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Joven rebelde por siempre

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Fidel en la clausura Congreso AJR y el primer distintivo de la UJC.

Por estos días, hace seis décadas, la muchachada de mi barrio viboreño nos preparábamos para una gigantesca movilización citadina convocada por la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) para clausurar su primer (y único) congreso con un baño de masas: estábamos a punto de participar en el nacimiento de una nueva organización juvenil llamada la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Ese cuatro de abril, al menos en mi área, no hizo falta transporte para llegar hasta el Estadio del Cerro, luego Latinoamericano, en el colindante barrio, distante a unos cinco kilómetros. Una vibrante conga que llenó de juventud y música arrollando por la Calzada de Diez de Octubre fue el hilo conductor que arribó, sudorosa y alegre, al lugar de los principales partidos de pelota de Cuba. Y allí vitoreamos a Fidel, hasta quedarnos roncos.

Muchos de mis acompañantes en aquellas jornadas habíamos alfabetizado y, a la vez, servimos como activistas políticos en los lugares que vivimos. En mi caso, en Las Cien Rosas, del Barrio Aguacate, en el macizo montañoso de El Escambray, había participado en la creación de comités de base de la AJR. Ese 4 de abril de 1962 era secretario general del de mi Secundaria Básica, en el recién nacionalizado Instituto Edison.

Y Fidel se refirió a nosotros: “¡¿Y qué página más hermosa que ésta, qué tarea más útil que ésta?!:  el hecho de que 100 000 jóvenes cubanos, en un país relativamente pequeño, hayan respondido al llamamiento y se hayan marchado a las montañas, y hayan permanecido allí durante largos meses, y hayan cumplido la tarea que se les encomendó, y que justifica todo el prestigio de nuestra juventud y toda la fe que nosotros tenemos en nuestros jóvenes”.

Vivíamos tiempos de Revolución, en plena efervescencia, en la que íbamos de una fiesta sabatina directo a los campo a cortar caña en domingo de trabajo voluntario, sin descuidar los estudios (porque un requisito para ser buen militante juvenil era obtener buenas notas). Yo le añadía mi afición a jugar baloncesto y a socializar mediante la música y el baile.

Aún me pregunto de donde sacábamos tiempo para todo. La respuesta tenía una sola clave: la juventud en Revolución, la cual, como advirtiera Fidel, aún estaba por forjarse. Tareas en los más disímiles campos sobrarían para lograrlo.

La UJC

Participamos entonces en un hecho trascendente: “transformar la organización juvenil de masas en una organización marxista-leninista de la juventud, capaz de movilizar a los jóvenes en la lucha por la construcción de la nueva sociedad”.

Así lo recordó el pasado año María Caridad Pacheco, secretaria de Divulgación y Relaciones Públicas de la UNHIC, en un texto que precisó: El primer Comité Nacional quedó encabezado por el Comandante del Ejército Rebelde, Joel Iglesias Leyva, quien con apenas 14 años de edad se había incorporado a la guerrilla en la Sierra Maestra y, asignado como ayudante de Ernesto Che Guevara, hizo junto a este prácticamente toda la guerra. Con anterioridad, él había presidido la AJR.

La organización, formada por obreros, campesinos, estudiantes, militares, empleados e intelectuales, estableció que podían pertenecer a ella, todos los jóvenes entre 14 y 27 años de edad, que mostraran una actitud de vanguardia en el trabajo, el estudio y la defensa.

Fue la primera creada después del triunfo de la Revolución bajo la denominación de comunista y fue así porque, según el Comandante en Jefe, su principal función era “formar jóvenes que tengan una actitud comunista ante la sociedad y ante la vida…”

El propio Fidel recordaba, 20 años después, que había dicho en el Congreso fundacional: “hacemos revolución para ustedes… por ustedes… con ustedes”.

Y entre sus palabras de entonces significaba: “A nosotros nos ha correspondido lidiar con toda la herencia que nos dejó el pasado. Pero, en cambio, confesamos que nosotros sentimos una emoción profunda; sentimos una compensación muy grande cuando empezamos a ver en ustedes los frutos de la Revolución que estamos haciendo, cuando empezamos a ver en esta muchedumbre de jóvenes al pueblo de mañana, cuando empezamos a ver en ustedes la imagen del porvenir, cuando empezamos a ver en ustedes la justeza de la obra de la Revolución”.

Cuánta validez y vigencia de su pensamiento cuando exclamaba “... nosotros creemos en los jóvenes... creer en los jóvenes significa una actitud, creer en los jóvenes significa un pensamiento”.

El logotipo que identificó a nuestra organización en 1962 tenía dos paradigmas, Mella y Camilo. Tras su caída en gesta libertaria en Bolivia, se le añadiría años después la imagen de El Che. Tres modelos a seguir por siempre.

Hoy toca a la joven generación mirarse al espejo y responder a la exigencia que Fidel de hace 60 años: “Para pertenecer a la Organización hay que dar pruebas fehacientes e indudables de que se trata en todo caso de un joven verdaderamente modelo, de un joven verdaderamente digno de llamarse joven comunista”.

Sin privilegios de clase alguna, abnegado, buen estudiante u obrero modelo, ejemplo de sacrificio, de voluntad, modesto, “porque la modestia es una de las primeras virtudes del revolucionario”, puntualizaría.

Nos encomendó entonces la misión de ser no solo abanderados del futuro, de las ideas del porvenir, sino ser también el ejemplo: “ser también los abanderados de los ideales de todos los jóvenes de América Latina”.

En estos difíciles tiempos que vive la humanidad, con un imperialismo que sortea su propia decadencia llevando a la penuria a la mayoría de la humanidad —envuelta en guerras, hambrunas, cambio climático y otros desastres evitables—el reto es aún mayor y, por tanto, tiene aún mas mérito que las nuevas generaciones de cubanas y cubanos cumplan el mandato fundacional de su UJC.

Hoy, este que no fue pionero porque desde los 12 años militó en la recién creada AJR, mira con cierta sana envidia a ese relevo generacional por el desafío que tiene ante sí. Confía, como eterno joven rebelde, que lo sembrado con amor, sangre y sudor por tantos germine en un dichoso futuro para Cuba y la humanidad.

Recién concluida la Campaña de Alfabetización, con mi madre y hermana.

Se han publicado 3 comentarios



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  • UNA TARDE DE NOVIEMBRE dijo:

    Milité 12 años ininterrumpidos en la UJC........en las FAR y en la Universidad de la Habana.............

  • Pablo dijo:

    Excelente crónica y recuerdos invorrables.
    Me traslado a mis 14 años recién cumplidos, y ya había pertenecido a las patrullas juveniles y después a la AJR, un niño campasino sin futuro antes del triunfo de la revolución, incorporado niño y adolescente a las organizaciones juveniles, a las milicias campesinas, reparti la revista mella.
    Recuerdo esa transformación hacia la unión de jóvenes comunistas, a la cual perteneci durante 13 años hasta pasar a las filas del partido comunista de cuba, sesenta años de militante comunista.
    Tuvimos nuestras luchas, la crisis de octubre, los estudios, las zafras del pueblo, las misiones internacionalistas,; los jóvenes de hoy tienen y tendrán sus luchas, la encararán igual que nosotros.
    Patria o muerte, venceremos

  • mcfs dijo:

    Era una niña campesina cuando se hizo la Campaña de Alfabetización,recuerdo los brigadistas que enseñaron a leer y escribir los campesinos de la zona,mis padres eran semi analfabetos,tenían 6to grado.Recuerdo me marcó mucho oir y leer la muerte de Manuel Ascunce y Pedro Lantigua,de Conrrado Benítez de Delfín, esas fechas me remiten a mi infancia campesina y no puedo pasar por alto su lectura.Hoy ya soy del grupo de la 3ra edad,nací en el año1952,crecí y me formé en esta Revolución y soy del grupo de los agradecidos hasta el final de mi vida.

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José Dos Santos

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