Raúl, un hombre de la cultura y las ideas

Foto: Archivo.
El general de Ejército Raúl Castro Ruz es hoy un símbolo de dignidad de la nación cubana, construido luego de más de siete décadas de intenso batallar. Desde la época de estudiante en la carrera de Administración, de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, siguió el mismo camino transitado por su hermano Fidel, y se convirtió en un activista del movimiento estudiantil. Fue abanderado de los jóvenes que, en abril de 1952, realizaron simbólico entierro de la constitución democrática humillada por la dictadura batistiana.
Militó en la Juventud Socialista y participó en la organización y realización del Congreso Nacional Martiano en Defensa de los Derechos de los Jóvenes Cubanos y en la primera Marcha de las Antorchas, como homenaje al centenario del natalicio de Martí. Además, presidió la delegación cubana que asistió a la Conferencia Internacional sobre los Derechos de la Juventud, celebrada en Viena, Austria, y trabajó en el Comité Internacional Preparatorio del Cuarto Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Bucarest, Rumanía.
Dentro de la Colina universitaria, Raúl formó parte de un grupo importante de líderes e intelectuales que, inspirados en el legado martiano, contribuyeron a la forja de la conciencia nacional durante el siglo xx. A su regreso a Cuba y recién cumplidos los 22 años, se incorporó a la lucha política, participó en el asalto al Cuartel Moncada, el Granma y la Sierra Maestra, donde fue ascendido a Comandante y abrió el II Frente Oriental “Frank País”.
Bajo su dirección construyeron y operaron más de 400 escuelas, instalaron 20 hospitales, y efectuaron dos congresos, uno campesino y otro obrero. Prestó especial atención, con la creación del Departamento de Educación, a la instrucción de los combatientes guerrilleros y en la creación de aulas en las que por vez primera los niños de la serranía verían la luz de la enseñanza.
Tras el triunfo de la Revolución en 1959, priorizó el progreso cultural del Ejército Rebelde y ocupó importantes responsabilidades en el Partido, Estado y Gobierno. Siempre fue el segundo al mando de Fidel, a quien lo unía no solo lazos familiares sino comunión de ideas. Desde muy temprano se destacó como estadista e intelectual, representando a Cuba en disímiles foros internacionales.
A unos meses de fundada Casa de las Américas, impartió una importante conferencia el 11 de septiembre de 1959. Con voz firme y enérgica transmitió un trascendental mensaje a los pueblos latinoamericanos y caribeños, que ha sido cumplido desde entonces: “No dejaremos que la luz de la Revolución Cubana se apague para los pueblos hermanos de Nuestra América”.
Tres días después, habló en el acto de entrega del Campamento militar de Columbia al Ministerio de Educación para convertirlo en Ciudad Libertad. Cumplía así uno de los puntos del Programa del Moncada al convertir en escuelas los cuarteles, que al decir de Raúl aquel día: “Ciudad Libertad para el florecimiento de la cultura sobre la barbarie”.
Su carisma, jovialidad y conocedor de la historia patria y universal, conecta con cualquier auditorio. En el libro “Un grano de maíz”, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz lo describió magistralmente: “todo el que llega a conocerlo y a intimar con él se da cuenta de su humanismo, de su gran calidad y de sus sentimientos; se sorprenden de un Raúl que le han pintado belicoso, agresivo, duro, cuando ven los sentimientos de amistad, de cariño y afecto que es capaz de tener por la gente. Y ha sido un gran formador y un gran educador”.
De ahí, que es considerado un Maestro de varias generaciones de cubanos, a quienes ha inculcado valores con su ejemplo. Entregó la mayor parte de su vida a la preparación de la defensa del país en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), donde fue su Ministro durante casi 49 años. Simultáneamente se ocupó de la preparación cultural y patriótica de los más jóvenes. Junto a Fidel, Camilo y el Che, fundó el 10 de abril de 1959, la revista Verde Olivo, órgano oficial de las FAR y primer medio de prensa creado por la Revolución al llegar al poder.
Potenció también el conocimiento de la historia a través de la pequeña y gran pantalla, con la creación el 27 de diciembre de 1961, de la Sección fílmica del Departamento de instrucción de las FAR, que devino en Estudios de Cine de las FAR (ECIFAR) y posteriormente como los Estudios Cinematográficos y de Televisión de las FAR (ECITV-FAR). Se había convertido en una sólida institución con un noticiero cinematográfico semanal y una producción permanente de reportajes y documentales, muchos galardonados en eventos nacionales e internacionales.
El general de Ejército es un promotor del arte, la literatura y la historia en todo el país. Dentro de las FAR impulsó la creación de la Banda de Música del Estado Mayor General, el Centro de Estudios de Historia Militar, la Sala Universal, el Conjunto Artístico y los Conjuntos Artísticos Integrales de Montaña, un factor determinante en la vida espiritual y cultural de las comunidades serranas, a través de la música, danza, teatro, plástica y literatura.
Junto a su compañera de vida, la heroína Vilma Espín Guillois, sostuvo una relación muy especial con personalidades de la cultura. A los dos los unían sus profundos conocimientos de la historia universal y de Cuba, las preocupaciones por preservar la memoria histórica y el patrimonio de la nación, y el disfrute de la música, el teatro, la plástica, el ballet, el cine y la literatura. Disfrutaba escuchar la voz dulce de Vilma cuando cantaba temas tradicionales cubanos, especialmente “El Mambí”, del poeta y compositor Luis Casas Romero.
Con la impronta de Raúl y el historiador de La Habana, Eusebio Leal Spengler, nació el parque histórico Morro-Cabaña. En 1992 abrieron el Museo de Armas, el Museo de la Comandancia del Che y un museo monográfico. Se rescató también una de las más arraigadas tradiciones de La Habana: el cañonazo de las nueve. Estos espacios se han convertido en una de las principales plazas de la cultura cubana y acogen numerosas actividades, como la Feria Internacional del Libro.
Finalizando el siglo XX e inicios del XXI, durante 5 años se realizaron en los 169 municipios del país las “Tribunas Abiertas de la Revolución”. Se efectuaban masivas concentraciones populares para denunciar las agresiones imperiales contra Cuba. Se combinaban los discursos con el arte nacional y local, a través de la música popular, danza moderna, poesía coral, repentismo y artes plásticas. Allí estaba Raúl cada sábado, dialogando con sus pobladores y compartiendo con los exponentes de la cultura.
Al enfermar gravemente el Comandante en Jefe y asumir la dirección del país en 2006, el general de Ejército mantuvo el rumbo socialista de la Revolución, su estrecho vínculo con el pueblo y el activismo de Cuba en las relaciones internacionales. Su voz fue escuchada con respeto y simpatías en disímiles foros. Trabajó sin descanso en promover una cultura de paz y el respeto al derecho internacional.
En sus intervenciones reiteró a la Comunidad Internacional, e incluso hacia Estados Unidos, la necesidad de “aprender el arte de convivir, de forma civilizada, con nuestras diferencias”. Una de las veces que brilló como estadista fue cuando se desempeñó como anfitrión de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) celebrada en La Habana en 2014, y dio lectura a la histórica Proclama de América Latina como zona de paz, suscrita por los 33 países de la región.
Al asumir las principales responsabilidades del Partido, Estado y Gobierno, Raúl continuó el ideario de Fidel que la cultura es lo primero que había que salvar y estrechó el vínculo con la avanzada del pensamiento y del arte en el país. Participó activamente en el VII y VIII Congresos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), donde promovió el diálogo y la diversidad de opiniones al considerar que “de las mayores discrepancias saldrían las mejores soluciones”. La organización le confirió la condición de Miembro de Mérito de la UNEAC y el sello conmemorativo por los 60 años de su fundación.
Los miembros de la UNEAC sentimos la cercanía y confianza de Raúl, quien consolidó la convicción de que el diálogo con los creadores fortalece la cultura y la identidad nacional. Hace diez años, por el 55 aniversario de la Unión envió un mensaje de felicitación y recordó cómo en situaciones complejas que exigía defender al país, no se descuidaron las labores estratégicas de la educación y la cultura.
Cuando la dirección histórica de la Revolución dio paso en 2021 a una nueva generación de dirigentes nacidos después del triunfo de 1959, Raúl, como cariñosamente lo llama nuestro pueblo, se mantuvo aportando con su visión y experiencia a las decisiones estratégicas de la nación. Durante los últimos 70 años transcurridos ha demostrado su valentía ante las agresiones del imperio, su optimismo ante las dificultades, el dominio de la historia, la elevada cultura, la sensibilidad humana, el esfuerzo en la preparación de la defensa del país, la formación de las nuevas generaciones, en las tareas organizativas de la nación, su cubanía, la contribución a la paz de la región, la brillantez política y diplomática y, sobre todo, su fidelidad a Fidel.
En vísperas del 95 cumpleaños del General de Ejército, este 3 de junio de 2026, suenan los tambores de la guerra por el gobierno de Estados Unidos contra la nación cubana, quienes además intentan mancillar su figura. Subestiman la estirpe de nuestro pueblo y la estatura moral de Raúl, el líder de la Revolución, el Héroe de la República de Cuba, un símbolo de dignidad y resistencia, un hombre de la cultura y las ideas.
*Escritor y ensayista. Doctor en Ciencias Políticas. Premio Uneac de Literatura 2022. Vicepresidente primero de la Asociación de Escritores de la UNEAC.
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