Voleibol femenino cubano: ¿Inició el despegue?

Cuba puso fin a una sequía de catorce años sin victorias en Campeonatos Mundiales de voleibol femenino, al imponerse ante Eslovaquia en la edición de 2025. Foto: FIVB.
Para los cubanos amantes del deporte de la malla alta, evocar la historia del voleibol femenino es sumergirse en una memoria colectiva marcada por triunfos y recuerdos imborrables. Las “espectaculares morenas del Caribe”, más que un equipo, se erigieron como símbolo del deporte nacional y orgullo que traspasó fronteras.
Bajo la visión y el liderazgo del gran Eugenio George, arquitecto de aquella hazaña, Cuba no solo conquistó el mundo: lo dominó con autoridad aplastante durante la década de 1990. Los títulos mundiales de Leningrado 1978, Brasil 1994 y Japón 1998 son apenas hitos dentro de una trayectoria coronada por una proeza de proporciones épicas: tres oros olímpicos consecutivos en Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sídney 2000. Una gesta que permanece viva en el imaginario colectivo y parece desafiar los límites de lo posible para las generaciones venideras.
No obstante, desde su última incursión olímpica en Beijing 2008 —donde alcanzaron un digno cuarto puesto— la selección femenina ha transitado por un prolongado y profundo declive. Las causas de estos resultados son múltiples y se entrelazan en una compleja madeja de factores que no constituyen el objetivo de este análisis. Lo innegable es que el equipo que antes disputaba finales mundiales y olímpicas hoy ni siquiera logra imponerse en el área centroamericana, una región que antaño se conquistaba incluso con plantillas de segunda línea.
La diferencia se acentúa al observar la actualidad del voleibol masculino cubano, el cual, bajo condiciones adversas similares, ha logrado reposicionarse entre la élite mundial de este deporte altamente competitivo, con más de 200 federaciones nacionales, como lo demuestra su reciente y celebrada clasificación a la fase final de la Liga de Naciones de Voleibol (VNL).
Un tenue destello de esperanza llegó con la actuación en los Juegos Panamericanos Junior de Asunción 2025. El quinto lugar obtenido está lejos de ser un resultado destacado, pero abrió una ventana de optimismo tras el estratégico nombramiento del técnico brasileño Luizomar de Moura, reconocido por sus resultados en la Liga Brasileña de Voleibol, considerada una de las mejores del planeta.
Apenas un mes después de su llegada al banquillo, el equipo afrontó su primera prueba de fuego: el Campeonato Mundial de Voleibol Femenino 2025, con sede por primera vez en Tailandia, del 22 de agosto al 7 de septiembre. Ubicadas en el exigente grupo B, las caribeñas se enfrentaron a Bélgica, las campeonas olímpicas de Italia y Eslovaquia.
Como antecedente, la última participación de Cuba en un Campeonato Mundial se remonta a 2018, en Japón, donde el equipo concluyó en el lugar 22, su peor desempeño histórico. En la edición de 2022, celebrada en Países Bajos y Polonia, la selección no logró clasificar.

Claudia Tarín, atacadora auxiliar enfrenta el alto bloqueo belga. Foto: FIVB
Aunque el balance en el Mundial de Tailandia fue negativo, dadas las condiciones previas, dejó señales claras de un potencial latente que podría aflorar con mayor tiempo de trabajo. Ante Bélgica e Italia, las cubanas fueron barridas con marcadores abultados que evidenciaron la amplia brecha técnico-táctica con ese nivel de juego.
Sin embargo, ya eliminadas y libres de presión, frente a Eslovaquia ofrecieron un atisbo de lo que podría ser el futuro. Mostraron una versión mejorada de sí mismas: con una defensa sólida, mayor concentración en los momentos decisivos y, sobre todo, una combatividad que hasta entonces había estado ausente. Tras 14 años sin victorias en Campeonatos Mundiales, el equipo cubano se alzó con un triunfo ajustado de 3-1 (27-25, 25-21, 22-25, 26-24).

El entrenador Luizomar de Moura disfruta el momento con sus jugadoras tras la victoria sobre Eslovaquia en el Mundial de Voleibol Femenino, en Tailandia. Foto: FIVB.
“Entramos hoy a la cancha con mucha confianza en el trabajo que venimos haciendo y el proceso que estamos atravesando y decididas a conseguir la victoria”, expresó la central Laura Suárez al término del encuentro. “Creo que el equipo tenía una actitud diferente hoy y estoy feliz de que nos haya llevado a la victoria”.
En el plano individual, destacaron figuras que portan sobre sus hombros el peso de la selección. Evilania Martínez Luis, atacadora auxiliar de 1.85 metros de estatura, fue la más eficiente del conjunto cubano. Finalizó en el puesto 24 entre las mejores anotadoras del torneo en la fase de grupos, con un total de 34 puntos (31 en ataques, 3 en bloqueos) y una eficiencia ofensiva del 38,27%, que la colocó como la única cubana entre las jugadoras más efectivas del certamen.
Por su parte, Dezirett Madan, atacadora opuesta de 22 años y 1.90 metros de estatura, anotó 29 puntos (27 en ataque, 1 en bloqueo y 1 por servicio). No obstante, su eficiencia ofensiva fue de apenas 28,72%, y su promedio de 9,67 puntos por juego se sitúa por debajo del estándar internacional exigido para una posición clave como la suya. Laura Suárez aportó 26 puntos (19 en ataques, 5 en bloqueos y 2 por servicios), mostrando un rendimiento estable.
A pesar de la breve incursión en el Mundial y de ocupar actualmente el puesto 27 en el ranking de la Federación Internacional de Voleibol (FIVB), lo que evidencia la ardua tarea por delante, se percibe optimismo. El equipo cuenta con talento, juventud y parámetros físicos suficientes para aspirar regresar al más alto nivel del voleibol. Solo hace falta trabajar con intensidad; las motivaciones abundan.
El camino de reconstrucción será largo y exigente. En los deportes colectivos no existen soluciones mágicas ni resultados inmediatos. El éxito futuro será, únicamente, fruto de un trabajo meticuloso que permita recuperar las bases formativas capaces de nutrir de talento a los elencos nacionales. En esta titánica empresa, la llegada de un estratega de la talla y experiencia de Luizomar de Moura podría, efectivamente, marcar el tan anhelado punto de inflexión. Integrar la potencia física característica de la escuela cubana con el virtuosismo y dinamismo del voleibol brasileño representa un reto complejo para el avezado técnico.
Su desafío es monumental: no se trata solo de reconstruir un equipo, sino de resucitar una estirpe y una cultura ganadora que alguna vez fue referente indiscutible en el mundo.
Las canchas de voleibol en el planeta extrañan la potencia y la belleza del voleibol femenino cubano. Soñemos en grande: a un año de los Juegos Panamericanos de Lima 2027, el relato podría ser diferente.
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Amo el voleibol cubano
Tengo entendido que hay jugadoras de muy alto nivel jugando en el extranjero. ¿Podrían integrarse a la selección?