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ARAFAT: LA PALABRA LIBERTAD TENDRÁ SU NOMBRE

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En emotiva velada, el pueblo cubano rindió tributo, ante el monumento a José Martí, al entrañable amigo Yasser Arafat, con la presencia de numerosos dirigentes del Partido y el Estado y representantes de organizaciones sociales, encabezados por el Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros Raúl Castro Ruz.

En la velada, el Embajador Palestino en La Habana, Imad Jada'a, pronunció sentidas palabras que Cubadebate pone a disposición de sus lectores.

 

Estimados amigos,

 

En mis primeras palabras debo decir - porque me nace del fondo del corazón -, que los cubanos sienten la ausencia de Arafat como la de un hermano entrañable, como la de un compañero de trinchera que ha caído en la avanzada hacia un mundo mejor.

 

Apenas amaneció y de manera ininterrumpida los palestinos que residimos en Cuba hemos sentido el calor, el sentimiento y la tristeza de todo el pueblo. Mi agradecimiento a los colegas diplomáticos y amigos extranjeros que tuvieron la nobleza de expresar su pésame.

 

Debo decir que jamás cruzó por mi mente que tendría que pronunciar unas palabras tan amargas. De Arafat no podremos nunca hablar en pasado; él no solo es presente sino que tiene asegurado el futuro junto a su pueblo.

 

Hoy, cuando la certeza de su partida nos golpea a todos, nos vienen a la cabeza momentos inolvidables, que habrán de acompañarnos mientras vivamos y que tenemos el deber de transmitir a las nuevas generaciones que no podrán conocer directamente la altura moral, el talento, las dotes de dirigente, la dignidad, el coraje y la bravura que caracterizaron a mi comandante Yasser Arafat.

 

El enemigo no puede cantar victoria porque dejara de respirar el padre de los palestinos. Su corazón seguirá latiendo en todos los luchadores por la independencia y la soberanía de nuestra amada tierra. La causa por la que vivió vivirá y la causa por la que murió, vivirá eternamente.

 

Desde hace más de tres años la situación personal de Arafat - y la de nuestra patria -, se volvió más y más difícil. Un cerco de muerte se tejió a su alrededor en el vano intento de doblegarlo. Cuando el enemigo pensaba que lo debilitaba con sus brutales acciones, él se hacía más fuerte.

 

El camino de estos últimos años comenzó en el 2000, cuando el entonces presidente Bill Clinton lo invitara a su finca de Camp David. Pretendían los yanquis y los sionistas doblegar a Arafat, haciéndole firmar un plan de paz miserable, que solo beneficiaba los intereses de los ocupantes. Con toda serenidad Arafat lo rechazó con energía y fracasó el intento de humillar al pueblo palestino.

 

El enemigo supo ese día que no era posible negociar sobre la base del atropello y la imposición, y decidieron aniquilar al líder que no pudieron doblegar.

 

Un año después el sionismo fascista destruyó los helicópteros que usaba nuestro Presidente para moverse de un sitio a otro y quedó encerrado en su cuartel general. En el 2002 fue declarado como enemigo de Israel. Los ocupantes ilegales de la tierra palestina amenazaban con expulsar de su sagrado suelo al legítimo presidente del Estado Palestino.

 

No se dejó amedrentar. Ante la soberbia sionista, sustentada por Estados Unidos, Arafat contestó como un puño cerrado: "Me quieren muerto o expulsado. Yo contesto: mártir, mártir, mártir.

 

Y mártir ha sido. Muerto en condiciones aún no aclaradas, es hoy no solo un héroe, sino también un mártir de la causa de la libertad.

 

Recuerdo que hace muy pocas semanas estuve con él, luego de muchos años en que por razones de trabajo no pudimos conversar largamente.

 

Tenía sobre su mesa de trabajo un mapa de Cuba y seguía la trayectoria del ciclón Iván que se desplazaba paralelo a todo el sur del archipiélago cubano.

Entre tantos documentos importantes, aquel pequeño mapa se me antojaba como un símbolo de su preocupación por sus amigos, de su constante inquietud por lo que pudiera suceder en la hermana isla del caribe, asediada como Palestina, bloqueada como Palestina.

 

Pocos días después lo visité para despedirme. No podía siquiera imaginar que éste sería nuestro último encuentro. Con palabras tiernas me deseó un feliz regreso, me alcanzó un pequeño dulce con el comentario de que debía endulzarme el largo viaje, y extendió sus dos manos hacia mí. Me estrechó con fuerza y pronunció las últimas palabras que le oí decir:

 

-         Dile a Fidel que recé mucho para que Iván no los tocara.

 

No olvidaré el brillo de sus ojos al pensar en su amigo Fidel. Ayer, leía el mensaje de duelo de Fidel y sus recuerdos de las muchas ocasiones que compartieron juntos. Cinco veces visitó Cuba entre 1974 y el 2000, pero son incontables los abrazos y las largas conversaciones que sostuvieran en Cumbres de no Alineados, en Naciones Unidas y en muchos otros escenarios a donde los condujeron las luchas políticas. Ambos se profesaban admiración,  cariño y amistad inquebrantable y eterna.

 

Cuando se escriba la historia de los luchadores por la libertad, de los combatientes contra el fascismo, el imperialismo, y el terrorismo, ahí estará en letras indelebles el nombre de Yasser Arafat.

 

Hoy solo arriamos la bandera en señal de duelo como un símbolo, porque en verdad, las banderas de combate revolucionaria suben a lo más alto del asta, para flamear como un grito de victoria.

 

Arafat sigue encabezando la lucha por la soberanía del Estado Palestino. Ni un solo hombre o mujer, ni niño ni anciano claudicará en el empeño de hacer la patria libre.

 

Hay llanto sí, en los corazones y en los ojos, pero no son lágrimas de flaqueza, sino lágrimas erguidas, lágrimas de dolor, porque ahora el llanto libra batallas, y el dolor se transforma en una nueva arma de batalla.

 

Arafat ahora es ejemplo, es símbolo, es espíritu, es energía, es camino alto, es aurora de nuevos días por venir.

 

Un escritor norteamericano, Ernest Hemingway, fraterno amigo de Cuba y de las causas justas del mundo, decía que un hombre puede ser destruido pero jamás vencido. Yasser Arafat encarnó como nadie a ese arquetipo humano. Perseguido, acosado, amenazado de muerte, traicionado, difamado, mantuvo la cabeza en alto. Toda la fuerza de un imperio y del fascismo sionista no pudieron vencerlo. Ahora tampoco podrán vencer su espectro victorioso. Aún muerto es un vencedor.

 

Arafat es libre de sus carceleros. Ya no podrán retenerlo en la Muqataa, ahora pertenece al porvenir y el porvenir de Palestino no tiene rejas ni cárceles. Ahora anda a paso ligero  con los otros mártires, con los luchadores que cayeron antes o los que caerán después; anda por las calles de Jerusalén, de Gaza, de Haifa, de Nazaret, tras los pasos de Jesucristo y de Mahoma; ahora es uno más en el pueblo, porque ahora es pueblo, todo niño, todo hombre, todo anciano es él; todo palestino y palestina es él.

 

Ahora la palabra libertad tendrá su nombre; y la palabra sueño y esperanza; tendrá su nombre y el camino hacia el futuro andará con su cofia blanca y negra. El camino será largo y difícil y nos esperan nuevas tristezas y amarguras, pero sabemos que nos pertenece el futuro y que lo conquistaremos.

Gloria eterna a Yasser Arafat

     

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