuiste.
Y es que los artistas que hoy piden a gritos una intervención militar, ayer eran otra cosa. ¿A usted le cabe en la cabeza que un tipo que componía versos de amor, o que incluso en su momento reconoció logros de la Revolución, de repente amanezca con sed de ver tanques norteamericanos en el Malecón? Eso no es una evolución ideológica, es una transacción comercial. Es el resultado de firmar un pacto faustiano donde la moneda de cambio es la dignidad de la patria.
El procedimiento es casi un manual. Primero, te ofrecen el “rescate económico”. Para un artista cubano, por bueno que sea, abrirse paso en el monstruoso mercado internacional es una tarea de titanes. De pronto, aparecen fundaciones “por la democracia”, programas de televisión de máxima audiencia y productores que te abren las puertas. Pero esas puertas tienen un dintel muy bajo: hay que agacharse, renunciar a la complejidad, adoptar el discurso del enemigo.
Luego viene la “purga” interna. Si vacilas, si muestras la más mínima duda, si añoras aquella canción que hablaba de cosas simples y no de consignas, el mismo mecanismo que te elevó te hunde. Te cancelan conciertos, los “influencers” del odio te linchan en las redes, los antiguos “patriotas” que te dieron la llave de la ciudad te la quitan. Te conviertes en un paria. Así operan los verdaderos “nazis cubanos”, esos guardianes de la ortodoxia del rencor que desde Florida custodian que nadie se desvíe del libreto de la agresión.
Piense en esto: ¿Sabe usted cuánto cuesta entrar al cine en Cuba? Así de claro. El proyecto cultural cubano se construyó desde la base: convirtiendo cuarteles en escuelas, creando una red de Casas de Cultura en cada municipio, garantizando que el hijo de un campesino en Pinar del Río tuviera acceso a una educación artística de primer nivel. El objetivo nunca fue fabricar estrellas para vender discos, sino elevar el nivel cultural de todo un pueblo, convertir espectadores en creadores. Mientras, en el Norte, el arte es un negocio; aquí, durante décadas, fue (y en gran medida lucha por seguir siendo a pesar de los minimonopolios parásitos que hoy proliferan) un derecho.
Por eso duele tanto la traición. Porque esos artistas que hoy escupen sobre nuestro pueblo se formaron en ese sistema. Bebieron de sus escuelas, se dieron a conocer en sus festivales, y cuando encontraron un mercado más lucrativo, no solo se fueron: se dieron vuelta y empezaron a disparar. Su nuevo arte ya no habla de sentimientos humanos, habla de “cinco nueve” versus “doble dos”, reduciendo sesenta años de historia, de lucha, de bloqueo criminal y de resistencia, a un juego de dominó manipulado.
Patria significa Vida ¡¡¡Papelaceros!!!
La historia viva de un pueblo ha elegido, una y otra vez, morir de pie antes que arrodillarse. Es la determinación de quienes saben que la verdadera vida —la vida con dignidad, con soberanía, con justicia— solo es posible si se defiende la patria a toda costa. La vida que ellos ofrecen es la vida del esclavo, del mendigo, del que pide permiso para existir.
A estos fasciartistas renegados, les queda el aplauso efímero de quienes los usan y el dinero manchado de complicidad. A Cuba, le queda su pueblo, su historia y la convicción inquebrantable de que, pase lo que pase, aquí seguiremos defendiendo nuestro derecho a construir un socialismo propio, imperfecto, incluso “inventao” pero nuestro. Porque como bien sabemos, y como algunos han olvidado: defender la cultura propia es, en este mundo de hegemonías, un acto revolucionario. Y eso, al final, es lo único que vale la pena cantar.
(Aprendan del Conejo Malo que les acaba de dar una lección gaznatón sin mano a todos los vendepatrias)
¡Nos vemos el 14 de los enamorados y los amigos en el Pabellón Cuba!
¡Más adelante, más información!
¡Besos y abrazos, hermanas y hermanos!
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No se puede confundir pueblo con gobierno
Excelente reflexión. Lástima q los que lo necesitan no lo leen.
Sabias palabras, muy ciertas y exactas.Con la certeza de saber que vienen de la pluma de un Trovador..
Ya sabrán los aludidos del valor de su vergüenza(muy poca)..
Siga usted cantando poesía de paz y escribiendo Verdad
Yo creía que esto era acerca de Bad Bunny, Qué pena que no necesite lo más importante que dijo en todo su show “ lo único más fuerte que lo odio es el amor”
Raúl es tan malo ser indio con levita que sietenesino. Bad Bunny no le ha dado ningún gaznatón a nadie, sino que fue identificado por la NFL como un vehículo para expandir el interés por el football en las Américas. A su vez, Bad Bunny obtenía la oportunidad de cerrar su gira por todo lo alto ante una audiencia global, lo cual atraerá más ojos para sus proyectos futuros, particularmente su residencia en Puerto Rico. Sin desdoro para BB, quien se niega a cantar en inglés y sólo aceptó hacer el show si ICE se abstenía de efectuar arrestos en él, aquí lo que hay es una conjugación exitosa de intereses comerciales, preocupaciones de actualidad y mucho dinero. Sí estoy de acuerdo que lucen muy patéticos nuestros representantes del genero urbano, que viviendo en un país con tantos problemas éste no generan nada que no sea la chingada y el amarre a la pieza.