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En alza el presidente cubano (I)

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Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de la República de Cuba, compartió con pobladores de la ciudad minera de Moa, durante una visita gubernamental a la oriental provincia de Holguín, Cuba, el 29 de mayo de 2019. Foto: Juan Pablo Carreras/ACN.

El nuevo presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel ha resultado toda una revelación en la responsabilidad máxima del Estado. No es que no se conociera su buen desempeño en anteriores cargos. Es que la máxima responsabilidad del gobierno y la compleja y difícil circunstancia en que le ha tocado ejercerla han exigido de él ponerse rápidamente a una destacada altura como líder revolucionario y estadista.

Un verdadero desafío donde el referente mayor es nada menos que Fidel y aun continúa el General de Ejército Raúl al frente de la Revolución. Con Trump en la presidencia, la coyuntura inaugural de Díaz-Canel ha sido de creciente estrechamiento del cerco y recrudecimiento de la guerra económica y mediática estadounidenses contra Cuba y su estrecha aliada Venezuela. Esto, en un marco de incertidumbre y grandes tensiones políticas internacionales.

Cada día que pasa su ejecutoria despierta mayor admiración, consenso y adhesión en la isla. Más adelante explicaré esta afirmación.  Mi punto ahora es que esta condición del mandatario isleño es más significativa y contrastante cuando uno mira a los jefes de Estado de derecha en América Latina y el Caribe.

En nuestra región no hay en la actualidad un solo presidente conservador que destaque por al menos una de las cualidades que distinguen a los verdaderos estadistas. Incluso, cualidades reunidas por algún gobernante de derecha latinoamericano hasta hace tres o cuatro décadas. Pues nada, nuestros conservadores actuales carecen de oficio político, de conocimiento de las ciencia políticas y sociales, de arte y literatura, no poseen carisma personal, ni agudeza política, ni capacidad de previsión de los acontecimientos futuros.

Sería mucho pedir que les preocupara u ocupara el cuidado del medioambiente pues impulsan su degradación y la popularidad de todos está en caída libre, lo que expresa la profunda crisis del modelo neoliberal pero también el rechazo de los pueblos a su repudiable conducta.

Su ejercicio gubernamental, como de muchos de los gobernantes neoliberales en el mundo, está casi enteramente dedi