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Supervivencia

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En La Coloma el huracán Ian provocó grandes pérdidas materiales.

Dos menos tres minutos de la madrugada en la Coloma. A esa hora frente al campamento todos aplaudían desde sus balcones, y aplaudíamos nosotros también, porque la felicidad de los hermanos de suelo y causa nos pertenece con la misma fuerza, con el mismo sentido.

Este viernes se vieron las primeras luces en algunos edificios luego del desastre. Lo pensábamos improbable cuando veníamos entre tanta maleza observando tras ventanilla los postes caídos en medio de los caminos. Pero no, las expectativas tienen un trasfondo subjetivo, y la realidad casi siempre la supera.

Más de una semana sin corriente llevaban los pobladores de La Coloma, sin tomar agua fría ni poder alumbrarse en los recobecos aún pantanosos a causa del fango dejado por las penetraciones del mar. La madrugada del viernes parecía que aquí se retornaba a un estado natural. Se rompió la tranquilidad reinante propia de las noches solas de luna y estrellas para juntar un grito hecho tendencia hoy: “¡Llegó la luz!”.

Y sí, llegó frente al campamento, pero todavía queda mucho poste por levantar en la propia zona y en lugares adyacentes. La oscuridad, sin embargo, aún reina por lo general dentro de las casas, como también lo hace en el espíritu de la gente cuando rememoran tanto paisaje en negro, tanto sinsentido que pudo haber costado muchas vidas valiosas.

La Guerrilla continúa en pie tratando de aminorar en lo posible esos recuerdos que nunca serán tácitamente descifrable para quien no lo sintió. Dicen que nuestro batallón “de avanzada”, el del trueno, unos flacos autodenominados así porque lo mismo pintan, que recogen escombros, que reparten fibras de techo, ya recuperaron la panadería. Pero apenas queda un día entre la dura realidad y sigue sabiendo a deuda.

Es prácticamente imposible abarcar cada punto del desastre en tan solo una semana cuando encima tienes el símbolo vivo de la destrucción. Aquí sigue predominando el polvo, la guata mojada en cada portal y los rostros agrietados por tantos años de sol y salitre a cuesta.

Bajo esas circunstancias encontré ayer a Juan Antonio Valdés, “el ratón”, para quienes lo conocen bien; un hombre fuerte, alto, pero maltratado físicamente en el tiempo. La pesca no perdona, estoy seguro. Deja su sello en cada rostro de los colomeros como huella nativa, como marca generacional. Quizás sea ese el premio de compromiso y fidelidad mayor que imprime sin pudor el mar.

Juan Antonio lo conoce bien porque toda su vida la ha dedicado a pescar. De hecho, tiene el bote a escasos diez metros de la terraza de su casa, justo a la orilla. Y ahora, sin embargo, le teme un poco a salir mar adentro. Ya no es el mismo después del huracán. Cómo es posible si, como dijo, “ningún ratón se ahoga”. Cómo puede un hombre fuerte amedrentarse frente a un infinito de agua.

Parece que el viento se ensañó con él, pero más que eso, el mar. Estaba sólo en la casa durante el paso de Ian. No quiso despegarse de sus cosas porque “jamás había pasado algo así en La Coloma”. A veces la confianza nos pone a prueba, nos somete al examen práctico que implica dos extremos: salvarse o sucumbir.

Este colomero se vio cubierto de mar en la madrugada del ciclón. Cerca de dos metros de altura, de agua salada, casi lo tapaban mientras a su lado flotaban la nevera y el televisor. No tuvo otra alternativa que salir, enfrentarse al desorden y nadar. ¡Hay que ser guapo para salir bajo unos vientos endemoniados de 205 kilómetros por hora! Y aquí hubo mucha gente guapa que salió esquivándolo todo contar de salvarse.

Alrededor de 600 metros nadó Juan Antonio a base de instinto. Aún no se sabe bien cómo llegó a casa de su hermana, pero un propósito lo impulsaba a seguir: “si iba a morir ahogado, tenía que ver antes a mi hijo”.

(Tomado de Alma Mater)

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Se han publicado 3 comentarios



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  • Alheli dijo:

    Pues que no hagan más Meteoro, si la cosa va a ser de salvese quien pueda. Miren esas casas: son bajareques, chabolas, casi llegaypons. Lo que hay es que maravillarse de que no se hayan caido antes. Ahora mismo olvidense del tv y el refrigerador... ¿Donde obtienen de forma inmediata medicinas, comida y agua potable esa gente? El ciclon solo vino a completar el trabajo destructor del atraso y la pobreza sistemica.

  • Apc dijo:

    Alheli coincido con su comentario, esa es la dolorosa realidad

  • mercedes dijo:

    Un trabajo periodístico muy bello que habla de los daños, de la tristeza, pero también de la esperanza, de las fuerzas del ser humano para ganarle la partida a la muerte frente a los fenómenos naturales extremos. La Coloma, y con ella Pinar del Río, se recuperará del desastre y todo será un poco mejor que antes. Gracias a los jóvenes periodistas de Alma Mater.

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