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Acerca de Palabras a los Intelectuales, 55 años después (+ Video)

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Fidel Castro durante el discurso conocido como Palabras a los intelectuales.

Fidel Castro durante el discurso conocido como Palabras a los intelectuales”.

Me preocupa mucho que la circunstancia de la cual es hija Palabras a los intelectuales [1] haya sido olvidada. Fue el 30 de junio, en pleno verano de aquel 1961, cuando salieron legalmente por el aeropuerto hacia Estados Unidos casi sesenta mil personas en tres meses. Es decir, un sector que podía viajar en avión se marchó, horrorizado ante la victoria de los revolucionarios en Girón. El desfile de las unidades de milicianos y rebeldes del 1º de Mayo –con artillería y tanques– duró desde el amanecer hasta la noche. Una semana después, fue nacionalizada toda la educación en el país. La fiebre producida por los hechos recientes se alimentaba de dos años y medio de acontecimientos trascendentes casi diarios. Por ejemplo, la administración de las grandes rotativas había pasado a la Imprenta Nacional de Cuba desde marzo de 1960; entre mayo de ese año y los inicios de 1961 desapareció o fue nacionalizada la mayoría de los medios de comunicación, que eran de propiedad privada.

La prensa de la ciudad de La Habana poseía una riqueza y una diversidad extraordinarias. Empresas privadas publicaban más de una docena de diarios nacionales, varios de ellos con decenas de páginas y secciones en rotograbado, y otros más pequeños pero muy ágiles. Estaban llenos de informaciones, reportajes, crónicas, secciones, comics. En las ciudades y pueblos de la isla había un gran número de diarios. Entre las revistas, la semanal Bohemia tenía una gran calidad, era la más leída e influyente y la más importante de su tipo; circulaba de México a Venezuela, y llegaba a Buenos Aires. Bohemia había sido sistemática opositora a la dictadura. No debemos olvidar que el consumo de esos medios era, con mucho, la actividad intelectual más extendida e importante de la mayoría de la población, de escolaridad precaria y muy poco consumidora de libros.

Aquel medio de tanta amplitud y alcance tenía a su cargo tareas principales de socialización de la palabra escrita y hablada, esta última a través de un formidable conjunto de emisoras radiales, nacionales y regionales, que gozaba de una audiencia y una influencia descomunales. La novedosa televisión, pionera en América Latina, abría otra fuente de consumo cultural con imágenes en uno de los países del mundo con mayor asistencia de la población al cine. Llegaba a todo el país y avanzaba en numerosos terrenos a una velocidad impresionante. Los medios cumplían funciones de la mayor importancia para el equilibrio tan complejo que implicó la reformulación de la hegemonía de la dominación después de 1935, durante la segunda república. La libertad de expresión tan amplia que existía era, a la vez, una gran conquista ciudadana y un instrumento delicado de manipulación de la opinión y de desmontaje de resistencias y rebeldías.

Pero desde enero de 1959 estaban cambiando los sentimientos y las ideas, las motivaciones y los actos, en todas las esferas públicas, cada vez con más fuerza, extensión y profundidad. El universo de los medios –como le llamaríamos ahora– tenía que transformarse a fondo, como tantos otros campos de la sociedad. Durante su vertiginoso proceso de eventos y cambios, la Revolución trabajó con los medios que existían y con los que ella misma fue creando, en el curso de contradicciones y conflictos crecientes. La intensificación de los enfrentamientos apresuró la crisis y el final de aquel sistema, mediante la expropiación de casi todas las empresas privadas de medios de comunicación. El Estado cubano se hizo cargo de ellas.

¿Cómo ilustrar la trascendencia de esos hechos? En los días de “Palabras a los intelectuales” habían desaparecido, al mismo tiempo, el mundo empresarial en una actividad especializada que en Cuba contaba con más de siglo y medio de existencia, y un proceso de libertades de expresión de tipo capitalista que había comenzado ochenta años antes, en la última etapa del régimen colonial. El periodismo de las dos últimas décadas del siglo XIX contó con un mar de publicaciones, que creció mucho en la primera república. Desde 1922 se incorporó un nuevo medio, la radio.

Aquella época terminó en 1960-1961. No hay que confundirse: cierto número de medios siguió existiendo, y buena parte de sus trabajadores continuaron en ellos. La nacionalización de los medios es el hecho histórico general; la vida, el contenido y otras muchas cuestiones de los medios en los años que siguieron a aquella configuran otros hechos en un marco más concreto, con sus cambios y permanencias. Además, cabían las excepciones. Por ejemplo, en La Habana la emisora COCO, “el periódico del Aire”, de Guido García Inclán –un periodista que tenía un gran prestigio cívico–, continuó diciendo más o menos lo que le daba la gana durante varios años más. El diario El Mundo, nacido con el siglo, una empresa moderna y muy notable en el periodismo cubano durante la primera república, fue mantenido como entidad independiente por la Revolución, ahora en manos de antiguos activistas católicos, patriotas revolucionarios. Allí tenía una sección el sacerdote Carlos Manuel de Céspedes, y recuerdo una polémica fraternal que sostuvo con el joven profesor de marxismo Aurelio Alonso, acerca del origen de la vida. El Mundo fue destruido por un acto de sabotaje en 1969.

Opino que al periodizar la historia de los medios de comunicación durante la Revolución nos encontramos una primera etapa de poco más de dos años y una segunda que dura diez años, hasta inicios de los años setenta, coincidiendo su final con otro que es general, el de la primera etapa de la Revolución en el poder.

Durante aquellos tres años del 59 al 61, la gente se fue apoderando de su país: empresas, escuelas, tierras, bancos. Y reivindicaron su condición humana, su dignidad, su ciudadanía y su esperanza. La riqueza social comenzaba a ser repartida entre los miembros de la sociedad. Pero todo era muy complicado y difícil. Por ejemplo, en un momento dado amenazaron quebrarse las relaciones entre la ciudad y el campo, algo imprescindible para que se pueda vivir en ciudades. Se rompieron para siempre las relaciones de subordinación que habían regido las vidas de la gente de abajo, las mujeres, los jornaleros, los obreros, los negros, los desempleados. No hay manera de describir bien cuántos significados tuvo eso. Un orden social es una maquinaria muy compleja, gigantesca, pero con mecanismos delicadísimos en los que basa su funcionamiento, su reproducción, su manejo de las contradicciones y los conflictos, y el consenso de las mayorías a ser dominadas y vivir del modo en que vive cada clase y cada sector.

Aquel orden se fue desbaratando al mismo tiempo que era identificado y repudiado por las mayorías, y en 1961 ya estaba aplastado y era despreciado. La Revolución reunía en su cauce tremendo victorias inigualables, necesidades sin cuento, urgencias graves, desórdenes y disciplina, dolorosos desgarramientos íntimos y familiares, desbarajuste de las estructuras y organizaciones, desafíos mortales, un descomunal sentido histórico y un hambre insaciable de personas capaces.

La batalla de Girón fue el gran triunfo del pueblo entero liberado y armado. A veces el artista resulta más capaz de hacer síntesis –y más acertado– que el científico social, como cuando Sara González canta: “¡nuestra primera victoria, nuestra primera victoria!”. Para la clase alta y amplios sectores de clase media fue, tenía que ser, el certificado de su derrota. Su respuesta más socorrida fue con los pies. Entre ellos se marcharon la mitad de los médicos y un gran número de profesionales y de técnicos. El pueblo en revolución vivía en eterna tensión, cambiaban las relaciones sociales y las ideas que las personas tenían sobre ellas, se tomaban decisiones y se realizaban esfuerzos que hubieran sido impensables tres años antes. Desde 1960 existían bandas contrarrevolucionarias en el Escambray y otros lugares del país; en su mayoría era gente de pueblo que peleaba contra la revolución que pudo haber sido su revolución. Algunos ponían bombas en La Habana, provocaban incendios, asesinaban milicianos. Es decir, se desplegaba ante todos el correlato inevitable del poder popular: la virulencia de la lucha de clases.

Como todos saben, el imperialismo norteamericano ha sido el protagonista principal de la contrarrevolución, desde el inicio hasta hoy, con saña criminal y con método, combinados. Lo ha hecho contra la más elemental decencia, y a veces también contra su propia eficiencia. El pueblo de Cuba lo sabe y no lo olvida, porque ha vivido y sufrido todo este proceso. Después de Girón, Estados Unidos decidió que para derrocar a la Revolución cubana sería necesaria una escalada de agresiones múltiples, y de ser necesario forzar la decisión mediante la agresión directa, con sus fuerzas armadas. Una cantidad enorme de jóvenes cubanos con buenas cualidades tuvo que dedicarse a la defensa del país. Se multiplicaron las escuelas militares, muchos batallones de milicias se convirtieron en unidades militares y se crearon los tres ejércitos. Lo fundamental para la Revolución durante la primera mitad de los años sesenta fue la defensa, aunque al mismo tiempo se realizaron las tareas más asombrosas en otros terrenos.

La declaración de que la revolución era socialista y democrática, de los humildes, por los humildes y para los humildes, se la hizo Fidel en la calle a una multitud armada. Todos cantaron a continuación el Himno Nacional y se dio la orden a todos de regresar a sus unidades militares. La primera orden del socialismo cubano fue: “marchemos a nuestros respectivos batallones”.

El proceso revolucionario era el centro de la vida intelectual del país en 1961. En junio ya la Revolución controlaba directamente todo el sistema escolar y todos los medios de comunicación, y se planteaba la necesidad de transformar la Universidad; seis meses después se promulgó la ley de reforma universitaria. Al tiempo que la Revolución derrotaba a la invasión de Girón, los alfabetizadores invadían a Cuba entera, hasta el último rincón. El mayor y más trascendente hecho intelectual de 1961 fue la Campaña de Alfabetización. Fue un acontecimiento intelectual y político incomparable por su contenido, su alcance transformador y su trascendencia. La alfabetización puso a una enorme parte de la población cubana en posesión de la palabra escrita, enriqueciendo así en un grado muy alto su condición humana, su socialización y sus capacidades, y multiplicó los actores revolucionarios capaces de comprender mejor lo que sucedía, el sentido de su lucha y las razones de su causa, y de participar en las discusiones, las ideas y el proyecto de la Revolución.

Los protagonistas intelectuales de 1961 fueron las decenas de miles de muchachas y muchachos alfabetizadores. Los héroes intelectuales del año 61 se llaman Conrado Benítez y Manuel Ascunce, y la canción de tema intelectual más importante comienza así: “Somos la Brigada Conrado Benítez / somos la vanguardia de la Revolución…”

Ese era el país y esa era la coyuntura cuando se celebraron las reuniones de intelectuales en la Biblioteca Nacional. Me extendí tanto porque me parece necesario. Las artes tienen una importancia excepcional en las sociedades, por su naturaleza, su valor y sus significados para las personas y sus funciones sociales, pero es imposible entender nada de las artes si no se sitúan en sus condicionamientos, en cada caso determinado históricamente. En aquel verano en que sucedían tantas cosas, la Revolución pretendía crear y desarrollar sus instituciones políticas, estatales y sociales. Cuba socialista necesitaba una asociación que reuniera a los escritores y artistas, un partido político de la Revolución, un aparato estatal apropiado, una asociación de agricultores y otras muchas instituciones. Por eso me falta todavía mencionar un condicionamiento de aquellas reuniones.

Desde el triunfo de enero de 1959, la unidad política se fue situando en el centro de la estrategia de Fidel, en dos planos: la unidad del pueblo y la de los revolucionarios. La primera tuvo como base original la identificación masiva con el Ejército Rebelde, el máximo líder y el movimiento revolucionario. Entre 1959 y 1961, esa base se amplió una y otra vez, al mismo tiempo que se definía y cambiaban aspectos de su contenido y su composición, según se iba desplegando la revolución socialista de liberación nacional iniciada el 1º de enero. El pueblo del 61 no es igual al pueblo del 59.

La unidad de los revolucionarios tuvo su prólogo en los meses finales de la guerra, alrededor del polo que estaba próximo a obtener la victoria. En el curso de 1960 fue definida como unidad entre el Movimiento 26 de Julio, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo y el Partido Socialista Popular. Fidel había completado su liderazgo y era el máximo referente popular, el eje, el símbolo, el principal impulsor y el jefe de ambas instancias de la unidad. En medio de esa coyuntura ganó mucha fuerza la idea –que pecó, a mi juicio, de apresuramiento– de que era necesario tener un partido político de la Revolución que, además de expresar la unidad, tuviera una estructura muy definida y unas funciones importantes. Ese partido debía salir de una instancia recién fundada, las Organizaciones Revolucionarias Integradas, que la gente llamó “la ORI”.

Pero las ORI no supieron expresar la vocación y los logros de unidad entre los revolucionarios, porque se convirtieron en el instrumento de un grupo sectario y ambicioso que pretendió, en pleno Caribe, expropiar la revolución popular y convertir al país en una “democracia popular” como las que dirigía la URSS en Europa. El desvío del rumbo revolucionario y los malestares, contradicciones y conflictos que ese hecho generó eran una realidad dentro de otra en el proceso que se vivía.

Las reuniones de intelectuales celebradas en la Biblioteca Nacional estaban muy relacionadas con el objetivo de la Revolución de crear una asociación nacional de los intelectuales y artistas, pero estaban condicionadas por todo lo que he dicho. Por tanto, expresaban también esos condicionamientos y eran un teatro de ellos, aunque está claro que lo principal era la actividad misma a la que se dedicaban los convocados, y las cuestiones específicas que ellos estaban viviendo y dirimiendo. Todos los participantes actuaron de acuerdo con sus conciencias de lo que hacían y lo que querían, sus motivaciones y sus intereses inmediatos, sus ideologías, sus ideales trascendentes y sus prejuicios y creencias del día. Eso es lo que sucede en todos los eventos que después se considerarán históricos. Si analizamos con cuidado todo el material de aquellos meses referido a este campo, por lo menos hasta el Congreso de fundación de la UNEAC, en agosto, podremos tratar de establecer el significado que tuvieron entonces los acontecimientos y las declaraciones. Casi siempre existe una historia de selecciones, olvidos y utilizaciones de cada evento histórico, que configura ella misma sus realidades, discernibles respecto al hecho original. Ellas tienen sus sentidos y sus funciones, pero no hay que confundirlas con lo que sucedió originalmente.

Los intelectuales y artistas estaban sometidos a tensiones extraordinarias en aquel verano. Desde su triunfo, unos habían participado y otros apoyado o aplaudido a una revolución vertiginosa, hecha de cambios profundos, desafíos a Goliat, alegrías de pueblo y justicia evidente. Pero además de su inmensa rectoría moral, sus hechos excepcionales y su inagotable capacidad movilizadora, ahora la Revolución parecía haber comenzado a encargarse de todo. Prácticamente todos los medios para comunicarse estaban en sus manos, la mayor parte del trabajo intelectual y artístico debería transcurrir dentro de sus instituciones o de su orden, y el ámbito cultural en su conjunto recibiría sus orientaciones. Y todo sucedía mientras la extrema agudización de la lucha de clases llevaba a muchas personas a decisiones que afectaban totalmente a sus vidas, convertía en hostilidad los desacuerdos y a los juicios en definiciones de amigos o enemigos.

Por si fuera poco, el socialismo según los usufructuarios de las ORI incluía un control político del contenido de las artes y unas valoraciones sobre ellas que gozaban de una muy bien ganada mala fama. En la URSS se habían cometido represiones criminales contra artistas e intelectuales, y en aquel momento sus adeptos en el mundo tenían todavía por artículos de fe dogmas como el del llamado realismo socialista. La Revolución contaba con varias instituciones culturales propias que ya adquirían obra y prestigio, pero no con una elaboración ideológica en ese campo que pudiera funcionar como norma, si es que alguien con autoridad creyera que una norma general fuera necesaria. No existía unidad entre las personalidades de la cultura, ni la dirección del país les encargaba –al conjunto o a algunos de ellos– la conducción del sector. El sectarismo y el dogmatismo trataron entonces de imponerse, en nombre de la unidad y de lo que supuestamente era el legítimo socialismo.

Muchos intelectuales sentían zozobra ante aspectos de la situación y de lo que podía depararles el futuro cercano. Tenían razones para sentirla, porque en el campo cultural hubo funcionarios autoritarios, maniobras sectarias y dogmáticas, abusos e injusticias: esos hechos formaban parte del problema. Me imagino que cuando Virgilio Piñera dijo que él debía hablar primero, por ser el que más miedo tenía, Fidel quizás debe haberse sonreído para sí y pensado: “y yo soy el que más dolores de cabeza tengo”. Piñera expresaba el lícito temor de un intelectual maduro acostumbrado a trabajar solo y defender su dignidad en un mundo hostil, pero me niego a creer que era un intelectual que vivía sobre una nube, ciudadano únicamente de la república de las letras. Invito a releer su carta a Jorge Mañach de 1942, en la que el joven Virgilio le expone lo que piensa sobre los deberes sociales del intelectual, la cultura cubana en aquel tiempo posrevolucionario y el sentido cívico que tiene su revista Poeta. Le enrostra a Mañach el significado de su actuación pública –“no hay cosa más difícil para una nueva generación que toparse con que la precedente ha capitulado”, le dice– y le devuelve el dinero que ha pretendido aportar al novel editor.[2] Notable poeta, prosista y dramaturgo, Piñera dona a la revolución que nace una pintura maestra de las miserias de la sociedad burguesa neocolonial en su Aire frío, una obra de teatro descollante que admirábamos los jóvenes de aquellos años.

Los intelectuales reunidos en la Biblioteca Nacional no constituían un areópago de tontos cultísimos a los cuales Fidel iluminó, ofreciéndoles en dos frases rotundas y brillantes la orientación de la política cultural desde la no historia, de una vez y para siempre, que es lo mismo que decir de una vez y para nunca. Fidel ha sido extraordinariamente grande, entre otras causas, porque sus interlocutores no eran tontos, y porque él supo cabalgar sobre sus circunstancias históricas, obligarlas a andar en una dirección determinada y darle permanencia y trascendencia a lo que pudo haber quedado en unos nobles intentos y un conjunto de anécdotas para ser contadas.

Opino que el objetivo de las palabras de Fidel en la Biblioteca era mantener abierto el diálogo revolucionario con los intelectuales y artistas, defender abiertamente la libertad de creación frente a los dogmas, respaldar a todo el que echara su suerte con la Revolución y evitar que el sectarismo-dogmatismo consumara un desastre en ese campo. Al mismo tiempo, se proponía sostener la primacía de la Revolución frente a cualquier problema específico, y por consiguiente su derecho a controlar la actividad intelectual y la libertad de expresión en todo lo que resultara necesario, reclamar a los intelectuales tener fe –o confianza– en la revolución, respaldar al Consejo Nacional de Cultura sin dejarle someter a su pleno arbitrio el campo cultural y fortalecer la política de institucionalización estatal y de organizaciones sociales que llevaba hacia la constitución de una Unión de Escritores y Artistas.

Fidel habla aquí como el dirigente máximo de la Revolución, y logra mantener una relación íntima entre los principios, la estrategia y la táctica en medio de una situación política e ideológica muy compleja. Su largo discurso mantiene siempre un tono persuasivo, maneja argumentos y trata de influir y convencer. No ordena ni comunica decretos, no condena al documental PM y es muy cuidadoso en cuanto a no pretender que unos u otros tengan la razón, reconoce que se han expresado pasiones, grupos, corrientes, querellas, ataques, que incluso hay víctimas de injusticias. No utiliza nunca expresiones como las de “problemas ideológicos” o “servir consciente o inconscientemente al enemigo”, que han sido tan funestas para la cultura en el curso de la revolución. Al contrario, su discurso contiene gran cantidad de giros como estos: “la Revolución no puede ser, por esencia, enemiga de las libertades”; “la Revolución no le debe dar armas a unos contra otros”: “cabemos todos: tanto los barbudos como los lampiños…”; “tenemos que seguir discutiendo estos problemas (…) en asambleas amplias, todas las cuestiones”.

Fidel reivindica el derecho del Gobierno Revolucionario a fiscalizar lo que se divulga por el cine y la televisión en medio de una candente lucha revolucionaria, por la influencia que esos medios pueden tener en el pueblo. Pero también matiza esa exigencia: “lo puede hacer equivocadamente –dice–, no pretendemos que el Gobierno sea infalible”. Y sabe inscribir las discusiones de la Biblioteca en el marco de los hechos portentosos que está viviendo el país en el campo cultural.

Todos recordamos las frases famosas: “…dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada (…) ¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas, revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la revolución: todo; contra la revolución, ningún derecho.” Las proposiciones que son repetidas hasta el cansancio y sin atender a su significado, como si fueran rezos, pierden su valor, cualquiera sea su autor. Si recuperamos todo el discurso que pronunció Fidel aquí hace cincuenta años, contiene, a mi juicio, la defensa de la posición revolucionaria cubana, de un poder muy reciente e inexperto en medio de una pelea tremenda, frente a las tendencias elitistas y frente a la pretendida “pureza ideológica” que enarbolaban las ORI. La idea del intelectual honesto, valioso en sí mismo, que no milita en la revolución, le permite a Fidel hacer planteamientos fundamentales respecto a los problemas reales que confronta la transición socialista: “La Revolución debe tener la aspiración de que no solo marchen junto a ella todos los revolucionarios (…) la Revolución debe aspirar a que todo el que tenga dudas se convierta en revolucionario (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo.”

Yo veo la trascendencia de Palabras a los intelectuales en el conjunto de la intervención de Fidel y en los objetivos que tuvo, y no solo en la frase famosa. A mi juicio, esa frase atendía a lo esencial de aquella coyuntura, y no al propósito imposible de enunciar un principio general permanente de política cultural. Opino que resultó trascendente porque supo relacionar muy bien las actividades intelectuales y artísticas con la gran revolución que estaba sucediendo en Cuba, y porque estableció una forma honesta y clara –revolucionaria– de relación entre el poder y los intelectuales, que ha sido transgredida innumerables veces, pero sigue ahí, enhiesta, con su prestigio y su alcance, como una meta a conquistar.

Aquellos que en 1961 éramos apenas unos jóvenes revolucionarios estudiosos utilizamos con entusiasmo a nuestro favor la frase famosa de Palabras… En nuestra interpretación, “dentro de la revolución todo”, quería decir: “todos los que somos revolucionarios activos tenemos derecho a pensar, a expresar libremente nuestros criterios y a leer lo que nos dé la gana”. Y no sería honesto soslayar que compartíamos la convicción popular de que, en ningún terreno, se podía permitir nada contra la Revolución.

En la etapa reciente se ha venido multiplicando la información pública acerca del proceso de la cultura en los primeros años del poder revolucionario, a través de documentos personales, testimonios, reediciones de trabajos polémicos de entonces y algunos textos de análisis. Ese hecho tan positivo nos puede ayudar mucho a la imprescindible tarea de recuperar la memoria, y sobre todo a que los jóvenes se apoderen del proceso histórico de la cultura durante este medio siglo y de la totalidad del proceso histórico de la Revolución. Es una necesidad ineludible. Hay que saber bien quiénes somos, de dónde venimos, a qué herencia no debemos renunciar, qué enemigos y qué combates han tenido y tienen una y otra vez ante sí los que pretendan ejercer sus cualidades y realizarse como individuos en el mismo proceso en que crean un medio social que fomente el crecimiento y el desarrollo de la libertad y la justicia social: una sociedad que conquiste liberaciones, en la que sea factible gozar y repartir entre todos los bienes, la belleza y la imaginación. Para poner en marcha esa aventura maravillosa, Palabras a los intelectuales puede ser convocada también, y constituir un instrumento sumamente valioso.

Notas

[1] El 30 de junio de 2011 hice una intervención en el acto de conmemoración del cincuentenario de “Palabras a los intelectuales”, en el teatro de la Biblioteca Nacional. “José Martí” en el que Fidel pronunció su famoso discurso. Ella fue reproducida entonces en medios digitales, y hoy está en proceso de edición por la revista Cauce, de la UNEAC de Pinar del Río. Cinco años después, la proximidad y las circunstancias del aniversario me han motivado a basarme en aquel texto para escribir este, que lo revisa, amplía y anota, sin abandonar sus afirmaciones principales.

[2] La carta se publicó en La Gaceta de Cuba núm. 5, La Habana, sept/oct 2001, pp. 3-4.

Palabras a los Intelectuales, intervención de Fidel Castro

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Se han publicado 19 comentarios



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  • Ventura Carballido Pupo dijo:

    Modesta entente como protagonista revolucionario, cuando recuerdo todos los hechos históricos 1959-1961, tomando como referente aquella frases famosas: “…dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada*, expuesta por el; Joven Comandante Fidel, me pregunto ¿cómo pudiéramos llegar a los jóvenes de hoy y hacer una trasferencia directa, de lo que los revolucionarios de aquella época tenemos compactado en la mente y situarlo en la masa gris de los sucesores de la Revolución o ¿Cómo ilustrar la trascendencia de esos hechos?
    Lo primero que sobre el interesante material que comparto, debemos comentar, que no se trata de una historia solamente protagonizada por los escritores y artistas. El desvío del rumbo revolucionario y los malestares, contradicciones y conflictos que ese hecho generó eran una realidad dentro de otra en el proceso que se vivía*.. La frase es la brújula, pero como olvidar a la contrarrevolución tirada a la calle, matando a cientos de cubanos, quemando los cañaverales, saboteando la economía, destruyendo las obras sociales; como olvidar que este pueblo se quedó sin grasas comestibles, al ser encanutado en los Estados unidos las compras que ya se había hecho el país, y que Fidel mando hacer un censo de consumidores, para cuando llegara un barco con manteca desde la URSS, se distribuyera equitativamente cuadra por cuadra con la ayuda de los CDR y la FMC. No se me podrá olvidar amigos, que cuando nos montamos en el primer camión para llevar la Manteca al hoy reparto Alcides Pinos aquí en Holguín, íbamos accionando el pito de aquel vehiculo, como si llevaramos pepitas de oro. Hacía más de un año que este pueblo no tenia grasas para cocinar; también el autor hablo de la campaña de Alfabetización inmensa tarea; pero no podemos olvidar el acaparamiento y la especulación a las pocas mercaderías que disponíamos, (Algo parecido a lo que se hace en la Venezuela de Hoy) ; no puede quedar en el olvido aquel urgente cambio de moneda; tampoco los alzamientos contrarrevolucionarios; de igual forma el sectarismo; los revolucionarios divididos, manifestaciones de micro fracción, labor de zapa contra los principales líderes de la Revolución; es mucha la riqueza histórica, que se subsume en la Palabra a los Intelectuales; También aquella decisión de Fidel, de mandar para el Oriente Cubano al actual Presidente de los Consejos de Estado y Ministro, General de Ejército, Raúl Castro: con aquella frase también histórica *Si se salva Oriente se salva la Revolución*
    El desvío del rumbo revolucionario y los malestares, contradicciones y conflictos que ese hecho generó eran una realidad dentro de otra en el proceso que se vivía.
    Una deuda imprescindible es no solo salvar esta historia, sino tratar de llegar a los millones de cubanos que la desconoce; los Artistas e Intelectuales, que en medio de las limitaciones, están al lado de la Revolución, reciban el especial reconocimiento de un pueblo, que impedirá a todos costo, hasta con las vidas si fuese necesario , para que el Capitalismo no ponga sus asquerosos pie en la Isla Mayor. Felicidades al autor del trabajo.

  • Ventura Carballido Pupo dijo:

    revolucionarios convencidos
    Modestaentente como protagonista revolucionario, cuando recuerdo todos los hechos históricos 1959-1961, tomando como referente aquella frases famosas: “…dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada*, expuesta por el; Joven Comandante Fidel, me pregunto ¿cómo pudiéramos llegar a los jóvenes de hoy y hacer una trasferencia directa, de lo que los revolucionarios de aquella época tenemos compactado en la mente y situarlo en la masa gris de los sucesores de la Revolución o ¿Cómo ilustrar la trascendencia de esos hechos?
    Lo primero que sobre el interesante material que comparto, debemos comentar, que no se trata de una historia solamente protagonizada por los escritores y artistas. El desvío del rumbo revolucionario y los malestares, contradicciones y conflictos que ese hecho generó eran una realidad dentro de otra en el proceso que se vivía*.. La frase es la brújula, pero como olvidar a la contrarrevolución tirada a la calle, matando a cientos de cubanos, quemando los cañaverales, saboteando la economía, destruyendo las obras sociales; como olvidar que este pueblo se quedó sin grasas comestibles, al ser encanutado en los Estados unidos las compras que ya se había hecho el país, y que Fidel mando hacer un censo de consumidores, para cuando llegara un barco con manteca desde la URSS, se distribuyera equitativamente cuadra por cuadra con la ayuda de los CDR y la FMC. No se me podrá olvidar amigos, que cuando nos montamos en el primer camión para llevar la Manteca al hoy reparto Alcides Pinos aquí en Holguín, íbamos accionando el pito de aquel vehículo, como si lleváramos pepitas de oro. Hacía más de un año que este pueblo no tenia grasas para cocinar; también el autor hablo de la campaña de Alfabetización inmensa tarea; pero no podemos olvidar el acaparamiento y la especulación a las pocas mercaderías que disponíamos, (Algo parecido a lo que se hace en la Venezuela de Hoy) ; no puede quedar en el olvido aquel urgente cambio de moneda; tampoco los alzamientos contrarrevolucionarios; de igual forma el sectarismo; los revolucionarios divididos, manifestaciones de micro fracción, labor de zapa contra los principales líderes de la Revolución; es mucha la riqueza histórica, que se subsume en la Palabra a los Intelectuales; También aquella decisión de Fidel, de mandar para el Oriente Cubano al actual Presidente de los Consejos de Estado y Ministro, General de Ejército, Raúl Castro: con aquella frase también histórica *Si se salva Oriente se salva la Revolución*
    El desvío del rumbo revolucionario y los malestares, contradicciones y conflictos que ese hecho generó eran una realidad dentro de otra en el proceso que se vivía, tal como lo expuso el autor.
    Una deuda imprescindible es no solo salvar esta historia, sino tratar de llegar a los millones de cubanos que la desconoce; los Artistas e Intelectuales, que en medio de las limitaciones, están al lado de la Revolución, reciban el especial reconocimiento de un pueblo, que impedirá a todos costo, hasta con las vidas si fuese necesario, para que el Capitalismo no ponga sus asquerosos pie en la Isla Mayor. Felicidades al autor del trabajo.

  • Dromedario dijo:

    La Revolución es el tesoro más grande, cuidémoslo, es lo que nos dijo entonces Fidel y lo que necesitamos hacer, ahora más que nunca

  • Katia dijo:

    Excelente artículo. Le cuento que durante la lectura de otros que ha publicado usted en Cubadebate he discrepado sistemáticamente de su percepción de algunos aspectos de los acontecimientos ocurridos despues del 17D. Gracias por este artículo.

  • agua dijo:

    Impresionante lección de historia, publíquese en todos los medios, al alcance de todos los que no tienen internet. Este gran intelectual y maestro nuestro nos lleva en este artículo por las veredas que muchas veces se olvidan cuando se tiene una vía ancha. Nos llama a revisarnos, al análisis profundo de las verdaderas causas de los errores cometidos en todas las áreas, no solo en la cultura que es la base fundamental de la identidad de la nación, para que perdure la obra de Fidel que es nuestra obra.

  • Nube dijo:

    Maravilloso artículo, que recoge toda una historia que no debemos olvidar, viene a refrescar la memoria de quienes conocemos la trayectoria revolucionaria gracias a las clases de historia de Cuba, pero con mayor profundidad y de talle, lo que nos hace entender mucho mejor, las circunstancia en la que se dieron y sucedieron las cosas, lo difícil que ha sido para nuestra Revolución llevar a cabo la estrategia de justicia social para la cual lucha. A pesar de la extensión del texto, la lectura se hace amena y muy clara para aquellos que, de un modo o de otro, desconocen el sentido de este proceso en el que estamos enfrascados. FELICIDADES!!!

  • yosjan dijo:

    Aunque ni por remotas ideas vivé esa época, que nostalgia me causan los dos primeros párrafos de este artículo.

  • CUBAMÍA dijo:

    Magnífico artículo.
    Pues sobre el papel todo es así y este admite lo que se le ponga.
    Habría que preguntar a quienes se rompen su salario, su tiempo y su vocación para que determinados funcionarios los ignoren con elaboradísimas y misteriosísimas argumentaciones, que en mi opinión no son más que falacias.

    La revolución hoy más que nunca nesecita que se reunan a aquellos que quieren y tienen talento disposición, conocimiento, actitud y deseos desde la estética artística, de APORTAR, valores e ideales que conecten a las nuevas generaciones con sus raices y con valores universales que además y no solo conecten a nuestras generaciones sino a las de todo el mundo con esos valores que deben ser trasmitidos desde nuestra realidad y desde la interpretación que hacemos de ella y de la realidad universal, que abarca no solo lo histórico sino lo anecdótico, real o fantástico. Llevamos décadas escuchando en nuestros propios medios así como en medios foráneos con enfóques distorcionados, que tal género es menor frente a este otro género, mientras paradógicamente nadie se sorprende sencibilisado ante un producto de un mal llamado género menor, que no sencibiliza solo por la factura, evidentemente lo hace por los valores que transmite.

    He presentado trabajos alegóricos a nuestros héroes nacionales en formátos digitales y no me he sorprendido ante el silencio por respuesta, tampoco lo he hecho cuando he visto productos mal acabados que han costado lo indecible tras un período insustante de tiempo y que para colmo ha sido ensalzado por los medios.

    Me duele que en una tienda me llamen seÑor y no compaÑero mientras me estafan, aquellos que el día que por desgrácia logren cambiar el modelo social de Cuba serán los primeros que descubran el valor real de la dichosa palabra SEÑOR.

    Esos son valores que se están viviendo día a día, desde la posición de poder de la demagógia hipócrita madre del fascismo.

    El primer valor que debe inculcarse es el del amor por lo que se hace, para que se quiera lo que se hace y no hacer lo que se quiera, como viene sucediendo. Así como un ciudadano de a pie tiene que enfrentar estas conductas aún más un directivo debe hacerlo.

    ?Como es posible que un directivo diga que no tiene tiempo de verificar la calidad de un servicio siendo un consumidor más en frente de las cámaras de TV sin que pase nada?

    Por eso en las TRD te venden cualquier producto adulterado y fuera de peso. Mi más respetuoso saludo a todos los valientes periodistas que están denunciando estos hechos, pero una vez más todo ello es parte de nuestra cultura y ahora mismo ELLA está en el hospital en condición estable y con pronostico reservado por el shock que viven los que han peleado por este ideal y no ven los resultados.

    Saludos Cubadebate.

  • REFLEXIVO dijo:

    Todo es cierto y estoy de acuerdo, pero siempre, en todas las actividades, políticas, culturales y económicas en este país, hemos tenido “cuadros” que por su personalidad, incapacidad, insuficiencia y otras veces, de forma absoluta, porque estaban allí, porque no había otro, han interpretado las cosas a su manera, con extremismos, con radicalismos (falsos superideólogos), han trabado mucho lo que debió de ser, a partir de esas palabras de Fidel, condenando a unos o anulando a otros, no permitiendo el desarrollo a muchos y generando un ambiente de insatisfacción, descontento, frustración y decepción, cuyas culpas caían sobre la Revolución, como generadas por la Revolución. Incluso, los problemas que aún tenemos, están determinados por “cuadros” incapaces, burócratas, tecnócratas, prepotentes, supercontroladores y que no controlan nada, siendo la realidad que ese control es para favorecerse a sí mismos y a los cercanos. La mentira que aparece en tantos informes de cumplimientos de planes en todas las esferas, nos tienen confundidos. Si todo sale tan bien, ¿Por qué tal cosa no avanza, no se ve? Los problemas de nuestro Socialismo, no son problemas del sistema, sino de los hombres, con sus interpretaciones, sus aplicaciones, sus decisiones y su ceguera, a veces voluntaria, para ver los problemas del país, del pueblo. Se necesita una revisión, no sé cómo, para escrutar la ruta, la trayectoria, la ejecutoria de los jefes a todos los niveles, para hacer como se decía en un tiempo atrás y está en la prensa de la época: “FIDEL, SACUDE LA MATA”

  • Linda dijo:

    Gracias, Martínez Heredia, por acercarnos al contexto de esas palabras de Fidel, que hoy siguen vigentes.

  • Divina dijo:

    Excelente, Fernando, como siempre

  • victor dijo:

    Profesor. En un momento determinado, usted escribe “…no condena al documental PM…” ¿Cuántos jóvenes hoy saben a qué se está refiriendo? ¿Cuántos jóvenes y no tan jóvenes, hoy conocen lo que se discutió en aquel Momento?
    Fueron varios días de análisis. Se conocen las palabras de Virgilio Piñera, pero, ¿qué pasó en la reunión? Obviamente que muchos más hablaron. A favor o en contra de lo que allí se dicutía. Fíjese que siempre se recuerda el aniversario correspondiente de las palabras de Fidel, pero no se habla de lo que se analizó allí, cómo surgió o qué le dio camino a este proceso.
    Ayer por ejemplo, Fernández Retamar, se refería al quinquenio gris, que comenzxó diez alños despues y fue obviamente el resultado de haber tomado el rábano por la hojas.
    Me parece que falta mucha información por brindar y esperemos que eso algún día se resuelva.

  • Albert dijo:

    Hace 55 años del discurso de Fidel a los intelectuales, eran tiempo difíciles de bastante enfrentamiento con los medios privados de esa epoca. Es cierto que la revolución no puede renuenciar a contar con el apoyo de la mayoría de su pueblo. Saludos.

  • german dijo:

    Me dejo sin palabras….

  • Gilberto Arias dijo:

    Muy esclarecedor su artículo Profe, muchas gracias por traernos a la memoria aquellas circunstancias en que se produjo el crucial encuentro de nuestro Comandante en Jefe con los intelectuales que devino en fortalecimiento de nuestra cultura, que como se ha dicho, es escudo y espada de la Revolución.

  • José García Álvarez dijo:

    EXCELENTE ARTÍCULO, DE AHÍ QUE NO PODEMOS JAMAS RENUNCIAR NI OLVIDARNOS DE NUESTRA HISTORIA ,AL CONTRARIO REVIVIRLA CADA DÍA PARA QUE LAS PRESENTES Y NUEVAS GENERACIONES SIEMPRE LA TENGAN PRESENTE.Y MAS CUANDO SE TRATA DE LA HISTORIA HECHA POR FIDEL Y NUESTRO PUEBLO. LA MAS BELLA ,LA MAS INTENSA,LA QUE SERA ETERNA.¡VIVA FIDEL ,LA REVOLUCIÓN CUBANA Y NUESTRO HEROICO PUEBLO.

  • Sergio dijo:

    Muy ilustrativo este recuento, pero en la vida real, como dicen por ahí, esta famosa interlocución se produce a raíz de la censura del documental PM de Sabá Cabrera Infante, que no hacía otra cosa que decir como era la vida nocturna de parte de la habana para los TRABAJADORES, Rumba, Guanguacó, Ron y Cigarro,,, fueron reflejados ante una CAMARA sin el uso de LUCES, tal y como lo sentían los protagonistas.

    Pero es que años más tarde, en 1964, el cienasta sovietico Mijail Kalatozov filmó Soy Cuba, nunca estrenada en Cuba, y por el mismo criterio de censura. Esta película fue vista por Coppola en el año 2000, y como casi siempre ocurre en las novelas,, hoy es un CLASICO del CINE.

    Ya para comienzo de los 70 llegaría el treitemente recordado QUINQUENI GRIS, con Papito Serguera y su gente.

    En resumen, que aquellas palabras del año 61, sirvieron para dar más PODER a quienes lo ejercían. Mucho tuvieron que batllar artistas e intelectuales, MUCHO, muchisimo. Y no todos se fueron, muchos siguen aquí, el Chino Hera, Pablo Armando, Anton Arrufat, etc., etc. y otros que murieron en CUBA como Vrigilio y Lezama.

  • pp96 dijo:

    Es cierto que la Revolución ha sido la salvación de nuestro pueblo, sumido durante siglos en la explotación y en la pobreza; pero discúlpenme, hay que ser realistas. Para mí, la famosa frase atenta contra la libertad de expresión, todos debes tener el derecho universal de decir lo que queramos, y los que no estén de acuerdo deben respetar ese derecho de cada cual. Lo que no podemos es ofender ni comoeter actos vandálicos, pero expresarnos, señores, creo que tenemos el derecho.
    Como ya dije, agradezco infinitamente a la Revoloción, sino fuera por ella hoy yo no estuviera estudiando Medicina, pero tenemos que llamar a las cosas por su nombre.
    !VIVAN LA REVOLUCIÓN, FIDEL Y RAÚL!!

  • carlos dijo:

    exelente clase de hsitoria de la revolucion cubana

Se han publicado 19 comentarios



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Fernando Martínez Heredia

Fernando Martínez Heredia

Filósofo y ensayista cubano. Es Premio Nacional de Ciencias Sociales. Entre otros libros ha publicado “El corrimiento hacia el rojo” y “Repensar el socialismo”.

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