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Una Nochebuena particular

En este artículo: Estados Unidos, Guerra, Navidad, Oscar Wilde
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Cesaron los tiros. Los combatientes de una trinchera comenzaron a cantar un villancico. En la trinchera de enfrente respondieron con el mismo villancico en otro idioma. Los adversarios de ambos bandos salieron a la tierra de nadie sembrada de cadáveres y confraternizaron. Sucedió el 24 de diciembre de 1914 en el frente de la Bélgica francesa donde terminó la guerra de posiciones y tuvo lugar la batalla de Flandes. A esa altura, la Gran Guerra o “la guerra que iba a terminar con todas las guerras” había cobrado decenas de miles de vidas en cuatro meses. Y el pronóstico falló.

La Historia conoce treguas desde Troya, concertadas entre los mandos enemigos para enterrar a sus muertos, rezar por la victoria, dar algún descanso a las tropas. Esta fue espontánea. La instauraron los efectivos alemanes y británicos enfrentados corriendo el riesgo de padecer sendas cortes marciales, tal vez movidos por el encuentro de la memoria de Navidades pasadas en compañía de sus familias, con la fe en Dios y la fatiga de una guerra sin sentido aparentemente provocada por el asesinato de un remoto archiduque. No se trata de un mito ni de un cuento de Navidad: ocurrió, aunque relatos, novelas, canciones y películas que nacieron de este hecho excepcional lo envolvieron luego con capas de fantasía.

Una fuente legítima de conocimiento son las cartas que los soldados, suboficiales y oficiales británicos enviaron a sus familiares y se publicaron en periódicos ingleses locales hasta que su aparición fue prohibida en 1915 (www.chris tian.co.uk). Construyen una narrativa sin tapujos que deshace toda posibilidad de literatura fantástica. No hace falta. Menos de 60 metros separaban las trincheras de los contendientes en Ypres y los de un lado podían escuchar las conversaciones del otro cuando callaban los fusiles. El 24 de diciembre de 1914 un extraño silencio acompañó la caída del crepúsculo. A las 11 de la noche, los alemanes alzaron un árbol de Navidad con velas encendidas que recibió algunos tiros hasta que se oyó el “Stille Nacht, Heilige Nacht”. Fue respondido enfrente con el “Silent Night”, el villancico “Noche de Paz” en otras lenguas. Y siguieron otros: “Oh, Come All Ye Faithful” y “Adeste Fideles”.

Los soldados salieron entonces de los pozos de fango en que se habían convertido las trincheras, cremaron o enterraron los restos de los caídos que llevaban semanas bajo el frío invernal, se dieron la mano en medio de la tierra de nadie -ahora de ellos-, intercambiaron cigarrillos ingleses por schnaps y caramelos alemanes y no tardaron en jugar al fútbol con una pelota de verdad aportada por un militar precavido. Los puntiagudos cascos alemanes delimitaban los arcos y no se oían cañonazos, sino gritos de “goal” y “tor”. Los Fritzs les ganaron a los Tommies 3 a 2.

“La noche pasó como en sueños”, escribió el soldado británico Henry Williamson. “Descubrimos que los del otro lado no eran bárbaros, como se nos hizo creer -declaró el escocés Alfred Anderson-, eran como nosotros.” “Nos separamos estrechándonos las manos largamente y deseándonos lo mejor”, anotó en carta a su familia Percy Jones, de la Brigada Westminster. Abundan en esas misivas la mención “soñando despierto”. Los altos mandos franceses negaron lo sucedido, pero Víctor Granier, tenor de la Opera de París, interpretó “Minuit, Chrétiens” y Walter Kirchoff, un astro de la Opera Imperial de Berlín, cantó para los ingleses.

Los jefes militares estaban presos en su indignación: la guerra debía seguir, la matanza debía seguir en aras del interés nacional de cada quien. El general sir Horace Smith-Dorrien ordenó cesar los contactos con el enemigo porque “debemos conservar nuestro espíritu de lucha para acabar con esta guerra rápidamente”. Más rápido hubiera sido ponerle fin: el armisticio se firmó cuatro años después con un saldo de diez millones de muertos y 20 millones de heridos.

El 25 a la mañana se ofició una suerte de misa por los muertos de los dos ejércitos y la confraternización continuó. Como las tropas de reemplazo de los “pacifistas” tardaban en llegar, la tregua se prolongó varios días. Los cañones inauguraron el 1915 creando un Año Nuevo inédito para casi todos. George Wilson, de la 3ª Compañía de Rifleros de Londres, escribió en su diario: “Nos separamos sabiendo que difícilmente nos volveríamos a ver”.

Los capitanes Miles Barnes y sir Iain Colquhoun, de la 1ª Compañía de Guardias Escoceses, intentaron convertir esa tregua en tradición: en la Nochebuena de 1915, efectivos británicos y alemanes sólo se mezclaron media hora en la tierra de nadie, pero durante todo el día de Navidad se sentaban en sus respectivos parapetos a la vista del enemigo sin disparar un tiro. Una Corte Marcial juzgó a los capitanes y el hecho ya no se repitió.

En un mundo que no conoce un solo día de paz desde 1939, con una guerra siempre en algún rincón del planeta, esa tregua parece una ficción. Será que la Naturaleza imita al Arte, como observó Oscar Wilde.

(Tomado de Página 12)

Se han publicado 5 comentarios



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  • IselA dijo:

    WOW QUE HERMOSO ARTICULO!!!!!!!!!!!!!!!!
    EN UN MUNDO DONDE LAS GUERRAS ADEMAS DE FISICAS SON IDEOLOGICAS INCLUIDA LA MERCADOTECNIA QUE CONVIRTIO LA CELEBRACION DE LA NAVIDAD EN UNA GROTESCA FIESTA MERCANTIL ESTE TIPO DE NARRACIONES NOS AYUDA A COMPRENDER LO QUE EN REALIDAD DEBERIA CONMEMORARSE: LA PAZ Y EL AMOR.

  • Jose Luis dijo:

    Seamos un tilin mejores; como escribe el poeta cantor de la paz ; sea la paz y la felicidad en la tierra ; unamonos todos con lo mejor de cada uno; para legar a nuestros hijos e hijas toda la calidez y el amor que emana de nuestros corazones , ese es el único calentamiento global que requerimos para vivir, no importa donde si siembras amor siempre recogeras felicidad, este hecho muestra que hasta en las trincheras de la guerra de posiciones donde el lodo y la sangre se hermanaron como nunca con la muerte, el amor y la amistad triunfaron más alla de Repúblicas e imperios por más imperios y republicas ya lo expreso el maestro PATRIA ES HUMANIDAD

  • osvel dijo:

    Estuve en la 15ta edición del festival de cine francés en La Habana, donde se proyectó el filme: Feliz Navidad, con su traducción al castellano.Este artículo honra, al igual que las imágines, tan noble empeño y tan difícil empresa: la de instaurar la paz al menos un momento en el año.

    Invito a los lectores de Cubadebate a irradiar paz y amor desde el interior de nuestras vidas, a sembrarla en nuestros hogares;que la resultante de tal fuerza será, sin dudas, incalculable.

  • Lisandra dijo:

    Me ha emocionado mucho esta historia que no conocía.
    Gracias, Juan Gelman.

  • Yunier Mendoza dijo:

    Hace tiempo vengo siguiendo las hueyas de la “La tregua de Navidad de Khaki Chum” como tambien se le conoce, existe poca informacion, me ha impresionado profundamente desde la primera ves que escuche hablar de este acontecimiento trasendental porque soy sencillamente un pacifista empedernido, me conmueve pensar que sodados alemanes y britanicos podian llegar a “llorar” y “abrazarse” como hermanos cuando luego estarian hasta 1918 enfrascados en una carniceria insensta como lo fue la Primera Guerra Mundial, si, ya conocemos la mayoria las causas de la misma, me conmueve saber que ellos, soldados sencillos, jornaleros, artesanos, obreros, habian dejado prendido en el corazon de muchos la estrella de luz de amor entre los hombres.

    Paz y Salud para todos.

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Juan Gelman

Juan Gelman

Poeta y periodista argentino. Recibió el Premio Cervantes de Literatura, en 2007.

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