Los orgullosos y los infames

Foto: JIT.
Hoy en día todos tenemos la oportunidad de recibir informaciones y opiniones desde todos los posibles ángulos y criterios. La humanidad está viviendo los momentos más eficientes y únicos de toda su historia en términos de la cantidad de información asimilable a la que tiene acceso una persona en cualquier lugar y en cualquier momento.
Eso ha ocurrido más rápidamente que el debido aprendizaje para distinguir lo verdadero y creíble de los mismos hechos relatados por diferentes fuentes. Cuando la información y las opiniones estaban limitadas a las que podía suministrar nuestro entorno era bastante común que aceptáramos cualquier opción creíble.
Por ejemplo, una Habana que florecía con nuevos hoteles, avenidas y túneles antes de 1958 también era el escenario de crímenes horribles que costaron la vida de mucha gente valiosa y la felicidad de todo un pueblo. Poco sabíamos de lo último, pero lo floreciente era evidente ante nuestros ojos. Cuando triunfa la Revolución emerge otra realidad y aparecen personajes que habían desenvuelto una guerra en lugares increíbles, como es el caso de la Sierra Maestra. Casi nada sabíamos en las ciudades de que la hermosa casa de guano, que llamábamos bohío, era la única solución que tenía mucha mucha gente en Cuba para poder vivir con un techo.
Poco se hablaba de este país en el mundo. Pocos cubanos tenían voz fuera de Cuba. Jugábamos en la Liga de las Repúblicas Bananeras. No vale la pena relatar, por lo bien conocido, todo el proceso después de este triunfo que ha conducido a que la imagen de Cuba sea por muchos admirada en este mundo. Esto es gracias a su rebeldía, a su hidalguía y a la cultura que ha alcanzado su pueblo gracias a esa Revolución.
Pero esos muchos del mundo que nos admiran no pueden ser mayoría. Los medios dominantes han sido esencialmente hostiles a la Revolución Cubana desde sus mismos principios porque esta se salió del “carril”. Desde hace más de seis décadas, cuando ocurre algo negativo en Cuba suele tener más presencia en los grandes medios que hechos equivalentes en un país “normal”. Si ocurre algo positivo suele silenciarse o comentarse desde algún ángulo donde se pueda ver asperezas y la mano negativa del “régimen comunista”. Un caso antológico es el proceso y aprobación de la Constitución de 2019, que muy pocos conocen en este mundo.
Una de las mayores barbaridades conceptuales que hoy están sobre la mesa ponen de manifiesto la fragilidad de la cultura de muchos para ver la realidad en un entorno mediático hostil. La narrativa dominante es que Cuba es un estado fallido por ser “comunista” y que todos nuestros problemas se deben a eso.
Se llega a la increíble situación de que un político del país vecino puede congratularse de estar estrangulando la economía del país, decir que trabaja por amor al pueblo de Cuba y que todos nuestros sufrimientos se deben al gobierno que decidimos hace unos años, todo en la misma pieza oratoria. Algo así como que enveneno la comida de ese restaurante porque quiero a los clientes y así les demuestro que no sirve.
Pero los que hemos vivido aquí, sosteniendo cualquiera de las opiniones políticas, sabemos bien muchas realidades. De hecho, una buena parte de los cubanos que vive hoy en el exterior, que son muchos, compartieron propósitos, esperanzas y ambiciones de nación con los que seguimos aquí, de una forma muy hermosa, durante décadas, y podrían seguir haciéndolo en un entorno amigable y no hostil como el actual.
Existe un documento legal de los Estados Unidos que refleja perfectamente la guía principal de la política de ese país hacia nosotros: la llamada Ley Helms-Burton de 1996. En ella se establecen principios que legalizan en los EEUU términos de propiedad del régimen de Fulgencio Batista, que en Cuba son ilegales. Pero lo peor es que condiciona cualquier relación normal de la economía cubana con su complementaria de ese país a que el gobierno de Cuba cumpla sus preceptos.
Los orgullosos de lo que somos no podemos de forma alguna admitir esto por varias razones. Una de ellas es la de que ese régimen era impropio, indecente e indigno de este país. Otra es que no puede haber una ley de un país extranjero que determine lo que tú tienes que hacer en la política interna del tuyo. Si aceptas eso, automáticamente renuncias a tu libertad y la pones en manos de intereses desconocidos y fuera de tu alcance. Esto es independiente si piensas a la derecha o a la izquierda.
Un observador neutral concluiría claramente que este tipo de política nada tendría que ver con los intereses del pueblo cubano en su inmensa mayoría y que no avanzaría porque aquí predominan los orgullosos.
Sin embargo en esta lluvia de medios que recibimos nos encontramos órganos de prensa digital, influenciadores de la red, comentaristas, “historiadores”, y supuestos intelectuales que festejan cualquier perjuicio o tropiezo que podamos tener. Cultivan un odio irracional e infundado que anteponen a los más nobles sentimientos de amor familiar y solidaridad nacional. Es lamentablemente explicable: ese odio les es conveniente. En un medio donde domina el odio, usted se favorece sumándose al odio.
Es aquí donde aparece la infamia. Quizás, una de las pocas cosas que tengamos los cubanos que lamentar en nuestra formación nacional es que hemos sido capaces de generar a esos infames. Casi todos sacados de la miseria ellos mismos o sus familias por la Revolución, educados por la Revolución y promovidos por la Revolución. Se siente vergüenza ajena cuando se les oye hablar o comentar cualquier cosa, o leer uno de sus titulares de prensa, o conocer una información insidiosa que hayan generado, porque saben bien que lo están haciendo y que están perjudicando a los suyos en Cuba para su propio beneficio.
En Cuba, los orgullosos somos muchos, muchos más que los infames. Eso sin dudas es así también entre nuestros connacionales emigrados, aunque la mayoría de ellos no tengan la libertad de expresarse en el ambiente envenenado en el que viven. Jugamos con la dignidad de ser los necios y de poder contribuir a hacer aquí las cosas como deben hacerse, con la moral del que comparte las buenas y las malas.
La Habana, 22 de septiembre de 2025.
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Buen artículo, llano, real y claro.
Excelente escrito!
Felicitaciones por resumir tanta verdad en su escrito!
Hace falta que artículos como este se publiquen en más medios!
Ojalá, también se hicieran materiales visuales que puedan transmitir estas ideas.
Gracias.
Venceremos.
Es así, cuando esta marea pase, uno de los principales retos que debe proponerse la nación, es una verdadera formación de nuestros seres humanos, como humanos. Como diría la muy buena periodista Magda Resik, solo si se sabe se puede divisar el bien...cómo formar más personas íntegras, debe ser el propósito de nuestro sistema educativo, hay que conocer mejor la naturaleza humana y no dejar algunos aspectos a la improvisación o a la casualidad.
Asqueante la posición de muchos cubanos, afuera y dentro del país. Faltos de dignidad y entereza, se autotitulan libres, sin embargo solo repiten el guión original de USgovernment, pobres ellos aunque tengan una mejor situación económica que nosotros.
Bien escrito. Solo apuntar que la historia de antes y después de 1959, tiene que ser contada en todas las formas posibles. Si, se ha hecho, pero no debemos olvidar que nuevas generaciones van naciendo y creciendo, y la historia de un país al que todos los días intentan dañar desde hace décadas, debe ser comunicada una y otra vez, junto a los argumentos de porqué estamos aquí y el precio que pagamos por ello.
GRACIAS.
Es muy cierto, los orgullosos aunque hagamos crŕticas en ocasiones para que mejore nuestro modo de vida, pensamos siempre que lo mejor para Cuba ha sido la Revo lución y el Socialismo y haber contado sobretodo con un lider como el comandante en jefe Fidel y una generación de valientes como fué la del centenario que luchó por sacar a Cuba del desastre en que vivía sin pedir nada al gobierno de estados unidos y mucho menos ir a ese País a buscar apoyo económico o político, Cuba es de los cubanos que vivimos en ella y de los que viven en otros paises defendiendo la Revolución y el Socialismo.
Esos somos los agradecidos
Gracias profe Montero, fuí alumno suyo en la Universidad de La Habana hace algunos años y sigo siendo alumno suyo, es este artículo una clase magistral y necesaria, son muchos los jovenes que no conocen esa historia, son unos cuantos viejos que la vivieron y la edulcoran pintando, dibujando una Cuba de antes de 1959 que no es real, es necesario conocer, saber como vivía el cubano de casa de guano y piso de tierra y sin electricidad en sus hogares, es necesario conocer de aquellos que tal vez podía llegar a un cuarto o sexto grado de escolaridad y otros analfabetos para toda su vida.
Una vez mas gracias profesor Montero.