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La cultura, una energía creativa

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La cultura es la más rica construcción del espíritu y la mente del hombre. Lejos ya del homo-ludens, somos, al menos, esa ilusión nos hacemos, el homo-sapiens-sapiens. Y ya que estamos hablando de globalización, aunque no hemos cambiado lo suficiente, no somos ya el chimpancé ni la cucaracha que vivían del instinto natural y no del pensamiento. Creo que estos Congresos, y eso espero, sirvan para mejorar nuestra condición humana. La Cultura vista antropológicamente es un fenómeno integral que produce bienes espirituales y materiales. Como afirmó el polígrafo cubano Fernando Ortiz, no es un lujo, ni un ornamento sino una necesidad, una energía creativa. La Cultura otorga seguridad, equilibrio y garantiza la salvaguarda de la memoria histórica. Y en su visión más proteica y sólida, es un valor permanente que una vez asimilado y aprehendido constituye una fuerza indestructible ante cualquier amenaza. Es forja de la identidad que una vez asimilada es inamovible.

La economía, en dependencia de circunstancias históricas, está en permanente cambio y fluctúa según la brújula de los poderes hegemónicos y mediáticos. La asunción de la Cultura es la más poderosa herramienta que poseemos para afrontar la pujanza colonialista que mixtifica los valores prístinos del ser humano.

La Cultura es la más alta expresión de la economía y la política. Se habla ahora más que nunca de diversidad cultural, multiculturalismo, plurilinguísmo, y de la necesidad de entender al otro. ¿Son éstas simples abstracciones teóricas o estamos pensando en serio y no con un criterio simplista, maniqueo o demagógico? Creo que por primera vez estamos volviendo a la introspección, al análisis y a la exploración psíquica que propugnaba la generación beat de los años 50, a una búsqueda real de los más caros valores espirituales, a un cambio de perspectivas; que nos desaliene y nos devuelva la fé en nosotros mismos y en nuestras potencialidades individuales. Este debe ser el siglo de la Cultura o sencillamente no será. Creo que por vez primera, en muchos años, el llamado mundo civilizado de occidente se ha pegado el gran susto, y el sacudión tendrá que valer de algo. ¿Qué vamos a hacer para salvarnos, para mejorar nuestra condición humana, para vivir en paz y armonía con nuestros congéneres? ¿Tendremos que volver a beber de las fuentes originales, a ordeñar la vaca quizás?. ¿Sólo con una visión cultural basada en parámetros justos podremos llegar al final de la meta?

Mientras tanto, como el perro y el gato, enfundados en guantes de seda nos sacaremos los ojos, nos seguiremos devorando en silencio con consideraciones falsas y prepotentes, con actitudes soberbias que sólo conducen a la obtusidad, con prejuicios enraizados y ceguera mental. Defensa de la Cultura del otro, asimilación y no tolerancia, que es una mala palabra que debe abolirse de los diccionarios. Unidad que lleve a la diversidad y no a la anarquía, al autoritarismo y a la tiranía como expresó Pascal. Enarbolar una superioridad tecnológica, económica o política es tan grave como enarbolar valores medievales enmascarados en una espiritualidad fundamentalista y oscurantista. El nudo gordiano de la filosofía occidental radica en no haberse planteado la comprensión profunda del otro. Sólo la antropología es capaz de iluminarnos en este sentido. Que el multiculturalismo sea fuente de riqueza y no pasto de un racionalismo estéril. Multiculturalismo que establezca una interacción cultural y no un freno para la capacidad creativa del ser humano. Multiculturalismo que conciba la identidad como un proceso progresivo y no como un fenómeno estático. Multiculturalismo en fin, como un yelmo frente a la ofensiva uniformizante de la globalización.

Se trata de crear un humanismo real que no se convierta en abstracción teórica, sino en mecanismo puesto en práctica en todos los órdenes de la sociedad, tanto en los derechos políticos como en los sociales y económicos. Un humanismo durable y para todos. Un humanismo repito, integrador, que honre esa expresión poética de meridiana transparencia que dejó para la historia José Martí cuando afirmó: Patria es humanidad. La antropología social es hoy tan útil al ser humano como la medicina, porque cura o aspira a curar las llamadas diferencias y los prejuicios. Y curar un prejuicio es más difícil que curar una enfermedad maligna. En una ocasión Einstein llegó a decir que era más fácil  descomponer un átomo que curar un prejuicio. ¿Qué ocurrirá cuando los pueblos africanos y asiáticos emprendan la batalla científica por estudiar a fondo las contradicciones de occidente? ¿No nos mirarán con extrañeza? ¿No pensarán muchos pueblos llamados primitivos que somos una masa lunática, egocéntrica y aberrada, inmersa en una neurosis incurable? ¿Qué ha hecho occidente para desenajenarse de la obsesión del dinero?. La última palabra la dictará el tiempo. Pero para que el tiempo se haga realidad, habrá que contar con la profunda razón del otro sin paternalismo que enturbie la mirada, sin prejuicios absurdos que nos retraigan a la Edad de Piedra, sino con un análisis que haga realidad aquella reflexión filosófica de la que sabios como William Shakespeare o Jorge Luís Borges se apropiaron y que seguramente data de cuando el hombre se miró fijamente hacia dentro por primera vez y se dijo: yo soy el otro.

Estamos aquí hablando de globalización y economía y la economía es una antigua forma de la Cultura. Por lo tanto, debe considerar al otro. Debe prevalecer en este planeta convulso una economía del intercambio y de la solidaridad que pueda crear un balance justo, aunque no sea equitativo. Debe basarse en principios y no en intereses espúreos y mezquinos, debe condenar toda forma de incultura y de barbarie. El emperador de Córcega que le arrebató al Papa la corona de las manos para colocársela él, afirmó en una ocasión que la guerra se ganaba con dinero, dinero y más dinero. Se equivocó el soberbio emperador, como se equivocan los emperadores contemporáneos porque Waterloo se perdió no por falta de dinero sino por falta de principios, de valores identitarios, como se perdió Viet Nam y como se perderá indefectiblemente Afganistán. Pongamos el dinero a globalizar los eternos valores del espíritu, los valores de la dignidad y la fraternidad que son los valores de la cultura. Que no se inviertan más presupuestos millonarios en guerras de rapiña, en pruebas nucleares subterráneas y submarinas, que están provocando la destrucción del planeta con sismos terribles y fenómenos metereológicos desconocidos. Salvemos a la humanidad del ocio estéril, de la banalidad, de la violencia, del abuso sexual, de la discriminación racial y religiosa. Despertemos a la Cultura que es la única patria de todos y lo único que sirve para alimentar la vida y el pan nuestro de cada día. Cerremos filas por el equilibrio del mundo. No defraudemos las expectativas de las generaciones que nos siguen. Somos responsables del más humanos y justo sentido de la vida. No perdamos el tiempo. El futuro es ya el presente.

Se han publicado 3 comentarios



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  • danDDv77 dijo:

    ¿Los chimpancés no tienen cultura? mal ejemplo, erróneo.
    ¿Bombas nucleares que provocan terremotos? hombre, eso o se justifica o mejor no meterse en berenjenales.

  • JESUS dijo:

    Caramba, resulta un poco difícil entender a don Miguel Barnet. Sin embargo me provoca algunas apreciaciones debido a que en el fondo, mis apreciaciones surgen de la necesidad que tengo de poder entender el mundo desde el lado de la ciencia, del marxismo, que no lo encuentro en tantos escritos, como en este artículo que machaca, por ejemplo, estas expresiones:

    “Sólo la antropología es capaz de iluminarnos…” “. Multiculturalismo…como un proceso progresivo” “Se trata de crear un humanismo real”…” La antropología social es hoy tan útil al ser humano…”.

    O como cuando dice don Miguel Barnet:

    “La Cultura otorga seguridad, equilibrio y garantiza la salvaguarda de la memoria histórica. Y en su visión más proteica y sólida, es un valor permanente que una vez asimilado y aprehendido constituye una fuerza indestructible ante cualquier amenaza. Es forja de la identidad que una vez asimilada es inamovible”.

    Bueno, según esto, la cultura del individualismo, de la vanidad, de la superficialidad, del irracionalismo, del consumismo, de la ganancia, del lucro y estas tantas cosas de la CULTURA DEL CAPITAL, es ya inamovible y una fuerza indestructible, ya que la mayor parte de los seres en este planeta han asumido esta cultura capitalista.

    O como cuando señala también:

    “Estamos aquí hablando de globalización y economía y la economía es una antigua forma de la Cultura. Por lo tanto, debe considerar al otro. Debe prevalecer en este planeta convulso una economía del intercambio y de la solidaridad que pueda crear un balance justo, aunque no sea equitativo”.

    Tal vez con esto quiso expresar el autor del artículo, eso que Engels aclaraba con relación al desarrollo de la sociedad, cuando afirmaba que el mundo va hacia la complejidad, pero que al final el mundo tendría que ir a la simplicidad de la vida (por supuesto, sinque esto quiera decir regresar al primitivismo).

    O tal vez se refiera también al criterio socialista de la distribución de la economía en una sociedad socialista, ya que en dicha sociedad se pondría en práctica eso de “DE CADA QUIEN SEGÚN SU CAPACIDAD, A CADA QUIEN SEGÚN SU TRABAJO, o del otro mas avanzado: DE CADA QUIEN SEGÚN SU CAPACIDAD Y A CADA QUIEN SEGÚN SU NECESIDAD, en donde, como vemos, aparentemente no es justo la distribución de la economía, pero que en el fondo es lo más humano.

    Bueno, solo quise expresar algo a propósito de este artículo, seguramente el señor Miguel Barnet persiga buenos deseos, pero me parecen deseos abstractos.

    Desde Perú escribo

  • Carlos Valdés Sarmiento. dijo:

    Por mi parte considero que el poeta, ensayista, escritor, investigador y antropólogo, Miguel Barnet, quiso condensar en pocas palabras una situación muy compleja, para mí, el problema radica EN QUE EL HOMO SAPIEN SAPIEN DEBE DAR UN NUEVO PASO Y CONVERTIRSE EN EL HOMO AMANTIS, solo la capacidad de amar al otro puede producir los cambios que en estos momentos estamos necesitando, sin el AMOR, no hay solidaridad, equidad, justicia, aceptación del otro, como dijera un sacerdote de la Teología de la Liberación ¨es necesario reconocer que hasta que todos no sean libres yo no lo sere¨.
    Recuerden que Martí reconoció: ESPIRITU SIN AMOR NO PUEDE VER, y un ciego no puede guiar a otro ciego, la lucha por la sociedad justa comienza por convertirnos en hombres justos, hasta las últimas consecuencias.
    Ver EL AMOR COMO ENERGÍA REVOLUCIONARIA EN JOSÉ MARTÍ DE FINA GARCÍA MARRUZ

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Miguel Barnet

Miguel Barnet

Novelista, ensayista y poeta cubano. Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Fundación Fernando Ortiz.

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