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Aurelio Alonso: Primeras reflexiones después del premio

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Aurelio Alonso es felicitado por el colectivo de Casa de las Américas.

Tocaba a Rafael García del Pino, premiado el pasado año, presidir el jurado y me telefoneó para darme la noticia. Recordé cuando nos conocimos en la Biblioteca Nacional, que yo dirigía en 1967, y ya en esos tiempos se sumergía él en la investigación histórica y a la vez se empeñaba con nosotros en las gestiones para terminar la construcción de la Biblioteca de Marianao, que logramos inaugurar ese mismo año. Pude agradecer, inmediatamente después, uno a uno, las felicitaciones de los miembros del jurado.

Son estas líneas las primeras que he logrado hilvanar después de informado. Posiblemente tendré que volver en estos días más de una vez a lo que aquí diga. ¿Por dónde empezar? Decido hacerlo a partir de esa vida que hoy estaba siendo premiada, de los momentos o de los escenarios que contribuyeron a moldearla. No pierdo más tiempo en preámbulos.

El primer escenario de consideración fue, entre 1963 y 1971, el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, de duración tan corta, pero decisiva en la formación de aquel grupo fundador. Me atrevería a afirmar que aquella experiencia fue inigualable para todos los que pasamos por ella, al margen de diferencias y de disensos. Personalmente para mí fue allí, a través de la lectura sistemática, de la maravillosa experiencia del aula, de una superación dirigida y realizada con rigor y sentido práctico, del ejercicio de la crítica, en una palabra del aprendizaje de la herejía del pensamiento, que puedo decir que comencé a hacerme lo que hoy soy.

Le cobré en aquel tiempo un amor a la colina universitaria que me sería difícil describir, aunque lo intenté en una breve nota para la revista Alma Mater a principios de los noventa. Creí con ingenuidad que mi destino me había ligado a ella con lazos indisolubles por revolucionarios.

No faltaron en los años que siguieron otros espacios importantes en mi quehacer, a los cuales debo reconocimiento. Sin embargo, mi vida académica solo recuperó una intensidad semejante a la vivida en los sesenta, en el Centro de Estudios sobre América, con posterioridad a mi regreso de Europa, de 1989 a 1995. Otra vez sería un período breve, que terminaría otra vez de manera convulsa. Pero en aquel momento sentí que incrementaba de nuevo la capacidad de lectura, las posibilidades de expresión y de debate, se establecía un diapasón para las relaciones académicas del grupo, que se movían espacios de estudios y debate para la ciencia social en Cuba, y participaba en ellos.

Del CEA pasé a trabajar en el Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas durante los diez años siguientes (y lo siento hoy como un colectivo cercano). El CIPS me permitió dar continuidad, con el total aliento de la institución, a la intensa vida académica que había comenzado a rescatar en el CEA y sin otras dificultades que las generadas a veces por las tentaciones burocráticas de algún que otro funcionario. Allí trabajaba como investigador cuando comenzaba a planear mi jubilación. Fue entonces que Roberto Fernández Retamar me propuso acompañarle en la confección de su revista, Casa de las Américas, y enviciado de pertenencias valiosas y de aventuras intelectuales, volví a aceptar.

La Casa de las Américas ha significado para mí muchas cosas; con unas había contado, con otras no. Por supuesto, sabía que ingresaba a un lugar de enorme significado en la vida cultural de la Revolución, a trabajar con algunas de las figuras fundadoras con las que había tenido relaciones desde mi etapa universitaria, todas cercanas en afecto.

Significaba volver a centrar mi atención en una revista, por añadidura de las más prestigiosas de Nuestra América. Pero el desafío radicaba ahora en el predominio de lo literario; lo sabía desde el principio y lo asumí, y ya tengo ocho años allí y he participado en la elaboración de treinta y un números de la revista, sin que me haya llegado notificación de desempleo. Tan mal no debo haberlo hecho.

En este tiempo he aprendido mucho de mis colegas en la Casa, de los de mi edad (mayores no puede decirse que los haya) y en especial de los más jóvenes. Siento que también escribo mejor hoy y eso se lo debo a Casa.

No sé si por aquí debía haber empezado a hablar el premiado, pero, una vez recuperado de las primeras emociones, me sentí motivado a recordar y pensar en qué había sido lo premiado de mi labor. El premio se otorga, como se dice, por “la obra de toda una vida”, aunque abrigo la esperanza de que la vida no termine tan pronto y que la obra crezca mientras haya vida. Pero atribuyo la mayor importancia a esos cuatro escenarios a los cuales he aludido, como espacios de pensamiento en los cuales me he formado, y que a la vez creo que he contribuido a formar.

A veces hubiera deseado que el curso de mi vida académica fuera otro, más lineal, pero no fue así y tampoco lo lamento. En justicia debo decir que no menosprecio a otras responsabilidades por los cuales también pasé, de las cuales también obtuve enseñanzas. Quizás ha sido cierta disposición a aprender de todo lo que me ha tocado hacer ―siempre me lo he tomado todo en serio― algo que ha pesado para no desfasarme y mantener también una coherencia.

Quiero decir, para terminar, que he pensado, cuando se me notificó este altísimo honor, en dos compañeros de camino, dos grandes científicos y amigos, que fueron muy cercanos a mí y que ya no se encuentran entre nosotros. En Hugo Azcuy con quien compartí mi vida en el Departamento de Filosofía primero y después en el CEA, y que falleció en 1996, y era como un hermano. Y en Jorge Ramírez Calzadilla, a quien también conocí en relaciones de trabajo desde los sesenta y después fue mi jefe y compañero inolvidable de investigaciones en el CIPS. Estarían felices hoy a mi lado.

Estas son mis primeras reflexiones después de haber sido notificado sobre el Premio.

(Tomado de La Ventana)

Se han publicado 4 comentarios



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  • Mauro Casagrandi dijo:

    mUY FELIZ POR ESTE MERECIDISIMO PREMIO A UN COMPAPNERO SIEMPRE AMIGO, RESPETATDO POR SU CONSCIENCIA Y SIEMPRE ADMIRADO.
    UN FERTE ABRAZO AURELIO, DE CORAZON Y DE MENTE
    MAURO CASAGRANDI

  • Rafael Betancourt dijo:

    Aurelio:
    Nuestras más sinceras y sentidas felicitaciones por este merecido premio. Unido a los reconocimientos recibidos por otros “herejes del pensamiento”, que como tú, tuvieron el valor de vivir y actuar en consecuencia con sus ideas, de resisitir y perseverar, de servir de maestros y modelos para los que los seguimos en edad y trayectoria, éste que has recibido demuestra que tambien nuestra sociedad es capaz de rectificar y reconocer – en esa manera tan machista cubana de hacerlo sin que lo parezca – en fin, de rescatar y laurear a los que, en la mejor tradición del presbítero Felix Varela, nos siguen enseñando a pensar.
    Un fuerte abrazo revolucionario de Consuelo y Rafael

  • FDS dijo:

    No hay dudas de que Aurelio Alonso es un referente si de un itelectual comprometido se trata, polemista agudo, su polémica en torno al uso de los manuales en la década de los sesenta hizo época, ha incuesionado en diferentes areas dentro del pensamiento filosófico y sociológico, irreverente e iconoclasta,uno de los imprescindibles cuando se estuduie el pensamiento producido después de 1959.Felicidades a él.

  • Alberto Curbelo dijo:

    Un premio esperado desde hace varios anos. Muy merecido por el coraje y la dignidad de toda su obra, tanto la escrita como sus intervenciones en los aspectos más álgidos de nuestra contemporaneidad. FELICIDADES.

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