A 45 años del secuestro y desaparición de Jesús Cejas y Crescencio Galañena

'Crecencio'
De niño nunca me gustó mi segundo nombre. Lo odiaba. No solo porque en el aula mis compañeros y hasta algún que otro maestro se burlaban de un nombre que desentonaba tanto con los 'Yusimisisleidys' de mi época, sino también porque me parecía feo, horrible.
Cuando tuve la edad mínima para comprender conceptos como el amor y la muerte, mi madre me explicó que mi segundo nombre me lo habían puesto en homenaje a un hermano de mi padre que no logró tener hijos porque, con apenas 26 años de edad, lo habían secuestrado en Argentina, 13 años antes de yo nacer. Mi mamá me decía que, por eso, debía sentirme honrado y orgulloso de mi segundo nombre. Lo habían secuestrado (y posiblemente asesinado) solo por ser fiel a la Revolución Cubana y prestar sus servicios en la embajada de la isla en Buenos Aires.
Aún así, en la inocencia y la ingenuidad de la niñez, no comprendí el honor que llevaba en mi carné de identidad, la muestra de amor que mi padre perpetuaba al menor se sus hermanos al nombrarme como él.
No fue hasta llegar a la Universidad, tras interiorizar el dolor de mi padre y mis tíos por la incierta ausencia del hermano desaparecido, que cobré real conciencia de quién había sido mi tío Crescencio, el Negro, como cariñosamente lo llamaba la familia.
El Negro nació nueve años antes del Triunfo de la Revolución, en las lomas yaguajayenses de La Garita, en el norte de Sancti Spíritus. No tuvo ropa ni zapatos hasta los nueve años. No fue a la escuela primaria. Vivía en piso de tierra, sin corriente eléctrica, ni servicio médico alguno. Su madre, mi abuela, murió antes que Crescencio cumpliera los diez años, murió de tuberculosis porque la familia no pudo pagar el tratamiento con antibióticos que necesitaba. Antes de llegar a la adolescencia, Crescencio quedó huérfano de madre y vivía en una loma, en medio de la miseria.
Tras el triunfo de la Revolución, a medida que el país pudo extender salud, educación y comida para todos, mi tío Crescencio comenzó a estudiar, se preparó intensamente y logró llegar a ocupar un puesto en el cuerpo diplomático de Cuba.
Para la familia, fue algo asombroso, increíble: el último de los hermanos logró superarse, salió de la miseria y la ignorancia de la loma, llegó a La Habana y de ahí logró viajar hasta Argentina, a defender aquellos ideales enseñados por el padre, aprendidos con la Revolución Socialista, gestados con el proceso social que dejó atrás el desamparo en que nació, un proceso que le permitía ser alguien por sus habilidades y destrezas sin importar de dónde venía, que le garantizaba derechos básicos a sus sobrinos y a los hijos que nunca tendría, que le daba la oportunidad de una vida mejor, más plena, con la dignidad restaurada.
En Buenos Aires, solo por creer y defender el socialismo cubano, por declararse comunista y fiel a Fidel Castro, acabaron con su joven vida.
Él no era un militar, no era un miembro del Gobierno, no tomaba decisiones… simplemente era miembro del cuerpo de seguridad de la embajada cubana. Pero por amar la Cuba socialista, le arrebataron la vida, en plena juventud. Sus captores y asesinos, pagados por Estados Unidos, confirmaron luego que mi tío no se quebró, que no traicionó, que no lograron sacarle ninguna información a pesar de la rigurosa tortura de varios días.
A veces imagino, especulo, sobre las cosas qué pudiera haber pensado mi tío durante esos terribles días antes de que lo mataran, a quién de la familia hubiese anhelado darle un último adiós, para quién sería su último pensamiento. Pienso a veces en aquello que planificaba con sus 26 años para su vida futura y que le arrebataron tan injustamente.
Lo peor es que la familia estuvo 36 años esperando alguna noticia. Solo se sabía que lo habían secuestrado. Dicen que su padre, mi abuelo, murió senil preguntando insistentemente por su hijo, el más chiquito, aquel que despidió un día con la promesa de volverlo a ver tras cumplir el deber con la Patria. Dicen que mi abuelo, ya sin conciencia, repetía ¿y 'el Negro cuándo va a venir?'.
A mi abuelo le quitaron su hijo más pequeño, le quitaron la posibilidad, incluso, de enterrarlo. Más de 20 años después de la muerte de mi abuelo, cuando se cumplían 35 años de la desaparición de mi tío, mi papá comenzó a orar por su hermano. Cada día durante un año estuvo pidiéndole a Dios que le diera alguna noticia, que acabara con la incertidumbre. Mi papá pedía al cielo saber algo: si el Negro estaba muerto o si estaba vivo, algo que les quitara la incertidumbre, porque después de aquel 9 de agosto de 1976 no habían sabido nada más de Crescencio.
Un año después de estar orando, la noticia llegó finalmente: habían encontrado los restos mortales de mi tío, en un tanque relleno de concreto, en Argentina. Fueron 36 años de sospecha, pero la certeza de la muerte aún era demasiado dura, implacable.
Lloraron todos abrazos, rabiosos, tristes, indignados… todo se confirmaba: al Negro lo habían matado.
Durante el sepelio, palpando el dolor de la familia, viendo las lágrimas de quienes lo conocieron, sufriendo por el sufrimiento de mis seres queridos comencé a amar mi segundo nombre, Crecencio, un nombre que desde entonces llevo con orgullo. Nunca estaré a la altura de mi tío, pero es un honor llevar su nombre, dar el placer a mi padre de comprender, aceptar y estar feliz por esa elección que hizo para llamarme, y más que eso, me honra amar la causa por la que murió injustamente.
Hoy se cumple un aniversario más del secuestro de mi tío, otro triste 9 de agosto en que la familia Galañena recuerda que le quitaron un hijo solo por creer y trabajar por la Revolución Cubana. Eso nunca lo olvidaremos, para él también fue una cuestión de Patria o Muerte.
En video, más detalles del secuestro y la desaparición:
(Tomado de Cubaenresumen)
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Comparto el dolor de esta familia,de corazon. En Cuba muchos lloramos la muerte de un familiar,un amigo. Mi padre perdio un hermano y no hubo dia q no le recordara,mi tio dejo tres huerfanos
Relato muy conmovedor. Me sacó lágrimas y nuevas reafirmaciones de por qué la Revolución cubana y quienes la defienden merecen admiración y respeto: representan la dignidad que ha acompañado a lo la humanidad en cada una de las épocas de la historia, incluidas las más duras, donde el decoro,como decía Martí, no abunda, porque no es gratis, tienen costos altos, que solo personas y procesos que encarnan y producen belleza auténtica, la del compromiso con los otros, pueden asumir.
¡Qué triste!
Por eso no se debe olvidar la Historia.
Este tipo de trabajos deben ser difundidos para que los "confundidos" sepan de qué lado está la verdad y los amantes de la justicia seamos más patriotas cada día.
¡Gracias periodista!
No solo por ser fiel a la revolucion, solo por trabajar en la embajada cubana en argentina fueron secuestrados y desaparecidos personal argentino que trabajaba en la misma.
Tuve contacto con la historia de ellos dos leyendo un libro de Saul Landau sobre el atentado a Orlando Leteir excanciller de Salvador Allende.
Fueron llevados a "automotores orletti" tristemente celebre centro de detencion y tortura no sin antes ofrecer tenaz resistencia a casi 40 agentes represivos que los detuvieron en la calle, no podemos dejar que ellos y muchos otros caigan en el olvido son parte de la savia de este pais.
Así son nuestros amigos del Norte, esos que hoy, vestidos de mansos corderos, pretenden hacernos creer que luchan por nuestra felicidad! Las calles de Cuba serán ríos de sangre y el negro será el color del mañana si, por un infausto día llegaran a destruir el sistema social, político y cultural cubano.
Imperdonable.
Historias que no se pueden olvidar...
muy dura y conmovedora la historia.... Por cierto, y los médicos secuestrados en Africa ????
Lindo escrito primo es verdad la familia siempre tuvo la esperanza que estuviera vivo pero no fue así un dolor muy grande para todos sus hermanos y sobrinos por eso tienes que sentirte orgulloso de tener ese nombre que te puso mi tío pensando en su hermano y para recordarlo cada ves que te vea
He buscado afanosamente un pronunciamiento del gobierno de estados unidos, y de la gran prensa que tanto nos acusa, sobre este brutal asesinato de dos diplomatico y no he encontrado nada.¿por que será?
QUEREMOS CAMBIOS QUE LA SITUACIÓN MEJORE EN TODOS LOS SENTIDOS DESPUÉS DE LA COVID,ETC, PERO LOS QUE PIENSÁN QUE CON VIOLENCIA Y CON ODIO Y CON INTERVENCIÓN SE VAN A RESOLVER NUESTROS PROBLEMAS ESTÁN EQUIVOCADOS, LO QUE NOS VA A PASAR ES QUE VAN A VER MUCHOS DESAPARECIDOS, EJECUTADOS COMO LE PASÓ A CRECENCIO Y A CEJAS, EL ODIO Y LA VIOLENCIA LO QUE DEJA ES ESO MUERTE, LUTO.
Patria o Muerte, Venceremos. Honor a quien Honor merece.
Que triste......son cosas que no podemos olvidar
Una conmovedora historia de amor familiar y patriotismo. Un orgullo de nombre, Crescencio
Con historias como estas es que tenemos prohibido olvidar el pasado, ese pasado que nos mantiene firme a nuestros héroes y mártires. Fuerza cuba
Todavía siguen agrediendo nuestras embajadas y personal diplomático, es curioso como nos piden y exigen cambios, mientras ellos ... siii, han cambiado pero para ser aún más ruines y agresivos. Gloria a todos los mártires de la Patria!.