Fidel Castro: “¡A luchar y a crear para triunfar, porque el destino está en nuestras manos!” (+ Audio)

Fidel Castro: “¿Y ahora qué tiene que hacer el país? El país tiene que dedicarse a trabajar. Lo que tenemos por delante es mucho trabajo; fundamentalmente, la tarea constructiva y creadora de la Revolución es lo que tenemos por delante.” Foto Archivo.
Hace 65 años, el 11 de julio de 1959, Fidel Castro pronunció un discurso a los miembros del "ASTA". En él, a solo seis meses del triunfo de la Revolución cubana, expresó cómo esta había logrado ganar la confianza de todos los sectores de la población y que tenían muchas tareas por delante que necesitaban del empeño de todos.
Con un mensaje de optimismo les solicitó el apoyo a los presentes. El país para impulsar la economía debía comenzar a incursionar en el desarrollo del turismo y les dijo: “¡Solo en nuestras manos hay el valor de luchar, el entusiasmo y la fe de luchar frente a todos los obstáculos, hay la voluntad de crear, hay el propósito de triunfar!”.
A continuación Cubadebate y el Sitio Fidel Soldado de las Ideas comparten fragmentos de aquella alocución:
La Revolución ha actuado en todo instante guiada por un espíritu de justicia
Señoras y señores:
Recuerdo aquella ocasión anterior en que nos reunimos con las instituciones cívicas —fue, si mal no recuerdo, en el mes de marzo, ¿verdad?—, y recuerdo también el ambiente en aquella ocasión. Era un cambio de impresiones, que tan saludable resultó para disipar algunas dudas de aquellos primeros días, dudas, si acaso, muy sutiles, y que no eran sino la consecuencia natural de todo proceso revolucionario y, también, en parte, del esfuerzo que hacen los que tratan de oponerse a toda obra justa de los pueblos para sembrar esas dudas. Aquella ocasión resultó muy esclarecedora al efecto de orientar a las instituciones cívicas, que constituyen un núcleo importantísimo del país.
Esta reunión de hoy, sin embargo, evidencia otro ambiente, ya no es como aquel, de expectación. Yo diría, como el señor Mestre, que me siento aquí en un ambiente muy familiar y, sobre todo, que veo también que el sentido de esta reunión es ya con el propósito de canalizar el esfuerzo de las instituciones cívicas hacia un trabajo de colaboración con las medidas y con los planes del Gobierno Revolucionario; por lo tanto, en el día de hoy no voy a pronunciar palabras que tiendan a disipar dudas, porque aquí las dudas ya no existen (APLAUSOS), porque cada día es más evidente la identificación de todo el pueblo con los propósitos de nuestra Revolución, porque cada día nuestro pueblo está más definido, y si existen dudas será en el ánimo de aquellos que creían que iban a poder confundir aquí a la parte sana de nuestro pueblo, a los que creían que podían contar con aliados para sus propósitos de hacer retroceder a nuestro país hacia aquel pasado que tanto trabajo y tanto sacrificio nos costó rebasar.
Cada día se define más nuestro pueblo, cada día se esclarecen más los problemas de nuestro país, cada día son más los sectores que van manifestando su adhesión a la tarea del Gobierno Revolucionario y cada día se comprenden mejor nuestras medidas. Ahí está, por ejemplo, el caso de la Reforma Agraria, cómo aquellas dudas que algunos interesados trataron de sembrar han desaparecido y cómo, al fin y al cabo, se ha demostrado que la inmensa mayoría de aquellos sectores que en los primeros instantes expusieron sus dudas acerca de la ley, han terminado anunciando que son beneficiados por la misma, como sucede con la inmensa mayoría de los ganaderos, de los colonos y de los agricultores en general, que han declarado en días recientes que reconocen cómo efectivamente la ley los beneficia.
Eso, naturalmente, va consolidando la Revolución, puesto que no son solo los campesinos que están sin tierras los que respaldan esa ley, sino que la mayor parte de los propietarios de tierra la respaldan también, ya que la misma solo perjudica a menos del 1% —¡menos del uno por ciento!— de los propietarios de tierra, solo que en ese 1% están incluidos grandes latifundios extranjeros, y que da la casualidad que ese menos del 1% tenía la inmensa mayoría de nuestras tierras.
Esas cosas, en los primeros instantes, en medio de las cortinas de humo y del confusionismo que esos intereses trataron de sembrar, no se veían claramente, pero una vez más esa fe que nosotros tenemos en la inteligencia de nuestro pueblo y en la opinión pública de nuestro país ha sido premiada con el éxito, y en estos momentos puedo decir que, como en ningún otro anteriormente, creemos que el pueblo de Cuba está bien orientado sobre estas cuestiones y firmemente al lado de la Revolución.
Sin duda que, aunque quizás sean un poquito menos —pueden ser un 1%, un 2% o un 3%, hay que tener en cuenta, si se hacen datos estadísticos, la cantidad, por ejemplo, de personas que vivían aquí de la política, que vivían de las prebendas del poder, que vivían del juego, que vivían como auxiliares de la policía (RISAS), que vivían aquí del garrote, porque no había un sindicato, no había un sector de trabajo donde no hubiera un garrotero o dos garroteros—, realmente, si se suman todos los que vivían aquí de estar sirviendo a la tiranía desde un cuerpo armado, o a la policía, o a los políticos, los miles y miles de botelleros que había en la administración pública, en los municipios, en los organismos autónomos; en fin, los que vivían de actividades ilícitas aquí en nuestro país, de actividades antieconómicas, no eran tres o cuatro, eran varias decenas de miles. O sea, si cabe, hay un poquito menos hoy de los que había el primero de enero con la Revolución, pero eso significa que la opinión pública se ha depurado, que las fuerzas más sanas, más honestas, más limpias del país, las que no viven de una actividad ilícita, las que no viven de una actividad indecorosa, las que viven de su talento, las que viven de su trabajo, las que viven de actividades dignas, esas están todas con la Revolución, porque la Revolución aquí no le ha hecho daño a ninguna persona decente (APLAUSOS).
La Revolución ha actuado en todo instante guiada por un espíritu de justicia, de ayudar al pueblo, de darle al país lo que le habían negado durante tantos años, de satisfacer, en fin, una serie de demandas que desde los inicios de la república se venían planteando aquí. Esa es sencillamente la explicación del porqué, y si no he tratado con adjetivos más duros a esos que evidentemente no pueden estar con la Revolución, es porque no vengo aquí a ensañarme contra ningún grupo, por minoritario que sea, y porque sencillamente tenemos conciencia de que esos elementos negativos de nuestra sociedad son una consecuencia de todo el pasado de nuestro país, porque si desde el principio de la república se hubiesen hecho las cosas como debieron hacerse, pues no hubiéramos tenido nosotros hoy que lesionar determinados intereses, ya que nadie habría estado viviendo aquí de la botella, del juego, del garrote.
Si hay un pueblo que merece triunfar, ese pueblo es el cubano

(...) ¿Y ahora qué tiene que hacer el país? El país tiene que dedicarse a trabajar. Lo que tenemos por delante es mucho trabajo; fundamentalmente, la tarea constructiva y creadora de la Revolución es lo que tenemos por delante. Cuba está en la necesidad de recobrar lo que ha perdido durante tantos años, el tiempo perdido, la riqueza perdida, y eso solo se puede lograr mediante un gran esfuerzo de todo el país.
(...) Cualquier cubano que estas cosas las vea claras, porque tenga alma, porque tenga sentimientos, comprenderá que si tenemos enemigos, si tenemos campañas tenaces de calumnias contra las que el país no tiene otra arma para defenderse que su frente alta, su dignidad y su valor; que si hay maniobras de todo tipo contra nuestra patria, maniobras raras, maniobras extrañas, eso se debe a una sola causa: a que por primera vez en cincuenta y tantos años estamos defendiendo a Cuba. Porque cuando a Cuba no se le defiende —como otros no la defendieron—, cuando el país es entregado a intereses poderosos del extranjero, no se observan entonces esas extrañas maniobras, esas manifestaciones de hostilidad, esas manifestaciones ensañadas y sistemáticas de ataque contra nuestra Revolución, y de esas campañas no tenemos otra culpa que sencillamente querer defender nuestra tierra y querer defender nuestro pueblo.
Cualquiera lo comprende, como cualquiera comprende quiénes son los que en estas horas están junto al pueblo y los que están con los enemigos de su patria.
Cualquiera diría que en Cuba están ocurriendo cosas horribles, que en Cuba se tortura, que en Cuba se oprime, que en Cuba se asesina, que aquí todas las mañanas aparecen 10 cadáveres, 15 cadáveres en cualquier esquina, que esos centros policíacos son centros de terror y de crimen. Cualquiera diría que patrullas rebeldes asesinan 50 campesinos en una tarde, cualquiera lo diría; pero resulta extraño que cuando esas cosas pasaban en Cuba, ni había maniobras raras, ni se convocaba a cancilleres, ni se invocaban violaciones de principio como está ocurriendo en estos instantes (APLAUSOS).
Cualquiera diría que el 99,5% del pueblo está contra la Revolución, que los que respaldan al gobierno son la peor escoria, que los confidentes, los verdugos y toda aquella caterva de parásitos que hasta hace apenas unos meses eran los dueños y señores de vidas y haciendas en nuestro país eran seres generosos y nobles, y que todos los profesionales, todos los estudiantes, los campesinos, los obreros y todos los que hoy respaldan al Gobierno Revolucionario, que no es respaldar a un gobierno, sino a un gobierno que tiene el propósito de encarnar el interés exclusivo de la patria, son los malos y que los buenos eran aquellos.
Así se quiere escribir la historia del mundo, como si el prestigio de los pueblos, el honor de los pueblos, la vergüenza y el decoro de los pueblos fuesen un artificio, fuesen algo que se fabrica por plumas mercenarias o se destruye por plumas mercenarias, y digo aquí que no! (APLAUSOS.) Digo que el prestigio, el decoro y la dignidad de los pueblos, la honra de los pueblos y de los hombres, ni se construye con dinero, ni se destruye con dinero; ni se construye con intrigas, ni se destruye con intrigas; ni se construye con campañas, ni se destruye con campañas. Podrá elaborarse una idea falsa, podrá regarse la confusión y la duda, pero eso es algo muy independiente de la verdad que los pueblos viven, eso es algo muy independiente de la dignidad y de la honra de los pueblos, que los pueblos saben apreciar, saben palpar, saben disfrutar y saben vivir con grandeza, aunque en el resto del mundo traten de tender una cortina de infamias. Y mientras más infamia, más meritoria es nuestra honra, porque es la honra, la dignidad y la entereza que no se doblega ni ante la amenaza ni ante el miedo (APLAUSOS).
Hemos venido a hablar de una actividad que está muy relacionada con el interés nacional; aunque en esa tarjeta se expresa antes que todo el apoyo de las instituciones cívicas a la obra de la Revolución, es evidente que el tema central de esta reunión lo constituye el turismo. Sin embargo, ¿por qué ha sido necesario hablar de otras cosas? Precisamente por la relación que tiene todo con el interés económico del país, porque por lesionar intereses económicos tiene enemigos en el extranjero la Revolución Cubana, y porque lesiona injustamente los intereses de nuestro país tienen importancia las campañas que se realizan fuera de Cuba contra nuestra Revolución.
¿Qué hemos hecho nosotros que merezca nuestro país el esfuerzo de alejarlo de sus justísimas aspiraciones, que queremos lograr con nuestro esfuerzo, que queremos lograr noble y honestamente? ¿Qué fin se persigue, el estrangulamiento económico de nuestro pueblo? ¿Alejar de nuestro país, por ejemplo, todas las posibilidades turísticas?
(...) Si hay un pueblo que ha luchado y que ha sabido luchar solo, como si el destino de nuestra patria fuese siempre luchar sola como luchó sola contra España, sola durante 30 años cuando ya otras naciones se habían librado del yugo; si hay un pueblo que ha luchado, si hay un pueblo que merece triunfar, ese pueblo es el cubano. Y ha luchado no sólo solo, ha luchado en las condiciones más difíciles que pueda imaginarse, ha luchado no solo venciendo al interés poderoso que se le opone, sino que ha luchado contra el vicio que le han sembrado, contra los malos hábitos que le han inculcado, contra el pesimismo —el pesimismo, sí—, el escepticismo que fue uno de nuestros peores vicios y del cual nos estamos liberando como lo demuestra ese entusiasmo, esa frente alta y esa fe probada de nuestro pueblo que se hace cada día más palpable en todos los sectores de nuestro país y que se evidencia en ustedes cuando se ponen de pie sencillamente porque tienen el valor de ponerse de pie para decir que sí, que están de acuerdo con que se exprese aquí el sentimiento de la patria herida (APLAUSOS PROLONGADOS), que están de acuerdo con que se diga: ¡Basta ya!
Basta ya de calumnias, basta ya de campañas, porque lo que hacen con eso es hacer más fuerte todavía la Revolución. Basta ya, porque Cuba está muy consciente de su destino, Cuba está muy consciente de sus derechos, Cuba está muy madura para que la confundan, para que la desalienten, y está muy madura y ha luchado mucho para que se acobarde; porque no de otra forma hay que hablar ni hay que pensar cuando tan injustamente y tan injustificadamente se conspira en el extranjero contra nuestro pueblo. Y frente a ello, el primer deseo, y el primer grito que quiere surgir de nuestras almas es, sencillamente, decir que somos soberanos, que somos mayores de edad, que nosotros nos gobernamos, que sabemos hacia dónde vamos y que nadie tiene derecho a interferir en los asuntos de nuestro país (APLAUSOS), que nadie tiene derecho a faltarle el respeto a nuestro país, que nadie tiene derecho a insultar a nuestro país, y no menos que un insulto, no menos que una ofensa resultan cosas que suceden en este continente, en donde algunas cosas inconcebibles se han hecho costumbre, porque si no fuesen una costumbre, habría un poco más de respeto y un poco más de pudor en la consideración a otros pueblos.
Solo de nosotros depende el futuro del país

(…) Los hombres, repito, luchan y son capaces de luchar o por un gran interés o por un gran ideal, con una diferencia: los del interés material huyen cobardemente para defender la vida miserable que aspiran a vivir ignominiosamente, disfrutando de los millones robados, y los hombres que luchan por un gran ideal son los únicos hombres capaces de morir en su puesto, defendiendo su ideal (APLAUSOS PROLONGADOS).
(...) Por eso decimos que el pueblo tiene que estar siempre muy preparado para que nadie ni nada pueda entorpecer la obra, es decir, en cualquier circunstancia, siempre llevando adelante nuestros planes de Gobierno Revolucionario, porque esa es la victoria, y el fracaso, el único fracaso posible, es que hagan fracasar la obra revolucionaria, que la perturben, que la retrasen, y mientras más traten de perturbarla y más traten de retrasarla, más debemos esforzarnos en hacerla adelantar.
Han transcurrido seis meses y en seis meses al menos se ha hecho algo, ya se ven algunas de las obras, pero no es hora todavía de hacer recuentos. El pueblo los hace, porque la Revolución no solo ha traído al país la rectificación de un sinnúmero de males morales que se palpan —tal vez nos acostumbremos a las cosas nobles que la Revolución ha traído, nos acostumbremos a no ver el robo, el juego, el contrabando, el tráfico de drogas, el abuso, el plan de machete, la explotación de la bolita, de los garitos y de todos los medios esos, y, en fin, de todas las cosas que en Cuba estábamos acostumbrados a ver antes y que hoy ya nos estamos acostumbrando a que no existan—, sino que el pueblo ve también las obras. Los campesinos, sobre todo, las están viendo, porque es allá en el campo donde la Revolución avanza más notoriamente; pero las ven también en las ciudades, las ven las provincias, donde hay en total 50 000 hombres trabajando en obras públicas, en un esfuerzo por contrarrestar el tiempo muerto. El pueblo las ve, no es necesario que hagamos el recuento. Si de algo no se preocupa el Gobierno Revolucionario es de hacer propaganda.
Algún día todas y cada una de las cosas el pueblo las verá y las irá comprendiendo cabalmente, porque el pueblo no es insensible a lo que ve, y hoy, como todo se distribuye, pues cada uno ve lo que se está haciendo allí y algún día verá lo que estamos haciendo en todo el país y en todos los órdenes.
Baste solo consignar el hecho de que nosotros no recibimos un gobierno con las arcas repletas de barras de oro, que no recibimos un país de economía desarrollada.
(...) En la lucha armada conquistó el pueblo su libertad, en la lucha posterior su libertad política, y en la lucha que tenemos delante ha de conquistar el pueblo su libertad económica, porque es una verdad axiomática que los pueblos que no son libres económicamente no pueden considerarse pueblos enteramente soberanos; que solo en la medida en que nosotros desarrollemos los inmensos recursos de esta rica tierra con el trabajo de este pueblo entusiasta y noble, podremos llamarnos un pueblo enteramente libre, y solo así las extraordinarias cualidades de nuestros compatriotas podrán desarrollarse plenamente, porque es la libertad, es la independencia, es la libre determinación lo que hace realmente posible el desarrollo mental y espiritual de los hombres y de los pueblos. Pueblos maniatados no pueden desarrollarse enteramente libres, como los hombres maniatados no pueden desarrollarse plenamente en su inteligencia y en sus sentimientos.
Solo de nosotros depende el futuro del país, y si nunca como hoy en número tan crecido un pueblo se puso detrás de una obra, ¿por qué no hemos de tener las más halagüeñas esperanzas en el futuro de nuestra patria? Si cada cual cumple aquí con su deber, si cada uno de ustedes lo cumple.
(...) Y así todo es entusiasmo porque todo es nuevo en nuestra patria, por tanto, en la conciencia de toda la ciudadanía, debe grabarse muy hondamente la gran verdad de que solo de nuestros esfuerzos y nuestros sacrificios podemos, debemos y queremos esperarlo todo. Esta es una etapa de creación, de la creación del futuro. Ningún pueblo puede aspirar a disfrutar lo que no ha hecho. Los pueblos solo pueden disfrutar de su esfuerzo cuando lo hayan hecho, de sus creaciones cuando las hayan realizado; y la, meta que se propone nuestra Revolución es canalizar toda la energía de la nación en un esfuerzo creador, canalizar todos los brazos, todas las inteligencias y todos los recursos de la nación en un gran esfuerzo creador. La hora no es de disfrutar —grabémonos eso en nuestra conciencia—, la hora es de crear, y si triunfamos en nuestra labor creadora, nada ni nadie podrá derrotar nuestras aspiraciones y nuestros ideales.
El turismo un aspecto importante en nuestra economía

Un día la Reforma Agraria, otro día las campañas en favor de los productos nacionales y las exhibiciones de nuestros productos al objeto de ilustrar al pueblo lo que tenemos; hoy esta reunión sobre el turismo que es, sin duda, una de las ramas de la economía del país que no pudiera calificarse como industrial en el sentido preciso de la palabra y que bien pudiera conceptuarse —como decía el señor Mestre— como una tercera rama de la actividad económica; porque, efectivamente, el turismo no necesita importar maquinarias, no necesita gastar decenas y cientos de millones de pesos en maquinarias, para lo cual se requiere contar con reservas. El turismo tiene por base las bellezas del suelo del país, su historia, su cultura, y las características hospitalarias de ese país.
Nosotros contamos con una de las naturalezas más privilegiadas del mundo y contamos también con uno de los pueblos más hospitalarios del mundo, luego tenemos la base para desarrollar el turismo, para desarrollar una economía que no tiene cuotas, porque el desarrollo del turismo dependerá de nuestra capacidad, de nuestra inteligencia, ya que ello únicamente dependerá del número de turistas que vengan a Cuba y del número de millones que dejen al país y que servirán como contribución a nuestro desarrollo industrial.
(...) No faltaron los recursos, las playas las tenemos ahí, nuestros valles los tenemos ahí, nuestros lugares históricos los tenemos ahí; no se ha organizado, sin embargo, y lo organizado se organizó sobre bases de explotación, pero no de explotación económica pensando en el país, sino de explotación desorganizada y exclusivamente lucrativa.
En materia de turismo hemos andado tan al revés como hemos andado en la mayor parte de las cosas hasta hoy. Así, por ejemplo, nos encontrábamos con que en el verano, que es cuando van los cubanos a las playas, los precios eran en Cuba elevadísimos y en Miami, por el contrario, bajísimos; y en invierno, que es cuando los turistas que nos interesaba atraer aquí van a buscar el sol y el mar, no teníamos nosotros organización turística. ¿Y qué hacíamos? Al turista le prestábamos el peor servicio posible y le cobrábamos lo más caro posible.
Sin ánimo de crítica digo simplemente lo que había aquí. No hubo, por supuesto, ninguna actividad por parte del gobierno en favor del turismo, no hubo ninguna organización del turismo, y el resultado fue algo realmente increíble: en vez de ser importadores de turistas, nosotros éramos exportadores de turistas; en vez de recibir más por el turismo de lo que gastábamos, nuestros turistas gastaban más en el extranjero de lo que los turistas extranjeros gastaban aquí.
(...) ¿Cómo entendemos que debe desarrollarse el turismo que venga del extranjero? Preparando todas nuestras atracciones, preparándolas para poder movilizar después, mediante la propaganda, mediante todos los medios posibles, el caudal de turistas que, por las ventajas que ofrece nuestro país, vendrían aquí.
(...) La convención se encontrará con un gran plan a desarrollar en tres puntos, porque hemos dividido la isla en tres zonas turísticas: la uno, que va desde Viñales hasta Varadero; la dos, que tiene por centro a Santiago de Cuba, la zona de la Sierra Maestra y la zona de Baracoa; y la tres, que, teniendo como eje la zona de Trinidad, comprende toda la zona central de Cuba. Así se desarrollará el plan en toda la isla.
Los expertos en cuestiones turísticas consideran que, por ejemplo, la zona de Santiago de Cuba es la que tiene mayor posibilidad de desarrollo turístico en toda Cuba, a lo cual se une la circunstancia del atractivo que significan los centros donde se desarrolló la lucha revolucionaria, los atractivos naturales de las montañas y la historia de la Revolución Cubana.
(...) Vamos a desarrollar ese plan en esas tres zonas, de manera que el turismo convierta en posibilidad económica todos los puntos del país que tienen condiciones para ello. Será un desarrollo que beneficiará a todos los lugares del país, sin contar que el desarrollo del turismo significará un beneficio para todas las industrias y para todas las actividades económicas de la nación cubana, porque tanto el turismo nacional, desde el momento en que gasta aquí lo que gastaba en el extranjero como un aumento del caudal de turistas extranjeros, beneficiará todos los sectores de la producción nacional. Así que no solamente el turismo significará un beneficio directo para esas tres zonas, sino que significará un beneficio indirecto para todo el país.
(...) Como el turismo es un aspecto de nuestra economía tan importante como la reforma agraria, que no lo será en el orden social por cuanto la reforma agraria es antes que nada una medida de elemental justicia, pero en el orden económico puede significar tantos ingresos para nuestro pueblo como puede significar la producción aquí de todo lo que actualmente estamos importando del extranjero; si el turismo puede tener tanta importancia como la reforma agraria y tanta importancia como el desarrollo industrial, hay que empezar a dedicarse al desarrollo industrial y del turismo con el entusiasmo con que nos hemos dedicado a la reforma agraria.
He aquí tres aspectos de nuestra economía a desarrollar: la reforma agraria, que va por delante, porque tenemos la tierra, los guajiros, algunos tractores y algunos recursos para irla llevando adelante (APLAUSOS).
(...) Tendremos que poner todo nuestro empeño en esos planes que tenemos hoy, y las instituciones cívicas, particularmente, pueden hacer mucho por el desarrollo del turismo nacional y extranjero.
(...) Así que todo está en nuestras manos. En nuestras manos está vencer todos los obstáculos que tengamos delante; en nuestras manos están todas las oportunidades de crear, y todas las oportunidades de luchar contra los enemigos de nuestra Revolución y todas las oportunidades de triunfar están en nuestras manos. ¡Solo en nuestras manos hay el valor de luchar, el entusiasmo y la fe de luchar frente a todos los obstáculos, hay la voluntad de crear, hay el propósito de triunfar!
Concretemos nuestra tarea en estos tres puntos, en estas tres posibilidades: la de luchar, somos lo suficientemente maduros, lo suficientemente entusiastas, lo suficientemente fuertes para vencer las maniobras de nuestros enemigos; somos lo suficientemente enérgicos, entusiastas, inteligentes y trabajadores para crear, y tenemos el más firme propósito de llegar a la meta que nos hemos trazado.
En nuestras manos está, no importan los pocos vacilantes que pueda haber, no importan los pocos traidores que pueda haber; en nuestras manos está. Nadie tema nada, nadie se acobarde ni se atemorice, porque en nuestras manos está llevar adelante esta Revolución, en nuestras manos está aprender cada día más, en nuestras manos está hacer cada vez mejor las cosas. Que haya errores, no importa; lo que importa es saberlos superar. Que haya inexperiencia al principio, no importa; lo que importa es ir adquiriendo la experiencia sobre la marcha (APLAUSOS). Que haya obstáculos, no importa; nunca hubo lucha sin obstáculos, nunca hubo ideal sin obstáculos, y mientras más grande es el ideal y mientras más amplio es el propósito, más obstáculos. Solo los propósitos mediocres carecen de obstáculos. Nadie emprende tareas difíciles si es un mediocre; solo los mediocres buscan obtener la meta sin sacrificio y sin obstáculos.
Alegrémonos de los obstáculos, porque significa que nuestra meta es grande, que nuestro ideal es elevado, y mientras más justa esta causa, mientras más noble, más grandes los obstáculos, porque son obstáculos que vienen de muy atrás, son obstáculos que tienen siglos, es la unión de los vicios de ayer y los males de ayer con los males de hoy. Así que lo que debemos es sentirnos optimistas al pensar que todo está en nuestras manos y que solo de nosotros depende. En nuestras manos está, lo que quiere decir que el destino de este pueblo está en manos del pueblo.
Al marcharnos de aquí, podemos irnos con la idea que debemos inculcar en el ánimo de todos nuestros compatriotas, en el ánimo de todos los cubanos. ¡Y llamo cubano al que no se acobarda en esta hora, al que no traiciona la patria en esta hora, al que no se vende en esta hora, al que no deserta en esta hora, al que no desalienta a sus compatriotas en esta hora, al que cree en la patria más que nunca en esta hora! Por tanto, solo dos palabras caben en este momento: ¡A luchar y a crear para triunfar, porque el destino está en nuestras manos!
(OVACIÓN).
VERSIÓN TAQUIGRÁFICA DE LAS OFICINAS DEL PRIMER MINISTRO
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