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La diversidad cultural del Caribe

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Rigoberto López Pego, director de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe, impartió una conferencia en el contexto de la VII Cumbre de la AEC: Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Rigoberto López Pego, director de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe, impartió una conferencia en el contexto de la VII Cumbre de la AEC: Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Por Rigoberto López Pego*

Conferencia ofrecida, el 2 de junio de 2016, en La Habana, en el marco de la VII Cumbre de la Asociación de Estados del Caribe.

Como sabemos, la definición más convencional de lo que llamamos el Caribe es la que remite de las Islas Bahamas hasta Trinidad y los enclaves continentales Belice, Guyana, Suriname y la Guyana Francesa. Hay autores que afirman que la noción de una Región Caribeña fue inventada por los Estados Unidos a finales del siglo XIX, como resultado de su expansión militar y económica en el área.

El concepto de Gran Caribe debemos agradecerlo precisamente a la fundación de la Asociación de Estados el Caribe, pues la noción del Caribe, por mucho tiempo antes estuvo referida a las islas del Mar de las Antillas – “que también Caribe llaman dice el verso de nuestro Nicolás Guillén”-. Pues los intentos iniciales de unidad caribeña se conformaron respondiendo a las divergencias coloniales.

Los primeros esquemas unitarios se establecieron en función de afinidades lingüísticas de cada grupo de países en la zona, aun cuando los habitantes de las islas se reconocieran como vecinos. Pero en ese proceso de identificación de vecindad no sólo se reducía el espacio marino, del propio Mar Caribe, si no que se aislaban más de la parte continental, porque al aludir al Mar de las Antillas, o West Indies se perdía una orilla, limitando el espacio Caribe a las aguas del arco y puente de islas y de esa manera a los antillanos, en la visualización de nuestro espacio, era de alguna manera lógico que no se nos hiciera natural percibir que ese mar, el Caribe, toca las costas centroamericanas.

Es que el espacio Caribe hasta un pasado más bien reciente no se organizó en virtud de la unidad del Mar Caribe, sino, como bien sabemos, desde la geopolítica de los centros coloniales de poder.

Con este referente quisiera no dejar de llamar la atención también a otra noción del Caribe que puede también ocasionalmente expandir nuestra mirada en el encuentro de elementos identitarios en los que podemos reconocer semejanzas en medio de la mucha diversidad. Me refiero al Caribe cultural: como todo lo que queda entre el Sur de EE.UU. y el Norte de Brasil, una afro América Central, o tan solo afro América.

Acercándonos al tema de la diversidad cultural y sus importantes connotaciones para los destinos de nuestros países, debemos decir, sin dudas, que es el Caribe la región del mundo en la que se dieron cita y encuentro las más diversas civilizaciones, etnias, nacionalidades y culturas; para dar lugar a lo que el gran escritor barbadense George Laming ha llamado la civilización caribe.

No existe un espacio tan pleno de diversidad, heterogeneidad cultural y a la vez donde se cumplen tantas semejanzas como en el Caribe. De modo que podríamos decir que una multiplicidad de identidades culturales han conformado la posibilidad de reconocernos en una suerte de identidad supranacional, en la que, advirtiéndose las diferencias, semejanzas condicionadas por procesos históricos y claves identitarias como por ejemplo la definitoria impronta africana, etc., nos hacen reconocer cuánto en lo propio está lo diverso, la raíz común que encontramos en la historia del colonialismo, la esclavitud, el cimarronaje, la rebeldía, el mito, la leyenda y la fe compartidas, el florecimiento de un arte y una literatura que han ido conformando nuestro perfil universal…o lo que decía Martí: “ La cercanía espiritual y dolorosa entre antillanos”.

Si bien la historia del Caribe es la historia de las migraciones, lo que también explica las muchas interinfluencias, es la historia de una región fragmentada, balcanizada por intereses coloniales y geopolíticos, y este conjunto de países requiere del auto reconocimiento de la condición de identidad caribeña, por encima de una insularidad o territorialidad local; lo que se hace fundamental para el destino de estos pueblos y naciones.

Debemos tener la convicción de que las identidades peculiares son inalienables, pero que son también complementarias unas de otras. Y la idea de la unidad del Caribe debemos entenderla como una reconquista cultural.

Para nosotros los caribeños, reconstruir la memoria colectiva desde los medios de la cultura es de toda importancia. La no-historia, las versiones interesadas o reductivistas, la incomunicación, han sido un atentado continuo a la memoria y el imaginario colectivos y es en esa memoria colectiva donde reside el espejo, la capacidad de reconocernos los unos en otros, la semejanza en la diversidad. Por eso lleva razón el gran escritor de Santa Lucía: Dereck Walcott: “todas las Antillas, cada isla, son un esfuerzo de la memoria”.

Tiene la cultura caribeña en el mito popular, la leyenda, las tradiciones de sus héroes épicos o poéticos, espacio propicio para las convergencias de nuestros valores y su afirmación en la conciencia y los imaginarios colectivos, porque es esencial que los caribeños no dejemos a otros la tarea de formular nuestra cultura, tampoco el mimetismo improductivo de valores impuestos.

El escudo está en la fuerza universal de nuestra literatura y nuestras artes todas. Y en lo que debe ser una voluntad de intelectuales y políticos en lo que unos y otros estemos inspirados por la idea que ya en 1949 el poeta y ensayista guyanés Arthur Seymour afirmaba: “ A lo largo del Caribe ha habido un florecimiento de la literatura y las artes que demuestra que una nación ha nacido en la región”. Aludía así al concepto de Nación Cultural Multiterritorial que tan pertinente se me hace cuando del tema que nos encuentra hoy se trata. Porque para mí, dicho de una vez, el Caribe es un barrio, donde se hablan diversos idiomas.

Pero este barrio de hoy, espacio donde se inició la globalización en su primera acepción geográfica e histórica, desde sus cartas de presentación al mundo, documentos de identidad creados y divulgados por descubridores y colonizadores, ha sido incesantemente expuesto acompañado de estereotipos, visiones reductivistas, coloniales y racistas hasta nuestros días.

Los conocidos estereotipos establecidos por el cine y el mundo audiovisual en el imaginario del mundo, y al interior de nuestros propios países, nos remiten y nos reducen a la convención del Caribe como una hilera de islas exóticas pobladas por ociosos y rítmicos pobladores.

Hago un paréntesis y permito advertir que el concepto de lo exótico es una creación el colonialismo que divide la proclamada civilización de las metrópolis y las “tierras primitivas” de su periferia. El Caribe, tierras enigmáticas y de aventuras sin fin, de religiosidad sobrecogedora y temible, voduismo de muñecas alfilereadas, signos y fuegos místicos. En su costado más complaciente las convenciones más reiteradas nos remiten a playas paradisiacas, espacios del deseo, hombres negros que corren rápido en las Olimpiadas, mujeres sensuales, ritmos contagiosos reggae, soca, rumba, salsa y timba, otra vez religiones con un sesgo de tenebroso misterio y folklore.

¡Ah! ¿Pero cuánto es conocido que nosotros, los caribeños, vivimos y compartimos la extraordinaria riqueza cultural y ética de una región, el Caribe, que se precia de tener 12 Premios Nobeles?: 6 Nobel de Literatura, 3 Nobel de Ciencia y 3 Nobeles de la Paz.

  • Saint Jhon Perse. Guadalupe. (Literatura)
  • Miguel Ángel Asturias. Guatemala. (Literatura)
  • Gabriel García Márquez .Colombia (Literatura)
  • Octavio Paz. México. (Literatura)
  • Dereck Alton Walcott . Santa Lucia. (Literatura)
  • V. S. Naipul. Trinidad y Tobago. (Literatura)
  • Sir Arthur Lewis. Santa Lucia. (Economía)
  • Alfonso García Robles. México. (De la Paz)
  • Oscar Arias. Costa Rica. (De la Paz)
  • Baruj Benacerraf. Venezuela. (Medicina)
  • Mario. J Molina. México. (Químico)
  • Rigoberta Menchú. (De la Paz)

Faltaría mencionar una pléyade de grandes escritores y artistas, pensadores del Caribe que con su obra extraordinaria han dado rostro y trascendencia a nuestras culturas como espejos múltiples: Aime Cesaire, Frantz Fannon, Edouard Glissant, Laming, Dobru, Jaques Roumain…de los nuestros cubanos ahí están Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Wifredo Lam, Agustín Cárdenas…Solo por botones de muestra.

Pero permítanme en este punto detenerme en lo concerniente al cine.

Flame of Passion y Pearl of Antilles. Primeros films anglófonos filmados en el Caribe, en Jamaica, anticipan la imagen del Caribe mostrado como espacio de lo exótico y sobrenatural y coincidentemente son producidos el mismo año -1915- en que aparece en Estados Unidos The Birth of a Nation, el clásico de W,Griffith .Son conocidas las protestas que provocó el tratamiento racista dado a la población negra en esta película. Solicitudes de censura y demandas judiciales contra Griffith y el Estudio se sucedieron, pero fueron desatendidas.

Por parte de Hollywood la respuesta al conflicto fue la aparición del Código Hays , como Código de Conducta en la industria cinematográfica a la vez que decidieron en evitación de riesgos no incluir actores negros en sus producciones lo que trajo en consecuencia la ausencia casi total de actores negros en la pantalla y la reiterada utilización de actores blancos con la piel oscurecida y rostros pintados de negro . Era necesario no renunciar a la seducción que locaciones exóticas y personajes “no blancos” provocaban en el público.

En 1927, Robinson Crusoe es filmada en Trinidad y Tobago por una compañía británica. No es difícil resumir la lectura que ya pueden suponer: El hombre occidental, civilizado e ilustrado frente a la cultura primitiva a la que es necesario someter, enseñar, ordenar.

En 1932 nos encontramos con White Zombie. Uno de los primeros films de Zombis, no debe faltar en una antología de los modelos de representación del Caribe en el cine de Hollywood en el que no falta la muñeca pinchada con alfileres y el trepidar fantasmagórico de los tambores. Un clásico del cine silente de horror y un clásico de las convenciones que, desde la imagen han venido conformando y fijando, con diferentes formulaciones y matices, la falsa representación del Caribe.

Veamos así que en 1973 en Live and Let Die, es el súper agente James Bond quien se adentra en una trama centrada en el Vudú: Un dictador negro, Kanaga, tiene la ayuda del Baron Samedi , símbolo tradicional de la muerte en el credo Vudú, que aparece en el film con máscara blanca de esqueleto, imagen que bien sirve como demonización del Vudú. Bond hace el amor con Solitaire, mujer de Kanaga , blanca y sacerdotisa Vudú , antes hechizada por este y los encantos viriles de Bond logran redimir y salvar a Solitaire.

Piratas en el Caribe…La conocida saga iniciada en el 2003 y actuada por Johnny Deep, como el pícaro Jack Sparrow tiene sus antecedentes como sabemos en el Capitán Blood de 1936, (Errol Flyn). Lo curioso es que en Piratas en el Caribe, se trae nuevamente el tema de los Zombi, que parecía asunto olvidado. Pero en la entretenida aventura de Jack Sparrow vemos que el capitán Barbosa y su tripulación han sido convertidos en muertos vivientes….

Lo hasta aquí expuesto nos lleva a fundamentar la importancia que para el destino de nuestros países tiene que podamos ser vistos y narrados en la pantalla por nosotros mismos, en medio de la paradoja que nos revela que el Cine del Caribe, el realizado por sus auténticos creadores, es infrecuentemente visto o no apreciado en los propios países de la región.

Si coincidimos en comprender que el cine y su capacidad de fijar ideas y emociones puede y debe ser una contribución fundamental al reconocimiento y a la concertación de nuestras identidades culturales, y en cuanto esto asiste al sedimento y desarrollo de la sociedad en las naciones del Caribe, asumir el desafío de una mayor visibilidad de las producciones cinematográficas nacionales y su circulación en la región se revela en toda su importancia.

Es así que desde el año 2007 y habiendo realizado siete ediciones de sus Programas de exhibición en más de una veintena de países la Muestra Itinerante de Cine del Caribe se ha establecido como una significativa acción regional para la promoción del cine y el audiovisual caribeños en la propia región y en otros ámbitos del mundo.

Este evento regional cultural no lucrativo, ha propiciado que miles de espectadores en los países del Caribe, franqueando las barreras lingüísticas, hayan tenido acceso al conocimiento de un cine que les es propio en correspondencia con la diversidad y semejanzas de nuestras identidades culturales y referentes históricos y sociales.

Al hacerse público el proyecto de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe, en uno de los párrafos iníciales del texto que, en 2006, en La Habana, convocó a cineastas e instituciones del Caribe a contribuir con sus obras a la conformación del programa oficial de la primera edición de este evento, se afirmaba al expresar su fundamentación y objetivos: “Culturas que se han manifestado espléndidamente en su música y danza, en la plástica y la artesanía popular, y en la literatura han tenido, sin embargo, una expresión mucho más limitada y dispersa en su producción audiovisual; no obstante su enorme potencial creativo y el número de realizadores con reconocido prestigio internacional que proceden de este crisol de islas y territorios del Continente.

La visualidad caribeña ha permanecido, por lo general, en los márgenes de los centros de promoción y distribución hegemónicos.

Es así que en la actualidad, luego de ocho intensos años de hacer realidad esta experiencia, reafirmación y defensa de la diversidad cultural de la región; su continuidad y sostenibilidad requieren del mayor acompañamiento, y concertación de los cineastas, instituciones oficiales y de la cultura de los países del Gran Caribe. Porque como afirmaba Glissant:

“Lo que parecía constituir una debilidad de las realidades caribeñas, el carácter compuesto de estas sociedades, su evidente multilingüismo, su dispersión en islas en un mar abierto, es lo que hoy día dibuja en perspectiva a la vez su solidaridad de hecho y su presencia en el mundo”.

Y Derek Walcott decía: “La supervivencia es el triunfo de la obstinación”. La Muestra Itinerante de Cine del Caribe bien merece de nuestra obstinación…

*Uno de los más destacados realizadores del cine cubano. Fundador y Presidente de la Muestra Itinerante de Cine del Caribe, evento valorado por la UNESCO como “una iniciativa de inmenso valor en la preservación de la diversidad cultural, en la defensa de los mejores valores éticos y el conocimiento mutuo entre los pueblos del Caribe.”

(Tomado de CubaMinrex)

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