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Eduardo Moya: Un creador polémico y de vanguardia

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En la foto algunos de los artistas cubanos que trabajaban en los Comandos del Silencio: Carlos Molina, Carlos Gil, Miguel Navarro, Salvador Wood, Iván Colás y Annia Linares.

En la foto algunos de los artistas cubanos que trabajaban en los Comandos del Silencio: Rogelio Blaín, Enrique Molina, Carlos Gilí, Miguel Navarro, Salvador Wood, Iván Colás y Annia Linares.

“Decir Eduardo Moya en los pasillos de la televisión y de cualquier lugar donde se hable de audiovisuales, es nombrar la polémica, y por supuesto el buen hacer en series como Los comandos del silencio y Algo más que soñar, verdaderos hitos de nuestra televisión. Hombre que, junto a la práctica de realizar decenas de programas –no se puede olvidar el musical Mientras tanto–, ha cultivado un sólido conocimiento teórico. Recio de carácter y decidor de verdades cara a cara, despierta cariño o repudio, pero nunca indiferencia”, es el párrafo inicial de una larga entrevista que le hice al director más polémico que he conocido en la televisión.

Por una parte era un vanguardista, que abrió la posibilidad a miles de televidentes de conocer a Silvio Rodríguez cuando este era un cantor rebelde (lo sigue siendo; hilvanar historias de matices como “Los comandos…” y “Algo más que soñar”, le confieren a Moya el olivo del pedestal televisivo.

Pero su carácter –no voy a dejar de hablar de ese tema porque murió- le ocasionó muchos enemigos. Un párrafo critico sobre una de sus novelas, costó que me dejara de hablar durante más de dos años. Conozco a una actriz que me dijo: “Con él aprendí a actuar, pero si mi futuro depende de repetir la experiencia, no hago más televisión”. Así de polémico era mi compañero de batalla en los talleres Caracol de los años noventa. Con él podía contar a la hora de los debates por una mejor televisión. Con un buen arsenal teórico, este hombre que casi fue mi amigo, podía hablar dos horas seguidas sobre un tema tecnológico o político. Hasta quienes le admiramos teníamos temor de que tomara la palabra, porque cómodamente le robaba el tiempo a otras intervenciones.

Sobre su entrada al ICRT en 1965, Moya me contó:

Eduardo Moya.

Eduardo Moya.

“En ese tiempo yo era un funcionario menor del ICAIC. Para mí fue un momento decisivo, porque allí existía un ambiente cultural intenso. Todos participábamos en los cinedebates semanales que fueron una verdadera escuela para todos, donde aprendí lo que era el cine de verdad y su importancia cultural. Cuando trabajé en la Cinemateca de Cuba tuve acceso a los archivos de las películas y comencé a ver cine desde una óptica nueva, por encima del simple entretenimiento. Allí, gracias a la política trazada por la revolución para el cine, me formé como realizador, sin realizar nada desde luego. Era un cambio total para mí, y se despertó una vocación. Estando en la universidad fuimos un día convocados por la Comisión Ideológica del Partido para proponernos a los compañeros que pudieran formarse como directores de televisión, ya que los directores se estaban marchando del país y se iba a producir un bache en el medio.

“Fuimos varios los que acudimos. Pasamos un curso intensivo con los directores que permanecían fieles al proceso, que eran por suerte los más capacitados y prestigiosos: profesores universitarios como Mario Rodríguez Alemán, y directores como Roberto Garriga y Antonio Vázquez Gayo. Así entramos en la televisión a cumplir una tarea revolucionaria: mantener en el aire la señal de la televisión, pues recuerda que en ese tiempo la televisión se hacía en vivo.”

Le pregunté acerca del programa Mientras tanto y me dijo:

“Yo fui durante dos años asistente de Manolo Rifat, un extraordinario director de musicales de la televisión, y una gran persona que le agradezco y lo recuerdo mucho. Rifat era un innovador audaz, en condiciones muy difíciles en aquellos años. Él encontraba soluciones estéticas innovadoras, y por lo tanto era muy cuestionado por los tradicionales. Yo desde luego lo apoyaba. Cuando terminó el curso intensivo de director comencé a hacer musicales, influido mucho por la línea estética que Rifat tenía. Allí conocí a Silvio Rodríguez en el programa Música y estrellas, que dirigía Manolo, y que todas las semanas presentaba una figura nueva al público. Inmediatamente supe que ese joven, vistiendo todavía el uniforme verde olivo, era tremendo talento. En esas circunstancias nació Mientras tanto.

Pretendíamos hacer un programa que se separara de la concepción establecida para el espectáculo televisivo, que tuviera un peso cultural y estético diferente. Así coincidimos Víctor Casaus, el diseñador Ascuy, Silvio y yo. En ese tiempo Silvio era un manantial inagotable de canciones. Componía a veces varias en una semana, y las grabábamos todas semanalmente. También nos separamos de la forma de vestir que usaban los intérpretes por la televisión en esos tiempos. No usábamos trajes lujosos ni lentejuelas. Eso era interpretado mal en aquellos tiempos; es decir, era un programa iconoclasta que estaba en armonía con la situación de entonces.

“Para no hacer muy largo este relato, el programa tuvo una connotación tremenda y era de cierta manera polémico. La dirección de la televisión lo sacó del aire porque desde él se defendió la música que hacían Los Beatles, entre otras cosas. No me imaginaba que el programa tenía una influencia fuerte entre los jóvenes compositores. Era inaudito para la burocracia de entonces que un joven desconocido fuera la estrella de un espacio musical y que además tuviera éxito. Así fui a parar a la Redacción Dramática. Me pusieron a trabajar en las Aventuras, después de un despido casi definitivo.”

Otro importante realizador, Alejandro Gil, en una entrevista sobre su formación, me dijo sobre su experiencia en Algo más que soñar:

“Entonces viene la escuela con Eduardo Moya. Con todo lo que se pueda decir del carácter de Moya, de su explosividad…, para mí fue muy importante esa escuela. Yo se lo digo a él y lo reconozco en todos los lugares. Me dio la posibilidad de dirigir todas las escenas, los fondos de la serie, los nueve capítulos de una hora… de las guerras, de todo ese movimiento.

“Como asistente de dirección atendía pirotecnia, efectos especiales y armamentos. El movimiento de extras me ocupaba mucho tiempo, porque además tenía que escogerlos. Moya me daba la orden de preparar esas escenas que son opening de las secuencias, que es la exploración, la visualización de la locación. Todo eso yo lo preparaba. Después entraban los actores en la locación. Las escenas que no tenían actores las hacía yo con los extras; todas las cosas de las trincheras, las acciones combativas con los asesores militares las realicé con toda libertad. Él me decía: treinta, quince minutos para esta locación, en dependencia de ella.

“Siempre abría con los planos generales, la ubicación de la locación, dónde iba a ser la puesta, dónde iba a suceder la acción dramática, y esa fue una escuela: desde un preuniversitario, desde un parque, desde la guerra, desde una discoteca…, aquella discoteca famosa en Viñales.”

En fin, podría seguir escribiendo sobre ti, Moya. Tu entereza a hablar del cáncer que tenías y que ni tal enfermedad te hizo dejar el cigarro. El amor con el que hablabas de tus hijos, y bueno, estés donde estés te confieso que extraño tus largas parrafadas. A pesar de tus excesos verbales, siempre aprendí contigo y sigo viendo con placer un a buena parte de tu obra. Opiniones a tu favor o en contra, lo cierto es que fuiste un paradigmático director de televisión.

Se han publicado 8 comentarios



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  • victor dijo:

    Lo más normal en un país en Revolución, es que alguien se destaque por ser revolucionario dondequiera que esté. Pero tenemos problemas, pues esa posición puede ser (es y ha sido) criticada por muchos.

    • zulemabg dijo:

      Un verdadero revolucionario se destaca y no mira las circunstancias…

      • Belcross dijo:

        A veces la esencia de ser revolucionario hace que los demás “revolucionarios” te vean como un recalcitrante… sobre todo cuando los demás no se atreven a mirar por dentro de su obra

  • Carmita dijo:

    Sin leer completo este reportaje encuentro varios errores en los nombres propios de los actores. En la foto: Carlos Molina (se me parece más a Enrique Molina) y Carlos Gil ( es Carlos Gili, destacado actor y galán de la TV cubana hace años).
    Y Antonio Vazquez Gayo, debe ser Antonio Vázquez Gallo.
    Gracias por publicarme!

  • Sergio dijo:

    EPD,,, aún recuerdo la POLEMICA SOCIAL, por la relación de Patricio Wood con mi bella vecina Aidita, en Algo más que soñar, y que no hubiese sido con Betriz.

    Mis conodlencias a su familiares.,

    Saludos,

  • Lázarita dijo:

    En la foto también está Manolín Alvarez

  • Habanera dijo:

    Por que no hacen una nueva versión de Los Comandos del Silencio. Esa serie tan popular en su momento bien vale la pena una versión moderna, a la TV cubana le hace falta.

  • José Antonio Doll dijo:

    Comparto la opinión de Habanera sobre volver a hacer Los Comandos del Silencio. Ayudaría mucho a nuestra juventud a entender la situación del Uruguay de casi 50 años atrás y el por qué del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros).

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Paquita Armas Fonseca

Paquita Armas Fonseca

Periodista cubana especializada en temas culturales. Colabora sistemáticamente con el diario digital La Jiribilla.

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