El relato del lector: Mujer cubana en Revolución

El próximo 23 de agosto celebramos el 65 aniversario de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), una organización esencial en la lucha por la igualdad, la justicia social y la participación plena de la mujer en la Revolución. En homenaje a Vilma Espín, su eterna presidenta, y al Comandante en Jefe Fidel Castro, artífice de este proyecto emancipador, Cubadebate invita a sus lectores a compartir historias de vida, recuerdos y reflexiones sobre el papel transformador de la mujer cubana.
¿Tienes una anécdota personal que refleje la resiliencia, el amor o la entrega de una mujer en tu familia o comunidad? ¿Recuerdas algún momento en que el ejemplo de Vilma Espín o de las luchadoras anónimas de Cuba marcó tu vida? ¿Deseas rendir tributo a esas mujeres que han sido pilares en la educación, la ciencia, el campo, la cultura o la defensa de la Patria?
Tu testimonio puede adoptar cualquier formato: crónica, carta, poema o relato breve. Lo importante es que sea un testimonio real, que refleje el impacto de estas mujeres en tu vida o en la historia de tu comunidad. También puedes compartir cómo el pensamiento y la obra de Vilma y Fidel influyeron en tu formación, tus valores o tu compromiso social.
¿Cómo participar? Es muy sencillo. Puedes enviarnos tu testimonio al correo comentacubadebate@gmail.com o publicarlo directamente en los comentarios de esta convocatoria. Te pedimos que incluyas tu nombre completo, municipio y provincia de residencia, para que tu voz tenga identidad y arraigo.
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Las viudas del municipio pilón en Granma están muy decepcionadas porque le faltó dinero cuando fueron a cobrar la pensión en la televisión explicar que iban a cobrar el doble de lo que ganaban antes y cuando cobraron a mucha le faltan más de $70 por ejemplo a mi mamá que ganaba 1140 pesos debería cobrar 2280 y lo que le pagaron fue 2210 favor de investigar esto porque me parece que la corrupción está presente aquí hay un robo de dinero
Pido disculpas a cubadebate, esta no es una anécdota acerca de la labor de una de nuestras mujeres. Pero como quiere que nos encontramos viviendo el año del centenario de nuestro Comandante Fidel... Acá les traigo otra anécdota sobre él. En esta ocasión no lo tuve cerca, pero su accionar dejó profunda huella, al menos en mí..
Transcurría junio del año 2000, en el IPVCE Vladimir I. Lenin, no se durmió la noche anterior, y no era para menos, la Unidad 1 de esta institución realizaría su graduación. Y no era una graduación cualquiera, era la graduación 26.
Esa noche, interminable como le decíamos nosotros, los estudiantes, fue inolvidable, abrazos que nunca se habían dado, declaraciones nunca hechas, lágrimas en algunos, risas en otros, frases como "Hasta pronto", "Nos volveremos a ver", inundaron la velada.
Al amanecer, en la Tribuna Antimperialista, se realizaría nuestra graduación 26, los estudiantes de 12mo grado concluíamos nuestros estudios de preuniversitario. Pero, no solo el simple hecho de nuestra graduación, hacía tan especial aquella mañana... y es que ... todo parecía indicar que participaría nuestro Comandante en Jefe en la misma, y haría uso de la palabra.
Bajo un sol abrazador ya estábamos sentados en las sillas plásticas dispuestas para la ocasión en el lugar. Estudiantes, profesores y familiares expectantes por tan significativo momento "Graduación 26 del IPVCE Vladimir I. Lenin" y la posible presencia de nuestro máximo líder.
Después de entregados los títulos de graduados, de abrazos y felicitaciones encontradas, a todos nos parecía extraño que Fidel no hubiera hecho acto de presencia.
Un interlocutor se presenta ante el micrófono y nos da la noticia que nos temíamos...nuestro comandante se excusaba por su ausencia. Una tarea mayor ocupaba su tiempo esa mañana. Condecoraría a Juan Miguel González, padre del niño Elián González. Menor por el cual tantas marchas y tribunas abiertas se habían realizado en el país exigiendo su regreso.
Pues, después que quedó a la deriva en medio del mar, cuando emigraba ilegalmente con su mamá en busca de nuevos horizontes, en dirección a EE.UU, fue rescatado de la balsa y hecho víctima de un proceso de secuestro por parte de algunos parientes, con el solo propósito de sacarle lascas políticas al asunto y engordar los bolsillos de algunos tristemente recordados funcionarios de la FNCA radicada en Miami, y espertos en atentar contra nuestro país.
Fueron cerca de 6 meses de dura lucha por el regreso del niño, hoy ya todo un joven hecho y derecho. La Lenin, siempre a la vanguardia, había asistido a todas las marchas y tribunas que con motivo de su regreso se realizaron en la capital de todos los cubanos.
Pues se condecora a Juan Miguel González por la actitud mantenida para con su hijo, al contar con la máxima dirección del país para tratar de regresarlo, luego de que familiares interesados radicados en Miami, lo hicieran preso de sus sucios intereses políticos.
Y aunque con cierto descontento, todos los presentes en la graduación, desde el más chico, hasta el más longevo, solo supimos admirar un tin más a nuestro comandante. Ahí supimos valorar su frase de que en Cuba "Nada hay más importante que un niño".
Moscú entre lágrimas y sonrisas.
La ví por primera vez en su idioma original sin ayuda de los cartelitos de la traducción al español, en el cine teatro Arbat, situado en uno de los barrios mas antiguos y hermosos de Moscú, con paseos, farolas y viejos edificios.
El estreno de una película en Moscú, en aquella época, constituía una fiesta para sus habitantes que yo compartí en varias ocasiones, estaciones de metro repletas, familias enteras en sus vagones, grandes colas de personas con ropa muy elegante en los cines pero, en particular, el de esta película fue todo un acontecimiento.
La imagen que nos construimos los jóvenes de la sociedad soviética en los primeros años de la Revolución era la de una sociedad ideal, la que era capaz de brindar al hombre todos los beneficios de salud, de educación y de otras esferas de la vida, en la que todos los hombres estaban comprometidos con la construcción del socialismo y en la que, como dice la Internacional, “el hombre del hombre es hermano.Esa era la sociedad que queríamos cuando allí llegamos pero eso no era exactamente así.
La película Moscú no cree en lágrimas retrata a la perfección la sociedad que me recibió en el año 82 cuando llegué a esa ciudad. En ella se presentan los logros y beneficios sociales de la antigua Unión Soviética y a la vez muestra la crudeza de su naturaleza, las diferencias sociales existentes y la corrupción presente en algunos de sus funcionarios y también se muestra de manera magistral la personalidad del ruso.
En ella aparecen las oportunidades para el estudio y la superación que tenían los obreros y las posibilidades reales de ascender con esfuerzo y dedicación pero también se manifiesta la emigración de grandes masas a la capital buscando otras ventajas, se muestra la vida en los albergues para obreros y estudiantes y su difícil régimen de vida, con las comandantes bien rígidas, a diferencia de las nobles tías cubanas de las becas de esa época.
Se observa en la película algo que muy rápido constituyó para mi una decepción, que la blanca nieve que se describe en los cuentos, solo existe en los bosques de abedules donde la gente va a esquiar y a descansar pero, en la ciudad, ésta se convierte en un fanguito insoportable y sucio que se pega a las botas y prácticamente no te deja caminar.
Se siente al disfrutar de su proyección, el crudo carácter del ruso marcado por el clima, por las duras condiciones de asedio que han vivido en medio del resto de la Europa occidental y la entrega solidaria de recursos humanos y materiales a otros países ,entre ellos el nuestro, que durante muchos años ese pueblo hizo.
Pero también en Moscú no cree en lágrimas vi la capacidad de la mujer rusa para enamorarse con vehemencia y pasión, de ser fiel a toda costa y entregarse, sin pedir nada a cambio, al hombre que quiere. En el final de la película, que considero genial, la protagonista, una humildísima obrera de otra región que llegó a ser una alta y honesta funcionaria, después de muchos encuentros y desencuentros a lo largo de muchos años con su hombre, se encuentra con el que constituyó el amor de su vida y que no se había portado muy bien con ella y con una profunda y tierna mirada que habla por si sola, le dice… yo te he esperado por tanto tiempo expresando un perdón sin limite. Así mismo son ellas.
Esta fue la primera película que describí ante mis compañeros en la clase de ruso en la Academia de Ciencias de la URSS donde realizaba mis estudios de doctorado y cuando pensé que había terminado la profesora me dijo Gilda ¿y Ud, cree que ella actuó bien? Recuerdo que le dije - Irina Maksovna (así se llamaba mi profesora) si Ud. conociera a las mujeres cubanas no me haría esa pregunta, me sonreí y no respondí. Ella sonrió y aceptó mi callada por respuesta, salí bien.
He vuelto a ver la película en Cuba unas cuantas veces más, por supuesto con cartelitos y he logrado entender los diálogos mucho mejor y lo cierto es que en cada ocasión he encontrado nuevas características de ese lindo pueblo y de la vida que conocí en la década de los 80 del siglo pasado. incluso y a pesar de los más de 20 años transcurridos, con frecuencia, cuando me preguntan si me ha gustado algún lugar que he visitado respondo – Allí, hasta Superman llegó y lloró ,en clara alusión a lo que significó para mi esta gran película.
Noviembre 2010
ERMANA, LA CAMPAÑA Y YO.
Finalizaba el año 1960 y yo recién había cumplido 12 años. Eran tiempos en los que no habíMI H
a en las escuelas, ni Partido, ni profesores guías, ni profesores organizados luego la misión de convencer a mis padres para que me dejaran participar fue muy compleja y muy individual. En mi caso, después de que mi mamá dejara ir a mi hermana por ser dirigente de la AJR y por esa razón debía dar el ejemplo aunque solo un año y un poquito mayor que yo, llegó mi turno. Yo metí un bateo y con mucho esfuerzo y con ciertas condiciones (que debíamos ir juntas y que teníamos que pedir nos mandaran para Cruces donde teníamos parientes lejanos) nos autorizaron a las dos a participar.
La partida para Varadero, donde recibiríamos la preparación política y metodológica para cumplir con éxito la misión fue otra odisea. Nosotras vivíamos en el Vedado pero estudiábamos en Marianao y esperábamos la llamada como nos habían indicado pero este aviso nunca llegó. Mi hermana y yo volvimos locas a mi mama para que fuera a Ciudad Libertad para averiguar. Un día se decidió y llegó con la noticia que ese mismo día nos debíamos presentar en Ciudad Libertad para irnos con el grupo que salía esa tarde, eran estudiantes de Luyanó que, por supuesto, no conocíamos pero el deseo de estar alfabetizando fue mucho mayor que el hecho de ir con desconocidos. Hubo dudas, opiniones pero nos presentamos y nos fuimos.
Así comenzó para nosotras la etapa, la preparación en Varadero. Mi hermana y yo éramos de una familia muy humilde, habíamos ido una vez a esa playa en un camión que salió de mi barrio, imaginen lo que significó estar alojadas en una bellísima casa de Kawama, Kawama D-7, de 2 plantas y frente al mar, era como un sueño. Recuerdo que por las tardes después que terminábamos las clases, yo me sentaba en la terraza de la casa a contemplar el mar. En esa estancia en Varadero, ocurrió un hecho interesante y cómico. Un día repartieron los uniformes y nos dijeron que esa noche nos distribuirían para los lugares donde alfabetizaríamos. Mi hermana no alcanzo botas pues todas eran pequeñas pero yo estaba completa y podía ser ubicada y me recuerdo llorando por toda la casa con mis botas en la mano, para ver quien las quería para poder esperarla e irnos juntas. Finalmente la jefa del campamento entendió y nos fuimos juntas 2 días después.
La ubicación era para Camagüey, decidimos entonces que para allá nos iríamos y después le explicaríamos a mi mamá porque no habíamos ido para Cruces. Ganábamos así, en independencia y conciencia y decidimos enfrentar el reto pensando que ya al menos habíamos complacido a mami en estar juntas
La Campaña sirvió para fortalecer la relación con mi hermana, que a pesar de ser solo un año mayor que yo se convirtió en mi madre. En los viajes de ida y regreso ella no podía dormir pues yo lo hacía en sus piernas. Los brigadistas lavábamos la ropa en una batea de madera para la cual cargábamos el agua de un pozo y yo siempre le pedía que me la lavara, porque yo tenía las manos muy pequeñas, planchábamos la ropa con una plancha de hierro que calentábamos con carbón y yo no podía planchar porque temía quemarme. Mi abuela nos escribía una carta diariamente y yo nunca le contestaba, esa era una tarea de la hermana mayor, decía. El pasado 15 de septiembre cumplí 63 años, soy abuela igual que mi hermana y ese día, en un arranque de nostalgia, le hablaba de todo lo que ella había significado para mí y le recordaba aquellos viajes de Varadero a Camagüey y de Camagüey a la Habana , en un tren cañero, en los que ella no había podido dormir..
Diciembre 2011
Miriam Vega Cruz