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VALIENTES: El tercer grupo de voluntarios de la UH

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De izquierda a derecha: Osvaldo, Giselle, Mónica, Marla, D., Adrián, Pedro y José. Foto: Cortesía de los entrevistados.

Valientes son los que enfrentan los retos de corazón, con miedo, pero sin temor a las consecuencias.  Valientes son los que abandonan la seguridad del hogar para aportar su grano de arena en la lucha contra la COVID-19; los médicos, los científicos, el personal de apoyo, los voluntarios.

El pasado 25 de abril de 2020 llegó al Centro de Aislamiento Médico Bahía, ubicado en el municipio de Habana del Este, el tercer grupo de voluntarios de la Universidad de La Habana, para apoyar durante el período establecido de cuarentena al personal médico y paramédico; así como a pacientes sospechosos de la COVID-19.

“La misión contiene sus riesgos; el principal: quedar contagiado por la enfermedad y todo lo que esto implica. Lo sabemos desde el primer momento que asumimos el compromiso voluntariamente, a buenas y con mil amores, porque: ´Mientras hay que guerrear, en la guerra deben estar todos los jóvenes´, asegura Pedro Álvarez Cruz, profesor de Geografía en la Universidad de La Habana.

¿Quiénes son estos jóvenes guerreros?

Yorbelis Rosell León, directora del Instituto Confucio-Universidad de La Habana, se apartó de su hija de ocho años, no vaciló en asumir la responsabilidad del Grupo #3 de Voluntarios-UH.

Experimenta “… un sentimiento contradictorio…” y se pregunta si “¿valdrá la pena?”,  pero que le es claro y definida la importancia de la contribución y la responsabilidad social de la tarea que cumple.         Esta joven vela celosamente por la seguridad de los integrantes de su grupo, al que exige con la razón de vencer para vivir.

Mónica Mestre Morales, estudiante de 3er año de la carrera de Periodismo y presidenta de la FEU en la Universidad de La Habana, es una joven hiperactiva en las redes y en la cotidianidad del grupo. Sus historias de la FEU y de la vida alegran los momentos de descanso.

Junto a su colega Marla se han dado la tarea de estimular el trabajo; así como la denominación con creativas designaciones. Además, son el grupo de “Los Espectaculares” como los apodara la Jefa de Brigada por su energía.

“Tenemos dos subgrupos que se denominan Prevengo-Vid e Interferón (Ya imaginan cuál es el mejor)”.

Sobre su misión en el CAM-Bahía, Mónica dice con la jovialidad que le caracteriza: “Siempre me gusta ayudar a la gente. Siento el deber de ayudar. Aunque al inicio me dio miedo, sobre todo por la reacción de mi familia. Me siento feliz de haber conocido a mi equipo UH, a los médicos y a los pacientes, cuyas muestras de agradecimientos me reconforta… Lo único negativo es que se me rompió mi teléfono –sonríe y como niña traviesa expresa- ¡A la gente buena no siempre le pasan cosas buenas!”.

A Marla Viera Hernández, estudiante de 2do año de la carrera de Derecho y vicepresidenta de la FEU en la Universidad de La Habana, la consideran la primera efectiva herida en combate; dado que en labores sufrió un esguince leve. Esta lesión no limitó su quehacer.

Entre terapias de energía de su sanador, el profesor Adrián, y una fuerza de voluntad férrea, ya Marla presta sus servicios a pacientes en la zona roja con la agilidad y la valentía de una Celia de estos tiempos, porque insiste: “Quiero aportar algo, ser útil…” y aunque confiesa que vaciló ante la convocatoria a la tarea, el criterio de un buen amigo la impulsó a alistarse como voluntaria: “Estos son tiempos de definiciones…”. 

Marla, si bien teme a la zona roja, es lo que más le impacta. “Ver a esas personas preocupadas y como confían en nosotros, y nos cuentan sus historias…”. Eso la hace sentir muy bien, al mismo tiempo, que les pide a los pacientes ser disciplinados y cuidarse mucho.

José Manuel Lapeira Casas, estudiante de 3er año de la carrera de Periodismo en la Universidad de La Habana, es otro de los jóvenes en dar el paso al frente y que con orgullo expresó en su muro de Facebook:

“Hoy por fin crucé hacia la zona roja… A pesar del peligro inminente, era algo que quería hacer desde que llegué aquí y pues bueno una experiencia más al álbum de lo vivido que de seguro se repetirá en estos días. Aunque fue duro, no voy a negarlo, y además siento que no rendí todo lo que debería para eso estoy aquí y son de esas las cosas que me van fortaleciendo para poder afrontar este nuevo escenario. A todos mis amigos recordarles que se queden en casa y contribuyan a la pelea que libra este servidor junto a cientos de héroes anónimos. Así el signo de victoria de mis manos estará aún más cerca”.

DALM., licenciada en derecho y profesora de idioma chino en el Instituto Confucio-Universidad de La Habana, es otra de las voluntarias; pide ocultar su nombre en iniciales para evitar la preocupación de su madre, quien no conoce ni imagina la tarea que realiza su hija.

-¿Qué te motivo a participar en el voluntariado? Su respuesta fue rápida y certera: -El hecho del crucero británico MS Braemar.

Ella nos dice que desea mantenerse en el anonimato, pues su madre la piensa en casa junto a sus niños de 10 y 12 años. Pero a pesar de todos esos sentimientos encontrados siente que no podía ser ni hacer menos en tiempos que se requiere de las manos de todos.

Sentencia que esta distancia será buena para su niña y su niño; los cuales “…han crecido más esta semana, junto a su padre y en mi ausencia, han aprendido a lavar sus ropas, observan las tele-clases con mayor responsabilidad, cumplen sus tareas y hasta le han pedido al padre que los enseñe a cocinar”.

Giselle Labrada Balmaseda, profesora de Contabilidad y Finanzas en la Universidad de La Habana, no encuentra adjetivos para describir el rostro de sus familiares (madre, padre y hermano) ante el hecho de partir el día 25 de abril hacia el CAM-Bahía.

Con razón Giselle expresa: “Algunos familiares me llamaron loca, otros se enteraron después. Mi vieja no pudo contener sus lágrimas cuando me fui de la casa. Apenas solicitaron apoyo en la Universidad sabía cuál era mi respuesta. No podría ser otra, seria inconsecuente con la educación de mi madre y con mi forma de pensar. Sentí miedo, me controla la filosofía de que el temor no puede limitar lo que se quiere. Hoy estoy aquí y no me arrepiento. Conocí a ocho personas maravillosas y compruebo a diario la capacidad del cubano de reír ante los contextos más adversos. Todos nos sentimos seguros, con energía, con la responsabilidad de cuidar y cuidarnos".

Adrian Álvarez Adán, profesor de Meteorología y Climatología en la Universidad de La Habana, confiesa que:

“Hoy es de esos días en que recorre todo el cuerpo una sensación extraña. Nuestras emociones caen presas del temor al contagio por la COVID-19. Entrar en zona roja nos hace replantearnos la vida en cuestión de segundos. Acto seguido, se impone la voluntad férrea que nos trajo hasta aquí, ayudar a personas en estado de aislamiento por sospecha de la terrible enfermedad.

“Frases de agradecimiento u otras como que tengas buen día, o un simple gesto de hasta luego, te devuelven a la realidad; te hacen sentir útil en una sociedad que no deja a sus hijos abandonados a su suerte. Soy yo, o mejor dicho nosotros, los que nos sentimos agradecidos de devolverles la alegría de vivir, el reencuentro con sus familias y amigos después de grandes incertidumbres por un resultado negativo.

“Pero así somos, voluntarios de convicción para enfrentar esta pandemia que recorre el mundo. Jóvenes que dejamos la tranquilidad de la cuarentena domiciliaria para enfrentarnos al virus mortal, cual Quijote contra molinos”.

Osvaldo Hernández García, técnico en el área de informática del Instituto Confucio-Universidad de La Habana, dice que enfrenta esta tarea de “a porque sí. Por su utilidad social”.

Se niega hablar de sí y prefiere pocos halagos. Osvaldo es un voluntario versátil que además de la limpieza y distribución de los alimentos, se suma a las labores de mantenimiento. Lo mismo destupe un tragante que arregla un celular. Modestia, desinterés y prestancia le sobra a este joven de 32 años que siente pasión por la informática y por las buenas causas.

Pedro Alvarez Cruz, profesor de Geografía en la Universidad de La Habana, considera que aceptó “…esta tarea por convicción y las ideas humanistas inculcadas por mi familia y mis maestros del Varona. No voy pensando que puedo enfermar e, incluso, morir. Voy pensando en que puedo, junto a mis compañeros, contribuir a ayudar a los demás. Ser útil a la sociedad es la eterna aspiración, que quisiera lograr siempre.

“Por otra, la tarea se torna menos complejo cuando encuentras un trabajo en equipo real. Ocho colegas que en la primera y segunda impresión demuestran los mejores valores morales. Por eso escribí en mi bitácora: Nos acompañamos un excelente equipo de profesores y estudiantes de la UH… Aquí sobra calidad humana para acompañar a nuestro pueblo y a los médicos que los asisten en el enfrentamiento a esta terrible pandemia ¡Lucharemos por la vida!”

Su misión marcha sin descuidar ni confiar en la rutina del día a día.

Cada minuto, aseguran, se convierte en un aprendizaje no solo para sus vidas, sino para el enfrentamiento del virus en su estado más silencioso.

El CAM-Bahía atiende a pacientes sospechosos, viajeros cubanos procedentes de otros países. “Somos los encargados de limpiar sus habitaciones, cambiar su ropa de cama, distribuir los alimentos a ellos y al personal médico, entre otras que van surgiendo en la dinámica del trabajo”, cuenta Pedro Alvarez Cruz.

“Es impresionante los lazos que se van construyendo, a partir de objetivos comunes, entre nosotros (los voluntarios) y el personal médico, paramédico, gubernamental e, incluso, con los pacientes que ya comienzan a extrañarnos cuando no vamos a asistirlos en la denominada zona roja; dado que solo vamos a ésta cada tres días a realizar directamente las labores antes dichas. Es bonito escucharles decir: -¡Los extrañamos!... –Solo lamentamos no poder ver las caras a quienes no sirven con tanta pasión… “.

Los días pasan y pronto estarán a término de la cuarentena establecida. Se harán las pruebas PCR y sabrán si el enemigo invisible está presente en alguno de sus pacientes (su mayor temor). “También sabremos si hemos sido contagiados; pero la esperanza no nos impide desear y luchar por un final feliz para todos”.

De izquierda a derecha: Giselle, D. José, Mónica, Yorbelis, Marla, Adrián, Pedro. Visten de civil: Director del CAM-Bahía y Representante del Gobierno. Foto:  Cortesía de los entrevistados.

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Se han publicado 9 comentarios



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  • daniel palomino dijo:

    tambien busquen en la "Cobadonga" que hay un grupo de estidoantes de la CUJAE ahi encabaezado por Camila de voluntarios...

  • AlexiZ dijo:

    Aplauso a los jovenes d estos tiempos

  • Zenaida Costales dijo:

    Orgullo de estudiantes. Agradecida por su ejemplo

    • Monica dijo:

      Gracias profe!

  • TDL dijo:

    Si todos los jovenes de cuba pensaran igual a estos estariamos salvados
    Aplausos para estos ocho valerosos jovenes.

    • Roberto dijo:

      La mayoría de nuestrros jóvenes piensan y actúan de esa manera. Esta lucha ha descansado fundamentalmente en los hombros de los jóvenes y lo han hecho ejemplarmente. Yo me siento muy orgulloso de nuestra juventud

  • Yamilet dijo:

    Ese aplauso de Cuba a las 9:00 pm, es también por nuestros jóvenes, reflejo de nuestros tiempos, pero comprometidos como sus raíces! Muy orgullosa de nuestro relevo, que está asegurado!!

  • Maria dijo:

    La Univ.Ped.Enrique Jose Varona también presente!
    adelante juventud... que la patria os contempla ORGULLOSA
    VIVA CUBA!

  • yanelys dijo:

    Esa es la juventud cubana esos son los valores que inculcamos los maestros. Quién dice que se han perdido. Adelante con sus ejemplos.

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Thalía Fuentes Puebla

Thalía Fuentes Puebla

Periodista de Cubadebate. Licenciada en Periodismo por la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana (2019). Contactos: thalyfuentes14@gmail.com. En Twitter: @ThalyFuentes

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