Fetichismo del dólar

El dólar es el fetiche que representa un “universalismo neutral”, que es nacionalismo imperial disfrazado de neutralidad. Foto Luis Castillo / La Jornada
Mr. Trump nos deja ver que el dólar no es sólo papel moneda. No es sólo un número. No es una cifra flotante. No es un símbolo inocente. El dólar es, en la trama de la semiosis hegemónica del capital, una de las armas más letales de la guerra económica global. Su potencia destructiva no reside sólo en su función cambiaria o en sus efectos financieros; radica en el fetichismo que lo recubre.
En la colonización ideológica que lo constituye como tótem de la c capitalista. Un artefacto semiótico de alto poder explosivo que sirve para disciplinar pueblos, sabotear economías, dinamitar procesos emancipatorios y blindar privilegios imperiales. Comprenderlo exige activar una filosofía de la semiosis que desmonte sus capas significantes, sus dispositivos de culto y sus estrategias de naturalización ideológica. Su papel como signo totalitario.
Es mucho más que herramienta monetaria. Es un macro-signo hegemónico con pretensión de divinidad, que se ha convertido en dictadura para medir e intercambiar todas las cosas. Desde el valor el trabajo hasta el de las personas. Desde el petróleo hasta el pan, desde el valor de la vida hasta el de la muerte. Todo bajo su hegemonía simbólica. Ese signo-dogma consigue que, incluso sus víctimas, lo reproduzcan con fervor, con miedo, con sumisión.
El dólar no domina sólo porque sea el patrón de reserva internacional o porque tenga detrás la fuerza militar de Estados Unidos. Domina porque se ha incrustado en la semiosis de los pueblos, como vanguardia de la “batalla cultural” burguesa, como sinónimo de éxito, de progreso, de “libertad de mercado”.
Se fetichiza cuando se oculta su origen histórico y se encubre su violencia constitutiva. Es una operación ideológica sostenida por industrias culturales, academias, organismos multilaterales y dispositivos comunicacionales que perpetúan la fe en ese papel como si fuese ley natural.
Su gramática bélica se coagula en el fetichismo que atribuye al dólar una apariencia de autonomía y poder intrínseco, para ocultar las relaciones de explotación y saqueo. El dólar es el fetiche que representa un “universalismo neutral”, que es nacionalismo imperial disfrazado de neutralidad.
Su “valor” es el resultado de una arquitectura ideológica y geopolítica construida sobre sangre, muerte, guerras, golpes de Estado, bloqueos y saqueos. La gramática de su barbarie es la del capitalismo: abstracciones inhumanas legitimadas con discursos, decisiones de bancos centrales, algoritmos bursátiles, calificadoras de riesgo y una pedagogía mediática que inocula obediencia monetaria y fake news.
Usan el dólar como munición en su guerra económica y de signos. Guerra que no opera sólo con sanciones, inflación inducida, fuga de capitales o endeudamiento. Opera, sobre todo, con municiones ideológicas. El dólar es la bala. Pero la pólvora es la significación que lo envuelve con ráfagas de sentido hegemónico sobre los imaginarios colectivos.
La semiosis monetaria coloniza el deseo, moldea la percepción del valor. En países colonizados, la “dolarización cultural” se entrelaza con la dolarización financiera. Se enseña a pensar en dólares, a aspirar en dólares, a medir la dignidad en dólares. Si el salario no se “dolariza”, se lo considera indigno. Si los precios no siguen al dólar, se los considera “atrasados”. El dólar, así, se vuelve patrón de verdad y de mentira, de orden y caos, de castigo y premio.
En los discursos de los tecnócratas y gurúes del libre comercio, el dólar aparece como oráculo inapelable. Se lo invoca para justificar ajustes, para despedir trabajadores, para cerrar escuelas y hospitales, para eliminar subsidios. “El dólar subió”, dicen los noticieros, y ese verbo intransitivo actúa como fuerza de la naturaleza. No se explica por qué, quién lo mueve, quién gana.
Se vuelve una entidad todopoderosa que opera por encima de los pueblos. Ese culto no es espontáneo. Es resultado de décadas de pedagogía para la manipulación ideológica del capitalismo. El dólar se ha convertido en símbolo de libertad individual, de consumo deseado, de éxito y modernidad.
Su dólar no sólo impone condiciones macroeconómicas: impone lenguajes. Impone mapas conceptuales y categorías de interpretación de la realidad.
Cuando se dolariza la economía, se dolariza también el pensamiento.
Se sustituye la soberanía simbólica por un algoritmo monetario que disciplina las conductas, segmenta la sociedad y determina qué proyectos son viables. La semiosis de la dependencia pasa por allí.
En la guerra cognitiva global, el dólar es un mecanismo de chantaje. Se lo utiliza para premiar obediencias y castigar rebeldías. Cuando un país intenta escapar de la órbita del FMI, por ejemplo, o plantea una política soberana –energética, alimentaria, financiera– aparece la “corrida cambiaria”, la fuga de capitales, la devaluación inducida.
Pero esas no son sólo maniobras técnicas: son escenificaciones semióticas que tienen como objetivo desmoralizar, instalar la idea de que no hay alternativa. El dólar opera así como código penal del capitalismo. Condena a los pueblos, con anaqueles vacíos, hospitales desfinanciados, hogares endeudados. Y se legitima con la complicidad de élites que fungen de ventrílocuos del imperio.
No basta con denunciar el fetichismo del dólar como arma y matriz simbólica, su violencia, su gramática bélica. No alcanza con denunciar su fetiche monetario también fetiche ideológico.
Ni que la emancipación no será posible, si no se enfrenta al dólar como signo de guerra. Porque detrás de su brillo hay cadáveres. Detrás de su prestigio, hay hambre.
Detrás de su “estabilidad”, hay injusticia. Desenmascararlo es una urgencia ética y eso exige disputar el sentido y las matrices simbólicas que aún asocian “progreso” con capital financiero, “modernidad” con consumo desmedido, “libertad” con sumisión monetaria. La guerra es también semiótica.
Y cada consigna, cada libro, cada clase, cada mural, cada software libre, cada moneda popular, cada experiencia de economía solidaria, cada canal comunitario, son trincheras de esa guerra.
Se trata de cambiar la lógica misma de producción de sentido, emancipar las prácticas significantes, recuperar la soberanía del lenguaje, la historia y la imaginación. Allí donde el dólar quiso ser el fin del mundo, hagamos nacer otros mundos posibles.
(Tomado de La Jornada)
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AUN ASI ES UNA DE LAS ESTRATEGIAS DE ESTA NACIÓN PARA SALVAR UN PAIS, SI TANDO DAÑO HACE ESTE PAPEL PORQUE ESTAMOS ARRAIGADO A EL , ES MEJOR NO COMENTAR, LA MAYORIA DEL PUEBLO NO TIENE ACCESO A ESTOS MERCADOS, POR ELLO SE INCREMENTA TODAS LAS DESVIACIONES, LAS CARENCIAS, LOS PRECIOS Y LOS SALARIOS SON LA OTRA CARA DE LA MODEDA, PARA NADA, LA SUERTE QUE LA POBREZA PASA, LA HISTORIA NO PERDONA LOS ERRORES.
Todas nuestras pretensiones son muy bellas, pero, una cosa son los deseos y otra las realidades.
Bretton Woods en julio del 1944 reconoció las maravillosas virtudes del dólar para responder a las necesidades monetarias y cambiarias de su época a nivel global y el dólar se erigió como moneda universal de cambio con respaldo en oro, así tener un dólar era disponer de un pedacito de oro entre las manos, toda la fe se colocó en el dólar.
Después Nixon anunció su Nueva Política Económica, un programa para crear una nueva prosperidad sin guerra. Conocida coloquialmente como el «shock de Nixon», la iniciativa marcó el principio del fin del sistema de tipos de cambio fijos de Bretton Woods, establecido al final de la Segunda Guerra Mundial y abrió el camino a mayor hegemonía de dólar.
Podemos teorizar y aportar lo que queramos, podemos hacer que cada consigna, cada libro, cada clase, cada mural, cada software libre, cada moneda popular, cada experiencia de economía solidaria, cada canal comunitario, sean trincheras ,pero, sin Producción, dependiendo al levantarnos cada mañana de la disponibilidad de dólares para que un barco de gas licuado atraque y descargue, dependiendo de una remesa en dólares para poder sobrevivir unos y bien vivir otros, a nadie se le ocurre negar una moneda que se abre paso en la Economía cubana.
No se esta hablando de Cuba en este material se habla del dolar como arma de ataque en la economía mundial, vale aclarar que en el caso Cuba hay una despiadada guerra económica, una persecución financiera implacable en fin estamos en una economía de guerra permanente hagale eso mismo a cualquier país de America Latina a ver ¿cuanto dura?. Usted leyo el contenido de las 243 medidas que tomaron en plena pandemia para rematarnos ¿o es que acaso las hicieron por gusto y es hoy letra muerta?. Practicamente es como coger una lupa para mirar por donde entran nuestros ingresos, nuestras materias primas, nuestro tan necesario combustible para entonces amenazar, sancionar y multar a cualquier banco o proveedor. me encantaria verlo a usted en el lugar de esos que dice viven bien que le puedo asegurar que mientras usted esta en la fiesta, durmiendo, o recreandose en cualquier cosa, esos viven de un dolor de cabeza en otro para lidiar con una montaña de problemas diarios. Creame que nuestros enemigos habituales no van a resolver absolutamente nada despues que logren su objetivo y sera tan dura y cruel la realidad que viviremos que usted va a extrañar hasta los apagones de hoy.
Este es el tipo de comentario que hace mas daño que el Bloqueo Mismo !!!
Te apoyo enrique triana, no te dejes confundir, el razonamiento lógico es algo muuuy escaso en este mundo.
Dejemos de utilizar el dolar.
Muy bueno su comentario, pero la realidad muy real, el dolar sigue dominando las finanzas del mundo y sigue siendo la moneda univerdal, situacion de conocimiento total en este planeta tierra
Y no solo en EEUU
El valor del dólar, como el de toda moneda, está dado por la confianza que inspire. Otras monedas, respladadas por recursos materiales o minerales, no logran esa confianza. Muchos paises, instituciones, personas, critican el dólar y quisieran dejar de usarlo, de la boca para afuera.
NO HABLES BOBERIA SR FERNANDO,TRUMP ES EL PRESIDENTE DE TURNO,,PERO UD SABE QUE LA ECONOMIA MUNDIAL LA DIRIGEN Y CONDICIONAN UNA FUERZA OCULTA,EN LAS SOMBRAS,LOS GRANDES INTERESES DE CORPORACIONES Y BANCOS EN EL MUNDO..NO LA VENGAS A COGER AHORA CON TRUMP,,Y QUE HICIERN OBAMA Y BIDEN EN 12 ANOS.NO HABLES TANTAS BABOSADAS..