Los ojos, el blanco y una Heroína llamada Omara

Omara Durand agrandó su historia en París 2024. Foto: Calixto N. Llanes/Jit.
Nada hay de mágico o surrealista en las páginas que leerán a continuación. La invitación va dirigida al corazón de quienes amamos el deporte y desde ya les aseguro que lejos de ser un libro perfecto o coral, se trata del retrato más fiel de una santiaguera, que como bien la definió un cantautor: “se llama Omara Durand y es una estrella, y es Cuba por las cinco puntas”.
Narrado desde una estructura poco convencional, la joven colega Dailene Dovale se animó no solo mostrar a la multicampeona paralímpica, recordista mundial e ícono del deporte paralímpico universal. Fue más allá, la situó en el contexto cubano y la hizo correr, confesar y vivir desde sus primeros años de vida hasta ese llanto final en Paris 2024, con la despedida de las pistas.
Omara es una imagen estremecedora siempre, incluso cuando conversa con esa sencillez y soltura por horas, por días, por semanas y es capaz de reconocer que le gusta mucho el helado, el pollo, las papitas fritas y una rica costilla de puerco. Hay transparencia en sus palabras hasta en los detalles más mínimos, esos que el simple espectador desconoce y que podrá encontrar en las páginas veloces de Omara Durand: un viaje extraordinario.
Es ella la hija ejemplar, la madre orgullosa de Erika, la esposa agradecida por la comprensión de su compañero, la hermana fiel y sobre todo la fidelista convencida y consciente de que solo en un proceso revolucionario como este podía permitirle ser hoy protagonista de un cariño desbordado de pueblo como el que ha sentido en toda su trayectoria.
Por supuesto, su entrenadora Mirian Ferrer y su guía Yunior Kindelán ocupan papeles decisivos en la vida de esta atleta. Y digo atleta cuando debí decir mejor mujer cubana, de palabra precisa y rápida, inconfundible cuando se trata de contar más de 20 años de desvelo y entrenamiento, de aprendizaje y compañía, de entrega y sacrificio, de crecimiento ante la adversidad más dura, lesión inesperada o el dolor frustrante de irse sin medallas en unos Juegos Paralímpicos, tal y como le ocurrió hace ya 17 años, en Beijing 2008.
La autora aprovecha tanta pasión y ofrece pinceladas interiores, pero reconfortantes sobre la psicología y la medicina en el deporte paralímpico mundial, al cual siempre será necesario reverenciar por ese espíritu de no temerle a nada en la vida, no estar pendiente al qué dirán y ser los verdaderos reyes de la esperanza, pues la victoria para ellos empieza desde el momento en que deciden hacer deportes.
Muchos debiéramos beber de los deportistas con alguna discapacidad esa determinación soberana de practicar deporte por amor, por serle útiles a la sociedad, por empinar a su país a partir de la justicia social verdadera, esa que le permitió a Omara la fama y la popularidad desde sus piernas, desde esa sonrisa que no esconde para quien intente acercarse a sus sentimientos.
Este volumen, en perfecto sprint, sale airoso sin teque ni melodrama. Nos lleva a los ojos de Omara, insisto a esos ojos que dan luz a esa debilidad visual. Y entonces nos percatamos que ahí está la propia inmensidad de estas páginas, en las cuales no sobra ningún entrevistado, pues para hablar de un sol faltan siempre palabras en el diccionario.
Lejos de hacer la clásica presentación, solo quisiera invitarlos a correr, a vivir, a sentir, a aplaudir a Omara. Con tan solo 33 años ha recorrido lo que casi ninguno de nosotros logrará en su vida: sembrar valores en una sociedad a partir de su ejemplo, valentía, perseverancia, de su manera tan especial de dar amor, incluso cuando las cosas no salieran de maravillas como aquel 25 de noviembre del 2023.
Era el cierre de los Juegos Parapanamericanos de Chile, y tras pasar algo que nadie esperaba en la propia raya de sentencia la vimos llorar. Y Cuba lloró también. Tras los títulos en 200 y 100 metros en su categoría (T12), Omara y su guía Yunior perdieron su tercer oro de esa cita en una especialidad nada complicada y habitual para ellos: los 400 metros.
Todo salió de maravillas: arrancada, paso elegante, remate final y victoria holgada. Pero un detalle empañó la celebración, víspera de su cumpleaños 32. Lo que tantas veces habían ensayado y practicado falló. Soltaron la cuerda que une al guía con la atleta antes de pasar la línea de meta (algo perceptible solo en video) y como establece el reglamento, fue descalificada.
Por supuesto, nuestros técnicos pidieron revisar una y otra vez las imágenes. Omara estaba llena de lágrimas. Yunior no podía creerlo y también se llenaba de lágrimas. Tras ratificar la medida, la santiaguera tragó serena el dolor. No hubiera querido despedirse así de una lid que no solo cerraba sus cortinas al día siguiente, sino que era su última a nivel continental, pues ya había anunciado su retiro luego de los Juegos Paralímpicos de París 2024.
Las declaraciones dadas a los colegas en la sede mostraron esa mezcla de tristeza y vergüenza; de impotencia y autocrítica; de amor a sus seguidores y a Cuba. Jamás había ocurrido y no le complacía perder sin ser derrotada por una rival. Omara no corre solo para ganar. Omara corre porque es un símbolo para personas como ellas y para todos, hagan o no deportes.
Cuentan que esa tarde-noche de sábado llegó a la Villa y no salió de su habitación. Volvió el llanto y volvió el dolor. Y solo a las 12 de la noche, cuando el reloj marcó su cumpleaños se levantó, abrazó a su entrenadora, a su guía, a sus compañeros de tantos esfuerzos y competencias. Ese detalle minúsculo que le privó de su oro 14 en la historia de estas justas ya era insalvable. Y solo quienes, como ella, se arriesgan a correr con tanto empeño y amor, saben lo que se siente en momentos como ese.
Siempre he defendido que en el deporte para atletas con alguna discapacidad no cabe en medallas o trofeos. Por más que se reitere, ellos tienen un valor plus por encima del deportista convencional. Sus historias personales son increíbles (a veces poco conocidas por las desgarraduras que entrañan) y algunos hasta nacieron así o han vivido muchos años, como Omara, con esa discapacidad (en su caso visual).
Ahí radicará siempre el mayor de los premios. Por eso Omara Durand falló esa tarde, pero su huella era, es enorme y no cabía en una crónica de un periodista, ni en un documental televisivo, ni en 10 libros como este. Y esa delegación cubana completa en Chile, con nombres quizás menos mediáticos que los de ella, pero igual de valientes y enamorados de ser útiles a la sociedad, merecieron nuestro abrazo. El abrazo de un pueblo. El abrazo de un país. Como el que sintió Omara ese domingo por su cumpleaños.

El reconocimiento a Omara Durand por su sencillez, su fidelidad y si amor a la familia y Cuba Foto: Estudios Revolución.
Hace tan solo unas semanas la santiaguera vivió otro momento inolvidable. Fue condecorada con el título de Heroína del Trabajo. En el elogio pudo escucharse una hoja de vida diferente:
Desde que Omara Durand Elías apareció en la escena competitiva nos ha entregado corriendo toda la luz que le falta en sus ojos. Debutó con 15 años en una competencia internacional y ha crecido como deportista, mujer y patriota.
Más que ganar medallas en 100, 200 y 400 metros sobre una pista, lo más cautivador de esta Licenciada en Cultura Física y Deporte ha sido su sencillez, su fidelidad y su amor por la familia, los amigos y por la Cuba de la que hoy es un símbolo de entrega y sacrificio.
En sus vitrinas guarda 13 oros en Juegos Parapanamericanos. Muy cerca de ellos están las 11 coronas en Juegos Paralímpicos. Y como si estos números fueran poco 14 veces se vistió dorada en Campeonatos Mundiales, cual reina indiscutible por más de una década del movimiento paralímpico internacional, con varios récords mundiales y olímpicos.
Ser la deportista con discapacidad más laureada de todos los tiempos en nuestra Patria hubiera bastado para declararla Heroína, sin embargo, muchas más huellas nos ha dejado esta humilde santiaguera.
Omara Durand es merecedora de esta alta condecoración por ser fuente de inspiración y orgullo nacional para los trabajadores, los jóvenes y todo su pueblo. Porque su corazón le pertenece a Cuba, a la Revolución y al Fidel que tiene tatuado en su alma.
Se acaba el espacio para un prólogo igualmente agitado. A esos ojos que cuentan su historia, a ese blanco que la ilumina y cubre, a esa Heroína del Trabajo que no esconde su temple para seguir le salió una crónica.
Disfruten este libro con la misma pasión que le puso Dailene Dovale una vez que nació la idea; vívanlo con la plenitud que Omara lo ha vivido. Es un regalo para Erika, su inspiración más noble; pero también para los cubanos que la admiramos y sonreímos con cada uno de sus triunfos.
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.....MUCHAS FELICIDADES PARA OMARA....BIEN MERECIDO Y HERMOSO PROLOGO PARA TAN INMENSO LIBRO....FELICIDADES TAMBIÉN PARA TI JOEL Y EN ESPECIAL PARA DAILENE..
Soy un outlaws pero está muchacha es una atleta sensacional ,algo fuera de serie ,tremenda deportista del rop mundial a veces me preguntó hasta donde hubiese,llegado si no tuviese una incapacidad ,aunque eso no ha lastrado para nada estar en el top mundial del atletismo ,en ella hay tesón disciplina ,coraje y entrega los ingredientes fundamentales de los atletas considerados genios