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La amistad que comenzó con un mensaje en una botella y dura ya casi 55 años

En este artículo: Amistad, Carta, Curiosidades, Historia
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De este modo comenzó su amistad, que ya dura casi 55 años. Imagen ilustrativa: pixabay.com

Robbinroger Beever tenía 15 años cuando encontró en 1967 una botella de whisky con un mensaje dentro, mientras caminaba por una playa cerca de la capital de Liberia, donde su padre trabajaba como diplomático en la embajada de EE.UU.

“Tiré esta botella desde un barco de la marina mercante que pasaba cerca del ecuador, cerca de África central. Mi nombre es Gösta Martensson, soy de la marina mercante sueca”, rezaba la carta, fechada en 1965.

El joven respondió con entusiasmo, presentándose a sí mismo como un adolescente estadounidense, uno de los dos hijos de un padre británico-estadounidense y una madre austro-húngara-dálmata de Trieste, Italia, y explicó a Martensson cómo había tropezado con la botella. “Soy el tipo de persona que siente mucha curiosidad por saber qué puede aportar el océano a las personas que tienen los ojos abiertos”, afirmó la pasada semana a CNN Travel.

Por su parte, Martensson estaba encantado de que su carta hubiera llegado a un destinatario, pero tenía poco más de 20 años y pensó que no era el amigo por correspondencia ideal para un adolescente, por lo que contó la historia a su cuñada, Saija Kuparinen –que tenía 14 años y vivía en Finlandia–, quien se animó a escribir a Beever.

De este modo comenzó su amistad, que ya dura casi 55 años. A pesar de que más tarde ambos se graduaron, Beever nunca estuvo en un solo lugar por mucho tiempo y no todas las cartas llegaron con éxito al destinatario, ambos perseveraron hasta encontrar la dirección correcta, manteniendo el contacto. “Nuestra amistad nunca se detuvo, ni siquiera cuando tuve mi vida con mi hija y mi marido", subrayó la mujer. "Llevamos casi 55 años escribiéndonos, desde que éramos adolescentes risueños hasta que nos convertimos en adultos responsables”, agregó.

En el 2003, los amigos se conocieron en persona, en el aeropuerto de Helsinki, donde le recibió con su marido y su hija. “Me invitó a entrar y me dijo: 'Rob, me alegro de que estés aquí'”, recordó el hombre. “Tomamos un café y un pastel, y las cosas mejoraron mucho después”.

En los últimos años, los dos amigos se han pasado a las videollamadas y al correo electrónico, aunque todavía se envían ocasionalmente cartas. Foto: CNN Travel

Mientras, Kuparinen señaló que realmente no creía que su amigo la visitaría hasta que lo vio y agregó que hablar en persona resultó tan natural como durante sus años de comunicación por carta. “Fue como si hubiéramos estado hablando todo el tiempo. Éramos amigos muy especiales”, dijo.

Más de una década después, Beever volvió a visitar a Kuparinen ya con su familia: su esposa y dos hijos gemelos. “Nos llevamos muy bien y eso fue maravilloso”, dice Beever. “Fuimos a recoger hongos y bayas”, recordó.

En los últimos años, los dos amigos se han pasado a las videollamadas y al correo electrónico, aunque todavía se envían ocasionalmente cartas. “Creo que se ha perdido y ganado algo al mismo tiempo”, declaró Beever. “No hay nada más emocionante que recibir una carta en un sobre precioso, bien doblado, con pájaros y flores, y abrirla”, explicó.

El año pasado, mientras permanecía confinado a causa de la pandemia, Beever, que actualmente reside en Alemania, empezó a ordenar los montones de cartas, postales y recuerdos, almacenados en su garaje. “Miro las direcciones y leo las cosas que hicimos hace 40 años, ella en Finlandia y yo en uno de una docena de países en los que estuve, y es algo que realmente disfruto”, concluyó.

(Tomado de RT en Español)

Se han publicado 6 comentarios



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  • Rafael Emilio Cervantes Martínez dijo:

    Cautivadora historia de amistad que se abrió paso desde una botella por el océano y que nunca perdió la dirección. Gracias.

  • Luna viajera dijo:

    Historias como esta me alegran el día...

  • Martin Fierro dijo:

    La amistad, si es sincera, no muere con el tiempo. Cuando yo era un adolescente en 1961 abri una libreta, de las muchas que los niños escolares de la entonces Alemania Oriental donaron a los niños cubanos, y en ella encontre un pedacito de papel con el nombre y la direcion de una jovencita alemana. La historia del intercambio de cartas, aunque no tan espectacular como la de la botella en el oceano, ha durado mas de 60 años a pesar de que ambos hemos contraido matrimonio, con hijos y nietos.

    • Lucy dijo:

      Señor Martin yo creo que su historia también merece ser contada ,merece un lugarcito en esta página y espero poder leerla pronto .Saludos cordiales de una joven camagüeyana

  • Marian Vazquez dijo:

    Bonita historia.

  • Alicia dijo:

    Vivi una historia parecida, pero todo comenzo cuando estudiaba en la universidad, conoci a un joven mexicano que vino por 15 días de visita a mi escuela, a su partida intercambiamos direcciones y asi comenzamos a cartearnos. Yo permaneci en la misma dirección, pero el se movio por diferentes paises, pasaron muchos años y un buen dia deje de recibir sus cartas. Cuando comenzo la era de la intenet y las redes sociales trate de localizarlo y di con una hermana de él, y me entere, por ella, que habia fallecido. Actualmente mantengo una muy buena relacioón de amistad con su hermana, quien me ha visitado ya en dos ocasiones.

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