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Denuncia al Imperio

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He aquí algunos elementos que permiten meditar sobre el tema de la política, la doctrina y la práctica de la violencia y el crimen, y hasta del mismo genocidio, que han desarrollado los gobernantes de Estados Unidos. Son hechos y realidades de la historia que resultan tan evidentes como el injustificable acto terrorista contra las Torres Gemelas el 11 de setiembre. Los móviles detrás de los hechos son los mismos: el odio desenfrenado, la falta de moral y de escrúpulos, la ausencia de principios humanos, la estupidez y la ceguera de mentes poseídas y trastornadas por un fundamentalismo ideológico de la peor ralea, la falta de respeto a la vida humana y a los mejores valores de la humanidad, el desprecio infinito a los demás, ya sean personas, pueblos, estados constituidos y la misma comunidad mundial. Podría ser más extenso el rosario de razones que explican el comportamiento y las acciones de todos aquellos que se agrupan en el bando de los que odian y destruyen, y que elevados al rango de gobernantes o miembros de la clase de poder de los Estados Unidos, han asumido esta política como válida.

   Veamos estas realidades:

*. Estúdiense los bufidos del ilustrísimo Senador Helms, y se encontrará la esencia del asunto. Pero ¿cómo es posible que una sociedad civilizada permita que sus gobernantes publiquen en la prensa anuncios o edictos, al estilo del oeste antiguo, ofreciendo millones de dólares por la captura vivo o muerto de un enemigo real o supuesto?

*. Hace cierto tiempo el legislador federal Lincoln Díaz-Balart, republicano y miembro de la mafia cubano-americana, por más señas, fue partidario del magnicidio de Fidel Castro, según afirmó en un programa televisado de Miami, y añadió que, como Fiscal que había sido años atrás, no conocía ninguna ley que estuviera contraviniendo con tal declaración y tal propósito. ¿Por qué no se formó ningún alboroto ante tan terrible barrabasada de un legislador de los Estados Unidos? ¿Por qué el Comité de Ética del Congreso no levantó un dedo, al menos, para reconvenirle por lesionar el honor y la política de la nación norteamericana? ¿Por qué el silencio cómplice de los medios masivos de información ante la estúpida y terrorista declaración?

* .Es conocido que el Senado de los Estados Unidos pudo comprobar la existencia de una Orden Ejecutiva Presidencial que autorizaba a la CIA y agencias del Gobierno, a organizar y practicar el asesinato de líderes y autoridades políticas de otros países. Estas revelaciones surgieron durante las deliberaciones llevadas a cabo sobre los planes de asesinatos organizados contra Fidel Castro. Algunos de ellos tuvieron que ser reconocidos, pero quedaron en la sombra y la oscuridad más de seiscientos planes macabros de atentados contra la vida de Fidel, con la participación directa o indirecta de las agencias de Estados Unidos. El Presidente Ford se vio forzado, en aquellas circunstancias, a suspender tal Orden Ejecutiva sobre el asesinato de Estado. Ya es sabido que el actual Presidente Bush la restableció, en los papeles y en la práctica. Lo ha confesado velada pero meridianamente, en algunos de sus discursos. Fidel Castro ha denunciado más de una vez esta grave política de Estado de la nación más poderosa del mundo, sin que haya habido un desmentido oficial, una interpelación congresional, ni comentarios o pesquisas periodísticas merecedoras del Premio Pulitzer en la prensa de Estados Unidos, ¿Por qué tanto silencio cómplice de cosas vitales que están claras y a la vista de todos?

*. Es reconocido que prisioneros del Ejército de Estados Unidos en Afganistán, en Irak y en la Base Naval de Guantánamo, han sido asesinados en las prisiones, hechos que junto a las torturas masivas practicadas  y más que comprobadas en fotos, filmaciones y denuncias, debieran ser motivo para remover de los cargos a las autoridades involucradas y castigarlas  severamente, y hasta para someter a juicio al mismo Presidente por actos tan repudiables y criminales, pues él ha sido el máximo responsable de estas guerras sustentadas en la mentira y la ilegalidad internacional. Sin embargo, a pesar de la estupefacción de la opinión pública mundial y de las organizaciones internacionales, en el acontecer político norteamericano, prácticamente no ha pasado nada en comparación con la gravedad de los hechos.

*. Dos agentes de los Estados Unidos, Orlando Bosh y Luis Posada Carriles, connotados asesinos de la mafia cubano-americana, han confesado sus tropelías criminales por la televisión norteamericana. El primero ha dicho, entre miles de barbaridades, que ante una pregunta que le hiciera un periodista, él le contestó que no hubiera derribado el avión hoy (se refería al día de la entrevista), sino que lo hubiera derribado ayer. Esto lo contó recientemente ante un canal de Miami. ¿Le pasó algo, lo condenó alguien, a quien fuera autor intelectual de la voladura en pleno vuelo del avión de cubana en Barbados? ¿Por qué vive plácidamente Orlando Bosh, sino por el indulto que en su momento le otorgara el Presidente Bush, padre, para que residiera en Estados Unidos, a pesar de que este personaje había sido calificado por la Fiscalía General de Estados Unidos como "el más peligroso terrorista del hemisferio occidental" y recomendaba la expulsión del país?

   En cuanto a Posada Carriles, también autor del derribo del avión de cubana en Barbados, confesó ante la Televisión - también lo hizo en el New York Time- su responsabilidad en los actos terroristas ocurridos en los hoteles de la Habana. Sobre la muerte del joven turista italiano Fabio Di Celmo, expresó que éste "se encontraba en el lugar equivocado y en el momento equivocado". Fue una respuesta consecuente de quien ha practicado y practica una filosofía de criminalidad aprendida en las escuelas de entrenamiento de la CIA, de la cual fue oficial de alta confianza en distintos países. Actualmente está preso por entrada ilegal en Estados Unidos. ¿El trato que le han dado a Posada Carriles se corresponde con sus antecedentes criminales, con su carácter de prófugo de una cárcel de Venezuela, o, por el contrario, ha sido el trato que se corresponde con su condición de cúmbila y cuatrero de cuantas causas aviesas han librado los Estados Unidos durante más de cuarenta años? ¿No es, acaso, el trato deferente con su condición de agente ejecutor de las acciones más sucias y criminales a favor de la causa de los Estados Unidos contra otros pueblos?

   El expediente criminal, las acciones criminales planificadas y ejecutadas, y la ligazón de éstos con las agencias de los Estados Unidos, han quedado corroborados con la publicación reciente de los documentos desclasificados de la CIA y del FBI.

*. Estados Unidos ha lanzado misiles inteligentes contra otros países para practicar el asesinato selectivo a distancia contra personas, incluyendo jefes de Estado. ¿Quiénes se horrorizaron de la existencia de tal política, entronizada a contrapelo de los principios y del derecho internacional? ¿Cuál fue la sanción por tales hechos?

*. En Estados Unidos el crimen y el asesinato son un mal y un azote social devastador. ¿Cuántas personas mueren cada año en forma violenta, gracias a la política interna de casi libertad plena para la comercialización y tenencia de armas, cuya razón fundamental se sustenta en la intención de favorecer los intereses de la poderosa Asociación Nacional del Rifle. ¿Cuántos niños han muerto en las escuelas por ese fomento del culto criminal por la posesión de armas, entronizado como política de Estado y como comportamiento social? Repito: ¿Cuántas miles de vidas de personas de todas las edades pierden la vida cada día y cada año? Compárense las cifras con las muertes norteamericanas en Irak, y se comprobará la magnitud de tal desastre nacional y de tal plaga social.

*. Es conocido que las estadísticas de los medios de información y del gobierno de Estados Unidos, sólo contemplan a sus muertos en las guerras de conquista que hace rato libran en el mundo. No se ocupan de las muertes ni de los asesinatos -que todos lo son en una guerra de conquista- ocasionados por esa política irracional de invadir pueblos, guiados por la filosofía del despojo y dispuestos a arrasar con vidas y haciendas de los agredidos. La alevosía y nocturnidad del asesinato contra los pueblos es tal, que ya no existe anuncio previo de una declaración formal de guerra contra tal o cual país. Lo anuncian a posteriori de estar ocurriendo la agresión, generalmente de noche, y siempre arguyendo motivos inventados y falsos, tal como han ocurrido en todos los casos y siendo una constante que la agresión es contra naciones y pueblos más débiles en todos los órdenes.

   La política agresiva de Estados Unidos ha provocado millones de muertos en otros países, contando sólo aquellos en que las pérdidas han sido por acciones y actos injustificables. Las Naciones Unidas, a propuesta de la Asamblea General, debía solicitar una investigación con el estimado de víctimas a consecuencia de invasiones y guerras injustificables, actos agresivos, actos terroristas orquestados en forma directa o indirecta, confabulaciones directas o indirectas con socios del crimen en otros países (REMEMBER OPERACIÓN CÓNDOR). Debe incluirse Hiroshima y Nagasaki. No deben olvidarse los cuatro millones de muertos vietnamitas. No debe olvidarse ningún país. ¿Cuántos países aportarían su cuota a esta suma gigantesca de víctimas asesinadas en las más condenables formas? ¿Cuándo poseeremos esa estadística valiosa para comprender la esencia del mundo que vivimos, si tomamos en cuenta que contamos con tantas organizaciones e instituciones internacionales que realizan cotidianamente los más insospechados cálculos y estimados de lo que sucede en los países y en el mundo? ¿Cuándo los medios de información, que tanto divulgan indicadores de la más variada naturaleza, y de mayor o menor trascendencia para la existencia humana, se dignarán a informar objetivamente de esta estadística vital que refleja el carácter de un imperio genocida?

   Es un deber denunciar el hecho de que Estados Unidos se niegue a reconocer al Tribunal Penal Internacional y, además, no se canse de presionar a otras naciones para conseguir la impunidad de sus soldados ante las acusaciones de crímenes de guerra. La nación que tal cosa hace con tanta impudicia, es porque está consciente y lo sabe, como también lo reconoce el resto de las naciones del mundo, que su práctica de agresión militar contra otros pueblos lleva implícita el crimen y el asesinato y hasta el genocidio.

 

   En fin, estimados lectores, es necesario denunciar y condenar la realidad espantosa de que el crimen y el asesinato han sido entronizados por la clase gobernante de los Estados Unidos como doctrina política,  y una práctica que, a la vez, se ha convertido en una plaga social. Hasta que estos partidarios del terror no sean condenados, hasta que tal doctrina política, y práctica, y azote social no desaparezcan definitivamente, la vida humana y la paz de los pueblos, incluyendo el norteamericano, estarán amenazadas.

   El noble pueblo norteamericano no merece cargar con el baldón vergonzoso de quienes han traicionado y traicionan sus mejores valores y sus principios éticos. Contra ese mismo pueblo, estas fuerzas retrógradas han enfilado sus cañones. Ayer asesinaron al Presidente Kennedy y al líder por los derechos civiles Martin Luther King. Han linchado negros por miles. Hoy como ayer  siguen en sus andadas criminales. Hoy el asunto tiene nuevos ribetes. Dejaron perpetrar el atentado contra las Torres Gemelas el 11 de setiembre, porque por intención u omisión, permitieron el entrenamiento de los terroristas en el Estado de la Florida, mientras el Director del FBI, Pesquera, se dedicaba a la pesquisa contra cinco cubanos antiterroristas; porque no actuaron  las agencias ni las autoridades de seguridad ni el Presidente, a pesar de los informes de inteligencias alarmantes que se transmitieron a todos los niveles. Pero desgraciadamente, ¡el crimen convenía a los halcones del imperio y de la era Bush! Las miles de víctimas sacrificadas inocentemente en las Torres Gemelas y los miles de soldados caídos en Afganistán e Irak, es el precio que hoy debe pagar el pueblo de los Estados Unidos, por tener al frente de sus destinos a una camarilla que debía ser juzgada también en un escenario que recuerde al juicio de Nuremberg.

Wilkie Delgado Correa esProfesor de Mérito, Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.

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Wilkie Delgado Correa

Wilkie Delgado Correa

Es médico cubano y Profesor de Mérito del Instituto Superior de Ciencias Médicas de Santiago de Cuba.