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Los nuevos Estados de vigilancia

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ciberguerraLa idea de un mundo situado bajo “vigilancia total” ha parecido durante mucho tiempo un delirio utópico o paranoico, fruto de la imaginación más o menos alucinada de los obsesos de la conspiración. Sin embargo, hay que reconocer la evidencia: vivimos, aquí y ahora, bajo la mirada de una especie de imperio de la vigilancia. Sin que lo sepamos, cada vez más nos observan, nos espían, nos vigilan, nos controlan, nos fichan. Cada día, nuevas tecnologías se refinan en el seguimiento de nuestro rastro. Empresas comerciales y agencias publicitarias registran nuestra vida.

Pero, sobre todo, bajo el pretexto de luchar contra el terrorismo o contra otras plagas (pornografía infantil, blanqueo de dinero, narcotráfico), los Gobiernos –incluidos los más democráticos– se erigen en Gran Hermano y ya no dudan en infringir sus propias leyes para espiarnos mejor. En secreto, los nuevos Estados orwellianos buscan establecer ficheros exhaustivos de nuestros contactos y de nuestros datos personales tal y como figuran en diferentes soportes electrónicos.

Tras la ola de ataques terroristas que ha golpeado, desde hace algunos años, ciudades como Nueva York, París, Boston, Ottawa, Londres o Madrid, las autoridades no han dudado en utilizar el gran pavor de las sociedades conmocionadas para intensificar la vigilancia y para reducir más la protección de nuestra vida privada.

Entendámonos: el problema no es la vigilancia en general, es la vigilancia masiva clandestina. Es evidente que, en un Estado democrático, las autoridades cuentan con toda la legitimidad, basándose en la ley y con la autorización previa de un juez, para poner bajo vigilancia a cualquier persona que consideren sospechosa.

Como dice Edward Snowden: “No hay ningún problema si se trata de poner bajo escucha a Osama Bin Laden. Siempre que los investigadores tengan que disponer del permiso de un juez –un juez independiente, un juez auténtico, no un juez secreto–, y puedan probar que existe una buena razón para emitir una orden, entonces pueden llevar a cabo ese trabajo. El problema se plantea cuando nos controlan a todos, en masa, todo el tiempo y sin ninguna justificación” (1). [1. Katrina van den Heuvel et Stephen F. Cohen, “Edward Snowden: A ‘Nation’ Interview”, The Nation, Nueva York, 28 de octubre de 2014.]

Con ayuda de algoritmos cada vez más perfeccionados, miles de investigadores, de ingenieros, de matemáticos, de estadistas y de informáticos buscan y clasifican la información que generamos sobre nosotros mismos. Satélites y drones de mirada penetrante nos siguen desde el espacio. En las terminales de los aeropuertos, escáneres biométricos analizan nuestros andares, “leen” nuestro iris y nuestras huellas digitales. Cámaras de infrarrojos miden nuestra temperatura. Las pupilas silenciosas de las cámaras de vídeo nos escrutan en las aceras de las ciudades o en los pasillos de los hipermercados. También siguen nuestra pista en el trabajo, en las calles, en el autobús, en el banco, en el metro, en el estadio, en los aparcamientos, en los ascensores, en los centros comerciales, en las carreteras, en las estaciones, en los aeropuertos…

Cabe señalar que la inimaginable revolución digital que vivimos, que ya ha transformado tantas actividades y profesiones, también ha trastornado totalmente el ámbito de los servicios de información y de la vigilancia. En la época de Internet, la vigilancia ha pasado a ser algo omnipresente y perfectamente inmaterial, imperceptible, “indetectable”, invisible. Además, se caracteriza técnicamente por una simplicidad pasmosa.

Se acabaron los trabajos de albañilería para instalar cables y micrófonos, como en la célebre película La Conversación (2) [2. La Conversación (The Conversation), 1973. Dirección: Francis F. Coppola. Intérpretes: Gene Hackman, John Cazale, Cindy Williams, Harrison Ford, Robert Duvall. Palma de Oro 1974 en el Festival de Cannes.], donde podíamos ver cómo un grupo de “fontaneros” presentaba, en un Feria consagrada a las técnicas de vigilancia, ‘chivatos’ más o menos elaborados equipados con cajas rebosantes de cables eléctricos que había que esconder en los muros o en el suelo…

Varios estrepitosos escándalos de esa época –el caso Watergate en Estados Unidos, el de los “fontaneros de Le Canard enchaîné” en Francia–, fracasos humillantes para las oficinas de los servicios de información, demostraron los límites de estos antiguos métodos mecánicos, fácilmente detectables y localizables.

Hoy en día, poner a alguien bajo escucha ha pasado a ser algo de una facilidad desconcertante. Al alcance del primero que llega. Una persona normal y corriente que quiera espiar a alguien de su entorno puede encontrar en venta libre en el comercio un amplio abanico de opciones: nada menos que media docena de programas informáticos para espiar (mSpy, GsmSpy, FlexiSpy, Spyera, EasySpy) que “leen” sin problemas los contenidos de los teléfonos móviles: mensajes de texto, correos electrónicos, cuentas en Facebook, Whatsapp, Twitter, etc.

Con el auge del consumo en línea, la vigilancia de tipo comercial también se ha desarrollado enormemente, dando lugar a un gigantesco mercado de nuestros datos personales, que se han convertido en mercancías. Durante cada una de nuestras conexiones a una página web, las cookies guardan el conjunto de las búsquedas realizadas y permiten establecer nuestro perfil de consumidor. En menos de veinte milésimas de segundo, el editor de la página visitada vende a los posibles anunciantes la información que nos concierne revelada por las cookies. Apenas unas milésimas de segundo más tarde, la publicidad que se supone que causa más impacto en nosotros aparece en nuestra pantalla. Y así quedamos ya fichados definitivamente.

De alguna manera, la vigilancia se ha “privatizado” y “democratizado”. Ya no es un asunto reservado sólo a los servicios estatales de información. Pero, a la vez, la capacidad de los Estados en materia de espionaje masivo ha crecido de modo exponencial. Y esto también se debe a la estrecha complicidad entablada con las grandes empresas privadas que dominan las industrias de la informática y de las telecomunicaciones.

Julian Assange lo afirma: “Las nuevas sociedades como Google, Apple, Amazon y, más recientemente, Facebook han tejido estrechos vínculos con el aparato de Estado en Washington, en particular con los responsables de Asuntos Exteriores” (3). [3. Ignacio Ramonet, “Entrevista a Julian Assange: ‘Google nos espía e informa al Gobierno de Estados Unidos’”, Le Monde diplomatique en español, diciembre de 2014.] Este Complejo de la seguridad y de lo digital –Estado + aparato militar de seguridad + industrias gigantes de la Web– constituye un auténtico imperio de la vigilancia cuyo objetivo, muy concreto y muy claro, es poner Internet, todo Internet y a todos los internautas bajo escucha. Para controlar la sociedad.

Para las generaciones de menos de cuarenta años, la Red es, simplemente, el ecosistema en el que han pulido su mente, su curiosidad, sus gustos y su personalidad. Desde su punto de vista, Internet no es solo una herramienta autónoma que se utilizaría para tareas concretas. Es una inmensa esfera intelectual donde se aprende a explorar libremente todos los saberes. Y, de forma simultánea, un ágora sin límites, un foro donde las personas se reúnen, dialogan, intercambian y adquieren, a menudo de forma compartida, una cultura, conocimientos, valores.

Internet representa, a ojos de estas nuevas generaciones, lo que era para sus mayores, de forma simultánea, la escuela y la biblioteca, el arte y la enciclopedia, la polis y el templo, el mercado y la cooperativa, el estadio y el escenario, el viaje y los juegos, el circo y el burdel… Es tan fabuloso que “el individuo, en su placer por evolucionar en un universo tecnológico, no se preocupa por saber, y menos aún por comprender, que las máquinas gestionan su día a día. Que cada uno de sus actos y gestos es grabado, filtrado, analizado y, eventualmente, vigilado. Que, lejos de liberarlo de sus obstáculos físicos, la informática de la comunicación constituye sin duda la herramienta de vigilancia y de control más increíble que el ser humano haya podido crear jamás” (4). [4. Jean Guisnel en su prefacio al libro de Reg Whitaker, Tous fliqués. La vie privée sous surveillance, Denoël, París, 2001 (en español: El fin de la privacidad. Cómo la vigilancia total se está convirtiendo en realidad, Paidós, Barcelona, 1999).]

Este intento de control total de Internet representa un peligro inédito para nuestras sociedades democráticas: “Permitir la vigilancia de Internet –afirma Glenn Greenwald, el periodista estadounidense que difundió las revelaciones de Edward Snowden– viene a ser lo mismo que someter a un control estatal exhaustivo prácticamente todas las formas de interacción humana, incluido el pensamiento propiamente dicho” (5). [5. Glenn Greenwald, No place to hide. Edward Snowden, the NSA, and the US Surveillance State, Metropolitan Books, Nueva York, 2014.]

Esta es la gran diferencia con los sistemas de vigilancia que existían antes. Sabemos, desde Michel Foucault, que la vigilancia ocupa una posición central en la organización de las sociedades modernas. Estas son “sociedades disciplinarias” donde el poder, por medio de técnicas y de estrategias complejas de vigilancia, busca ejercer el mayor control social posible (6). [6. Michel Foucault, Vigilar y castigar, Biblioteca Nueva, Madrid, 2012.]

Esta voluntad por parte del Estado de saberlo todo sobre los ciudadanos está legitimada políticamente por la promesa de una mayor eficacia en la administración burocrática de la sociedad. Así, el Estado afirma que será más competitivo y, por lo tanto, servirá mejor a los ciudadanos si los conoce mejor, de la forma más profunda posible. Sin embargo, al haber pasado a ser cada vez más invasiva, la intrusión del Estado ha terminado provocando, desde hace tiempo, un creciente rechazo entre los ciudadanos que aprecian el santuario de la vida privada. Desde 1835, Alexis de Tocqueville señalaba ya que las democracias modernas de masas producen ciudadanos privados cuya principal preocupación es la protección de sus derechos. Y que esto hace que sean particularmente quisquillosos y belicosos contra las pretensiones intrusivas y abusivas del Estado (7). [7. Alexis de Tocqueville, La democracia en América, Akal, Madrid, 2007.]

Esta tradición se prolonga en la actualidad en la persona de los “lanzadores de alertas”, como Julian Assange y Edward Snowden, ambos perseguidos ferozmente por Estados Unidos. Y, en defensa de ellos, el gran intelectual estadounidense Noam Chomsky afirma: “Para estos ‘lanzadores de alertas’, su lucha por una información libre y transparente es una lucha casi natural. ¿Tendrán éxito? Depende de la gente. Si Snowden, Assange y otros hacen lo que hacen, lo hacen en su calidad de ciudadanos. Están ayudando al público a descubrir lo que hacen sus propios Gobiernos. ¿Existe acaso una tarea más noble para un ciudadano libre? Y se los castiga severamente. Si Washington pudiera echarles el guante, sería peor aún. En Estados Unidos existe una ley de espionaje que data de la Primera Guerra Mundial; Obama la ha usado para evitar que la información difundida por Assange y Snowden llegue al público. El Gobierno va a intentarlo todo, incluso lo indecible, para protegerse de su ‘enemigo principal’. Y el ‘enemigo principal’ de cualquier Gobierno es su propia población” (8). [8. Ignacio Ramonet, “Entrevista con Noam Chomsky: Contra el imperio de la vigilancia”, Le Monde diplomatique en español, abril de 2015.]

En la era de Internet, el control del Estado alcanza dimensiones alucinantes, ya que, de una manera o de otra, como ya se ha dicho, confiamos a Internet nuestros pensamientos más personales e íntimos, tanto profesionales como emocionales. Así, cuando el Estado, con ayuda de tecnologías súper poderosas, decide pasar a escanear nuestro uso de Internet, no solo rebasa sus funciones, sino que, además, profana nuestra intimidad, deshuesa literalmente nuestro espíritu y saquea el refugio de nuestra vida privada.

Sin saberlo, a ojos de los nuevos “Estados de vigilancia”, nos convertimos en clones del héroe de la película El Show de Truman (9) [9. El Show de Truman (The Truman Show) (1998). Dirección: Peter Weir. Intérpretes: Jim Carrey, Ed Harris.], expuestos en directo a la mirada de miles de cámaras y a la escucha de miles de micrófonos que exponen nuestra vida privada a la curiosidad planetaria de los servicios de información.

A este respecto, Vince Cerf, uno de los inventores de la Web, considera que “en la época de las tecnologías digitales modernas, la vida privada es una anomalía…” (10). [10. Marianne, París, 10 de abril de 2015.] Leonard Kleinroc, uno de los pioneros de Internet, es aún más pesimista: “Básicamente –considera–, nuestra vida privada se ha acabado y, por así decirlo, es imposible recuperarla” (11). [11. El País, Madrid, 13 de enero de 2015.]

Por una parte, muchos ciudadanos se resignan, como si de una especie de fatalidad de la época se tratara, al fin de nuestro derecho al anonimato. Por otra parte, esta preocupación de defender nuestra vida privada puede parecer reaccionaria o “sospechosa” porque solo aquellos que tienen algo que esconder intentan esquivar el control público. Por lo tanto, las personas que consideran que no tienen nada que reprocharse ni nada que ocultar, no son hostiles a la vigilancia del Estado. Sobre todo si esta, tal y como lo prometen y lo repiten las autoridades, está acompañada por una ganancia sustancial en materia de seguridad. Sin embargo, este discurso –“Dadme un poco de vuestra libertad, os la devuelvo centuplicada en garantía de seguridad.”– es una estafa. La seguridad total no existe, no puede existir. Es un engaño. Sin embargo, la “vigilancia total” se ha convertido en una realidad indiscutible.

Contra la estafa de la seguridad, cantinela constante de todos los poderes, recordemos la lúcida advertencia lanzada por Benjamin Franklin, uno de los autores de la Constitución estadounidense: “Un pueblo dispuesto a sacrificar un poco de libertad por un poco de seguridad no merece ni lo primero ni lo segundo. Y acaba perdiendo las dos”.

Una sentencia de perfecta actualidad y que debería animarnos a defender nuestro derecho a la vida privada, cuya principal función no es otra que proteger nuestra intimidad. Jean-Jacques Rousseau, filósofo de la Ilustración y primer pensador que “descubrió” la intimidad, nos dio el ejemplo. ¿No fue él también el primero en rebelarse contra la sociedad de su tiempo y contra su voluntad inquisidora de querer controlar la conciencia de los individuos?

“El fin de la vida privada sería una auténtica calamidad existencial”, ha subrayado igualmente la filósofa contemporánea Hanna Arendt en su libro La condición humana (12). [12. Hanna Arendt, La condición humana, Paidós, Barcelona, 2005.] Con una formidable clarividencia, en su obra señala los peligros para la democracia de una sociedad donde la distinción entre la vida privada y la vida pública estaría establecida de forma insuficiente, lo que, según Arendt, significaría el fin del hombre libre. Y arrastraría a nuestras sociedades, de manera implacable, hacia nuevas formas de totalitarismo.

(Tomado de Le Monde Diplomatique)

Se han publicado 22 comentarios



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  • Nisolis dijo:

    Tremendo comentario, ahora solo queda ver si la estupidez humana demora esa necesaria lucha por su libertad

  • pompilio dijo:

    Considero que la privacidad que es igual a intimidad de cualquier tipo, es algo que los cubanos hemos pasado por alto, quizas toda la vida y hablo de la vida despues de 1959 que se le dio un enfoque diferente a este tema a raiz de las constantes denuncias de espias. Recientemente Raul expresó que para Cuba ser espiados es algo a lo que ya estabamos acostumbrados y por supueto se tomaron medidas para ello a raiz de las denuncias de Wikileaks. Es algo de lo que siento orgullo y es que en materia de seguridad de cualquier tipo, los cubanos somos lo máximo.

    Hasta ahora no he escuchado comentario alguno o queja sobre la privacidad en Cuba a no ser que las cámaras de vigilancia no ven lo que deberian ver, los microfonos no oyen lo que deberian oir y la prensa radio y tv no dicen lo que deberian decir.
    Sin embargo como bien dice el articulo practicamente en el mundo de hoy la privacidad es la que sustenta la vida de muchos ciudadanos y se convierte en un negocio oscuro y lucrativo por demas.
    La libre expresión, es una frase que toma vida, depende del enfoque y contexto en que se utilice. No es que los ciudadanos se resignen a ser violados de su privacidad, quizas suceda, pero a muchos no les importa porque al final no les traería consecuencias, Facebook Gilberman por ejemplo.
    Facebook es la mata de la no privacidad y sin embargo a la gente les fascina. En el mundo hay mucha ignorancia, no es que los cubanos seamos diferentes al mundo, si pensamos diferente, pero cuando escuchas o ves lo que sucede en el mundo con el tema privacidad, nos preguntamos, ¿Serán bobos?..

    • RAMANOCO dijo:

      Una cosa es que alguien renuncie voluntariamente a su privacidad como en Facebook y otra bien diferente que el estado espíe a todos sus ciudadanos.

      • M&M dijo:

        Una cosa es que un gobierno extranjero te espíe, otra es que tu propio gobierno te espíe. las connotaciones son diferentes.
        Por ejemplo luego de las revelaciones de Snowden, la discusión dentro de EEUU no era si se estaba violando la privacidad de los ciudadanos de otros países, si no la de ellos mismos. los de los otros no importaba mucho, quizás fuera una necesidad.
        Del otro lado era lo contrario, no importaba que se violara la de los ciudadanos de EEUU, si no la de los ciuddnos de otros países
        Quieres cuidar tu privacidad? algunas ideas simples
        -no pierdas el tiempo en las “redes sociales” o al menos no pongas hasta que tipo de papel sanitario utilizas, y a que hora vas al baño cada día.
        -activa toda la seguridad disponible en el navegador que emplees, todo el https que se pueda
        -selecciona bien el navegador que utilizas
        -utilizar bloqueadores de adds, tracking, cookies, etc y desactívalos en los navegadores
        -en correo electrónico, Outlook, Firefox y demás usualmente existen plugins para seguridad en los mensajes. o usar un servicio de correo seguro de los que existen (no, no gmail, jajaj)

    • The Fool's Punisher dijo:

      Tienes toda la razón, tal parece que a la gente le encanta que estén metiendo las narices en sus asuntos, soy Ing. Telecomunicaciones y he trabajado como Administrador de Red en varias empresas desde mi graduación, actualmente trabajo en Copextel, con internet full y correo internacional, y para nada me interesan las redes sociales. Facebook, Tweeter, o cualquier otra red social, ninguna tendrá mis datos, fotos, etc. Tengo amigos y familiares en el exterior, si, pero con sus E-Mails me es más que suficiente. Después de leer este artículo, alguno puede decir todavía que el ciber-espionaje es paranoia??

      • 1ooTifico dijo:

        Bueno es que para gustos se hicieron los colores y por otro lado creo que no es necesario tantas redes sociales para que sepan de tu vida. Antes de la era digital existian otros metodos.

      • robertomc dijo:

        …tampoco me interesan las redes sociales, me parecen una tonteria y perdida de tiempo pero no dejo de reconocer que 100Tifico tiene razón……..

  • Henryk dijo:

    Les recomiendo leer el libro “1984” de George Orwell, es mas o menos esta situacion.

  • estrella fermin dijo:

    todo es asi mismo el mundo esta controlado por las nuevas tecnologias lo que hay que saber vivir con ellas todo el tiempo y o no dejarnos seducir al punto que nos manipulen
    la vida. las personas van por las calles como si fueran robots con los telefonitos inteligentes ya sea a pie que en maquina y casi no puedes hablar con nadie todos estan
    con sus vistas puestas en el internet o comunicando por facebook.
    como sera el futuro para las nuevas generaciones. las dichosas cajas plasticas como le digo yo a las computadora. tremendo.. terrible

  • joker dijo:

    Internet es una herramienta novedosa, que al igual que otros inventos humanos, tiene sus ventajas y desventajas, por lo que debemos conocer una y otra, y saber cual camino tomar en las redes. Si usamos Internet como autómatas y nos sometemos a sus cantos de sirena por supuesto que caeremos en las trampas que esto encierra, pero si lo usamos con inteligencia y sabemos qué buscar, dónde buscarlo, y solo lo necesario e imprescindible para la labor que necesitamos realizar usando Internet podemos hacer un uso responsable de este servicio, aunque siempre corriendo los riesgos que esto trae, porque nada es completamente seguro, como se dice en el artículo, pero si sabemos emplear las nuevas tecnologías minimizamos el riesgo a caer en las trampas que esta posee. No creo que debamos ver el desarrollo de la tecnología como un enemigo que nos enajena de la realidad, no, para nada, sino saber cómo emplearlo. Es una realidad que antes se usaba la obsoleta máquina de escribir, ahora se usa la computadora, antes el correo era a caballo, luego por la vía tradicional del sello postal, ahora es el email, no podemos negar que estas novedades técnicas nos son beneficiosas a todos, porque si antes demorábamos meses en saber de un familiar en el extranjero, hoy hablamos con el todos los días por Facebook o cualquiera de los chats que existen en Internet (para el que lo tiene claro). Esta es la era digital y tenemos que aprender a vivir en ella. Negarla es negar la realidad, y el mundo en que vivimos. Todas las etapas de la historia tuvieron sus detractores en su época. En la Edad Media la Iglesia condenaba la ciencia y los prejuicios de las sociedades rechazaban todo adelanto tecnológico en función del desarrollo humano. Hoy en día hay generaciones de intelectuales que critican Internet y sus beneficios, sin embargo no dejan de usarlo. Todo está, como les dije, en la forma en que usemos la tecnología, si nos dejamos tragar o no por ella, es ahí la verdadera inteligencia del ser humano. Nosostros creamos ese desarrollo, lo dominamos, no el desarrollo a nosotros. Saludos.

    • vivi dijo:

      totalmente de acuerdo con joker. la tecnología está, es más, cada vez será mayor. considerarla con horror porque en ella perdemos privacidad es como nuestros antepasados consideraron el automóvil ante los carros de caballos: un horror que los adentraba en una vida donde el ritmo es mucho más rápido que el de un paseo a caballo. sin embargo, la tecnología la hacemos los humanos, por lo tanto son los humanos los que deben dictar qué tipo de relación tendrán con ella. debemos aprender a vivir en ella y con ella, aprender a elegir, a decidir lo queremos para nosotros y lo que no. nuestro país apenas está entrando en la era de las nuevas tecnologías, es un reto para nosotros aprender a manejarlas, pero sin miedo porque sería como negar el desarrollo.

  • El profe dijo:

    Muy buen artículo, solo quisiera significar, que muchas de las formas de espiar masivamente a través de estas tecnologías, están en poder de las grandes potencias, lo que implica además que muy pocos países (EE.UU. y aliados principales) espían al resto de los gobiernos y seres humanos del planeta, que inteligentemente han creado productos y servicios que sobrepasan las fronteras de nuestros países, señalando solamente entre estas Facebook, twitter, Instagram, Whatsapp, Youtube, Telegram, Yahoo, Gmail, Skype, Windows, dispositivos de almacenamiento, conectividad, software y aplicaciones de todo tipo, que en resumen facilitan y perpetúan la implantación de su compleja madeja de ¨vigilancia¨.

  • miguelangel dijo:

    Porque tanto alboroto, si antes de internet y facebook ya eramos vigilados

    • Sergio dijo:

      Sí, hombre. Tal parece que se ha descubierto el agua FRIA. Lo único que ha pasado es que han cambiado LOS METODOS y las HERRAMIENTAS, sólo eso.

  • EMILIO LUJAN dijo:

    Por conocido, no deja de ser contundente el tema desarrollado por Ramonet. Para la especie, vale recordar a don Benjamín Franklin mencionado aquí. Los “clones” de >Truman que paguen el costo sobre libertad y seguridad. Nadie cuida -entre otras” cosas”-mejor que uno su privacidad. los dejo porque interrumpí para esto una inteligente conversación con mis perros… bye

  • LDB dijo:

    es un comentario muy profundo el que acabo de leer y super interesante, es increible como la tecnología avanza en aras de utilizarse no como mejor de medio comunicación entre lejanas familias sino que se mejora en aras de usarla como un medio de espionaje y contraespionaje, invadiendo nuestra privacidad, nuestras intimidades. Pero que se le va a hacer para que el mundo sea mundo tiene que haber de todo.

  • Reyomar dijo:

    Si usted no quiere ser vigilado, estar controlado permanentemente no use las nuevas tecnologias de la información, o sea cuidadoso en cuanto a su uso, no facilte el trabjo del enemigo, dele contenido, pero no vaya contra las TIC, no niegue el desarrollo
    Mis hijos como muchos jovenes salen noche es una necesidad que tengan facilidades para comunicarse a cualquier hora , ahí no puedo negar la necesida de las tecnologias
    Yo tengo celular , no lo llevo encima, esta en mi cuarto donde tambien hay una extensión del telfono fijo, solo saben el numero del movil mis hijos y mi esposa que viven en la casa, fuera de la vivienda mi madre
    Aprecio mucho la libertad , no soporto estar controlado las 24 horas por familia jefe y amigos
    El saber estar controlado me resta libertad , que la aprecio tanto como un tiempo de privacidad , ahy gente que no se ha enterado que al comunidad primitiva paso hace siglos , a veces cuando voy a comer y ha sonado mucho el telefono lo descuelgo para comer , ya hice mención a las contadas personas que tienen acceso las 24 horas
    A pesar de los que les digo tengo muchas amistades , solo que protejo mi tiempo y privacidad , elijo mis amistades entre los que prefieren compartir en familia y el tiempo para actividades sociales tiene su moento y espacio

  • Pupi dijo:

    Lo que cambia es el escenario y los métodos e instrumentos a utilizar, el estado como vigilante es también esencialmente el mismo. Gracias por su artículo.

  • Carlos Rosabals dijo:

    El que no use la internet esta acabado, la cuestion es saber como utilizarla a favor sin caer en el uso iresponsable que te puede traer problemas de todo tipo. Si no quieres que alguien se entere de tus actividades simple y llanamente no lo cuentes.

    • refael dijo:

      quiero decirle que le internet deveria de estar en cada casa de los Cubanos alla en Cuba
      no solo en un paerque o en una calle porque no hay takl privasidad cuando cae un aguasero y uno quiere comunicarce en el mismo momento que uno dice que se conectara y en el mismo momento y casuelmente este lloviendo
      esto se paga caro porque vele 2 CUC la hora pro aún pagando hay mucha restrincion

  • lolo dijo:

    El autor desconece que existen otros metodos que son mas efectivos que esos y cuestan tanto.

  • lolo dijo:

    y no cuestan tanto.

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Ignacio Ramonet

Ignacio Ramonet

Catedrático y periodista español residente en Francia, donde dirigió la revista Le Monde Diplomatique. Es el autor del libro “Cien horas con Fidel”.

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