Espectacular debate entre Bill Keller y Glenn Greenwald: ¿Cuál es el futuro del periodismo?

De izquierda a derecha, Bill Keller (The New York Times) y Glenn Greenwald (The Guardian).
Recientemente el periodista Bill Keller, de The New York Times, retó a Glenn Greenwald, ex reportero del diario británico The Guardian que reveló las filtraciones de Edward Snowden. Cubadebate comparte con sus lectores esta extraordinaria esgrima verbal entre dos modelos de periodismo, texto que ha traducido el sitio Ventana Política, del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba.
Por Bill Keller
Mucha de la especulación acerca del futuro de las noticias se centra en el modelo empresarial: ¿Cómo generaremos ingresos para pagar a quienes recopilan y difunden las noticias? Pero la prejudicial influencia del Internet da lugar a otras cuestiones profundas con respecto a lo que se está tornando el periodismo, a su carácter esencial y valores. La columna de esta semana es una conversación — una polémica (mayormente) civil — entre dos puntos de vista muy diferentes de cómo el periodismo lleva a cabo su misión.
Glenn Greenwald hizo público probablemente el mayor artículo periodístico del año, las revelaciones de Edward Snowden acerca del inmenso aparato de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional. Además, ha criticado abiertamente el tipo de periodismo que se practica en lugares como The New York Times, y ha abogado por un tipo de periodismo más activista, más parcial. A principios de este mes anunció que pasaba a formar parte de una nueva empresa periodística, con el apoyo del multimillonario de eBay, Pierre Omidyar, quien prometió invertir 250 millones de dólares y “tirar a la basura las viejas reglas.” Yo invité a Greenwald a que se me sumara en un intercambio en línea acerca de lo que eso significa exactamente.
Estimado Glenn:
Llegamos al periodismo provenientes de diferentes tradiciones. Yo he pasado mi vida trabajando en periódicos que dan mucha importancia a la cobertura progresista pero imparcial, que esperan que reporteros y redactores se reserven sus opiniones a menos que se reubiquen (como lo hice yo) en las páginas identificadas claramente como la portada de opinión. Usted proviene de una tradición más activista — primero como abogado, luego como bloguero y columnista, y más recientemente como parte de una nueva empresa periodística independiente financiada por el fundador de eBay, Pierre Omidyar. Su redacción procede de un punto de vista expuesto claramente.
En un anuncio publicado por Reuters este verano, el crítico periodístico Jack Shafer celebró la tradición del periodismo parcial — “De Tom Paine a Glenn Greenwald” — y lo comparó a usted con lo que llamó “el ideal empresarial.” No explicó la frase, pero no creo que la haya empleado de manera positiva. Henry Farrell, bloguero de The Washington Post, escribió más recientemente que publicaciones como The New York Times y The Guardian “tienen relaciones políticas con los gobiernos, por lo que temen publicar (y por ende validar) cierta clase de informaciones”, y sugirió que su nuevo proyecto con Omidyar representaría un gran escape a tales relaciones.
Encuentro bastante que admirar en la historia estadounidense de periodistas defensores, que van desde los autores de panfletos hasta los sensacionalistas, hasta el Nuevo Periodismo de los 60 y hasta lo mejor de los blogueros activistas de la actualidad. En el mejor de los casos, su fortaleza y pasión han estimulado las verdaderas reformas (con frecuencia, como en la Era Progresista, gracias a las “relaciones políticas de los periodistas con los gobiernos”). Espero que la cobertura que usted ofreció acerca de la vigilancia hiperactiva de la Agencia Nacional de Seguridad conlleve a alguna responsabilidad inmediata.
Pero el tipo de periodismo que practican The Times y otras organizaciones de prensa convencionales — en el mejor de los casos — también incluye bastante de qué enorgullecerse, revelaciones desde Watergate hasta la tortura y las prisiones secretas para la malversación de la industria financiera, e incluso algunas revelaciones previas a las de Snowden acerca del abuso de autoridad de la Agencia de Seguridad Nacional. Esos son casos que saltan a la mente, pero usted encontrará ejemplos casi en cada reportaje diario. Los periodistas en esta tradición tienen muchas opiniones, pero dejarlas a un lado para seguir los hechos — como se supone que un juez en un tribunal aparte los prejuicios para seguir la ley y la evidencia — a menudo puede tener resultados más sustanciales y más creíbles. La prensa convencional ha tenido sus fracasos — episodios de credibilidad, equivalencia falsa, sensacionalismo y falta de atención — por los que hemos sido merecidamente azotados. Espero que usted diga: no han sido suficientemente azotados. Así que le paso el azote.
Estimado Bill:
No existe cuestión alguna en que los periodistas en las sedes de los medios de prensa, ciertamente incluyendo al The New York Times, hayan producido alguna cobertura extraordinaria en las últimas dos décadas. No pienso que alguien discuta que lo que se ha tornado (bastante recientemente) el modelo estándar para un reportero — ocultando las perspectivas subjetivas propias o lo que parecen ser “opiniones” — excluya al buen periodismo.
Pero asimismo este modelo ha generado mucho periodismo atroz y algunos hábitos tóxicos que debilitan la profesión. Un periodista que se aterrorice de salir a expresar cualquier opinión muchas veces estará libre de frases declaratorias con respecto a la verdad, optando en cambio por una formulación cobarde e inútil de “esto-es-lo-que-ambas-partes-dicen-y-yo-no-voy-a-resolver-los-conflictos”. Esto recompensa la deshonestidad por parte de los funcionarios políticos y empresariales que saben que pueden confiar en periodistas “objetivos” para ampliar sus falsedades sin desafíos (por ejemplo, la cobertura se reduce a “X dice Y” en lugar de “X dice Y, y eso es falso”).
Lo que es peor aún, esta coacción asfixiante con respecto a cómo se permite a los reporteros expresarse genera una forma de periodismo estéril que se torna tanto incapaz como aburrido. El no llamar tortura a la “tortura” porque funcionarios del gobierno exigen el empleo de un eufemismo más agradable, o el identificar perezosamente una afirmación cuya verdad es demostrable con una cuya falsedad se puede probar, priva al periodismo de su pasión, vigor, vitalidad y esencia.
Lo peor de todo es que este modelo se basa en una concepción falsa. Los seres humanos no son máquinas impulsadas por la objetividad. Todos nosotros de manera intrínseca percibimos y procesamos el mundo a través de prismas subjetivos. ¿Qué sentido tiene fingir lo contrario?
La distinción relevante no está entre los periodistas que tienen opiniones y los que no las tienen, porque esta última categoría es mítica. La distinción relevante está entre los periodistas que revelan honestamente sus suposiciones subjetivas y valores políticos y aquellos que de manera deshonesta fingen no tener ninguna o las ocultan de sus lectores.
Por otra parte, todo periodismo es una forma de activismo. Cada elección periodística necesariamente comprende suposiciones altamente subjetivas — de tipo cultural, político o nacionalista — y sirve a los intereses de una facción o de otra. El antiguo abogado del Departamento de Justicia de Bush, Jack Goldsmith, en el 2011 elogió lo que llamó “el patriotismo de la prensa estadounidense”, refiriéndose a su lealtad de proteger los intereses y las políticas del gobierno de los Estados Unidos, lo que pudiera (o no) ser una acción noble, pero definitivamente no es objetiva: es bastante subjetiva y clásicamente “activista.”
Pero en última instancia, la única medida real del periodismo que debe importar es la exactitud y la fiabilidad. Yo personalmente creo que revelar honestamente en lugar de esconder nuestros valores subjetivos hace al periodismo más sincero y fidedigno. No obstante, ningún periodismo — del más “objetivo” desde el punto de vista estilístico al más descaradamente dogmático — posee ningún valor real si no se basa en hechos, evidencias, e información comprobable. La afirmación de que periodistas abiertamente dogmáticos son incapaces de producir un buen periodismo es absolutamente tan inválida como la afirmación de que la artificiosa forma de periodismo libre de perspectivas no puede hacerlo.
Estimado Glenn:
No los veo como reporteros fingiendo no tener opiniones. Los veo como reporteros, como una disciplina ocupacional, postergando sus opiniones y dejando que la evidencia hable por sí misma. Y lo que importa es que este no es sólo un ejercicio individual, sino una disciplina institucional, con redactores que tienen la tarea de desafiar a los escritores si han desestimado hechos o argumentos opuestos que los lectores pudieran querer saber.
Lo importante es que una vez que hayas declarado públicamente tus “suposiciones subjetivas y valores políticos”, es la naturaleza humana querer defenderlos, y se torna tentador omitir o minimizar los hechos, o formular los argumentos de forma tal que apoyen el punto de vista que has declarado. Y algunos lectores, al saber que escribes desde la izquierda o la derecha, mirarán tu cobertura con justificada desconfianza. Por supuesto que lo podrían hacer de cualquier modo — pasando por alto cualquier cosa que lean porque aparezca en el “liberal” The New York Times — pero considero que la mayoría de los lectores confían más en nosotros porque sienten que hemos hecho la debida diligencia, y no sólo expuesto los argumentos. (Una vez vi una encuesta de opinión donde se preguntó a los lectores del The Times si consideraban que esta publicación era “liberal.” La mayoría dijo que sí. Entonces les preguntaron si The Times era “imparcial.” Una gran mayoría dijo que sí. Supongo que puedo vivir con eso). En estos momentos trabajo en el campo de la opinión, pero como reportero y redactor de noticias he definido mi trabajo no cómo decir a los lectores lo que pienso, o decirles lo que deben creer, sino decirles lo que necesitan saber para decidir por ellos mismos. Usted está en lo cierto, por supuesto, con respecto a que algunas veces los resultados de ese proceso son menos emocionantes que una fuerte polémica.
En ocasiones el juego limpio se convierte en equivalencia falsa, o se percibe como un eufemismo. Pero es simplista decir, por ejemplo, a menos que utilice la palabra “tortura”, que usted ha fracasado ante una prueba de coraje, o que encubre al diablo. Claro que considero el waterboarding (ahogamiento simulado) una tortura. Pero si un periodista me ofrece una descripción vívida delwaterboarding, observa la larga línea de regímenes monstruosos que lo han practicado, y luego expone el debate legal en cuanto a si se viola un estatuto o acuerdo internacional específico, no me interesa si emplea la palabra o no. Yo estoy contento — y completamente equipado — para sacar mis propias conclusiones.
Si Jack Goldsmith, antiguo abogado de la administración de Bush, hubiera elogiado a la prensa estadounidense, citando las propias palabras que usted emplea, por “su lealtad de proteger los intereses y las políticas del gobierno de los Estados Unidos”, entonces yo estaría fuertemente en desacuerdo con él. Nosotros hemos publicado muchos artículos que desafiaron las políticas e intereses declarados por el gobierno. Pero eso no es exactamente lo que dice Goldsmith. Él plantea que The Times y otros medios de difusión importantes toman seriamente en cuenta los argumentos de que publicar algo perjudicará la seguridad nacional — lo que podría significar que alguien resultara asesinado. Eso es verdad. Nosotros escuchamos con respeto tales afirmaciones, y luego tomamos nuestras propias decisiones. Si no estamos convencidos, en ocasiones publicamos a pesar de las fuertes objeciones del gobierno. Si estamos convencidos, esperamos o no damos a conocer detalles. La primera vez que me enfrenté a una decisión de esa índole fue en 1997 cuando era redactor extranjero, y un reportero aprendió de un conflicto entre Rusia y Georgia, antigua república soviética, qué hacer con un alijo de uranio altamente enriquecido dejado atrás luego de la desintegración de la Unión Soviética. El conflicto fue una noticia interesante. Pero cuando el reportero verificó resultó ser que el arsenal estaba completamente sin protección, a disposición de cualquier terrorista que quisiera fabricar una sucia bomba. Nos pidieron reservarnos el artículo hasta que se cercara y resguardara el material — y así lo hicimos. No fue una decisión difícil.
¿Entonces cuál sería su política con respecto a publicar información que algunos consideran pone en peligro la seguridad nacional? (Comprendo que esta no es una pregunta totalmente hipotética). ¿Usted les permitiría al menos tratar de exponer los argumentos?
Estimado Bill:
¿Por qué esos reporteros que ocultan sus opiniones habrían de estar menos tentados por la naturaleza humana a manipular su cobertura que aquellos que son honestos en cuanto a sus opiniones? En todo caso, ocultar sus puntos de vista, le ofrece a un reportero más libertad para manipular su cobertura puesto que el lector desconoce esos pareceres ocultos y por ende le es imposible tomarlos en consideración.
Por ejemplo, yo desconocía hasta bien transcurrido el hecho, de que John Burns [corresponsal del Times] ocultó algunas opiniones bastante favorables acerca del ataque a Irak. Él no solo admitió en el 2010 y 2011 que no logró anticipar la matanza y destrucción masiva que ocasionaría la invasión, sino que además consideró a los soldados invasores de los Estados Unidos como “ángeles del Señor” y “libertadores.” ¿Eso lo hace ser un activista en lugar de un periodista? Yo no lo creo. Sin embargo, como lector, realmente desearía haber conocido sus opiniones ocultas en el momento que reportaba acerca de la guerra para haber podido tomarlas en consideración.
Pienso que es muy difícil argüir que el tono aparentemente “objetivo” exigido por los grandes medios de comunicación eleve la confianza pública, dada la tan baja estima que le merecen al público esas instituciones del sector de los medios de comunicación. Mucho más allá de las preocupaciones relativas a la parcialidad ideológica, el fracaso de la credibilidad de los medios de comunicación es el resultado de cosas tales como el apoyo al gobierno de los Estados Unidos a divulgar falsedades que originaron la guerra en Irak, y de manera más general, la sumisión ciega al poder político: patologías exacerbadas por la prohibición de noticias concernientes al esclarecimiento de cualquier afirmación declaratoria relacionada con las palabras y acciones de funcionarios políticos por miedo a que se nos acuse de ser imparciales.
En cuanto a tomar en cuenta los peligros que existen para las vidas inocentes antes de la publicación: nadie cuestiona que los periodistas deben hacerlo. No obstante, no le concedo un valor agregado a las vidas de estadounidenses inocentes en comparación con las vidas de individuos inocentes no estadounidenses, ni sentiría especial lealtad por el gobierno de los Estados Unidos con respecto a otros gobiernos a la hora de decidir qué publicar. Cuando Goldsmith elogió el “patriotismo” de los medios de difusión estadounidenses, quiso decir que los medios informativos de este país profesan especial lealtad a las opiniones e intereses del gobierno de los Estados Unidos.
Supongo que uno puede argumentar que así es como debe ser. Pero cualquiera que sea el modo de pensar, ciertamente no es “objetivo”. Es nacionalista, subjetivo y activista, lo que es mi cuestión principal: todo periodismo es subjetivo y una forma de activismo, incluso si se intenta fingir que no lo es.
No tengo ninguna objeción con respecto al proceso mediante el cual se permite a la Casa Blanca hacer aportes antes de la publicación de secretos confidenciales.
En efecto, WikiLeaks, defensor de la transparencia radical transparencia, fue a la Casa Blanca y solicitó orientación antes de publicar los diarios de guerra de Iraq y Afganistán, pero la Casa Blanca se negóa responder, y entonces tuvo la osadía de criticar a WikiLeaks por publicar materiales que se dice deberían no ser revelados. Ese proceso previo a la publicación es tanto razonable desde el punto de vista periodístico (los periodistas deben obtener la mayor cantidad de información relevante que les sea posible antes de tomar decisiones de publicación) y sensato desde el punto de vista legal (todo abogado de la Ley de Espionaje dirá que tal consulta puede ayudar a demostrar la intención periodística a la hora de publicar dichos materiales). Para todas las coberturas de la Agencia Nacional de Seguridad que he hecho — no sólo para The Guardian sino para los medios de difusión de todo el mundo — los redactores han notificado a la Casa Blanca antes de proceder a su publicación (aunque en la inmensa, inmensa mayoría de los casos, no se tuvieron en cuenta sus exigencias de omitir información por falta de razones específicas en favor de tales supresiones).
Mi objeción no es con respecto a ese proceso como tal, sino a instancias específicas que conllevan a la supresión de información que debe hacerse pública. Sin rencor intencionado, considero que la decisión del The Times en el 2004 de no sacar a la luz el artículo de Risen/Lichtblau de la Agencia de Seguridad Nacional a solicitud de la Casa Blanca de Bush fue uno de los casos más atroces de esa índole, pero existen muchos otros.
En esencia, veo el valor del periodismo sobre la base de una misión que comprende dos aspectos: proporcionar al público una información fiel y de vital importancia, y su capacidad única de realizar una verificación verdaderamente confrontacional a quienes están en el poder. Cualquier reglamento no escrito que afecte alguno de esos dos flancos es el que considero como una antítesis al verdadero periodismo y no se debe tomar en cuenta.
Estimado Glenn:
“Nacionalista,” la palabra que usted utiliza para referirse al “modo de pensar” de la prensa estadounidense, es una marca que lleva cierta carga repugnante. Es el lado oscuro de la palabra “patriótico” (igualmente superficial). Sugiere lealtad ciega y chovinismo. Supongo que no lo usa por casualidad. Y yo por casualidad tampoco lo puedo dejar así.
The New York Timeses global cuando se trata de recopilación de noticias (31 oficinas fuera de los Estados Unidos), de su plantilla (de entrada, nuestro funcionario ejecutivo principal es británico) y especialmente de su público. Pero es, desde sus orígenes, una empresa estadounidense. Esa identidad conlleva a beneficios y a obligaciones. Los beneficios incluyen una constitución y una cultura que, en comparación con la mayor parte del mundo, favorece la libertad de prensa. (Es por tal razón que los editores suyos en The Guardian se nos han acercado en más de una ocasión para asociarnos en empresas periodísticas delicadas — buscando refugio de la Ley de Secretos Oficiales de Gran Bretaña al amparo de nuestra Primera Enmienda). Las obligaciones incluyen, ante todo, imputar la responsabilidad al gobierno cuando viole nuestras leyes, falte a nuestros valores, o no logre estar a la altura de sus responsabilidades. Hemos consumido una gran energía periodística al poner a la luz la corrupción y opresión en otros países, pero la responsabilidad comienza en casa.
Como cualquier empeño de los seres humanos, el nuestro no es perfecto, y algunas veces decepcionamos. Los críticos de la izquierda, incluyéndolo a usted, se indignaron al saber que mantuvimos en secreto el artículo de la escucha clandestina de la Agencia de Seguridad Nacional por más de un año, hasta tanto estuve satisfecho de que el interés público pesara más que cualquier posible daño a la seguridad nacional. Los críticos de la derecha se enfurecieron aún más cuando publicamos en el 2005. Las personas honorables pudieran estar en desacuerdo con tales decisiones de publicar o no publicar. Pero esas opiniones fueron el resultado de un cálculo largo, difícil e independiente, de sopesar riesgos y responsabilidades, no por “lealtad al gobierno de los Estados Unidos.”
A propósito, ya que menciona a WikiLeaks, una de nuestras principales preocupaciones al convertir esos documentos en artículos periodísticos en el 2010 era evitar poner en peligro a informantes inocentes — no a estadounidenses, sino a disidentes, eruditos, defensores de los derechos humanos o civiles corrientes cuyos nombres se mencionaron en los cables clasificados desde puestos de avanzada extranjeros. La actitud de WikiLeaks con respecto a ese asunto fue una cruel indiferencia. Según David Leigh, investigador del The Guardian a cargo de ese artículo, Julian Assange dijo: “si los matan, se lo merecen.” (Assange niega haberlo dicho, pero la trayectoria de David Leigh le da bastante credibilidad). El ejecutivo de Google Eric Schmidt dijo que Assange le había comentado que hubiera preferido que no hubiera redacciones. En varias ocasiones he dicho que Julian Assange y WikiLeaks deben tener derecho a la misma libertad de prensa que The New York Times. Pero no finjamos que tienen el mismo sentido de responsabilidad.
¿Un nuevo asunto?
Pierre Omidyar, su nuevo empleador, cree que ha visto el futuro del periodismo, y que se parece a usted. En una entrevista para la NPR (Radio Nacional Pública), Omidyar dijo que “la confianza en las instituciones está disminuyendo” y ahora el “público quiere relacionarse con personalidades”. Por eso está creando una constelación de estrellas, solistas “llenos de pasión” e investigadores defensores. Sé que usted no habla por Omidyar, pero tengo algunas interrogantes acerca de cómo usted ve este nuevo mundo.
En primer lugar, se ha vuelto un cliché de nuestro negocio/profesión/oficio que los periodistas se forjen como “marcas” individuales. Sin embargo, el periodismo — en particular la materia más difícil, como lo es el periodismo investigativo — se beneficia inmensamente del apoyo institucional, incluyendo a un personal técnico que sabe cómo aprovechar al máximo una base de datos, redactores y verificadores de hechos que enriquecen los artículos, diseñadores gráficos que ayudan a complicar los temas comprensibles y, no menos importantes, abogados quienes están sumidos en la libertad-de-información y en la ley de la Primera Enmienda. En la cobertura de Snowden, usted trabajó dentro de la estructura institucional del The Guardian y, por un tiempecito, del The Times. ¿Entonces qué tiene de diferente la nueva empresa? ¿Será solamente una institución periodística con otro nombre?
En Segundo lugar, en una entrevista con mi viejo amigo David Cay Johnston usted dijo que la cobertura de los gobiernos y de otras grandes instituciones está próxima a cambiar de manera radical debido a la omnipresencia del contenido digital. Los gobiernos y negocios dependen de inmensos tesoros de información. Todo lo que se necesita, según usted, es acceso y una conciencia atribulada para crear a un Edward Snowden o a un Bradley Manning. No obstante, me parece que se necesita algo más: una voluntad de arriesgarlo todo. Manning está cumpliendo 35 años de condena en prisión por las revelaciones en WikiLeaks, y Snowden se enfrenta a una vida en el exilio. Las mismas herramientas digitales que facilitan el leak (filtración de información) a su vez hacen difícil que puedas evitar que no te agarren. Esa es una razón por la que a mi entender la abrumadora preponderancia de la cobertura investigativa aún viene tras reporteros que cultivan fuentes confiables durante meses o años, no de aquellos con acceso a información confidencial que de repente deciden confiar un dispositivo portátil de almacenamiento lleno de secretos a alguien que no conocen. ¿En verdad cree usted que Snowden y Manning representan el futuro del periodismo investigativo?
Y, en tercer lugar, ¿será lo Nuevo de Pierre Omidyar una monocultura política, o espera usted que haya otros Glenn Greenwalds de la derecha a bordo?
De vuelta a usted.
Estimado Bill:
Para entender lo que quiero decir con “nacionalista,” examinemos el ejemplo que hemos discutido: la no utilización de la palabra “tortura” por parte del The New York Times para describir las técnicas de interrogatorio de la era de Bush. Usted dice que el empleo de esta palabra es innecesario puesto que usted describió las técnicas de manera detallada. Eso está bien: pero The New York Times (junto con otros medios de comunicación) sí usó la palabra “tortura” sin reservas para referirse a las mismas técnicas — al ser empleadas por países que son adversarios de los Estados Unidos. A eso es a lo que me refiero con “nacionalismo”: a tomar decisiones periodísticas para conducir y promover los intereses del gobierno estadounidense.
No me refiero al término despectivamente (al menos no de forma absoluta), sólo de manera descriptiva, lo que demuestra que todo periodismo responde a un punto de vista y a un grupo de intereses que representar, incluso cuando se han hecho esfuerzos para ocultarlo.
En lo que concierne a la diferencia entre WikiLeaks y The New York Times: The Guardian (conjuntamente con The New York Times) tiene una amarga y prolongada enemistad con Assange (ahora que ya han sacado provecho de sus documentos), así que yo personalmente no asumiría su inherente credibilidad en conflictos relacionados con lo que se dijo o no en privado. Sobre la base de todo lo que he visto, ni Assange ni WikiLeaks tienen el más remoto deseo de poner en peligro a personas inocentes. Más bien lo contrario: ellos han tratado diligentemente de redactar nombres de inocentes, y enviarlos a la Casa Blanca para sus aportes antes de la publicación (lo que fue injustificadamente negado). Además, la única vez que se hizo público un inmenso tesoro de documentos no editados fue, irónicamente, cuando el periodista que usted mencionó (no uno relacionado con WikiLeaks) publicó la contraseña del archivo en su libro.
No obstante, en un sentido más amplio: incluso si uno fuera a asumir como argumento que la transparencia más agresiva de WikiLeaks pudiera ocasionalmente traducirse en revelaciones excesivas (proposición que rechazo), la postura más amigable al gobierno por parte de The New York Times y de medios de prensa similares con frecuencia genera su propio periodismo bastante perjudicial. No fue WikiLeaks quien lavó afirmaciones oficiales falsas con respecto a las armas de destrucción masiva de Saddam y a la alianza con Al Qaeda en su primera página bajo la capa de “noticias” para ayudar a comenzar una guerra atroz. No es WikiLeaks quien de manera habitual ofrece anonimato a funcionarios de los Estados Unidos para permitirles divulgar mitologías que exaltan a los dirigentes o calumnias bastante tóxicas de los detractores del gobierno sin ninguna responsabilidad.
No es WikiLeaks quien estampa acusaciones increíblemente incendiarias acerca de aquellos estadounidenses que denuncian la existencia de prácticas ilegales dentro de su organización sin la más mínima evidencia. Y no fue WikiLeaks el que permitió al pueblo de los Estados Unidos reelegir a George Bush mientras sabía, pero ocultaba, que él escuchaba sus conversaciones a escondidas exactamente de la misma manera en que lo prohibía el derecho penal.
En cuanto a la nueva empresa que estamos creando con Pierre Omidyar: aún estamos ideando cómo será, cómo estará estructurada y demás, así que mi capacidad para dar respuesta a algunas de sus preguntas es limitada. No obstante, puedo abordar varias cuestiones que plantea.
Somos de la absoluta opinión que redactores fuertes y experimentados son vitales para el buen periodismo, y es nuestra intención tener muchos de ellos. Es necesario que los redactores garanticen el mayor nivel de fidelidad factual, verifiquen las afirmaciones claves, y ayuden a los periodistas a tomar decisiones que eviten perjudicar a inocentes.
Pero no necesitan imponer reglas estilísticas obsoletas, ni apagar la voz y pasión exclusivas de los periodistas, ni impedir ningún tipo de afirmación declaratoria cuando funcionarios de alto nivel recurren a evasivas, o exigen eufemismos solicitados por el gobierno en lugar de aclarar los términos según los hechos, o confieren una categoría superior a las declaraciones oficiales o exigencias oficiales de supresión. En resumen, los redactores deben estar ahí para facultar y posibilitar al periodismo acusatorio agresivo, fuerte y altamente factual, no para servir de control en aras de neutralizar o suprimir el periodismo.
Intentamos abordar las afirmaciones de las más poderosas facciones con escepticismo, no con reverencia. Las aseveraciones oficiales son nuestro punto de partida para investigar (“El funcionario A dijo X, Y y Z hoy: ahora veamos si esa es la verdad”), no la pura verdad sobre la que versa la creación de nuestros relatos (“X, Y y Z, dice el funcionario A”).
En lo que a las fuentes respecta, en verdad no entiendo la distinción que usted cree que existe entre Snowden y fuentes más tradicionales.
Snowden acudió a periodistas que trabajan para periódicos entre los más respetados del mundo. Los “dispositivos portátiles de almacenamiento” no nos caían simplemente del cielo: trabajamos por un tiempo bastante prolongado para establecer una relación de confianza y desarrollar un marco que nos permita informar sobre estos materiales. ¿En qué difiere eso de la decisión de Daniel Ellsberg de llevar los Papeles del Pentágono al The Times a principios de 1970?
Habiendo dicho todo esto, usted menciona un asunto interesante e importante con respecto a los riesgos para las fuentes. Pero no sólo personas como Manning y Snowden enfrentan acusaciones y prolongados períodos en prisión. Estadounidenses que acudieron a medios de comunicación más tradicionales para denunciar la existencia de prácticas ilegales dentro de su organización — como Tom Drake y Jeffery Sterling — también enfrentan cargos por delitos graves ante una administración que, como dijo el antiguo consejero jurídico general de su diario, James Goodale, se ha mostrado más vengativa al atacar el proceso de recopilación de noticias que cualquiera desde Richard Nixon.
E incluso periodistas en este proceso, como el galardonado con el Premio Pulitzer de su diario, Jim Risen, enfrenta la real amenaza de ir a prisión.
La situación de miedo que se ha generado de manera deliberada significa que, como plantea Jane Mayer del The New Yorker, el proceso de recopilación de noticias ha llegado a un “punto muerto.” Muchos reporteros de seguridad nacional del Times, tales como Scott Shane, han emitido similares advertencias: que en estos momentos las fuentes temen usar los medios tradicionales de trabajo con los reporteros a causa de la agresividad de la administración de Obama. Obviamente, la vigilancia omnipresente exacerba en gran medida este problema, puesto que la recopilación de todos los metadatos imposibilita casi totalmente la comunicación entre una fuente y un periodista sin conocimiento del gobierno.
Entonces sí: conjuntamente con las nuevas tecnologías para aumentar la privacidad, yo sí pienso que denunciantes valientes e innovadores como Manning y Snowden son de crucial importancia para abrir en alguna medida esta oscuridad y ofrecer algo de luz. El denunciar los actos negativos del gobierno llevados a cabo en secreto no debiera traer aparejado un coraje extremo y la voluntad de ir a prisión por décadas o incluso de por vida. Sin embargo, así es. Y ese constituye un inmenso problema para la democracia, que todos los periodistas deberían combatir de conjunto. La reclamación de las libertades básicas de prensa en los Estados Unidos constituye un impulso importante para nuestra nueva empresa.
Acerca de si nuestra nueva empresa estará ideológicamente homogeneizada: la respuesta es “sin dudas no.” Damos la bienvenida y aceptamos a quienquiera que se dedique al verdadero periodismo acusatorio sin tener en cuenta dónde se clasifique en el espectro político, y si ha estado hablando con periodistas conservadores así: verdaderos conservadores, no la interpretación de “conservadores” de la Costa Oriental como es el caso de David Brooks.
La ideología que nos impulsa es el periodismo de responsabilidad basado en una rigurosa fidelidad factual.
Estimado Glenn:
Su aparente desdén por David Brooks es revelador. Supongo que lo que lo descalifica de la categoría que usted propone de “verdaderos conservadores” es que él pone la razón por encima de la pasión y en ocasiones encuentra una confluencia. De la misma forma en que Lenin despreciaba a los liberales, en que el Tea Party se resiste a los republicanos moderados, así mismo usted parece reservar su desdén más perspicaz para la moderación, para el compromiso. Eche un vistazo al Washington de hoy y dígame cómo está resultando.
Estamos de acuerdo, por supuesto, en que el afecto de la actual administración por la Ley de Espionaje y la disposición de apresar a reporteros que protegen a sus fuentes ha generado un clima hostil para todo tipo de cobertura investigativa. Concordamos en que eso es deplorable y perjudicial para la democracia.
También existen otras cosas en las que coincidimos, pero no se suponía que este intercambio fuera para encontrar nuestros puntos comunes, así que antes de cerrar me gustaría volver una vez más a lo que considero es nuestro desacuerdo fundamental.
Usted insiste en que “todo periodismo responde a un punto de vista y a un grupo de intereses que representar, incluso cuando se han hecho esfuerzos para ocultarlo.” Y por ende, no tiene sentido tratar de ser imparcial. (Evito la palabra “objetivo,” que sugiere un perfecto estado mítico de la verdad). Es más, caso tras caso, donde participan los medios convencionales, usted, Glenn Greenwald, está convencido de que sabe lo que es controlar ese “grupo de intereses”. Nada es tan inocente como el sentido de juego limpio o la determinación de dejar que el lector decida; debe ser alguna fidelidad servil a fuerzas políticas poderosas.
A mi juicio, la imparcialidad es una aspiración que vale la pena en el periodismo, incluso cuando no se alcance totalmente. Entiendo que en la mayoría de los casos te acerca a la verdad, porque impone una disciplina de verificar todas las suposiciones, incluyendo en gran medida las propias. Esa disciplina no llega de manera natural. Considero que el periodismo que comienza desde una predisposición declarada en público es menos propenso a encontrar la verdad, y tiene menos posibilidades de convencer a los que ya no están convencidos. (Evidencia A: cadena de noticias Fox News). Y sí, los escritores son más propensos a manipular la evidencia para sostener un punto de vista declarado que uno mantenido en privado, porque el orgullo está en riesgo.
Usted señala acertadamente que esta búsqueda de la justicia es un principio relativamente nuevo en el periodismo estadounidense. Un lector no tiene que retroceder mucho en los archivos — incluidos los archivos de este periódico — para hallar el tipo de periodismo abiertamente dogmático que usted aprueba. Tiene el “alma” que usted ansía. Pero para un oído moderno, a menudo suena sermoneador, y sospechoso.
A mi entender, la necesidad de un periodismo imparcial es más grande de lo que alguna vez fue, porque hoy vivimos en un mundo de medios de difusión basados en afinidad, donde los ciudadanos pueden construir, y lo hacen, cámaras de ecos de sus propias creencias. En general, es demasiado fácil sentirse “informado” sin nunca toparse con información que desafíe nuestros prejuicios.
Hace poco usted señalaba que las encuestas demuestran una mala opinión del público estadounidense con respecto a los medios informativos. Afirmó — considero sobre la base de ninguna evidencia — que esta estima en decadencia es el resultado de la “sumisión ciega al poder político.” ¿En serio? Me parece más verosímil que el menoscabo del respeto por los medios de comunicación de los Estados Unidos — categoría que incluye todo desde mi periódico, hasta el USA Today, el Rush Limbaugh, el National Enquirer, y los noticieros locales que se basan en noticias sensacionalistas — se explica por el hecho de que mucho de él es trivial, superficial, sensacionalista, redundante y, sí, ideológico y polémico.
Le ofrezco la última palabra, y entonces podemos dar paso a los usuarios, en caso de que alguno haya llegado hasta aquí.
Glenn, le deseo suerte en la nueva empresa, y espero que inspire a más multimillonarios a invertir dinero en el periodismo. Si me permite darle un consejo no solicitado. Hay muy poco de lo que usted ha mencionado en este intercambio que no se haya dicho antes en las páginas del The Times, aunque en un lenguaje menos cargado. La autocrítica y la corrección, de las cuales poseo gran experiencia, no son divertidas, pero son tan saludables para el periodismo como la independencia, y constituyen una reverencia a la verdad. La humildad es tan querida como la pasión. Así que mi consejo es: Aprenda a decir: “Estábamos equivocados.”
Estimado Bill:
Sólo me restan un par de asuntos rápidos para concluir.
Mi “desdén” por David Brooks se basa en los años que lleva animando la guerra extrema y la veneración de una clase política de élite que ha generado poco más que un lamentable fracaso y corrupción. No veo en lo absoluto nada de moderado en él. Yo sólo señalaba que si usted quiere enorgullecerse de contratar a conservadores para que escriban en su periódico, mal puede él representar tal movimiento.
Pienso que existe algún juego semántico en la forma que escoge para resumir nuestro debate. Mi visión del periodismo sin lugar a dudas requiere tanto justicia como una adhesión rigurosa a los hechos. No obstante, entiendo que esos valores se promueven siendo honestos acerca de nuestras propias perspectivas y suposiciones subjetivas en lugar de asumir un tono de todo-lo-sabe, de neutralidad que da a entender equivocadamente que los periodistas residen más allá de los puntos de vista normales y de las lealtades a las facciones que plagan al no periodista y al “activista” pavoroso.
Arraigado a la perspectiva institucional y a las metodologías para hacer reportajes del The New York Times existen todo tipo de suposiciones políticas y culturales bastante discutibles y subjetivas acerca del mundo. Y salvo algunas nobles excepciones, The Times, por diseño o de cualquier otra forma, ha servido por mucho tiempo a los intereses del mismo grupo de facciones poderosas y de élite. Su manera de reportar no es menos “activista,” subjetiva o motivada por las opiniones que las nuevas voces de los medios de comunicación que desdeña en ocasiones con condescendencia.
Gracias por sus mejores deseos y por el intercambio que exhorta a la reflexión. Se lo agradezco.
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+1 Al periodismo objetivo(sin eufemismos)
gracias cubadebate, por publicar esto
Buen debate el de Keller y Greenwald, así como los aportes realizados por los comentaristas de este artículo.
La prensa estadounidense reúne muchos momentos brillantes de la historia del periodismo mundial, pero en cuanto a cumplir una función verdaderamente independiente, honesta y objetiva frente al sistema imperante en los EE.UU., falla lastimeramente y pierde valor. Recordemos lo acontecido tras los atentados del 11/ del 2001. Los pocos periodistas que hicieron público su desacuerdo con acciones del gobierno, fueron calificados de "anti estadounidenses" y despedidos de sus trabajos. Tampoco vemos en la prensa y otros medios masivos como el cine de los EE.UU., salvo autores independientes, el desmontaje de la presunta conspiración que rodeo a este catastrófico suceso. El mismo transformó al mundo para peor y tan solo las muertes emprendidas en la llamada cruzada antiterrorista" superan en más de cien veces las ocurridas aquel fatídico día.
Esto demuestra que la prensa de EE. UU. se pliega a los requerimientos del poder y lo ayuda a lograr sus fines a partir de la publicación de "informaciones filtradas por fuentes anónimas".Sirva de ejemplo, como le hicieron el juego con las presuntas armas químicas ocultas de Iraq que nunca aparecieron.
En cambio, en otros momentos contribuyeron a revelar al mundo los crimines del imperialismo yanqui, como la matanza de Son My.
Recientemente se cumplió medio siglo del magnicidio de J. F. Kennedy, sin que todavía se aclare la verdad. Entre el centenar de personas que murieron de forma sospechosas, por estar vinculadas de alguna manera al hecho, se encuentran varios periodistas, como la presentadora de tv Dorothy Kilgallen. Ella iba a publicar un libro revelador sobre el magnicidio, pero murió "suicidada". La muerte es el destino para los que en solitario intentan cambiar el estado de cosas del sistema, por eso, ha pesar de todo lo critico del periodismo norteamericano, nada cambia de modo radical en ese país.
Para el periodismo cubano, el gran desafío está en cumplir cabalmente la función ideal y ética para la que se creo esta labor y a la vez defender, proteger y servir a los intereses del pueblo y la nación.
Creo que cubadebate es una buena página para crear discusiones y generar buenas y malas opiniones. Pienso que debería incluir la opción de ME GUSTA (como tiene Facebook) bajo cada comentario, a manera de apoyo a muy buenas opiniones que se dan aquí, de modo que se gratifica al redactor y se tiene constancia de los comentarios más interesantes o polémicos.
Muy buen artículo, interesante debate periodístico…me voy a favor de Glenn en esta querella; espero que los periodistas cubanos lo hayan leído...
Entiendo que la postura de Bill busca una "objetividad" falsa que se basa mirar los hechos desde una zona "neutral", mostrar las diferentes visiones que tienen las partes sobre ese hecho y no tomar posición.
Glenn por el otro lado dice que es mentira e imposible ser neutrales por lo que, en parte, renuncia a la posible objetividad periodística y plantea que toda posición tomada es subjetiva... Pone de ejemplo como la prensa norteamericana (que según Bill es bastante "objetiva" y "libre") siempre se pone en favor de la política imperialista de su país(visión subjetiva)
Creo que los dos están equivocados, falta una tercera postura en este debate.
Primero, discrepo con la visión de Glenn de que no puede haber objetividad en el periodismo. Los hechos concretos bien contados son objetivos. Ser objetivos no significa intentar ser neutrales sino contar las cosas como realmente son y suceden. Es decir, se puede ser objetivo y tomar posición. No son contrarios necesariamente.
En segundo lugar, la prensa, el periodismo en general, no está para criticar y ser transgresor siempre, como leí que opinaron muchos. Yo diría que principalmente está para educar y comunicar verdades relevantes para los pueblos. Un periodismo que no responda a los intereses del pueblo, que quiera ser "neutral", termina seguramente siendo reaccionario. Hay que tener cuidado con eso...
Está bien que el periodismo sea transgresor y crítico contra el gobierno norteamericano que es un gobierno imperialista y antipopular, pero pensar que un buen periodista debería hacer lo mismo contra el gobierno cubano o contra otros gobiernos populares, entonces estamos cayendo en un grave malentendido sobre los deberes del periodista.
Los errores del gobierno cubano en todo caso, los tiene que solucionar el pueblo a través de sus mecanismos institucionales o a través de la militancia activa y disciplinada en el partido.
Cuando el periodismo intenta ser juez o gobernante el resultado no es bueno, sino vean lo que sucede en Ecuador, Venezuela o Argentina en donde la prensa privada (el 90% de la prensa que existe en esos países) y sus "periodistas" empleados comenzaron una guerra contra sus respectivos gobiernos, que son gobiernos populares.
En definitiva, creo en la objetividad del periodismo y creo que esa objetividad está del lado de los pueblos. Como decía Lenin "la verdad es siempre revolucionaria".
En Cuba se practica periodismo serio (aunque no quisiera generalizar) mientras que en EEUU los mal llamados "periodistas" no son mas que empleados de las corporaciones económicas que gobiernan el país, es decir, son mercenarios. Recuerden que la amplia mayoría de los "periodistas" en EEUU son empleados de empresas privadas, no son empleados del gobierno, y su defensa de la política imperialista norteamericana se debe a que esas mismas empresas son las que ponen a dedo a los gobernantes.
Interesante el debate ambos geniales...sin demeritar, uno defiende una linea de trabajo y otro otra, creo que ambas formas de hacer periodismo son ciertas no todo en el mundo periodistico es politica, o competencia empresarial, un periodista debe ser honesto.
Y segun la linea que trabaje: creo que siguiendo la linea de bill hay momentos donde un reportaje debe ser sin aristas(recordar que una interpretacion personal en la noticia puede cambiar la motivacion sobre la misma) y otros segun glen donde hay que estar parcializado "tortura es tortura, apliquela quien la aplique".
Y aun cuando uno intenta restarle al tema y el otro se opone creo que la prensa siempre responde a intereses de la clase politica, y no solo en cuba la prensa sale al final ante un escandalo, que se filtre, lo mas tragico es que aun cuando saben el tema se lo callan ..ya ven...
Y sobre cuba...Cuba dice....cuantos programas lleva.....la pregunta
sirvio de algo algunos de los temas tratados?
Ah si, ahora decimos los problemas.....y?
Acuse de recibo denuncia hechos....y?
En cuestion en ciego de avila habla con administrativos...y?
he leido mi comentario y me doy cuenta que el y? que esperamos los cubanos de los periodistas es el seguimiento a la informacion , hacia arriba, al que debe resolver el problema y no lo hizo.
De acuerdo con todo lo expresado por los foristas, pero en el periodismo no se puede ser juez y parte. No puedes "orientar" hacer trabajos investigativos cuando eres uno de los objetivos.
Nuestros periodistas no tendrian que ir tan lejos solo les basta con ir a José Martí porque cuando leía los pronunciamientos de Greenwald pensaba o es que este hombre es un lector acucioso de las obras de nuestro apostol que es algo para llenar de orgullo a cualquier cubano o lo que engrandece aún más el pensamiento: Es que sus postulados sobre la función del periodista son tan universales que quien con honestidad asuma el compromiso de decir la verdad si medias tintas y ademas expoer ante el excrutinio público sin miedos ni falacia sus posociones póliticas termina por coincidir con el ideario del Apostol.
Sin embargo vale el debate y entre la hipocrecia de Keller me quedo 100% con la subjetividad de Greenwald. Las palmas para el forista Jorge por su artículo; totalmente de acuerdo con el, sumo a las felicitaciones al periodista José Alejandro Rodríguez mi felicitación al comentarista Jesús Suares Valmaña por su valentia y honestidad en el ejercicio de sus funciones. Es cierto que estamos viciados de secretismo como tambien es cierto el llamado de nuestro General Presidente y del Primer Vicepresidente, pero hasta ahora muy poco ha cambiado en el quehacer noticioso del país.Deque se trata entoces de censura o autocensura? si es lo primero la censura es a escala de los medios y sus directivos y el funcioariado o de los jefes de los Directivos de los medios, porque la más alta dirección de la Revolución está haciendo un llamado a la prensa a tener mayor presencia,protagonismo y dejar a un lado el secretismo en aras de ser participes más activos de los cambios que estan dirigidos a asegurar la continuidad de la obra revolucionaria, sin embargo aun no ocurre en nuestros medios la sacudida que el pueblo necsita y quiere, la crítica profunda y constructiva, los responsables sin importar su nivel dando respuestas, la busqueda exahustiva de la verdad donde quiera que esta esté el seguimiento a la información hasta las últimas consecuencias. Si es autocensura comviene entoces desde ya irse despojando de los miedos y correr los riesgos de ser verdaderamente honestos y sostener las opiniones aun a reserva de incomodar a alguién. Ahí nos queda como caso de estudio el famoso reportaje de los taxis en Holguín: el periodista entendió que con ello sus trabajo estaba completo y que no era necesario profundisar más? o Alguien le indicó al periodista explorar otras actividades mas "OBJETIVAS" del qurhacer noticioso y dejar los taxis tranquilos?
Saquemos nuestras propias conclusiones.
Gracias a Cubadebate, para estudiantes de Periodismo el texto es una especie de clase, o al menos incentivo para debates, que no serán Cuba, pero sobre eso hablaremos una vez más: el periodismo aquí. Quizá hasta redactemos un texto que se pierda en blogs humildes.
Como evaluar tal polémica, la considero muy audaz, pero para los Cubano que conocemos cuanta manipulación se ha tenido históricamente con relación a nuestro sistema político social, que hoy tenemos 5 hermanos presos injustamente en los propios Estados Unidos. y el silencio le impide el regreso inmediato a casa , sabemos también cuanto hace esa maquinaria mediática por adoctrinar tras la mercancía y el consumo . Llevar a la sociedad humana a americanizarnos tras los colores de sus diarios y defendiendo la idea de la globalización tras un imperios. Aplaudimos con agrado que intelectuales de la prensa se rivalicen el destino de la información en busca la verdad,la honestidad y la franquezas en sus análisis.
Excelente debate, y muy buenas las opiniones de los foristas
Es muy cierto que la prensa responde siempre a intereses bien definidos, de uno u otro lado, pero en los paises "normales" existen lineas editoriales que responden a diferentes intereses y comparando unas opiniones con otra usted puede sacar sus propias conclusiones. Aqui hay un periodista muy bueno que en programas cientificos, culturales etc, termina siempre diciendo "estudie, investigue saque usted sus propais conclusiones", pero cuando trata temas politicos, economicos etc, nunca insita a buscar variantes para sacar nosotros nuestras propias conclusiones o sea todo no los dan digerido, no hay forma de buscar otros puntos de vista
La prensa podria ser en nuestro pais una fabulosa contrapartida contra lo mal hecho, sis cortapizas, sin censuras, el secretismo es un escudo de acero para cubrir lo mal hecho por algunos que hacen mas daño que un portaviones nuclear, no podemos seguir justificando la mordaza que nuestra prensa lleva por pudor a poner el dedo en la llaga, en sacar a la luz publica nuestras deficiencias y nuestros trapos sucios que al final siempre terminan saliendo por algun lugar sea la famosa radio bemba interna o por las agencias de prensa extranjeras, periodismo revolucionario tiene que reevolucionar.
Las ideas iniciales siempre son nobles, pero los encargados de llevarlas a cabo no siempre se ajustan enteramente a ellas. Ni el que se supone imparcial y objetivo puede llegar a serlo nunca, ni el activista esta desprovisto del riesgo de sacrificar su objetividad por defender su postura. Es un arma de doble filo en cualquier caso, ninguno es la panacea.
A nuestros periodistas se les enseña todos los principios por los cuales se rige esta profesion; lo otro es como aplicarlos en la vida real, por lo que observo son muchas las trabas y secretismos, que estan por barrer.
Ohhhh... de lo mejor que he leído en CubaDebate en los años que llevo visitando el sitio.
Yo creo que tiene que existir periodismo de los 2 tipos. El imparcial que solo muestra evidencias y argumentos para que uno como lector saque sus propias conclusiones y el periodismo de opinión que siempre es necesario, pero lo ideal en el periodismo de opinion es que de un mismo tema leer 2 o más opiniones de posiciones diferentes(como es el caso de este debate).
En teoría de manera general me voy con el pensamiento de Bill con lo de ser imparcial pero en la vida práctica pasa que muchas veces que ese periodismo en realidad se vuelve "imparcial" y por eso es que Glenn le dice que al final todos tenemos una opinión y además en muchos casos (agrego yo) se responde a intereses, especificamente el ejemplo más bochornoso fue la propaganda a favor de la guerra de Irak, donde se dijeron mentiras, se elaboraron pruebas, escondieron cosas y la prensa "imparcial" de EE.UU fue la voz que propago todo eso y manipulo el estado de opinion de los norteamericanos.
Por otro lado si como periodista eres parcial como defiende Glenn al dar la noticia es mucho más probable que caigas en la escondedera de pruebas y argumentos del lado contrario como le dice Bill, y se cae en la posibilidad de no ser del todo creible por eso también que cuando una prensa imparcial es "imparcial" influye y maneja más a los usuarios que la parcial,
Esto da para debatir días enteros, me imagino que para los periodistas y comunicadores es un material de los buenos.
SAludos.
P.D: Me llamó la atención sobre lo que se dice de David Brooks periodista ampli
Este parrafo se aplica letra por letra al trabajo que ha estado desempeñando la PRENSA CUBANA durante muchos años y sirve para recordarles sus "obligaciones" y a quien se deben.
Las obligaciones incluyen, ante todo, imputar la responsabilidad al gobierno cuando viole nuestras leyes, falte a nuestros valores, o no logre estar a la altura de sus responsabilidades. Hemos consumido una gran energía periodística al poner a la luz la corrupción y opresión en otros países, pero la responsabilidad comienza en casa.
este estelar debate deberia ser tema de analisis en nuestro sistema de informacion nacional... no digo mas
No hay que realizar mas debate de Periodismo. Lo que sí hay que hacer es un buen Periodismo que conduzca al debate.
Hace falta todo el periodismo, el que toma partido y también el objetivo. Así los lectores podrán elegir el que más le guste y terminará triunfando el periodismo que más le guste al ciudadano, porque el ciudadano con su dinero terminará financiando al periodismo que le satisfaga mas.
PATRONES Y TRABAJADORES, esa es la división en el mundo (o casi en el mundo, porque en en los países socialistas esto no debe darse)
En este “debate”, dicha realidad no cambia nada: son las posiciones de dos “asalariados” del periodismo, la del señor Bill Keller (asalariado del The New York Times) y del señor Glenn Greenwald (ex asalariado del The Guardian) hoy embarcado en otro proyecto periodístico de propiedad de otro multimillonario.
Agreguemos que, tanto el The New York Times, como el The Guardian “tienen relaciones políticas con los gobiernos, por lo que temen publicar (y por ende validar) cierta clase de informaciones”.
Por eso no es casual leer en el artículo lo siguiente: “Henry Farrell, bloguero de The Washington Post, escribió más recientemente que publicaciones como The New York Times y The Guardian “tienen relaciones políticas con los gobiernos, por lo que temen publicar (y por ende validar) cierta clase de informaciones”,
Entonces es por ahí por donde encontraremos “Las diferencias” periodísticas de estos dos personajes.
¿Para qué intereses económicos y políticos escriben estos dos señores?, PARA LOS INTERESES DEL CAPITALISMO desde las posturas que representan los intereses norteamericanos e ingleses por los medios en donde laboran.
¿Qué los diferencia? LAS FORMAS, LOS MODELOS, porque la ESENCIA ES IGUAL en estos dos, esencia defensista y consolidador de su sistema económico político. Veamos:
POR UNA LADO (Bill Keller), quien confiesa trabajar en periódicos que dan mucha importancia a la cobertura progresista pero IMPARCIAL, que esperan que reporteros y redactores SE RESERVEN SUS OPINIONES a menos que se reubiquen en las páginas identificadas como la portada de opinión del medio en que labora, ¿Qué es eso de identificarse con la PORTADA DE OPINIÓN del patrón (del medio en que trabaja)?, simplemente, en este caso, si se identifica o no con la política de tal o cual régimen gubernamental y sus métodos.
POR EL OTRO LADO: (Glenn Greenwald), quien se declara UN ACTIVISTA, PARCIAL y hasta SUBJETIVO.
Señalemos, LA IMPARCIALIDAD NO EXISTE y mucho menos cuando de sistemas económicos y políticos se tratan. O estamos con el sistema o contra el sistema.
Subjetivismo igualmente no existe mas que en las mentes de aquellos que fingen tener opiniones neutrales, todos nos debemos a la objetividad de la vida y nada más. Las opiniones y puntos de vista personales, son solo eso. El deseo de exponer “LOS ERRORES” o lo que se llame de algún gobierno o institución, solo es posible (como en todo) exponerlo hasta “valientemente” siempre y cuando le convenga al patrón.
¿Podía Glenn Greenwald haber hecho posible la publicación en The Guardian el artículo periodístico sobre las revelaciones de Edward Snowden acerca del inmenso aparato de vigilancia de la Agencia de Seguridad Nacional?, NO, si a su ex patrón no le hubiera convenido.
Y de esto el mismo Glenn Greenwald lo declara cuando dice:
“Por otra parte, todo periodismo es una forma de activismo. Cada elección periodística necesariamente comprende suposiciones altamente subjetivas — de tipo cultural, político o nacionalista — y sirve a los intereses de una facción o de otra”.
No olvidemos, finalmente, que el periodismo, como muchas otras actividades SON UN NEGOCIO, y como tal se debe entender y tratarse en ese mundo del capital. Un negocio en donde esos “valientes periodistas” no se juegan nada, mientras que un Bradley Manning está cumpliendo 35 años de condena en prisión por las revelaciones en WikiLeaks, y un Edward Snowden se enfrenta a una vida en el exilio, ¡vaya periodismo de investigación de estos personajes!
Yo quiero que tu me digas que periodista no tiene que responder a intereses más grandes que él, es decir al que le paga, unicamente los blogueros y usuarios de redes sociales.
Los periodistas cubanos tambien son asalariados y si no responden a los intereses de nuestro gobierno.... es por gusto mi hermano.
Lo de que el periodismo es un negocio no tiene nada que ver con lo que estos salvajes estan debatiendo, porque de hecho muchas noticias que las que Bill y el New York Times no publican por interes del gobierno norteamericano, sin embargo hubieran sido un boom en su momento desde el punto de vista economico al periodico.
Por favor CubaDebate si quieren generar debate de verdad publiquen mi comentario y no censuren más....
SAludos.
Pienso que el asunto fundamental no está en un método u otro de hacer periodismo, considero que tanto uno como el otro puede ser efectivo, es más, en realidad deben estar presentes los dos. La esencia de la discusión de estos dos destacados periodistas está en si hay "libertad" de aplicar el método dado, y ahí es donde creo que Greenwald le lleva un buen trecho a Keller.
Por eso es que la mayoría de las opiniones apoyan a Greenwald, somos los cubanos amantes de la libertad, de ahí que infiero, sobre las opiniones dadas sobre nuestro periodismo, que por eso debemos continuar nuestra lucha por una sociedad mejor, en la que el periodismo tiene que jugar otro papel al que ha jugado hasta el momento.
Muchas gracias.
Pienso que el asunto fundamental en este debate no está si un método de hacer periodismo es superior al otro, considero que ambos son válidos e incluso deben coexistir; para mí la esencia del análisis es si existe "libertad" para aplicar uno u otro y es en este aspecto que Greenwald le lleva un buen trecho a Keller.
Es por esto que considero que la mayoría de las opiniones le dan a Greenwal su apoyo; somos los cubanos amantes de la libertad, es una herencia hermosa de nuestros manbises y es la base de algunas opiniones negativas sobre el periodismo que se realiza en nuestro país. Nos queda aún camino por andar, pero estoy convencido que vamos por el camino correcto, aunque me gustaría que fuera más deprisa.
Muchas gracias.
Creo que el sentido de ser del periodismo debe ser responder a los intereses del pueblo, ya que tanto el sistema social como político deben responder a los intereses del pueblo, no al contrario...
Los invito a todos a leerse el código de ética de los periodistas, está online en el dominio .cu y saquen sus propias conclusiones. En lo personal cuando lo leí me asombró ver como no se cumple a la hora de la verdad. todo lo que se le está pidiendo aquí a los periodistas aparece reflejado en su código de ética y asombra no ver ningú comentario de un periodista en este debate, aun cuando tienen muchas facilidades para el acceso a internet.
Me encantaría ver el comentario de un periodista diciendo: "están equivocados, tenemos libertad plena para hacer nuestro trabajo" o "es cierto, tenemos aun problemas que los estamos resolviendo, gracias por el apoyo".
Felicito a Jorge por su excelente comentario, tan viciados estamos de secretismo que ni me parece vea en mi vida un periodismo cubano hecho como debe ser.Es cierto que hay excepciones como José Alejandro pero un gran grupo, grande, grande, de periodistas escriben y no dan deseos de leer nada de ellos, a no ser los que se dedican a críticos de cine porque ahí si se puede ser bien crítico y no le pisan el callo a nadie. Además yo soy cinéfila y cuando quiero leer de deportes busco a Michel Contreras, que es bueno en lo que hace y muy valiente en escribir la verdad y dar sus opiniones, por eso me gusta leerlo.
En nuestro país es muy fácil irse por el camino trillado y no buscarse problemas,son tan grandes los problemas que muchos (la mayoría) prefieren no tocarlos.Pero al menos he aprendido leyendo este debate entre dos mentes brillantes y leyendo todos los comentarios.
Gracias a Cubadebate por asomarnos a este asunto.
Deberían seguir opinando más personas bien informadas sobre esto a ver si avanzamos un poquito. Si se leen estos comentarios y les llega algo de lo que nuestro pueblo necesita ,del periodismo que necesitamos. No entendo al que dice por ahí que a los gobiernos populares no se les debe criticar, eso es como si tuvieran una patente de corso para hacer lo que quisieran y que se ocultaran los errores,por gente así estamos como estamos.
Hay que ver a Correa por ejemplo, cómo se defiende y aniquila con su brillante inteligencia a mediocres periodistas que intentan sacarlo de paso.Admiro eso en un gobernante.
Gracias a Cubadebate de nuevo y a los que nos enseñan con sus buenos comentarios.
Avanzamos, algo es algo.
¡Touche! Ciertos motivos. Manten este nivel es un blog sincero. Tengo que leer màs blogs como este.
Saludos
Estoy entusiasmado de encontrar blogs donde leer informacion tan necesaria como esta. Gracias por facilitar este articulo.
Saludos
La verdad es que ese tipo de periodismo que practica Glenn Greenwald, debería ser la característica del periodismo revolucionario; cualquiera que sea la revolución, si se precia de avanzar hacia una sociedad más justa y representativa de los intereses de las masas, tiene que tener en la prensa a su cuarto poder.