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Los pasos de la vejez en tiempos de COVID-19

Por: Karla Rodríguez Albert, Alejandro David Besada Basabe
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En Cuba hay dos millones 252 mil 664 personas con edad superior a los 60 años y representan un nada desdeñable 20.1% de la población actual de la Isla. Foto: Archivo.

A mediados de marzo, la caminata diaria de Manuel Basabe fue interrumpida. La cuarentena por la aparición del nuevo coronavirus, lo obligó a renunciar a su paseo habitual de dos kilómetros. Sin embargo, el anciano de 82 años rechazó la idea de quedarse inmóvil en casa.

Anteriormente, enemigos peores al aislamiento no habían podido frenar sus pasos: la fractura de cadera sufrida hace cuatro años, la trombosis en la pierna derecha o la cardiopatía isquémica que padeció en 2009, fueron rebasadas gracias al ejercicio físico. Como en las ocasiones anteriores, el octogenario arremetió contra la inactividad impuesta por este nuevo obstáculo.

Poco más de 20 metros separan su balcón de la terraza. Después de un simple cálculo, Manuel concluyó que 63 vueltas diarias a esta distancia remplazarían los dos kilómetros que camina habitualmente. Para no perder la cuenta, contabiliza las idas y venidas con frijoles negros y, cuando el recipiente ubicado en la cocina, justo a mitad del recorrido, alcanzaba los 63 granos, Manuel finalizaba su ejercicio con una marca superior en 500 metros a la usual. Por estos días, el anciano duplicó la cantidad de vueltas en dos sesiones, para alcanzar un total de 5 kilómetros al día.

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Según datos de la última Encuesta Nacional de Envejecimiento Poblacional, realizada por la Oficina Nacional de Estadísticas e Información y el Centro de Estudios de Población y Desarrollo en 2017 (ENEP, 2017), Manuel forma parte de los dos millones 252 mil 664 personas con edad superior a los 60 años que hay en Cuba y que representan un nada desdeñable 20.1% de la población actual de la Isla.

No obstante, pese a que numerosas investigaciones avalan el incremento anual del número de personas en edades avanzadas y la tendencia a que el alza se mantenga tanto a corto como a largo plazo, el artículo Envejecer en Cuba: mucho más que un indicador demográfico, de la DraC. María Elena Benítez Pérez, revela que ni la sociedad, ni la familia, están preparadas para asumir las situaciones que generan la materialización de estos datos.

Para evitar que los adultos mayores sean víctimas de exclusiones y menosprecios, diversas instituciones nacionales y extranjeras, como la Organización Mundial de la Salud (OMS), fomentan el envejecimiento activo en la tercera edad, según refiere el propio documento. El concepto, acuñado por la OMS en 1999, involucra a los longevos que trascienden las tareas que “por su edad”, deberían realizar.

De acuerdo con la psicóloga y responsable principal del Programa del Adulto Mayor en la Quinta de los Molinos, Lisette Abadie Fiandor, estas personas encuentran otras prácticas relacionadas al ocio que les permiten estimular el desarrollo cognitivo, entablar relaciones personales y ejercitarse físicamente.

“Cuando el adulto mayor mantiene una buena salud física, su autoestima y habilidades sociales también resultan beneficiadas. Lo mismo ocurre a la inversa, pues el cuerpo responde bien solo cuando existe una estabilidad psicológica y emocional. El envejecimiento activo propone una armonía entre el bienestar corporal y mental”, asgura la especialista.

Sobre la ejercitación física en la tercera edad, datos de la ENEP 2017 reflejan que ocho de cada diez personas entre 60 y 74 años realizan ejercicios relacionados con caminar, hacer gimnasia, subir o bajar escaleras, limpiar la casa, entre otros. En contraste, solo el 56% de los mayores de 74 los realizan.

El aislamiento actual obstaculiza esas prácticas cotidianas, por lo que llegan a ser frecuentes casos de ansiedad, angustia e irritabilidad, estados que cuando tienen un duración prolongada, desencadenan otros problemas emocionales y de salud, comentó la psicóloga Teresa Orosa Frais, Máster en Gerontología Social y presidenta de la Cátedra del Adulto Mayor de la Universidad de La Habana.

La especialista explicó que al estar confinados en casa, una gran cantidad de adultos mayores no hallan actividades que estimulen su desarrollo cognitivo, por lo que pueden verse acelerados problemas en la atención, la memoria y el pensamiento. Asimismo, se les dificulta establecer relaciones sociales, lo que genera enfermedades y trastornos emocionales como el Alzheimer.

Sin embargo, de acuerdo con la psicóloga Lisette Abadie, “es un mito que los adultos mayores, por la cantidad de años y experiencias vividas, son rígidos y no logran cambiar su cotidianidad”. La iniciativa de Manuel Basabe ante el confinamiento es prueba de eso.

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Los ancianos son la población de mayor riesgo a la Covid-19. Foto: Vatican News

María Rodríguez Pérez vive junto a su esposo, Amaro Suárez, en el consejo Los Sitios, del municipio Centro Habana. Ambos son lo que los psicólogos denominan viejos jóvenes, pues tienen 75 y 78 años, respectivamente. En este hogar de dos, María es cabeza de familia debido a la deteriorada salud de Amaro. Antes de la cuarentena, ella salía a la calle dos veces al día y, durante estos paseos, no solo hacía los mandados, también “despejaba de la monotonía de la casa”. Por estas fechas no sale tanto como antes, pero sigue activa, pues cuidar a su compañero y mantener la vivienda en orden ocupan casi todo su tiempo.

A esto se suma el constante temor que siente María Rodríguez de contagiarse de coronavirus. “Mi miedo no es tanto por mí, sino por mi esposo, que tiene achaques serios. Una vecina nos ayuda a realizar las compras básicas, pero, cuando ella no puede asistirnos, tengo que guapear, ponerme el nasobuco y buscar lo que nos hace falta”.

La profesora Teresa Orosa asegura que los adultos mayores que viven solos, y que en Cuba son más de 300 mil, expresan mayor angustia y estrés. Esto, en parte, es debido al miedo de enfermar, no solo de COVID-19, sino también de agudizar otros males o patologías que ya sufrían.

“En cuarentena se les hace más difícil el acceso a los medicamentos, no pueden ir a la farmacia, tampoco al médico de la familia, ni a los hospitales, pues esto implica un gran riesgo para su salud, por tanto, aumentan mucho más los temores”, explicó Abadie Fiandor.

La especialista Orosa apuntó que el miedo al contagio no debe traducirse en miedo a la gente. “Lo necesario durante la cuarentena es distanciamiento físico y no aislamiento social, como mal ha sido llamada la medida, pues la situación actual no implica retraimiento, ni la pérdida de toda una trama de relaciones”.

Aunque María y Amaro enfrentan solos la vejez en esta complicada etapa de encierro, luchan contra la soledad y la incomunicación. A través del celular y las redes sociales, mantienen contacto con su hija y nietas que viven en el exterior. Por su parte, Manuel Basabe, no tiene a nadie en casa y difícilmente puede relacionarse con los vecinos. Solo el uso del teléfono móvil le permite conservar la cercanía con su familia y amistades.

“Estas conexiones favorecen la interacción, el esparcimiento y mantenimiento de la autonomía de los ancianos, pero no son compartidas por la mayoría en Cuba, pues resulta complicado acceder a las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones”, señaló la Licenciada en Psicología, Lisette Abadie.

Así lo confirman datos de la ENEP 2017, donde se estima que solo 4 de cada 10 longevos en el país utilizan estas opciones.

A pesar de las estadísticas, “muchas personas de la tercera edad se han unido al grupo Mayores ante la COVID-19, impulsado por el Grupo de Psicólogos de la Sociedad Cubana de Psicología, desde WhatsApp. Esta iniciativa pretende atender al estado emocional y físico de los que peinan canas, sus cuidadores y familiares”, expresó Orosa, también gestora de la idea.

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Según la ENEP 2017, el 82.6% de los ancianos vive con otras personas. En situaciones extremas, como el actual encierro, muchas familias adoptan posturas paternalistas y sobreprotectoras que niegan la capacidad y el derecho de los adultos mayores a cuidar de su propia salud.

En relación con esto, el estudio Envejecimiento poblacional: algunas valoraciones desde la antropología, realizado el pasado año por un equipo de la Universidad de Ciencias Médicas de Matanzas, apunta que la vejez suele producir un regreso a la dependencia familiar, disminución de la autonomía, pérdida de roles, entre otros, regresiones que se acentúan con el aislamiento.

“Tras la jubilación, los adultos mayores deben encontrar otras actividades que les hagan sentirse útiles y capaces. En este período de distanciamiento físico, sus tareas deben centrarse en la vivienda”, sostiene Lisette Abadie.

Esperanza Ruíz Valdés es vecina de María y Amaro. A sus 91 años, esta señora pasa la mayor parte del día en el sillón frente al televisor. “Con la cuarentena, para mí lo único que ha cambiado es la programación televisiva”, dijo la nonagenaria, que lleva diez años sin salir a la calle.

Junto a ella viven su hija y nieta, las cuales atienden los quehaceres del hogar y evitan que la anciana colabore para cuidarla de “caídas y fracturas”; sin pensar en que detalles como compartir las labores domésticas son necesarios para el mantenimiento de su salud emocional y física.

Pero, mientras personas mayores como Esperanza, ansían ganar más autonomía doméstica frente a su familiares, otros, parecidos a Fermín Mata, están desesperados por abandonar el hogar.

“Siempre he sido un hombre de calle. En las mañanas daba paseos por el barrio, recogía los mandados, visitaba a mis antiguos colegas e incluso almorzaba con ellos en la oficina”, declaró el señor de 94 años, quien hasta el 2016, integró el 13.5% de las personas fuera de edad laboral que aún trabajan.

“Ahora como no puedo salir, mi hija y esposa me atosigan para que esté activo. Me dan las tareas de preparar el café y recoger la basura. Sin embargo, siento que mi cuerpo necesita las caminatas para ejercitarse, extraño compartir con mis amigos. Es muy difícil para mí estar en casa”.

Como señaló la Máster Teresa Orosa, las marcas del distanciamiento se evidencian indistintamente en función de las características de cada individuo, pues no todos tienen las mismas motivaciones o habilidades para realizar varias actividades. Aun así, la familia debe estrechar vínculos con ellos sin llegar a saturarlos, escuchar sus propuestas y asimilarlas para lograr la estabilidad mental y física de sus mayores.

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En Cuba, la atención y el respeto a los adultos mayores es una prioridad. Foto: Abel Oadrón Padilla/ Trabajadores.

En Cuba cada vez hay menos atisbos del viejismo, esa enfermedad que convierte al anciano en desvalido a la fuerza. Sin embargo, las secuelas de esta cuarentena atentan contra los avances alcanzados. El aislamiento, principal medida para evitar la pandemia, es un puñal de doble filo para la salud física y mental de aquellos ancianos que envejecen de forma activa. Si al confinamiento en casa se le añaden otros factores externos, como posturas sobreprotectoras o falta de atención, la redefinición social que ha alcanzado la vejez en el país puede sufrir un retroceso.

La tercera edad, grupo etario más vulnerable ante cualquier crisis sanitaria, enfrenta el nuevo coronavirus como puede. Mientras algunos se adaptan y modifican su cotidianidad desde la prevención absoluta, otros apenas sobreviven la pandemia a base de miedo y reclusión.

Ejemplos como el de Manuel, María, Esperanza y Fermín reafirman la resistencia de un sector que todavía lucha por saldar las cuentas pendientes. Cada uno, desde sus contextos y realidades, avanza un paso por cada día que este mal no puede quitarles.

Vea además:

Ancianos en Cuba: Nunca abandonados a su suerte

Cuba en Datos: ¿Cómo envejece la población cubana?

Se han publicado 7 comentarios



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  • JORGE TB dijo:

    GRACIAS A NUESTROS ANCIANOS ,HOY SOMOS LO QUE SOMOS,RESPETO Y ADMIRACIÓN PARA ELLOS QUE SON LOS QUE SE HAN SACRIFICADO POR NOSOTROS

  • Mirta dijo:

    Muy bueno este artículo.Adulto mayor y su situación..puedo decir soy de las que viven solas hijos en el extranjero. .sufrimos a veces la continua provocación de algún vecino que no respeta nuestros derechos mortifica .Esto no hace más vulnerable..y propensos a la hipertensión e infartos..Necesitamos solidaridad .No maltrató.Gracias.

  • Omar Gómez dijo:

    La edad de los adultos mayores debe ser trasladada pues una persona de 60 años aún es joven, máxime si la esperanza de vida se ha incrementado. Comprendo que está cifra debe ser un convencionalismos internacional pero bien puede modificarse mundialmente. Pudiera ser á partir de 65 oficialmente.
    Otro aspecto de Cuba es la atención a la salud de los ancianos. En esto pudiéramos avanzar mucho, creando.condiciones para que está población reciba análisis periodicos, obligados, que dispongan.de sus medicinas, en resumen que reciban visitas periódicas que no.se limiten a hacer preguntas.formales, que sean auscultados, etc

  • Soraya dijo:

    Yo creo que al igual que existe un programa Materno-Infantil, los ancianos deben tener un programa de salud especialmente para ellos.

    Sugerencias:

    - las farmacias pudieran tener listas en un cartucho todos los medicamentos por tarjeton, para que esto ancianos no tengan que hacer la cola 3 o 4 veces en el mes para cada vez que entre uno de los medicamentos.

    - El yogurt de soya darselos por la bodega igual que se les da a los niños de 7-14.

    - Las tarjetas del retiro pudieran tener permanentemente una rebaja superior al 5%.

    - Los pasajes de las guaguas descontados al 50% al igual que los niños.

    - Los mismos hoteles, al igual que para los niños reducen al 50%, pudieran hacerlo para los mayores de 75 años por poner una edad.

    - Etecsa también pudiera tener un plan para ancianos (para líneas con propietarios adultos).

    • Damian dijo:

      Excelente Soraya muy buenas propuestas y existen muchas mas iniciativas que pudieramos realizar tiene mi apoyo incondicional.

  • Daisy dijo:

    Soy una mujer de 65 años con un desgaste en una rodilla odteofitos y condromalasia
    Quisiera me informaran q tipo de ejercicio puedo realizar

  • Ailza dijo:

    Es cierto que existen proyectos para la atención de los ancianos; pero son insuficientes. Este grupo creciente en el país necesita verdaderas medidas de protección. Tienen que hacer largas colas en las farmacias, caminar con extremo cuidado sorteando los baches por la deplorable situación de las calles. En cuanto a la alimentación, los que no tienen dietas médicas, no reciben productos lácteos. El yogurt que se ha estado anunciando para mayores de 65 años lo distribuyen sin día fijo y escasamente una bolsa al mes. Para los ancianos no hay precios preferenciales de ningún tipo, siendo bajo el monto de las pensiones; por lo que no se corresponden con el alto costo de la vida.

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Karla Rodríguez Albert, Alejandro David Besada Basabe

estudiantes de Periodismo.

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