A kimono quitado (I): Medallas con arena

Curiosidades, anécdotas e interioridades que se vive el en el campeonato mundial de judo más allá de los combates
Créalo o no, esta ciudad va de la arena a la opulencia y viceversa. Rodeado de grandes desiertos, Catar tiene muchos sitios históricos y patrimoniales que ahora no quisieron quedar fuera del mundial de judo. ¿De qué manera pudieran sumarse a la fiesta? Si los judocas apenas pueden salir de su hotel a la competencia por el rigor que eso implica, qué recuerdo único y jamás pensado pudieran llevarse, al menos los medallistas.
El Comité Organizador local recibió la iniciativa meses antes de la inauguración, pero solo ahora se concreta. Desde la histórica región de Zekreet en el noroeste del país, reconocido como Patrimonio por la UNESCO, llega la arena que contienen las medallas que le entregan a todos los que suben al podio.
Según explican los promotores de la idea, la incorporación de esta arena en las medallas de oro, plata y bronce es un tributo adecuado a la profunda conexión de la nación con el pasado y su floreciente cultura moderna. Cada presea tiene 28,8 gramos de arena cuidadosamente seleccionada y en el diseño prevalece también la referencia al logo oficial del evento.
“No son pocos los judocas ganadores que se han negado a morder las medallas (algo usual en fotos de festejo) por temor a llenarse de arena”, bromean algunos fotoreporteros que cubren el evento. Lo cierto es que sí lograron sorprender, hacer algo único y distintivo, que quedará para la historia de estas lides universales de judo.
Por supuesto, las bromas de los cubanos que estamos por acá no han cesado desde que vimos las primeras medallas. ¿Y si en lugar de arena le hubieran puesto 28,8 gramos de petróleo, que también es representativo de la nación y ha permitido el despegue económico soñado?
De momento no son pocos los que pensamos que estas medallas adquirirán muy pronto un valor tremendo en el mercado de colecciones, pues cada quien podrá reclamar su pedacito de desierto en el Zekreet, a unos 80 kilómetros al noroeste de Doha, donde no practican judo, pero se anotaron un ippón bien curioso.

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