¿Por qué Lula todavía puede ganar?

Foto: Reuters.
Hay una diferencia entre estar al frente en una elección y tenerla ganada. Lula lo sabe. Sus adversarios también. Y las encuestas confirman que la disputa sigue en pie en la recta final.
El dato más elocuente es el equilibrio en la confrontación directa con Flavio Bolsonaro. Datafolha del 2 de octubre señaló que, en una eventual segunda vuelta, Lula contaba con 48% contra 45% de Flavio.
La encuesta de Atlas/Bloomberg, divulgada días antes, arrojó prácticamente un empate: 47,6% para Lula y 47,7% para Flavio. CNT/MDA arrojó 47,6% para Lula contra 43,1% para su adversario.
Por tanto, decir que Lula no tiene posibilidades sería tan errado como afirmar que su victoria está garantizada. Lo que existe es una elección sumamente cerrada, en la cual algunos factores todavía pueden favorecer al presidente.
El primero es el tamaño de su base electoral. Lula conserva una identificación política que ningún otro candidato de izquierda ha logrado construir a escala semejante.
Posee un electorado sólido entre los más pobres, en el Nordeste, entre los trabajadores de menos ingresos y entre partes importantes del electorado católico. Datafolha muestra que la aprobación de la gestión presidencial es mayor entre los electores de bajos ingresos, los nordestinos y los católicos.
Eso significa que Lula arranca hacia la segunda vuelta con un patrimonio electoral difícilmente despreciable. Su problema no es convencer a todos los brasileños. Es preservar su base y conquistar a una parte del electorado a la que no le gusta el PT, pero puede preferirlo a su adversario.
El segundo factor es el rechazo a Flavio Bolsonaro. La elección no es un mero plebiscito sobre Lula, sino también una opción por su adversario. Y, en la segunda vuelta, el elector que no desea votar por el presidente tendrá que decidir si le transfiere su voto a Flavio.
Esa es una cuestión decisiva. El bolsonarismo sigue movilizando a un electorado fiel, pero también carga con la herencia política de Jair Bolsonaro y un fuerte rechazo fuera de su campo. Flavio puede heredar el patrimonio electoral de su padre, pero ello no excluye sus limitaciones.
Las elecciones brasileñas suelen decidirse menos por el entusiasmo de los militantes que por la capacidad de un candidato de hacerse aceptable para quien no lo considera su primera opción.
El tercer fator es la economía. Aquí radica la mayor oportunidad y el mayor peligro para Lula. El gobierno llega a la elección enfrentando críticas sobre el costo de la vida, el precio de los alimentos, los impuestos y el endeudamiento. Datafolha registró en octubre una evaluación negativa del gobierno de 41% contra una positiva de 35%.
Pero la elección no se decide por indicadores económicos, sino por la percepción que el elector tiene de su propia vida. Si en las últimas semanas prevalece la sensación de que el empleo, las entradas y el consumo han mejorado, Lula podría transformar la campaña en una comparación entre gobiernos.
Si prevalece la sensación de ahogo financiero, será el candidato de la oposición quien explotará el descontento.
El elector puede perdonar muchas cosas cunado siente que su vida ha mejorado. Y rechazar casi todo cuando siente que ha empeorado.
¿Hacia dónde migrarán los votos de las candidaturas nanicas? Lula podrá atraer votos de electores que se identifican con el centro-izquierda y con sectores democráticos de centro. Flavio, por su parte, intentará reunir todo el campo antipetista. Es por eso que Lula precisa ser más candidato presidencial que candidato del PT.
A sus 80 años, Lula ya ha disputado y ganado elecciones en condiciones adversas. Tiene una extraordinaria capacidad de comunicación popular, conoce el país y domina como pocos el lenguaje de la política. Su experiencia le permite transformar una elección aparentemente desfavorable en una disputa entre proyectos.
No obstante, su desafío consiste en no imaginar que la memoria de sus dos primeros gobiernos basta para garantizar el futuro. Una parte significativa del electorado joven no vivió aquel período como adulto.
Para ese sector, Lula es una figura histórica. Por tanto, es necesario producir una razón actual para convencer al elector a votar por él. Puede ser la estabilidad contra la aventura, la democracia contra la radicalización, la protección social contra el retroceso y, sobretodo, la comparación entre lo que el gobierno da y lo que la oposición promete.
Lula todavía puede ganar porque la elección sigue abierta. Las encuestas arrojan una confrontación en el límite del margen de error, y la segunda vuelta tiende a reorganizar el campo político. Hay electores que todavía pueden cambiar su voto.
Por tanto, la cuestión no es saber si Lula tiene posibilidades matemáticas de ganar. Las tiene. La cuestión política es si logrará transformar su electorado fiel en una mayoría nacional. Si lo logra, ganará por cuarta vez una elección presidencial.
En 2026, Lula se debate contra el desgaste del poder, la inflación percibida en la bodega y el supermercado, el rechazo al PT y el cansancio de parte del electorado.
Y escribe un nuevo capítulo de su historia, que incluye una base social aún robusta y la posibilidad de que, en el momento decisivo, la mayoría prefiera la continuidad democrática a la aventurade un nuevo ciclo bolsonarista.
Es por eso que Lula todavía puede ganar.
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Bueno....
Demasiado dinero y maniobras fraudulentas del lado bolsonarista, que, junto a la descarada interferencia de Donal Trupm y sus secuaces, se la pondrán muy difícil a Lula.
Están aplicando en Brasil la misma fórmula que en Honduras, Colombia, Bolivia y otros países que tuvieron procesos electorales recientemente.
De acuerdo plenamente con Miguel, si no logra una votación real de más del 53%, el fraude, el engaño, la mentira y las trampas estarán a la orden del día como en todas las "democracias modelos del oprobioso capitalismo
Donde están las evidencias de fraude? Cuando Lula ganó años atrás no hubo fraude pero si pierde si lo hay? El problema de ustedes es que creen que la izquierda tiene que llegar para quedarse hagan lo que hagan. No dicen por ahí que los pueblos no se equivocan?