El Che y su madre: La piedra

Che junto a sus padres
Este es un impactante relato testimonial escrito por el Che en el Congo. Ocupa en su versión original, de la que fue tomado, diez caras de su libreta de apuntes, y está escrito allí directamente, con pocas correcciones en sus páginas.
El tema del relato —el anuncio de la posible muerte de Celia, su madre— ubica su escritura en algún momento posterior al 22 de mayo de 1965. Osmany Cienfuegos llevó al Che ese día "la noticia más triste de la guerra: en conversación telefónica desde Buenos Aires informaban que mi madre estaba muy enferma, con un tono que hacía presumir que ese era simplemente un anuncio preparatorio. (...) Tuve que pasar un mes en esa triste incertidumbre, esperando resultados de algo que adivinaba pero con la esperanza de que hubiera un error en la noticia, hasta que llegó la confirmación del deceso de mi madre".
En medio de "esa triste incertidumbre" Che construye este relato de fuerte tono introspectivo, en el que conviven las reflexiones filosóficas, la ironía, el dolor y la ternura. Es probablemente el relato más crudo, intenso y conmovedor que haya escrito.
LA PIEDRA
Me lo dijo como se deben decir estas cosas a un hombre fuerte, a un responsable, y lo agradecí. No me mintió preocupación o dolor y traté de no mostrar ni lo uno ni lo otro. ¡Fue tan simple!
Además había que esperar la confirmación para estar oficialmente triste. Me pregunté si se podía llorar un poquito. No, no debía ser, porque el jefe es impersonal; no es que se le niegue el derecho a sentir, simplemente, no debe mostrar que siente lo de él; lo de sus soldados, tal vez.
—Fue un amigo de la familia, le telefonearon avisándole que estaba muy grave, pero yo salí ese día.
—Grave, ¿de muerte?
—Sí.
—No dejes de avisarme cualquier cosa.
En cuanto lo sepa, pero no hay esperanzas. Creo.
Ya se había ido el mensajero de la muerte y no tenía confirmación. Esperar era todo lo que cabía. Con la noticia oficial decidiría si tenía derecho o no a mostrar mi tristeza. Me inclinaba a creer que no.
El sol mañanero golpeaba fuerte después de la lluvia. No había nada extraño en ello; todos los días llovía y después salía el sol y apretaba y expulsaba la humedad. Por la tarde, el arroyo sería otra vez cristalino, aunque ese día no había caído mucha agua en las montañas; estaba casi normal.
—Decían que el 20 de mayo dejaba de llover y hasta octubre no caía una gota de agua.
—Decían... pero dicen tantas cosas que no son ciertas.
—¿La naturaleza se guiará por el calendario? No me importaba si la naturaleza se guiaba o no por el calendario. En general, podía decir que no me importaba nada de nada, ni esa inactividad forzada, ni esta guerra idiota, sin objetivos. Bueno, sin objetivo no; solo que estaba tan vago, tan diluido, que parecía inalcanzable, como un infierno surrealista donde el eterno castigo fuera el tedio. Y, además, me importaba. Claro que me importaba.
Hay que encontrar la manera de romper esto, pensé. Y era fácil pensarlo; uno podía hacer mil planes, a cual más tentador, luego seleccionar los mejores, fundir dos o tres en uno, simplificarlo, verterlo al papel y entregarlo. Allí acababa todo y había que empezar de nuevo. Una burocracia más inteligente que lo normal; en vez de archivar, lo desaparecían. Mis hombres decían que se lo fumaban, todo pedazo de papel puede fumarse, si hay algo dentro. Era una ventaja, lo que no me gustara podía cambiarlo en el próximo plan. Nadie lo notaría. Parecía que eso seguiría hasta el infinito.
Tenía deseos de fumar y saqué la pipa. Estaba, como siempre, en mi bolsillo. Yo no perdía mis pipas, como los soldados. Es que era muy importante para mí tenerla. En los caminos del humo se puede remontar cualquier distancia, diría que se pueden creer los propios planes y soñar con la victoria sin que parezca un sueño; solo una realidad vaporosa por la distancia y las brumas que hay siempre en los caminos del humo. Muy buena compañera es la pipa; ¿cómo perder una cosa tan necesaria? Qué brutos.
No eran tan brutos; tenían actividad y cansancio de actividad. No hace falta pensar entonces y ¿para qué sirve una pipa sin pensar? Pero se puede soñar. Sí, se puede soñar, pero la pipa es importante cuando se sueña a lo lejos; hacia un futuro cuyo único camino es el humo o un pasado tan lejano que hay necesidad de usar el mismo sendero. Pero los anhelos cercanos se sienten con otra parte del cuerpo, tienen pies vigorosos y vista joven; no necesitan el auxilio del humo. Ellos la perdían porque no les era imprescindible, no se pierden las cosas imprescindibles.
¿Tendría algo más de ese tipo? El pañuelo de gasa. Eso era distinto; me lo dio ella por si me herían en un brazo, sería un cabestrillo amoroso. La dificultad estaba en usarlo si me partían el carapacho. En realidad había una solución fácil, que me lo pusiera en la cabeza para aguantarme la quijada y me iría con él a la tumba. Leal hasta en la muerte. Si quedaba tendido en un monte o me recogían los otros no habría pañuelito de gasa; me descompondría entre las hierbas o me exhibirían y tal vez saldría en el Life con una mirada agónica y desesperada fija en el instante del supremo miedo. Porque se tiene miedo, a qué negarlo.
Por el humo, anduve mis viejos caminos y llegué a los rincones íntimos de mis miedos, siempre ligados a la muerte como esa nada turbadora e inexplicable, por más que nosotros, marxistas-leninistas explicamos muy bien la muerte como la nada. Y, ¿qué es esa nada? Nada. Explicación más sencilla y convincente imposible. La nada es nada; cierra tu cerebro, ponle un manto negro, si quieres, con un cielo de estrellas distante, y esa es la nada-nada; equivalente: infinito.
Uno sobrevive en la especie, en la historia, que es una forma mistificada de vida en la especie; en esos actos, en aquellos recuerdos. ¿Nunca has sentido un escalofrío en el espinazo leyendo las cargas al machete de Maceo?: eso es la vida después de la nada. Los hijos; también. No quisiera sobrevivirme en mis hijos: ni me conocen; soy un cuerpo extraño que perturba a veces su tranquilidad, que se interpone entre ellos y la madre.

Me imaginé a mi hijo grande y ella canosa, diciéndole, en tono de reproche: tu padre no hubiera hecho tal cosa, o tal otra. Sentí dentro de mí, hijo de mi padre yo, una rebeldía tremenda. Yo hijo no sabría si era verdad o no que yo padre no hubiera hecho tal o cual cosa mala, pero me sentiría vejado, traicionado por ese recuerdo de yo padre que me refregaran a cada instante por la cara. Mi hijo debía ser un hombre; nada más, mejor o peor, pero un hombre. Le agradecía a mi padre su cariño dulce y volandero sin ejemplos. ¿Y mi madre? La pobre vieja. Oficialmente no tenía derecho todavía, debía esperar la confirmación.
Así andaba, por mis rutas del humo cuando me interrumpió, gozoso de ser útil, un soldado.
—¿No se le perdió nada?
—Nada— dije, asociándola a la otra de mi ensueño.
—Piense bien.
Palpé mis bolsillos; todo en orden.
—Nada.
—¿Y esta piedrecita? Yo se la vi en el llavero.
—Ah, carajo.
Entonces me golpeó el reproche con fuerza salvaje. No se pierde nada necesario, vitalmente necesario. Y, ¿se vive si no se es necesario? Vegetativamente sí, un ser moral no, creo que no, al menos.
Hasta sentí el chapuzón en el recuerdo y me vi palpando los bolsillos con rigurosa meticulosidad, mientras el arroyo, pardo de tierra montañera, me ocultaba su secreto. La pipa, primero la pipa; allí estaba. Los papeles o el pañuelo hubieran flotado. El vaporizador, presente; las plumas aquí; las libretas en su forro de nylon, sí; la fosforera, presente también, todo en orden. Se disolvió el chapuzón.
Solo dos recuerdos pequeños llevé a la lucha; el pañuelo de gasa, de mi mujer y el llavero con la piedra, de mi madre, muy barato este, ordinario; la piedra se despegó y la guardé en el bolsillo.
¿Era clemente o vengativo, o solo impersonal como un jefe, el arroyo? ¿No se llora porque no se debe o porque no se puede? ¿No hay derecho a olvidar, aún en la guerra? ¿Es necesario disfrazar de macho al hielo?
Qué se yo. De veras, no sé. Solo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga: "mi viejo", con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerda, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz, porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos se estremecen y palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo; uno lo sabe cuando escucha ese "mi viejo"...
—¿Está fuerte? A mí también me hace efecto; ayer casi me caigo cuando me iba a levantar. Es que no lo dejan secar bien parece.
—Es una mierda, estoy esperando el pedido a ver si traen picadura como la gente. Uno tiene derecho a fumarse aunque sea una pipa, tranquilo y sabroso ¿no?...
(Tomado de La Fogata)

Muy lindo y conmovedor, como todo lo del che. Gracias por existir
Excelente relato!!! Qué dimensión humana!!!Cada día que pasa, su figura se hace más grande!!!
Por favor, pongan "Compartir", para difundirlo. Gracias
Comparto el mismo sentimiento del cometario de Enrique,, como argentina ,, me dio mucha verguenza,, no saber como se debria sobre su vida,, su lucha,, por supuesto despues del primer viaje a Cuba,, me puse las pilas y lei sobre el Che,,hoy tengo una mirada humana,, grande de el,, y ver como lo quieren ,, los cubanos,, me da una alegría infinita,, ojala algun dia los argentinos,, pudieran hacer lo mismo
No alcanzan las palabras para agradecer tan emotivo relato, el cual es una muestra más de valores encarnados por El Che. Su vida no ha sido en vano, los comentarios expresados así lo demuestran. Gracias nuevamente.
PD:me interesa saber como proceder para recibir este artículo a mi correo electrónico.
que relato tan conmovedor, todo muy cierto madre es algo que no puede faltar, es como dice el che su pipa y su llavero, aunque estes en la guerra aunque estes lejos esos recuerdos perduran como perdura su pensamiento y su vigencia, muchas gracias che por dejarnos tus ideales y tu gran corazón.
Excelente relato sin duda. Nos muestra como pensaba el ser humano que llevaba dentro, como sentía y como sufría. Fue muy bueno que se le ocurriera escribir lo que sentía en ese momento para poder ahora aquilatar el tamaño de su corazón y la inmenza ternura que albergaba. me llama la atención pues no lo habia leido nunca en ninguna parte como en este relato se puede percibir como él entendia la inmensa responsabilidad y el peso de su ejemplo para sus hijos y a su manera los libera al pedirles que sean solo hombres y nada más, para que no sintieran la obligación de pasarse la vida compitiendo con su ejemplo y se llama a si mismo como alguien extraño que de ves en cuando perturba la tranquilidad de sus hijos y se interpone entre ellos y su madre. quizas a su manera justificandose por no poder dedicarles todo el tiempo que quisiera. por esta nueva experiencia muchas gracias quien la pensó y a Cubadebate.
Hasta siempre Comandante!
Mis respetos y admiración al Che, el M 26-7 y toda la revoluciòn Cubana.
Han sido un ejemplo...
Dónde estàs Che!?
vuelve a ilumniarnos!
Te extrañamos...
Desde Chile,
Diego
y como era de esparar, una vez más, me sorprendió el Che
lindo relato, me encanto, en verdad desde pequeña siempre admire y quise al Che, en la sala de mi casa, en la ciudad de Santa Clara, donde vivia yo, habia un retrato de el, vivia enamorada de esa foto. Ahora colecciono todas las fotos que aparecen en estas paginas. Me encanta conocer y leer todo lo relacionado con el Che. Para mi siempre esta vivo. Alli esta la Plaza de la Revolucion de Ernesto Che Guevara de la Cerna. Preciosa plaza, y el Monumento al Tren Blindado, donde deposite en este ultimo lugar, mi primer ramo de flores cuando me casé en el año 1979.
El CHE para mi era invensible y lo fue siempre y lo será, nadie podra sustituirlo. Sus ideas, sus convicciones. Gracias Che, por tu ejemplo.
Gracias a sus hijos que hoy nos brindan todo lo relacionado con el al igual que nuestra Revolucion.
y como decia segun recuerdo sino me equivoco una poesia o cancion infantil de aquellos años de mi vida pioneril, CHE COMANDANTE, AMIGO.
Siempre te recordaremos. Tu ejemplo está vivo.
16 de junio, La Habana, Cuba
HOMBRE CON MAYUSCULAS.
NO HAY DEMASIADO QUE AGREGAR. HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, COMANDANTE CHE GUEVARA-!!!!!
Gracias comandante por haber existido, tenemos tanto que aprender, que te estudiaremos por el camino largo que no lleva a la revolución socialista. Hasta la Victoria Siempre. Patria o Muerte Venceremos.
El Che, un ser magnifico, que mas se puede decir. HASTA SUEMPRE, COMANDANTE!!!!
Interesantes sus palabras escritas con cierta carga simbólica, con la frescura de su sensibilidad proporcionando un mensaje apasionante a quien le dio la vida y admiraba su madre. Saludos desde Sinaloa México.
Ñooooo, que detalle de persona, que ejemplo, no en vano el Gigante dijo que si algún día quisieramos que nuestros hijos se parecieran a alguien, que fuese a él. Hasta la victoria siempre
Excelente y humano artículo, nos llega al corazón.