Enamorados hoy en Atlanta
Ha transcurrido más de un año y todavía resuenan en mis oídos las palabras de Olga Salanueva, la esposa de René González, en una entrevista que se publicaría más tarde. Me contaba que alguien en la calle, sin ningún tacto, le hizo a su hija Ivette la peor pregunta que se le puede hacer a un niño: ¿a quién quieres más, a tu mami o a tu papi? Sin embargo, la niña no titubeó al responder: "A mi papá, por ahora, porque es el que está solito."
Quien escuchó este domingo el programa que conduce Arleen Rodríguez en Radio Rebelde, La hora de los Cinco, debió sentir como pocas veces esa mezcla de ternura y admiración que despiertan los familiares de nuestros compañeros presos en Estados Unidos, particularmente las familias más duramente desgarradas por la separación, como Adriana, la esposa de Gerardo, y Olguita e Ivette, a quienes las autoridades norteamericanas les han impedido visitar a sus seres queridos en la cárcel.
Ante la proximidad del 14 de febrero, fecha fijada para la vista oral, Olga se aferraba a la idea de que este no será un Día de los Enamorados amargo para su esposo preso. "Allí, está nuestra hija Irmita, uno de nuestros tesoros, el otro, Ivette, estará conmigo. Ese es mi regalo para él. Seguimos siendo una familia a pesar de los obstáculos. Como él me dijo en una carta al principio de todo, no podemos dejar que nos quiten lo más precioso que tenemos."
Podría ablandar hasta las piedras una frase así, salida del dolor y el amor más profundo, sin cursilerías, sin mediar ni un adarme de la banalidad que abunda en esta fecha. Podría, incluso, hacer mucho a la causa que el Día de los Enamorados intenta consagrar, si los Cinco y sus familias recibieran hoy en justicia lo que ellos han profesado y profesan en amor hacia los demás. Si Ivette pudiera estar al lado de su padre, si Adriana por fin abrazara a Gerardo, si nuestros queridos compañeros regresaran a casa.
Pero nos conformaríamos -"por ahora", como dice Ivette-, si ellos fueran realmente escuchados hoy en Atlanta; si la justicia norteamericana permitiera que hablaran en este día las víctimas de las bombas en hoteles y aviones, los heridos y mutilados en los ametrallamientos a las costas cubanas, los padres que perdieron a sus hijos en epidemias fabricadas en los laboratorios de la CIA ; si el tribunal lograra entender que solo la generosidad y el respeto a la vida humana explican por qué los Cinco infiltraron a terroristas diez veces más sanguinarios que los de Al Qaeda y convivieron con seres despreciables que se creen superiores, infalibles, invictos, y en consecuencia el bien ganado desprecio de la comunidad les afila los dientes.
Solo el amor explica qué hacían nuestros compañeros en Estados Unidos. Pero el amor de verdad y no el de las postales ocasionales y el ritual de mercado. Ese que siempre tiene una razón para sostenerse, como el de Olga y René. Ese que responde a la pregunta que el filósofo alemán Heidegger se hacía cuando los nazis iniciaban su Holocausto: "¿Por qué es el amor tan rico y supera todas las dimensiones de las otras posibilidades humanas, y por qué supone una carga dulce para aquellos a quienes afecta?"


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