Detrás del polvo y el humo

Foto: Archivo.
1.
Mutila. Acaba. Enajena.
Lo dulce en agrio convierte.
Sinónimo de la muerte.
Corrompe, pudre, envenena.
Transforma el alma más buena
en un espanto, la ahoga
como una terrible soga
que sin miramiento alcanza
a todo aquel que se lanza
al camino de la droga.
2-
¡Cuánto daño hace el consumo
de los estupefacientes!
Vuelve a muchos dependientes
en grado crítico, sumo.
Detrás del polvo y el humo
del que con ello especula
lo humano del ser se anula,
llegan el robo, el engaño...
Y es tan gigantesco el daño
que ni él mismo lo calcula.
3-
¿La solución? Alejarse
de estas sustancias nocivas
que dejan heridas vivas
difíciles de curarse.
Y quien no pueda zafarse
de esta realidad tan cruda,
que no le entre la duda
y busque ser atendido,
que no se quede dormido
y verá que tendrá ayuda.
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Todos unidos contra ese flagello de las Drogas
Y que caiga todo el peso de la ley
Aunque hay que ir a las raizes por donde entra quien recibe quien vende. Quien sembra
Toda vigilanza es poca
Y todos avisar enseguida asi ayudaremos a muchos seres humanos que han entrato por curiosità y se han enredado y hasta por embargo
La droga no puede acabar con el pueblo Cubano
Hay que cerrar barriera mi gente.
Lo que alivia envenena y mata
Hay que atacar esto rapido o Cuba se convertira en cualquier otro pais de América latina dónde la droga esta en todas partes
Le quedo divina la poesía y muy oportuna.Ojalá todos los jovenes pudieran leerla e interiorizarla.
Mucho se puede hacer para evitar que la drogadicción avance en el País. Incrementar las actividades deportivas, las competencias entre escuelas y barrios; incrementar las actividades docentes, los muchachos tienen sólo 4 horas de clases de cuestionable calidad y para la calle, por las tardes tienen muy poca actividades docentes, en las escuelas deben desarrollar más iniciativas. De igual forma la juventud pueden participar más en actividades socialmente útil; incrementar más las actividades culturales dedicadas a los adolescentes y jóvenes. No podemos dejar todo eso a la espontaneidad, hay que trabajar mucho en la formación integral de los adolescentes y jóvenes, que son el futuro de la Patria, no podemos permitir que terminen consumiendo drogas y después en los hospitales y en las cárceles.
Fidel dejó un legado de dedicación y atención a la juventud que debemos retomar: Intensidad en la educación, en el deporte, en la cultura, en el trabajo agrícola, en actividades patrióticas. Los planes de las calles, la construcción de escuelas, de politécnicos, de escuelas deportivas, de escuelas en el campo, etc. La juventud estaba bien atendida. El país creció con la mejor juventud del mundo, eso podemos retomarlo adaptándolo a esta etapa, pero no dejando la formación de los jóvenes a la espontaneidad y sin olvidar que en la formación de valores hay tres patrones fundamentales: Los padres, los maestros y los líderes, el ejemplo es fundamental. La lucha contra la drogadicción depende mucho de la atención a los jóvenes.
Bella reflexión en versos, muy realista y verdadera. Gracias!!
Atención familia, ahí es dónde primero hay que estar alerta. En la familia recae la mayor responsabilidad con la salud y la vida de nuestros niños y jóvenes. La escuela sí, la Salud Pública también, pero desde la cuna empieza la educación.
Ayer mismo hubo un caso al lado de la farmacia de San Agustín más cercana a la autopista. Una doctora que se le acercó, comenzó a llamar a distintos teléfonos de urgencias. El caso estaba yaciendo en la tierra, le salía vómito o espuma por la boca y sufría de convulsiones. Ella le chequeó su documentación esperando la respuesta del sistema que no llegó. El individuo se puso en pie a los quince o veinte minutos y se retiró caminando. Este asunto es ciertamente para preocuparse.
Considero que debo insistir y decir que son muy ciertas, apropiadas y oportunas estas décimas: “Detrás del polvo y el humo”, por Yoerky Sánchez Cuéllar.
Muchas gracias a Cubadebate por publicarlas. Tratan un tema que, sin duda, está en el candelero.
Considero que debe, por el peligro que representa para todos, (reitero TODOS), en el corto, mediano y largo plazo, el flagelo de las drogas ser una preocupación y una ocupación permanente.
Los más cercanos conocen que acostumbro a decir lo que pienso, y aunque jamás presumo de ser el único dueño de la verdad o la razón, muchas veces mi opinión no es la más compartida por otros. Esta vez, si me publican, no será diferente.
La droga, a mi modo de ver, es un mal que azota a gran parte del mundo, aunque no en todas las latitudes, por distintos motivos, (y por fortuna), se ve así ni recibe el mismo tratamiento. Este oscila desde la total tolerancia hasta ahorcar en la plaza pública, de manera sumarísima, al portador de cualquier cantidad y variedad de estupefaciente.
En días pasados, a propósito del artículo aparecido en este espacio sobre el funesto “Químico” abundaron las opiniones. Obviamente, comparto algunas y otras no.
Muchas de ellas, demasiadas para mi gusto, culpaban directa y únicamente del tráfico y consumo de drogas a la situación económica actual. Nuestra situación de crisis económica agravada y nuestra condición de “Plaza sitiada” por décadas, ha llevado a algunos especialistas a denominarle “Economía de Guerra” a otros a emigrar y algunos a caer muy bajo, pero realmente no es un argumento válido para sostener la acusación. Cualquier cubano decente, con mente lúcida, de ochenta años o más, cualquier sociólogo o especialista que consulte los datos estadísticos serios, incluidos los de censos religiosos de la década del 50, o de la del 30, llegará a la conclusión que es ésta una afirmación que carece de evidencias.
Hoy, si alguien mata una res ajena o se roba un auto, una moto, una casa, una tendedera de ropa en uso, bebe en exceso, altera el orden público o incurre en cualquier indisciplina social, siempre alguien, sospechosamente, deja escuchar la misma cantinela:” Es que la cosa está mala”.
¡Mentiras! De mala, lo que se dice mala, nada… ¡Está malísima! Eso no es noticia. Eso lo ve cualquiera y lo siente un ciego. Tan es así que, hasta “El País”, ¡nada menos que El País! publicó no hace tanto un reportaje que titulaba “Cuba, la pequeña Numancia del Caribe”. Las comparaciones, casi siempre injustas, también lo fueron esta vez: hace mucho que el pueblo de Cuba “dejó atrás”, resistiendo tiempo de boqueo, a Numancia, a Sagunto, a Stalingrado… y a todos los pueblos con asedios prolongados en la historia conocida de la humanidad.
En todo caso ni las colas, ni las carencias y mucho menos las drogas, corresponden exclusivamente a las décadas de gobierno revolucionario. Antes de 1959 también hubo colas, por distintos motivos, ¡hasta para conseguir trabajo o una recomendación de un “político” para una cama de hospital! y también carencias, sin bloqueo pero muchas carencias… “el bloqueo” lo ponía el flaco bolsillo; simultáneamente, cualquier interesado podía adquirir fácilmente por lo general dosis de cocaína y otras drogas, a precios “razonables”, en cualquier barbería elegante de La Habana o en determinados lugares exclusivos y otros harto conocidos por todos, tanto en la capital como en otras ciudades del país, y aun con esas “facilidades”, que desparecieron con el nuevo gobierno, no todos los cubanos eran adictos.
No descubro algo si afirmo que las causas para su consumo son muchas. Corresponde a los especialistas identificarlas y estudiarlas debidamente para emitir un diagnóstico con argumentos suficientes que ayuden a su erradicación. Pero como, fuera de toda duda, la indisciplina social, simultáneamente con la ingobernabilidad, y nuestra situación geográfica, crea condiciones que propician el consumo de drogas, es hora de que nuestros legisladores y decisores tengan en cuenta las circunstancias en las que estamos viviendo desde hace décadas, pues realmente, nuestro Código Penal, así como el sistema penitenciario cubano, (tan criticado por el enemigo), el sistema judicial, nuestra abnegada policía y demás agentes de la autoridad (también blanco de críticas y laborando en condiciones muy adversas), aunque su trabajo es sin dudas necesario y digno de elogio, no son elementos que le inspiren algún temor o respeto a los delincuentes y menos a los vinculados a este delito.
Sé que es duro, sobre todo si se tiene a algún adicto cercano, pero no se llega a esa condición como a cardiópata, asmático, diabético… Y si se dice que, científicamente, el ladrón, el exhibicionista y otros delincuentes realmente son sujetos patológicos, (enfermos), y, no obstante, internacionalmente se sancionan por los delitos cometidos, entonces ¿por qué se hace diferencia con los adictos a los estupefacientes? Un traficante experimentado y hábil pudiera circular cada vez con una cantidad mínima de droga, (creo recordar que hasta 460 gramos) y, si es sorprendido por agentes del orden, alegar que es un simple adicto-consumidor. Por eso, y por su comportamiento en general, el consumidor debe ser visto por los legisladores y agentes de la autoridad, además de como un enfermo, como alguien que propicia el negocio de la droga, pues, finalmente, si no hay consumo de adictos (demanda) no existirían ni los productores, ni los traficantes, ni los expendedores, (ofertas).
Además, si usted es una persona decente, independientemente de sus concepciones filosóficas o políticas, y conoce de algo vinculado con la droga, ¡lo más mínimo!, y no lo denuncia cuanto antes, (aunque sea anónimamente por teléfono), le agrade hacerlo o no, además de violar la ley (incumplir con el deber de denunciar), está también incumpliendo con un elemental deber cívico, está siendo cómplice de uno o más crímenes y haciéndole un daño directo a comunidad, a la sociedad donde vive, a sus amigos, a su familia y a usted mismo. Muchas gracias.