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Hoy, en La Lisa

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La Lisa

Foto: TrIbuna de La Habana

El origen de La Lisa hay que buscarlo en 1820 cuando a la orilla del camino a Guanajay y pasado el rio Quibú se estableció un portazgo para el cobro del peaje y junto a él una taberna para la restauración y el hospedaje de los que viajaban hacia Vuelta Abajo; establecimiento ese que se llamó Lisa, aseveran Félix Mondéjar y Lorenzo Rosado en Marianao en el recuerdo (Eds. Boloña, 2017).

Añaden los referidos autores que el plato estrella del lugar era un pescado llamado lisa que se acompañaba con una buena jarra de vino y que los viajeros, al aproximarse a la taberna en cuestión comentaban si se detenían o no en “la lisa”, lo que hizo, por la fuerza de la costumbre, que el territorio adquiriera el nombre que ostenta.

Su verdadero avance, sin embargo, ocurrió, en 1832, con la construcción del puente Francisco de Arango y Parreño, que facilito el cruce del río. “El puente, la taberna, el portazgo y la visita de los veraneantes, determinaron la urbanización de este barrio”, dicen Mondéjar y Rosado.

Cinco años después el heredero de la estancia Santa Ana solicitó al Gobierno Superior Civil la autorización para parcelar una parte de sus tierras con vistas al fomento del poblado de La Lisa como ensanche de Marianao. Obtuvo el sujeto el permiso pertinente para su proyecto de 80 manzanas y 21 calles. Fueron familias habaneras las que adquirieron los solares en venta y construyeron las primeras casas a fin de asegurar alojamiento en las temporadas de verano.

“Esa es la génesis del poblado que, en 1862, contaba con 127 habitantes”, escriben los autores citados. Pero a partir de 1875 el desarrollo de La Lisa se hace lento. La contaminación de las aguas aleja a los veraneantes y esa contingencia provoca la eliminación del portazgo. Sería bien avanzado ya el siglo XX cuando se reporta en el territorio una evolución urbanística más acelerada.

La Lisa desde sus primeros tiempos pertenecía al partido de El Cano en la Tenencia de Gobierno de Santiago de las Vegas. Estaba, sin embargo, más cerca de Mariano, dependiente entonces del municipio de La Habana. En 1860, don Salvador Samá, Marqués de Marianao, y otras prominentes figuras pidieron al Gobierno que La Lisa pasara a formar parte del partido de los Quemados de Marianao, a lo que se opusieron tanto el Ayuntamiento de Santiago de las Vegas como la Capitanía de El Cano y también varios vecinos de La Lisa. Estos último cambiarían de opinión con el tiempo.

Es así que el 8 de julio de 1878 tiene lugar en el teatro Concha una trascendental junta de vecinos que pide al Gobierno la creación del municipio de Marianao. A esa reunión acudió un grupo de liseños que solicitó la incorporación de La Lisa al nuevo municipio. Accedieron las autoridades y el barrio de La Lisa quedó incluido en el término municipal naciente, lo que obligó a su segregación de Santiago de las Vegas.

Refieren Mondéjar y Rosado en su Marianao en el recuerdo que, en los años anteriores a la Guerra del 95, en la esquina de Real –Avenida 51- y Santa Brígida –calle 156- se construyó el hotel La Lisa, que los pudientes convertirían en el sitio preferido para sus vacaciones. Un incendio redujo a cenizas ese hotel en 1912. Con el paso de los años sería muy conocido el llamado Casino de La Lisa. Antes, en 1893, se inauguró en ese barrio una plaza de toros y hubo, en 1895, en El Palenque, un hospital del ejército español. Un hospital cubano funcionaria en la finca La Ofelia al concluir la guerra de independencia.

Creció La Lisa con la parcelación, en 1914, del reparto Torrecillas y se acometieron lujosas urbanizaciones en Barandilla y La Coronela. Se edificó la bella ermita de Santa Elena, de estilo neoclásico, y funcionó el cabaret San Souci, uno de los centros nocturnos más suntuosos del país antes de 1959, con una historia que siempre se opaca o minimiza.

Escriben los autores de Marianao en el recuerdo: “Este pueblo, rural en sus inicios, fue aumentando su población al nutrirse, generalmente, con familias provenientes del occidente del país.  A partir de la década del 20, fue el punto escogido para la terminal de los ómnibus-automóviles que comenzaron a circular entre La Habana y Marianao. Desde 1945 comenzaron a surgir nuevos repartos: Alturas de La Lisa, Versalles, San Rafael, San Gabriel y San Agustín. Todos ellos unieron a este territorio con el poblado de Arroyo Arenas”.

En 1957 el tránsito vehicular era considerable y se decidió ampliar la Avenida 51 y con ella el viejo puente de La Lisa, que medía 234 metros de largo y 12,5 metros en su punto de mayor anchura. Para ello, sobre la estructura original se fundió una losa de hormigón armado con un ancho total de 19 metros, mientras se mejoraban el trazado y las rasantes y se suavizaban las curvas de sus accesos o aproches.

El verdadero desarrollo de La Lisa ocurrió después de 1976, cuando se constituyó en municipio, uno de los tres en que se dividió el viejo Marianao.

Escriben Mondéjar y Rosado: “De un barrio semi rural se coinvirtió, a finales del siglo XX, en una verdadera ciudad”.

Todo fue posible entonces en La Lisa: la surcaron grandes avenidas, acogió importantes hospitales y centros de investigación científica, empresas productoras de medicamentos, hoteles…

Se han publicado 11 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Jose dijo:

    Lo único interesante de cubadebate son sus escritos Ciro ,gracias

  • José Santander dijo:

    Muy interesante el artículo,se debía hacer más de la cultura y la historia local, municipal

  • Daniel dijo:

    Tan interesante como siempre, gracias Ciro, es usted un profesor

  • Leonel dijo:

    Muy interesante gracias.

  • Yosoy dijo:

    Cada domingo espero sus escritos, profesor Ciro. Muchas gracias

  • Alina dijo:

    Muy interesante, creo son muy pocas las personas saben de la historia de La Lisa y otros. Gracias

  • Daniel Aniceto Hernández Veliz dijo:

    Necesaria está explicación sobre el surgimiento de este municipio poco divulgado, y semi desconocido

  • LEUDYS dijo:

    Interesantes historias gracias

  • Dora Martha mesa dijo:

    Me encanta la lisa ,desde que tengo uso de mi razón vivo en la exactamente en alturas de la lisa al lado del cementerio,desde el año 1969 ví hacer muchas veces las calles que eran terraplenes y algunas con marabú.como comenzaron ha transitar las guaguas.hoy se han descuidado tanto de este lugar que ha vuelto ha ser un potrero lleno de basuras por todas las esquinas huecos hechos por las guaguas llenos de aguas por los salideros unidos con la basura la fetidez es tan grande que realmente las calles son y huelen a potreros mal cuidados

    • Caridad dijo:

      La Lisa está pidiendo urgente la reparación de aceras y calles. Frente al hospital Frank País el paso peatonal todo roto, por dónde tienen que pasar los enfermos y personas mayores, a hacer consultas en el hospital. Y es donde está el servicupet. Rompieron para hacer un trabajo al parecer y nunca más esa acera fue reconstruida. Al menos piensen en el tránsito en esa acera. Es muy llamativo al que viene de otra provincia ver que las aceras todas están rotas. Al menos en el Reparto Versalles. Las escuelas primarias en Versalles no se pintan. La a Secundaria del reparto los avioncitos los electores pidiendo una reparación. Debe decirse el prepuesto del municipio donde se está ubicando, porque son muchos los que aportan a este. Hace años se pide que se debe conocer por el pueblo.

  • Francisco Torres Aldana dijo:

    Me ha resultado muy cercana la historia del desarrollo de este territorio en el siglo XX y doy fe de lo narrado aunque hay más detalles interesantes

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Ciro Bianchi Ross

Ciro Bianchi Ross

Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.

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