Imprimir
Inicio » Especiales, Política  »

Los oídos sordos ante un llamado de la ONU y el CICR

| 3

Por: Por Leonel Gorrín Mérida

Coches bomba SiriaA inicios del presente mes de noviembre, el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), Peter Maurer, hicieron un llamado urgente a los gobiernos a acatar el derecho humanitario durante los conflictos armados, subrayando el hecho, “que hasta la misma guerra tiene reglas”. En una conferencia de prensa ofrecida en Ginebra, Ban Ki-moon sentenció: “Ya basta, es suficiente…” El Secretario General de las Naciones Unidas señaló que en los conflictos armados que tienen lugar en Afganistán, Irak, Nigeria, Sudán del Sur, Siria y Yemen “se infringen las normas de humanidad más fundamentales”. Nadie puede poner en duda la necesidad y la urgencia de este llamamiento ni la veracidad de las denuncias que en este se encierran. Pero no se trata de un hecho nuevo. Los crímenes en Irak y Afganistán datan ya de años. En Siria, la guerra se prolonga por más de cuatro años. En la lista evidentemente, según los reportes de prensa, faltó mencionar Libia.

Hace unos días, el sitio Rebelión, publicó el resumen de un trabajo realizado por la Oficina de Periodismo de Investigación, acerca de las víctimas que han provocado dentro de la población civil pakistaní los drones norteamericanos. El artículo señala que desde el 2009 – fecha en la que tomó la presidencia Barak Obama – hasta inicios del 2015, los aviones no tripulados de Estados Unidos han ocasionado 2 mil 464 muertes, de las cuales casi el 90 por ciento no pudieron ser identificados como “militantes islámicos” o integrantes de grupos terroristas. ¿Qué ha hecho desde entonces el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas? Por supuesto que nada. Detrás de esos bombardeos está Estados Unidos y los instrumentos antidemocráticos de ese órgano internacional no le darían posibilidad de alcanzar denuncia alguna. Pero el hecho no se ha limitado a Pakistán. Los ataques mortales “selectivos” mediante drones se han realizado con sistematicidad sobre Afganistán y Yemen, con similares resultados.

Hay en materia del Derecho Internacional dos términos muy vinculados: Jus ad Bellum y el Jus in Bellum, es decir el “Derecho de la Guerra” y el “Derecho en la guerra”. El primero se encarga de enjuiciar, a la luz de lo alcanzado por la humanidad en materia del ordenamiento jurídico internacional, las causas de los conflictos armados. La guerra, de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas está proscrita, no es legal, aunque algunos se esfuercen en legitimarla para alcanzar sus objetivos políticos. El segundo término, omite el análisis de las causas. Su razón de ser está en los efectos que ella provoca. Su acción se encamina a limitar los medios y métodos de hacer la guerra y a proteger a las víctimas de los conflictos armados. El llamado hecho en Ginebra está dirigido a potenciar el necesario Jus in Bellum, pero poco se podrá avanzar en él sin tener en cuenta el Jus ad Bellum, es decir las causas y los responsables de esos conflictos.

Fue el Consejo de Seguridad de la ONU quien autorizó la zona de exclusión aérea en Libia, que días más tarde derivó en los bombardeos diarios que llevaron a cabo varios miembros de la OTAN sobre aquel territorio. El caos de esa nación del norte de África es un ejemplo irrebatible de cómo los organismos internacionales le viraron la espalda a la situación que allí se vivía, al parecer por el simple hecho que detrás de esos bombardeos estaban las grandes potencias occidentales. Estaban los intereses por apropiarse los ricos recursos naturales de ese país. Ahora, a los gobiernos europeos les preocupan los cientos de miles de seres humanos que huyen del caos, del desgobierno, de los conflictos tribales que aquella agresión de la OTAN provocó.

El número de víctimas fatales en Siria supera el cuarto de millón de personas. La mayoría de ellos son civiles. Más de la mitad de la población de ese país son considerados desplazados, es decir, han tenido que abandonar sus lugares de residencia ante el peligro de los combates. Más de cuatro millones han huido hacia otras naciones y luchan por recibir el estatuto de refugiados. Casi el 50 por ciento de ellos son menores de edad.

En los cuatro años y medio que ya dura el conflicto, en innumerable cantidad de ocasiones el Comité Internacional de la Cruz Roja ha solicitado a las naciones el apoyo financiero necesario para enfrentar esa tragedia. Los fondos conquistados han sido insuficientes, mientras que en el mundo se gastan miles de millones de dólares en la producción de armas y en el financiamiento de las guerras. ¿Qué ha hecho y qué puede hacer el Consejo de Seguridad ante esas realidades? Nada o casi nada. Cualquier propuesta de resolución encaminada a exigirles a los responsables de esas calamidades sería vetada.

Las ejecuciones extrajudiciales, los ataques contra objetivos civiles y particularmente hospitales y medios de transporte sanitarios, los bombardeos sobre campamentos de refugiados, los atentados terroristas en importantes centros urbanos con saldos de víctimas dentro de la población civil, no son nuevos. La ciudad de Alepo lleva más de cuatro años asediada por los combates. Ya no se le puede dar el calificativo de “ciudad”, es simplemente una ruina. Las destrucciones de instalaciones médicas, los asesinatos de heridos y enfermos recluidos en esas unidades sanitarias ocurren desde los primeros momentos del inicio de este conflicto armado. Librar combates en centros urbanos ocupados aún por la población civil provoca inevitablemente bajas dentro de ella.

Pero ahí no termina la violación de lo estipulado por el Derecho Internacional. Está prohibido que terceros intervengan en los asuntos internos de una nación y que de forma directa o indirecta apoyen a las partes enfrentadas. No es noticia el apoyo financiero, material, de preparación y hasta de dirección que varias naciones le han proporcionado a los grupos antigubernamentales en ese país.

Cuando Estados Unidos comenzó los bombardeos sobre territorio sirio, bajo el pretexto de eliminar a los terroristas del Estado Islámico, sin la autorización del Consejo de Seguridad ni del propio gobierno legítimo de Damasco, no se aprobó ninguna resolución de tan importante órgano de las Naciones Unidas condenando una acción que es totalmente contraria al Derecho Internacional.

Ahora amenazan con la introducción de tropas o “instructores militares” en esa nación árabe. La legitimidad de un gobierno no lo da la Oficina Oval de la Casa Blanca. La dan los pueblos. Washington amenaza ahora con una invasión, con llevar a cabo una agresión. Pero este último calificativo nunca lo recibirán esas operaciones militares en caso de decidirse llevarlas a cabo, ya que las últimas puntualizaciones a los estatutos de la Corte Penal Internacional, precisan que es potestad del Consejo de Seguridad definir cuándo se está ante un delito de agresión. Por supuesto, el agresor vetará cualquier resolución al respecto.

Es muy justo y urgentemente necesario que la humanidad se preocupe y se ocupe por la tragedia que están viviendo millones de seres humanos afectados por los conflictos armados. Duele ver las imágenes de esas personas que huyen de los horribles efectos de una guerra, que se agudiza por días. Pero hay que ir más lejos si queremos que tal preocupación se concrete y se logre la aplicabilidad de las normas del derecho Internacional Humanitario. Hay que ir a la esencia de los propios conflictos, a revelar las causas que los provocan, a denunciar a los responsables de su estallido. Es cierto lo expresado por Ban Ki-moon: “Ningún país puede permanecer ajeno a esta situación”, una situación que se extiende y se hace cada vez más crítica.

Los llamados a respetar las leyes de la guerra deben estar dirigidos a todas las Partes. Ninguna está exenta de su observancia. Hacer el llamado a una de las Partes, como si la otra no existiera da muestra de parcialidad y en el Derecho Internacional hay un principio clave en el tratamiento a las víctimas: la imparcialidad. El llamado de la ONU y el CICR está dirigido tanto a las autoridades de Damasco, como a todos los involucrados en el conflicto.

Como bien señalan las altas personalidades que encabezan esos organismos internacionales, hoy existen en el mundo cerca de 60 millones de personas que han tenido que dejar sus hogares a causa de los conflictos y la violencia. Es la cifra más alta después de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una tragedia humanitaria. La parálisis conque ha respondido el mundo, según las propias palabras del secretario general de la ONU, debe cesar. En tanto la humanidad no alcance el ansiado sueño de democratizar el Consejo de Seguridad poco se podrá alcanzar en materia de la aplicabilidad del Jus ad Bellum y el Jus in Bellum y garantizar la protección de las víctimas de los conflictos armados y el cumplimiento cabal de las leyes de la guerra.

Mientras Ban Ki-moon y Peter Maurer, llamaban a socorrer con urgencia a las víctimas, a prestarle urgente asistencia humanitaria, a cesar los conflictos para facilitar la entrega de socorros, otros se esfuerzan por levantar muros y alambradas para no permitir la entrada de refugiados y otros preparan planes de agresión. Un viejo refrán dice: “más vale tarde, que nunca”. En ese sentido el llamado conjunto entre el secretario general de la ONU y del presidente del CICR – primero que se realiza – debe ser acogido con beneplácito. La humanidad espera que este no llegue a oídos sordos. Solo los pueblos son capaces de entender esta filosofía humanista. Repetimos con ellos: “Basta ya, es suficiente”.

Leonel Gorrín Mérida. Profesor titular. Especialista en Derecho Internacional Humanitario.

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • rccc dijo:

    Ayer en la MR los tres panelistas mostraron cómo se hace para analizar situaciones sociales complejas. Irradió convicción, seguridad y “bomba” (que en idioma cubano significa: CORAZÓN Y MENTE COMPROMETIDAS A ULTRANZA). Mejor no pudo ser. Cuantas verdades, muy fuertes, y sin embargo expresadas con una ética insuperable, que contagia; y ojalá también extensiva hasta para los insensibles.
    La sordera al llamado conjunto de Ban Ki-moon y Peter Maurer a los gobiernos a acatar el derecho humanitario durante los conflictos armados es la noticia de hoy. ¿Existirá ahora mismo en nuestra única y contaminada nave espacial, algún problema más complicado y dañino que este? Este viejo que suscribe aquí no puede creer en la voluntad de quienes han creado todo este berenjenal. Es demasiado entristecedor observar como mueren niños pequeños, de la edad de mis nietos, como consecuencia de tales desmanes. “Ya basta, es suficiente” dijo Ban. ¿Suficiente qué?

  • maria dijo:

    que se puede

  • maria dijo:

    respondanme sobre eso

Se han publicado 3 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Vea también