El nombre de mi calle

Malecón. Foto: Mitrans.
Uno de los nombres más repetidos entre las calles habaneras es San Francisco. Nueve calles llevan ese nombre, en tanto que otras cinco llevan el de San Martin; y San José y San Carlos aparecen cuatro veces cada uno. San Cristóbal, pese a ser el patrono de la villa, figura solo dos veces. Santa Catalina se reitera en cinco calles, seguida por Santa Ana y Santa Teresa, tres veces cada una.
La calle Manglar debió su nombre a la vegetación de la zona, un área que se rellenó con la basura y los escombros de la ciudad que allí se vertían. Arroyo es el nombre oficial de esa calle. Es así por el que desemboca en la Ensenada de Atarés.
Aguacate debe su nombre a la frondosa mata de ese fruto que crecía en el huerto del convento de Belén, árbol cortado en 1837, según el investigador José María de la Torre, autor del libro Lo que fuimos y lo que somos; La Habana antigua y moderna, que afirmaba haber visto un atril confeccionado con su madera. Galiano es Avenida de Italia. La Calzada de Monte (Máximo Gómez) se llamó Guadalupe y luego Príncipe Alfonso, por Alfonso XII, hijo de Isabel II y nieto de Fernando VII. La calle Oquendo por don Martín Oquendo, propietario de una estancia asentada en la zona. Bernaza, por el dueño de una panadería que existió en dicha calle…
Perseverancia es Perseverancia por la que tuvieron que tener los técnicos y trabajadores que la trazaron. En 1925 pasó a llamarse Embajador Torriente, por el éxito alcanzado por el diplomático cubano don Cosme de la Torriente al conseguir que el Senado norteamericano aprobara en esa fecha el tratado que reconocía los derechos de Cuba sobre la Isla de Pinos, y se llamó después Joaquín Albarrán en honor de esa gloria de la Medicina cubana, urólogo y profesor de La Sorbona.
Es por el presbítero José María Manrique, que moraba en la esquina con Zanja, que Manrique se llama Manrique, nombrada antes Del Campanario Nuevo y De Terranova, y que el Ayuntamiento habanero quiso, en 1922, que se nombrara Antonio María Lazcano, eminente educador nacido en esa vía.
Lealtad por el nombre de la cigarrería que existió en la esquina de Salud, Jovellar por el capitán general de ese apellido. Infanta por la hija de Fernando VII, que reinó como Isabel II. Hospital porque conducía al viejo leprosorio de San Lázaro, e Industria porque la venta de terrenos en la zona fue una verdadera industria. Concordia por la logia masónica asentada en ella. Corrales por los establos que existían entre las calles de Águila y Ángeles, al fondo de la iglesia de Guadalupe. Ánimas por lo solitario y desamparado del lugar. Jesús Peregrino por el retablo que allí tenía el negro conspirador José Aponte, ahorcado en 1812. Una calle, en el Sevillano, lleva el nombre del gran periodista Antonio San Miguel, el amillonado director-propietario del periódico La Lucha. Paula, por el hospital y el templo de ese nombre, se llama desde 1922 Leonor Pérez, tributo a la madre del Apóstol.
En el reparto Santa Amalia, donde vivo desde hace casi 50 años, hay una calle Miguel, y también otras como Gonzalo, Mario, Alberto, Isabel, Dolores… No falta una vía con el nombre del poeta Gustavo Sánchez Galarraga, amigo de Lecuona y autor de las letras de muchas de sus melodías, y cuya familia era propietaria del llamado castillo de Kessel, saqueado por el pueblo a la caída de la dictadura de Machado, en 1933.
Línea, Obispo, Malecón
Palatino fue Cosme Blanco Herrera. La Calzada de Luyanó, Manuel Fernández de Castro; 23, General Machado. Cocos, Alfredo Martín Morales, Santa Emilia, Antonio de Piedra, Melones, José Antolín del Cueto. O’Reilly, que fue Honda y Del Sumidero, Del Basurero y De la Aduana, fue Presidente Zayas en 1921. Nombres que fueron, ninguno arraigó. Dicen que dicho mandatario se opuso a que se le dedicara esa vía. Matrero como era, sabía que nadie la llamaría de esa manera, aunque, recuerda el cronista, todavía en la década de 1960 era su nombre el que se leía en las tarjetas que identificaban la calle. Trazada en 1862, la Avenida 23 fue en sus orígenes el Paseo de Medina, por el contratista que residía frente a donde se erigió después el cine Riviera.
Línea existe desde que se urbanizó El Vedado, a partir de 1858. En 1918, con motivo de la participación de Cuba en la I Guerra Mundial, se llamó Avenida del Presidente Wilson, por el mandatario norteamericano de ese nombre. Después de 1952 se llamó General Batista. El historiador Emilio Roig había propuesto en 1936 que esa vía fuese Línea desde el monumento al Maine hasta la calle E, y que desde allí hasta el río fuese la calle 9.
El ya citado José María de la Torre atribuye el origen del nombre de la calle Obispo a que la frecuentaba en sus paseos el obispo Morell de Santa Cruz, que residía en la calle Oficios, donde murió. Para otro erudito, Pérez Beato, la causa, más antigua, y es que allí, dice, en la esquina de Compostela, vivía el obispo Jerónimo de Lara. Y Compostela es Compostela por Diego Avelino, Obispo de Cuba.
En 1897, en plena Guerra de Independencia, el Ayuntamiento habanero dio a Obispo el nombre del sanguinario Valeriano Weyler, a la sazón Gobernador de la Isla. Al cesar la soberanía española, los habaneros se precipitaron a arrancar las tarjetas callejeras que consignaban el nombre del odiado militar, artífice de la Reconcentración.
Pasó, en 1905, a llamarse Pi y Margall en homenaje a ese ilustre español que tanto defendió el derecho de Cuba a su independencia. Decisión tan justa como inútil porque, más allá de determinaciones oficiales, Obispo siempre ha sido Obispo, una de las reinas de las calles de La Habana.
Malecón comenzó a trazarse en tiempos de la primera intervención militar norteamericana. Corría en sus inicios desde el castillo de La Punta hasta la caleta de San Lázaro, frente a lo que es hoy el Hospital Ameijeiras y se le dio el nombre de Avenida del Golfo, llamado después Avenida de la República y Avenida del General Maceo para llegar a lo que sería su nombre definitivo, Avenida de Antonio Maceo.
Con el tiempo esta avenida se amplió en ambos extremos para un trazado que va desde la vieja Capitanía del Puerto hasta el rio Almendares. Cada uno de sus tramos tiene el nombre que la identifica -Céspedes, Maceo, Washington, Pi Margall, Aguilera- pero todos seguimos llamándola por el nombre genérico de Malecón.
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¿Existe algún libro que trate acerca de los nombres de todas las calles de la Habana, por municipios? ¿Incluso los nombres de los municipios? Quizás hay alguno de la autoria de Ciro Bianchi. Gracias.
Nací y me crié en el barrio Dragones y siempre me llamó la atención que la calle que todos conocíamos como San José se identificaba en los letreros de las esquinas como San Martin, nombre con el que nunca oí a nadie nombrar la. Yo viví hasta los 12 años en Cerrada del Paseo, calle de una sola cuadra entre Zanja y Salud, que pocos, aunque sean habaneros conocen, ella queda en el intermedio de Escobar y Gervasio, y desemboca en Salud cerca del famoso restaurante Flor de Loto. Viví en ese barrio, periferia del barrio chino hasta los 20 años
Gracias una vez más, maestro Ciro
Me encantó el artículo. Muchas gracias Ciro.
Seguro que sobre las calles habaneras y su historia queda mucho más que contar. Gracias, profesor Ciro
Gracias a ese gran intelectual ,yo nunca me perdí un programa televisivo q él daba
Se agradece todo el conocimiento sobre historia de la ciudad