Dennis y la COVID-19, “una enfermedad que exacerba los miedos”

Dennis Pérez Chacón, positiva a la COVID-19 en abril, aún presenta secuelas de la enfermedad que le quedarán para toda la vida. Foto: Cortesía de la entrevistada.
Un estetóscopo y un doctor con nasobuco. Cero síntomas respiratorios y 39 de fiebre. Horas antes había hablado por teléfono rápido y sin pausas, con familiares y amigos. “Te siento la voz tomada”, le decían. Pero ella no sentía nada. Ella, la enferma, no sentía nada. Dengue, era dengue. Era martes, había ingresado el domingo. Su hijo tenía mucha coriza. Había limpiado con cloro en el trabajo. Pero no era enero, ni 2019, ni 1980, era la última semana de marzo de 2020.
Consultorio, médico de la familia, antecedentes patológicos: funcionamiento de los riñones al 50 o 60 por ciento y un sistema inmune deprimido por la administración durante años de Prednisona. Su hijo estaba bien al día siguiente. Pero ella no, fiebre, ella tenía fiebre. También había limpiado un patio abandonado, leptospirosis, quizás era leptospirosis. Pero no era enero, ni 2019, ni 1980, era la última semana de marzo de 2020. Ingreso en el hospital Fajardo. Síntomas: fiebre. ¿Coriza? No. ¿Dolor de garganta? No. Dengue, seguro era dengue.
Hay un momento justo antes de que todo se precipite en que reina la calma de lo desconocido. El tiempo en que, asomados al precipicio, aún podemos reírnos de una caída que en realidad no parece tan inminente. Antes del 11 de marzo de 2020, hicimos planes de cumpleaños, programamos trabajos, pensamos en vacaciones y hasta nos reímos de la prensa alarmista que avecinaba “una catástrofe”. Así que una semana después, cuando Dennis Pérez Chacón estaba sentada en una cama del Fajardo, y un médico escuchó algo raro en sus pulmones, para ella no había, aparentemente, precipicio al que asomarse.
Médicos con escafandra. Una ambulancia. “¿Necesitas oxígeno? ¿Tienes falta de aire?”, preguntó un paramédico. “No lo sé”. Cuando caes por el precipicio es difícil saber exactamente cómo llegaste allí. PCR positivo. No era dengue, ni leptospirosis, era COVID-19. “Se lo pongo igual”, respondió el enfermero en una ambulancia con filtros de aire certificados rumbo al Instituto Pedro Kourí (IPK).
Hay un momento justo antes de que todo se precipite, en que reina la calma de lo desconocido. O al menos eso creemos cuando la caída es tan inminente que solo nos resta negarla. “Si me enfermo de coronavirus me muero”, repetía antes de que su muestra fuera positiva al SARS-CoV-2, con buen ánimo y sin sofocarse. Dennis es una persona a la que le gusta conversar y la COVID-19 es una enfermedad silenciosa. Ella no se acuerda, pero dice su hermana que, horas antes, le dijo: “Yo creo que no salgo de esta”.
***
“Soy nacida y criada en el municipio Playa. Mi casa de niña, yo misma la definí una vez como el caserón de la puerta grande y el portalito indiscreto. A nosotros siempre nos costó tener la puerta de dos hojas cerrada. Aún hoy nos cuesta. Era la casa de mi abuela paterna, a la que según mi mamá le decían “Isabel la del barrio” porque todo lo daba. Por suerte, esa sigue siendo la casa de la familia, y cuando hoy me siento en el portal, saludo a los vecinos y miro alrededor, puedo percatarme cuánto las cosas han cambiado. ¡Y cómo ha cambiado!
Éramos felices, creo. La música no dejaba de sonar a ninguna hora, ni siquiera por nuestros muertos. Siempre había algo que celebrar… Mis dos abuelas fueron trabajadoras domésticas en casa de familias ´pudientes´, como se les decía entonces. Una de ellas llegó a ser cajera de cafetería. Eso era a lo más que ambas podían aspirar.
Mi papá era un santiaguero renegado que vino para La Habana a los 18 años y más nunca regresó. Era ejecutor principal de obra, con una formación autodidacta y a pie de obra con mi abuelo. Mi mamá, es de donde Bola de Nieve y Rita Montaner: Guanabacoa. Ella se hizo arquitecta. Además de estudiar, tenía que planchar y limpiar para ayudar a su mamá y hermano menor.
Así que a mi hermana y a mí se nos inculcó que había que estudiar, y si no, trabajar. No me gustan los slogans, pero sabiéndome pobre, mujer y negra tengo la certeza de que no hubiera llegado muy lejos en un contexto diferente al nuestro. Solo hay que detenerse a mirar cómo se está moviendo el mundo hoy…”.
***

El alta de Dennis del IPK tiene más de 20 renglones de tratamiento, entre ellos el CIGB-258. Foto: Cortesía de la entrevistada.
Un médico no despega la vista del monitor de signos vitales. Ritmo cardiaco, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, temperatura y presión arterial. Todos los valores están desestabilizados. La función del riñón, en una paciente con una enfermedad crónica, ha bajado al 30 por ciento. Es de noche y de día. Las horas giran en torno al latido mecánico de un corazón que sobrevive.
Ya han quitado el transporte en La Habana y por las ventanas del cuarto no se ve pasar el P14. El doctor repite algo en voz alta y luego en voz baja. “Le decían la manchita, pero no recuerdo su nombre, era Fabré o al menos algo terminado en ´e´”. Dennis no le veía el rostro, solo recuerda sus ojos, y aunque quisiera no pudiera ni describirlos. En terapia sus días se reducen a una sola palabra: cansancio, y a lo que escuchaba una y otra vez: “No la voy a intubar, no la voy a intubar”.
Una de las primeras placas que le hicieran, para la cual tuvieron que entrar al cuarto cinco médicos para incorporarla en la cama, confirmó que presentaba una neumonía y unos pulmones bastante inflamados. Si su día se reduce a cansancio, también a pruebas. Gasometría, una prueba donde te sacan sangre de una arteria, en este caso la ingle, para ver tu nivel de oxígeno en sangre; presión, medición de electrodos, oxígeno y una sonda puesta.
El chequeo es tan constante que a Dennis la recordarían después como la paciente que vivía con la camisa abierta. “Me decían: ´Abróchese la blusa´. Pero fueron tantas pruebas que ya a mí me daba lo mismo. No tenía fuerzas ni para bañarme, no tenía ganas de comer, a mi todo me sabía mal”.
“Yo fui tomando conciencia de mi gravedad con el tiempo. Uno no es consciente de la inflamación, eso sale en la placa, pero eso no lo para nadie. Hoy estás bien, mañana estas inconsciente, después te intuban, no tienes oxígeno en sangre, tu cerebro muere, y aunque tu corazón siga latiendo, cuando te recuperas tienes muerte cerebral”, dice del otro lado del teléfono, cinco meses después.
La ventilación mecánica es necesaria en síndromes respiratorios severos y muchos de los pacientes graves con COVID-19 llegan a ser intubados. Pero, como todo en la medicina y en la vida, a veces, los riesgos pueden ser mayores. Una ventilación mecánica puede producir una lesión pulmonar e incluso derivar en fibrosis.
Así que “Fabré o algo terminado en ´e´”, se pasa horas mirando un monitor que le confirme que la saturación de oxígeno aún no era lo suficientemente baja. Días antes Dennis llegó en una ambulancia al IPK. De aquella mañana solo recuerda el verde de uniformes y nasobucos que veía desde la silla de ruedas.
“Te vamos a pasar para terapia, no porque estés grave, sino para observarte más de cerca”. Pero eso no era más que una mentira piadosa. Dennis supo después que estaba grave, pero no querían alarmarla. “Yo creo que eso me salvó la campana porque lo peor que hay para la enfermedad es la psicología. Si piensas que te mueres, te mueres”.
***
“Por un tiempo pensé que debutar con la misma enfermedad de mi papá era una coincidencia. Hoy sé que es hereditaria y que se haga lo que se haga, solo va a evolucionar para peor. Mi hermana ya tiene algunas manifestaciones. Y nuestros hijos podrían correr igual suerte.
El momento más tenso fue cuando supe que no había vuelta de hoja; que se hiciera lo que se hiciera solo iría a peor. La noticia la recibí en Bélgica. Un equipo médico de nefrología, muy bien preparado desde el punto de vista técnico, me dio la noticia. No me endulzaron la píldora ni me pusieron la mano en el hombro para contenerme. Me pronosticaron que necesitaría hemodiálisis o un trasplante en cinco o diez años, quince con suerte. Fue un golpe duro, difícil de digerir psicológicamente. Dejé de vivir y comencé a hacer cálculos.
“Sin embargo, no más llegar a Cuba entre el Dr. Magráns y la Dra. Angélica me hicieron darme cuenta de que nada había cambiado; y que ese estado psicológico negativo era peor que la propia enfermedad. Como dice mi mamá, no se puede vivir muriendo; hay que vivir viviendo. Eso intento. Claro, que cuando aparece algo como la COVID-19 se exacerban los miedos y si para colmo te enfermas, pues...”.
***
La hermana de Dennis es quien recibe las noticias. Ella, sus dos hijos, esposo y sobrino están en un centro de aislamiento. Cuando habla con Dennis que, sofocada, se quita la mascarilla de oxígeno para intentar formular algunas palabras, regresa al cuarto donde está su familia, y les dice que su hermana se encuentra estable. La ayuda el nasobuco que le cubre el rostro. “Si solo me miraban una parte de la cara, yo podía mirarlos y decir que Dennis estaba bien”.
“Donde no tienes contacto con el mundo, excepto la comida que te traen, alguien de la familia asume el rol de ser el contén del resto —contaría Dennis tiempo después—. Mi hermana no lloraba, no decía, se lo tragaba todo. Hasta que yo no salí de terapia, ella no fue capaz de decirle al resto”.
Los cinco miembros de la familia dieron negativo al SARS-CoV-2 en dos PCR. Pero además de esperar un resultado que muchos creyeron sería inevitablemente positivo, vieron personas cuyos familiares fallecían en un hospital, sin ellos poder moverse del aislamiento.
La hermana de Dennis lo explicaría después: “La gente allí dentro está diciendo: ¿me tocará a mí o no me tocará? Entonces, ¿para qué voy a alarmar al resto? Está grave, pero no se ha muerto. ¿Para qué le voy a decir al hijo: ‘Tu mamá se está muriendo’? Él no podía hacer nada”.
***

Dennis durante su trabajo como socióloga en el IPK con una de las doctoras que la atendería al salir de terapia. Foto: Cortesía de la entrevistada.
“Mi hijo nació en 1999. Hacía muy poco tiempo que había comenzado a trabajar en el IPK. Al principio fueron años difíciles. Toda la barriga la hice yendo a clases de inglés en la Lincoln de lunes a jueves en la mañana y de ahí para el IPK. Viajaba en camiones de a peso en los que soltaba la vida. El examen final de inglés fue un trabajo que terminé con mi hijo ingresado en el hospital con días de nacido.
“El niño se enfermaba mucho y el horario de consagración del IPK me agobiaba. Tuve que sacarlo del círculo infantil por un tiempo. Hubo meses que trabajé exclusivamente para pagarle a la señora que lo cuidaba. Con hijo y todo, logré lo que me propuse profesionalmente. Asimismo, tengo que reconocer qué de los dos él fue el que llevó la peor parte. Creo que esa mamitis, que aún tiene a sus veinte años, es resultado de mis ausencias; que no fueron pocas…”.
***
“En un momento dije: ´Yo me estoy volviendo loca´, porque es que era un estrés, una cosa, un ´me quiero ir de aquí´. Comportamientos muy raros que se fueron controlando con el tiempo”.
Dennis no puede decir que estuvo inconsciente nunca, pero tuvo que preguntar cuando salió de terapia cuánto tiempo había permanecido allí. En total estuvo cinco días y fue una de las primeras personas en recibir el tratamiento con CIGB-258, “con consentimiento previo. Con todo lo que ellos podían tratarme me trataron. La peor letra de mi vida la escribí en ese papel porque me sentía tan mal que no podía escribir adecuadamente”.
En la sala, fuera de terapia, el paso de los días se mide en instantes: merienda, almuerzo, enfermeras, auxiliar de limpieza… “A veces yo oía algo y rezaba porque alguien viniera a verme. Pero no, a veces eran personas que estaban hablando por WhatsApp con sus familiares y tú los oías hablando y hablando y tu pensabas que venían a verte”.
Dennis confiesa que era como estar preso y contar las horas por los horarios de comida. “Es una soledad acompañada, las personas entran a tu cuarto, pero no es igual. Los ruidos que sientes son los del pasillo. No puedes salir del cuarto para nada”.
Un día se escapó del cuarto a decirle a una enfermera que le diera una pastilla, que no podía dormir. Otro, le pusieron el televisor y el bombardeo de información era tan intenso, que pidió que por favor se lo apagaran inmediatamente.
“El estado psicológico que yo tenía después me di cuenta que era porque no dormía. Los ruidos, la soledad, la angustia, la incertidumbre de si la prueba dará positivo otra vez. Es una sensación muy rara, muy rara”.
Mucho se habla de los síntomas y poco quizás del impacto psicológico. En el IPK Dennis extrañó a su familia, su cama, sus rutinas, su trabajo y la piña. “Me antojé de comer piña. Le pedí piña desde a los médicos que me atendían, hasta a la gente que me podía enviar cosas. Tenía al hospital movilizado por una piña para Dennis Pérez. La gente dirá, esta está loca, pero es que me dio por eso”.
Dennis, con 46 años, graduada de Sociología en la Universidad de La Habana en 1997 e investigadora en el IPK, confiesa que lo que la salvó estando ingresada fue la preocupación por su trabajo. “Me preocupaban las cosas pendientes. Esa cosa de pensar: ´Voy a vivir eternamente y lo que tengo no me va a matar, y lo que estoy es loca por salir de aquí para cumplir todas las responsabilidades que tengo pendiente´. Esas cosas me mantuvieron viva”.
***
“Al IPK llegué de casualidad, imagino; o porque me tocaba, no sé. Que haya comenzado a trabajar en Epidemiología se lo debo al Dr. Manuel Gonzáles; a quien me he subordinado los veintitrés años que llevo trabajando. Él ha hecho todo lo posible, y hasta lo imposible, por reclutar cientistas sociales. Siempre decía que él quería saber lo que pensaba el borracho y no el cantinero. Aunque sus esfuerzos no siempre fueron bien recompensados: los investigadores sociales en el IPK no tenían fijador. Se demoraban más en entrar, que en salir buscando nuevos horizontes dentro y fuera del país. También la lejanía y la ardua batalla para posicionar y valorizar nuestro saber frente a las llamadas “ciencias duras”, no ayudaba mucho.
“Mi jefe tenía razón: lo que cuenta para prevenir muchas de estas enfermedades es lo que piensa el borracho y no el cantinero. Creo que lo que estamos viviendo con la COVID-19 es el mejor ejemplo de que nosotros solos (el personal de salud) no podemos. La batalla por la salud y el bienestar se gana con la gente. Nadie nos puede ayudar más de lo que somos capaces de ayudarnos a nosotros mismos. Ni siquiera una Revolución que intenta cambiar el mal supuesto estado natural de las cosas, para que vivamos más dignamente”.
***

Dennis en el trabajo en el IPK con muchos de los voluntarios que hoy trabajan haciendo PCR en el laboratorio del instituto. Foto: Cortesía de la entrevistada.
Nueve meses después de que emergiera la COVID-19, se ha confirmado el contagio de más de 30 millones de personas y se considera que más de 20 millones se han “recuperado”. Pero dar negativo a un PCR después de días en terapia, sin aliento, y con una enfermedad que una vez que consigue cruzar nuestra barrera inmunológica y se establece en nuestros pulmones, sigue dañando otros órganos; no es lo que se entiende por completa recuperación.
Dennis salió del hospital el 12 de abril, con un PCR negativo, una orden de quedarse en casa aislada otros 14 días y un expediente clínico que incluía más de 20 renglones de tratamientos. Los primeros días apenas podía hablar o caminar. De entrada, dos resonancias magnéticas mostraron importantes lesiones de pulmón, que le obligarán a estar pendiente el resto de su vida de nuevos tratamientos para evitar que evolucione a una fibrosis.
Además, enfermedad casi desconocida al fin, no se descarta que mañana pudieran aparecer otras secuelas, cognitivas o cardiovasculares, “porque, de hecho, puede ser que mañana aparezcan”.
Desde que fue dada de alta, Dennis ha participado en el ensayo clínico de estudio con células madres del Instituto Nacional de Hematología e Inmunología, para evitar, entre otras cosas, que sus lesiones pulmonares evolucionen a fibrosis; y en un estudio genético para investigar por qué el resto de su familia no se contagió con el SARS-CoV-2.
También ha recibido atención psicológica en el Centro de Salud Mental del municipio Playa. La nueva normalidad también está a veces “rodeada de estigmatización y rechazo”. Meses después de superar la COVID-19, Dennis estaba en el banco y una persona entró en pánico y comenzó a rociar con cloro a su alrededor. “Existe mucho desconocimiento sobre la enfermedad”.
***
Dennis es una persona a la que le gusta conversar y la COVID-19 es una enfermedad silenciosa. Para ella “una de las peores cosas de la nueva normalidad es que incluye un ´no me toques, no me beses, no me abraces´. Tienes miedo de los que te rodean y de ti mismo”.
La investigadora del IPK que presumiblemente se contagió durante su participación en un evento internacional, hoy se mantiene teletrabajando. Sus días pasan entre horas de estudio y el desarrollo de investigaciones para continuar entendiendo el paso de un virus que ella ha tenido en su cuerpo. Ser juez y parte le ha dejado también algunas “manías”. Cuando va a casa de su mamá no se quita el nasobuco para nada. A veces va subiendo una escalera y prefiere caerse “antes que tocarla”. En las colas mide exactamente el metro y medio de distancia.
De pequeña Dennis quería ser periodista, así que cuando tenía 17 años y cursaba el 12mo grado se presentó a las pruebas de aptitud de la carrera. Una de las preguntas que no logró responder entonces, fue nombrar centros científicos, como el IPK. Dice Dennis que “si tienes miedo a las enfermedades infecciosas no puedes trabajar en el IPK”. Qué curiosa la vida, en el IPK Dennis se hizo una profesional y venció a una enfermedad que exacerba los miedos.

En el IPK Dennis se hizo una profesional y venció a una enfermedad que exacerba los miedos. Foto: Cortesía de la entrevistada.
- “Lenin en la época más feroz del imperialismo”, por Néstor Kohan
- De Moscú a La Habana: el dominio mediático y el desafío del Sur Global en el frente invisible de la ofensiva globalista
- Modelos gigantes chinos de IA logran uso global generalizado
- Crudo cubano: ¿Es posible depender menos de las importaciones con nuestros propios recursos?
- Milagro en el fuego (+ Video y Audio)
- ir aEspeciales »
- Milagro en el fuego (+ Video y Audio)
- Accidente en Paseo y 23: Varios lesionados en taxi Gacela con 12 pasajeros; se desconocen las causas
- Medicina Natural y Tradicional: Usos medicinales de la yerbaluisa
- Rememora gobierno venezolano aniversario 23 de Barrio Adentro en honor a Simón Bolívar
- Premian vacuna cubana para el tratamiento del cáncer de pulmón
- ir aSalud »


Excelente y conmovedor artículo.Una gran reflexión para los indisciplinados,Fuerza Dennis,Venceremos.
Me ha conmovido hasta las lágrimas, la majestuosa forma de narrar esta historia me ha hecho vivir y sentir lo que ha vivido esta guerrera (Dennis)...seguiremos venciendo, a cada paso cada peldaño hasta llegar a la cima...un abrazo a todos
Saludos, cra joven periodista Dinella, ante todo deseo felicitarla por este gran artículo que usted ha elaborado con una manera de llegar a través de la mezcla de diferentes contextos con especiales enlaces y la experiencia vivida de la enferma. Ud ha puesto a disposición de nuestro pueblo (pues además de sus habilidades profesionales desarrolladas en tan poco tiempo de graduada), un contenido que en estos momentos es tan priorizado, yo diría como la producción de alimentos, pues si no logramos fortalecer la conciencia social de lo que significa esta pandemia y las consecuencias posteriores en los que la han padecido y la sobrepasaron, estaríamos de espalda a una realidad que sin trasmitir miedo, es en estos momentos es el principal problema que enfrenta nuestro país al igual que el resto del mundo. ¿Qué mejor satisfacción para ud que todas aquellas personas que lean este material, se lo comentena sus amigos, cros de trabajo y familiares para que lo lean y debatan? Espero que como yo, todos multipliquemos este especial artículo pues tiene un gran enfoque preventivo y educativo. Gracias.
La palabra enaltece, el ejemplo fortalece.
Fuerza Dennis, tu si puedes.
Gracias a Dennis por su testimonio a Dinella por la excelente forma en que nos lo muestra.
Me conmovió profundamente.
"No la voy a intubar." ¡Qué humanismo!
Muchas claves quedan claras aquí que explican por qué pese a nuestras carencias, nuestra Revolución es invencible.
En lugar del spot que día a día pone nuestra tv a las 9:00 pm y que sabemos de memoria, debían hacer cortos documentales que emulen con esta entrega de Dinella. Seguro que despertarían conciencias aún aletargadas y estoy convencido de que episodios como este abundan en nuestra bella Patria.
Me han fortalecido Dinella y Dennis, por eso les reitero mi agradecimiento.
Y a Cubadebate por ser el medio para que me llegara.
Muy buen relato. Conmueve y remueve todo. Mis respetos para tantas personas que luchan cada día para traer la paz y tranquilidad a los hogares dígase médicos, intensivistas, investigadores, enfermeras, cocineros, limpia pisos, etc xq todos tienen un valor incalculable en estos momentos. Para Dennis que continúe cuidándote. Y para la periodista Daniella que realizó la entrevista buena conducción y buen trabajo. Hay q seguirnos cuidando para no llegar a enfermar que es lo primordial.
Hermosa y conmovedora historia, en la que cualquiera nos pudiésemos ver inmersos, porque como bien dice Dennis es una enfermedad sin rostro, muchos esperan la vacuna, sin comprender que no hay mejor antídoto que la disciplina y la responsabilidad social.
Muy buen articulo, quizas de los mejores que se hayan escrito, se que en esa institucion por demas la unica se trabaja arduamente por parte de todo los equipos porq en ella trabajo mi madre durante mas de 38 anos y conozco muy de cerca como es trabajo de todo aquel profesional q se respete. Mucha fuerza DENIS que estaras dando tu mejor granito de arenas por siempre. Exitos
Muy bien contada está historia. Saca las lágrimas. Que valentía!! Muchas felicidades!!! Que se recupere pronto y no queden secuelas. Está crónica debe ser divulgada para que las personas entiendan bien de que se trata está enfermedad. La periodista lo ha logrado con mucha delicadeza y precisión. Gracias ipk. Gracias cubadebate.
Excelente artículo periodístico. La vivencia de Dennis, permite comprender la gravedad de esta enfermedad. Muchas felicidades a la periodista.
Conmovedor artículo, la cara fea de la covid por suerte no tuvo un desenlace fatal. Le deseo a Denis mucha suerte y que siga sonriendo así.
Excelente trabajo.... de lo mejor que he leído en tiempos de coronavirus....
muy conmovedor una de las mejores cosas que he leido en los ultimos tiempos.
Excelente artículo, muy acorde con el momento, creo que ayudará a muchas personas aún sin la percepción adecuada de lo letal de la enfermedad y de las secuelas aún desconocidads por completo. felicidades periodista, felicidades Dennis, gracias a los médicos cubanos, gracias al estado cubano. Fuerza Cuba, entre todos !Si podemos!
Excelente artículo.Felicidades a la no por joven brillante periodista.Fuerza a Dennis.Estoy segura que leer este artículo ayuda más a la percepción del riesgo que mil recomendaciones.
Gracias a ellas y a Cubadebate
Excelente Artículo!!!!!!, y muy conmovedor. Realmente esa enfermedad es de terror. Hay que tomar conciencia de la Enfermedad y seguir todos los pasos de Higiene y distanciamiento. Muy valiente Dennis y bendecida. Que la vida te premie con muchas bendiciones
Es una historia que conmueve los corazones, muchas bendiciones para Dennis, una guerrera por la vida,que sirva tan estremecedora historia para reaccionar y cambiar los modos de actuación que estamos asumiendo frente a la covit, porque no podemos continuar así. Excelente trabajo periodístico.
Sencillamente genial.
Gracias IPK y Naval.
Buenas tardes!. Excelente!.
Solo cuando se tocan de cerca estas vivencias y de enfermedades contagiosas; ahora Covid 19- el confinamiento-, que cambio nuestras vidas por completo, es que se puede decir y como este ejemplo, que triste. Lástima como comentan, no sea leído por tod@s. Le deseo lo mejor a Dennis y su Familia, que siga con esa fuerza en general. Una vez mas Felicito a los Héroes de Batas Blancas.
Fuerza Dennis, tú positivismo te salvará de futuras secuelas, escuchar tu historia es muy triste porque no buscaste esa terrible enfermedad, ni quisiste que te conociéramos por ella, ojalá que todos los cubanos la leyéramos y la interiorizáramos, para que de una vez comprendiéramos que no tiene rostro, ni elección, que cualquiera la puede adquirir y lo peor no todos la pueden superar, es hora de que esta triste historia haga conciencia en la población de conjunto con los consejos de Francisco Duran.
Para mi, cuando conocí que Dennis estaba ingresada, fue como darme cuenta que era una realidad bien definida y que nos picaba cerquita, a cualquiera, todo IPK de una forma u otra estuvo al tanto de ella , enviandole nuestras buenas vibras para que respondiera al tratamiento y se recuperara. Quienes no podiamos hacerlo personalmente , le enviabamos nuestros deseos a traves de terceros. Que alegria cuando supimos de su recuperación . Quien la conoce sabe que es una guerrera y que hablar es inevitable en ella. Fuerza Dennis , se te quiere
Es una historia conmovedora. Muy bien escrita, tanto que desespera leerla. Deberían hacer pequeños cortos con estas historias y ponerlas un poquito antes de las novelas o en horarios de máxima audiencia. Y sugiero que la mesa redonda vuelva a centrarse en divulgar los problemas Covid de Cuba y lo que se hace, estoy segura que como la de Dennis hay muchas más. Con final feliz o no, pero con un cúmulo de experiencias que hay que trasmitir. No todos acceden, leen o saben que existe Cubadebate.
Excelente profesional, científica y excepcional ser humano. Tengo el honor y orgullo de verla crecer como profesional porque trabajo en el IPK y he podido ver y admirar su desarrollo, inteligencia e incansable trabajo. Esa es su historia a partir de una enfermedad que pudo costarle su vida, pero quedan muchísimas cosas maravillosas que por su modestia no cuenta.
Les aseguro que es un ser humano excepcional, una profesional y científica, líder por su naturaleza y sapiencia.
Muy merecido este reportaje y felicito a tod@s que la tuvieron en cuenta y a ella por su genial comunicación.
Respetuosamente,
GGCaso
Yo, como madre de Dennis, no tengo palabras para expresar lo que sentí cuando ella estuvo pasando está enfermedad. Por suerte, mi otra hija me mantuvo al margen de su gravedad. Cuando mejoró fue que supe la gravedad de la situación. Considero que esté tipo de experiencias deben divulgarse más. Agradecer a los médicos y a la joven periodista Dinella por su pericia al narrar está historia.
Que bueno sería publicar historias como estas en la TV por ejemplo, espacio que mas personas ven. En un horario tal vez antes del merecido aplauso de las 9.00. Con el permiso de pacientes , médicos y familiares publicar momentos dificiles de la lucha y la supervivencia contra esta enfermedad, aun por muy dura que sea su publicación. Estoy convencido que pondrá a muchos inconscientes a pensar del riesgo y peligro de la enfermedad.
Excelente articulo,.felicitaciones a la periodista que nos transporto mientras leiamos, directamente a la vida de denis perez, la cual conozco, y es excelente persona y la queremos mucho ,y mi mama y yo ewtuvimos en vilo durante todo su estadía en el hospital, y orando mucho por su bienestar,
Muchas gracias a ambas y cuidense mucho!!!
En lugar de estar explicando todo el día cómo se hace un nasobuco, y repitiendo slogan ya desgastados por el uso, la televisión cubana debería divulgar mensajes como este. En vez de insistir en #Cuba salva, con lo cual coincido plenamente, sería mejor #COVID MATA Y DEJA SECUELAS. No es momento de triunfalismos, sino de estar muy consciente del peligro, de despertar a los insensibles e irresponsables y hacerlos reflexionar.
Muy buen artículo, precioso, que logra describir todo el sufrimiento e incertidumbre de esa enfermedad. Felicidades, Denis, por tu recuperación, y por hacernos sentir junto a ti el dolor y las muy diversas sensaciones que siente un enfermo de COVID. En mi opinión, un artículo para premio periodístico.
Tiene razón en que la enfermedad mata y deja secuelas pero tú llevas a las personas como salvarse. No obstante ya están haciendo sport como el del nasabuco que el que no lo tiene puesto se infesta. Si con todo el estrés que tenemos nos empiezan a poner sport con cogiste la covic y moriste , a donde vamos a parar
Muy conmovedora la entrevista. Ojalá hicieran un reportaje con ella en televisión así tan sencible. Y Dennis ojalá no tengas otras secuelas en el futuro
Ojalá todas las personas recapaciten al leer este testimonio.
Yo expongo mi experiencia vivida en esos días.
Increíble poder leer esto ahora con calma y estar feliz de que permanezca con nosotros, pero aún así no dejan de brotar lágrimas de mis ojos, es inevitable.
Estaba ingresada en el hospital Fajardo, me costaba creer que estuviera tan mal, que no se entendía lo que hablaba, y a ella que le gusta hablar, a penas dijo 4 palabras ...me siento muy decaída..., escuchando esto, bien que podría ser Dengue, es uno de sus síntomas, y ahí empezaron las preocupaciones, sobre todo por su enfermedad de base.
Pero ya al mediodía de otro día estaba siendo trasladada al IPK, había dado positiva a la Covid-19, pero en la tarde ya estaba en terapia, eso de que esta estable y en menos de 5 horas ya está en terapia, obvio que estaba grave. Fue una locura, no sabía qué hacer, qué pensar, continúe manteniendo comunicación con su hermana, su mamá, su tía, era difícil, porque su hermana y yo sabíamos la situación real, pero cuando hablaba con la madre y la tía no podía decirles nada. Mi teléfono y mi casa se convirtieron en una especie de puesto de mando, para actualizar el estado de Dennis 3 veces al día como mínimo, mantener al tanto a la familia que permanecía aislada esperando el resultado de sus pruebas, y preocupada por cómo estaba ella. Además informar a mi familia, las compañeras y los compañeros de trabajo que no estaban en el IPK e incluso algunos que estaban, los amigos y amigas, sus compañeros de estudio, las profesoras de FLACSO Cuba, miembros de la Red Nacional de Educadores y Educadoras Populares, del Centro Memorial Martín Luther King, Jr., miembros de la Iglesia Ebenecer en Marianao, miembros de la Sociedad Yoruba de Cuba, madrinas, padrinos, proyectos de espiritualidad y pirámides, miembros de la Casa Comunitaria Paulo Freire de Balcón Arimao, en el municipio La Lisa, así como miembros de proyectos comunitarios con los que ha
interactuando como investigadora y formadora de procesos en Educación Popular y en Participación Comunitaria en la prevención de enfermedades transmitidas por vectores entre otros. Para mí y los que la queremos y estamos a su lado Dennis es un ejemplo a seguir en muchos aspectos, mujer trabajadora, buena madre, buena hija, buena hermana, excelente compañera de trabajo, de las que promueven e incentivan el desarrollo profesional de los jóvenes, dispuesta siempre a enfrentar cualquier reto. Y quién dice que no tiene problemas, todos los tenemos, pero hay que saber vencer los obstáculos que encontramos en el camino. Agradezco a todo el personal de salud del IPK y de apoyo que allí laboran e hicieron todo lo que estaba en sus manos por Dennis y por tantas personas que se han vencido esta enfermedad al igual que ella. Dennis, gracias por ser parte, tener parte y formar parte de mi vida, y por seguir luchando como la guerrera que eres por la tuya. Sin más un breve comentario de tu compañera de oficina, que te dice con sinceridad: siempre supe que no estabas sola, pero esos días fueron la prueba más fuerte de acompañamiento que al menos yo haya sentido hacia tú persona.