Sobre la cancha: El problema de Brasil es solo uno

Balón de Brasil por el mundial 2026. FIFA
Han pasado 24 años del último título de la canarinha, también de la última ocasión en la cual la verdeamarela pisó una batalla por el reinado futbolero. Para una nación agarrada a las pasiones de las gambetas resulta demasiado tiempo. Y ojo, talento se ha convocado para regresar a la cima.
Quizás en 2014, Fred o Jo no desprendían el aroma de aquellos delanteros inolvidables vestidos de corto con el short azul. No obstante Neymar era la ilusión de un gigante enamorado de un nuevo heredero de Pelé. Si el silencio del Maracaná traspasó las décadas, las lágrimas del Castelao fueron un presagio.
Juan Camilo Zúñiga dejó KO al criado en la misma casa de O’Rei. Luego del pitazo para cerrar el encuentro, la caída emocional abrió las puertas de una goleada con sabor a venganza. El crack buscó la redención en 2018 y 2022, pero su magia no fue suficiente para consolidar el proyecto de Tite.
Para 2026 el proceso eliminatorio de Brasil dibujó de forma perfecta las sensaciones de las muchas veces temida montaña rusa. Con 48 selecciones el camino estaba despejado en pos de alejar los fantasmas de alguna sorpresa no deseada en las oficinas de la FIFA. Eso sí, Italia es la excepción.
La solución, replicar las experiencias de los principales clubes brasileños al apostar por entrenadores extranjeros para dominar sin piedad la Copa Libertadores. Dos nombres, una idea. Guardiola o Ancelotti como opciones categóricas en una mirada a corto y largo plazo.
Romper con las tradiciones no es cuestión de simpatía. En juego, el prestigio de la pentacampeona y el reclamo de una afición deseosa por palpar un giro notable sobre un rectángulo verde donde se encuentra parte de la esencia nacional. La elección, Carletto.
Estilos contrapuestos, pero grandeza desde la banda incuestionable. Voz respetada en la intimidad de los vestuarios y orden táctico para un equipo distante de una versión a la altura de su historia. Con el Jogo Bonito como recurso y no como estandarte, sin el brillo de las estrellas todo se nubla.
Ahora, la dimensión del olvido de Michael Olise rosa lo insólito. Es entonces el entorno ideal para un acomodado Vinicius, si de Brasil se trata. El 7 del Real Madrid no ha despertado con la camiseta amarilla y, el destino lo reclama. Marquinhos, Magalhaes, Guimaraes o Raphinha son claves, pero en Vini está la diferencia.
Se habla de un elenco falto de samba, siendo Vinicius responsable en gran medida. Con él no entra la canarinha en el trío de favoritos, pero sin él las noches de Norteamérica se pueden hacer más largas. Su valor mundial no está en duda. Claro, los veranos cada cuatro años te elevan a otros Olimpos.
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