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La OEA en Honduras: ¿qué hace? ¿qué tiene Fidel?

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La Jornada
miércoles, 10 de junio de 2009

La Organización de Estados Americanos (OEA, 1948) nació en sustitución del anacrónico “panamericanismo” monroista, y para sostener un tipo de democracia concebida como “último refugio de los canallas”. Han transcurrido 62 años. En ese lapso, la OEA manipuló a su antojo el artículo 3-d (democracia representativa) y el noveno de la Carta constitutiva (gobiernos derrocados por la fuerza), avalando 27 golpes militares fraguados por civiles de cuna oligárquica y clasemediera, causando cerca de 700 mil asesinatos políticos y una miríada de vidas destruidas con cárcel, tortura y exilio.

Colombia y Guatemala encabezan el obituario. Argentina y Bolivia, el número de golpes. El primero tuvo lugar en Perú (octubre, 1948), a cinco meses de la creación de la OEA. Y luego, en los años…

Cincuenta: Cuba, Venezuela (1952), Paraguay (1954), Argentina (1955).

Sesenta: El Salvador (1961), Argentina (1962), Guatemala, Honduras, Ecuador (1963), República Dominicana, Bolivia, Brasil (1964), Argentina (1966).

Setenta: Bolivia (1971), Uruguay, Chile (1973), Honduras (1974 y 1977), Argentina (1976), El Salvador (1979).

Ochenta: Bolivia (1980 y 1982), Guatemala (1982).

Noventa: Haití (1991 y 1994).

Dos mil: Venezuela (2002).

En noviembre de 1961, el aliado de ayer y hoy del imperio, Colombia, reunió a la OEA invocando el artículo sexto del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), relativo a las “amenazas… que puedan surgir de la intervención de potencias extracontinentales”. Tres meses después, Cuba fue expulsada del organismo. Sin embargo, cuando sobrevino el ataque extracontinental concreto y Estados Unidos apoyó a Gran Bretaña en la guerra de Malvinas (Argentina, abril 1982), el TIAR fue letra muerta y la OEA echó al canasto los artículos 2-d (seguridad) y 29 (solidaridad) de su Carta constitutiva.

Violando el artículo 19 (no intervención), la OEA respaldó invasiones militares que contaron con el apoyo de la CIA (Guatemala, 1954; Cuba, 1961), y cuatro con desembarco directo de tropas yanquis: República Dominicana (1965), Granada (1983), Panamá (1989) y Haití (2004). No es de extrañar, entonces, que el organismo regional jamás aceptara debatir el estatus colonial de Puerto Rico.

En el decenio de 1980, la OEA no vio en Nicaragua a los mercenarios coordinados por la CIA, silenció el apoyo logístico y financiero de Washington a los ejércitos de El Salvador y Honduras, y nada dijo del plan criminal Cóndor en América del Sur.

Los grupos separatistas y desestabilizadores en Bolivia, Venezuela y Nicaragua, la vertiginosa militarización de México y los amplios alcances del Plan Colombia, tampoco inquietan a la OEA. Y en marzo de 2008, luego de la sangrienta incursión militar de Colombia en Ecuador, omitió lo establecido en el artículo 15 (ataques injustos contra un Estado).

Al inaugurar la 39 reunión de cancilleres de la OEA (San Pedro Sula, Honduras, junio 2009), el presidente del país anfitrión Manuel Zelaya anticipó: “No podemos irnos de esta asamblea sin reparar la infamia contra un pueblo”.

La secretaria de Estado, Hillary Clinton, prefirió no oír la resolución del 3 de junio pasado, que dejó sin efecto la exclusión de Cuba del llamado “sistema interamericano”. Avisada, la mujer de la sonrisa congelada había partido del país centroamericano un día antes, diciendo: “No se trata de revivir el pasado. Se trata del futuro y de ser leales a los principios que fundaron esta organización”.

¿De veras? El Ejército de Estados Unidos acaba de anunciar que construirá una gigantesca base militar en Colombia, con un alcance aéreo que cubrirá el sureste de México, el Caribe, América Central, Venezuela, Amazonia y la subregión andina. Y la próxima “cumbre” de presidentes tendrá lugar también en Colombia, donde las motosierras para destazar seres humanos en vivo baten récord mundial de ventas.

El dictamen sobre Cuba, innegable triunfo político de los pueblos, ameritó de la cancillería del gobierno español un curioso comunicado en el que se lee: “… la resolución demuestra que Estados Unidos dirige una mirada más constructiva hacia América Latina”.

No sorprende. En su papel de vicaría de Washington para América Latina, las diferencias entre la España de Carlos V y la del trío Felipe-Aznar-Zapatero son imperceptibles.

Cosa de Ripley, el titular de “asuntos iberoamericanos” (sic) de la corona se llama Laiglesia, apellido que comulga bien con el de Botín, dueño del Banco Santander que, entre otros, se tragó el Banco de Venezuela en 1996.

Gran éxito de Cuba frente a la OEA y gran victoria diplomática de Fidel en Honduras, patria de Francisco de Morazán, el bolivariano, y tumba de William Walker, el filibustero.

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José Steinsleger

José Steinsleger

Periodista argentino residente en México. Es columnista de La Jornada.