EE.UU: entre Bin Laden y Posada Carriles
¿Qué separa la voladura de una aeronave de Cubana de Aviación en pleno vuelo, en octubre de 1976, con los atentados del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos?
A primera vista, y sin lugar a dudas, se trata de ataques terroristas deleznables, que merecen la condena mundial y todo el peso de la justicia sobre sus autores.
El avión de Cubana, de fabricación estadounidense, transportaba a 73 personas entre cubanos, guyaneses y coreanos, incluido el equipo de esgrima de la mayor de las Antillas, que había acaparado el medallero dorado de un torneo en Caracas.
"Pegate al agua, Felo" es una frase que millones de cubanos conservan en su memoria. Se trata de la transcripción de lo que sucedía en la cabina del DC-8, tras las explosiones que provocaron su caída frente a las costas de Barbados.
Veinticinco años después cuatro aeronaves comerciales, también fabricadas en Estados Unidos, fueron secuestradas y convertidas en armas letales que provocaron la muerte a alrededor de tres mil personas en las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y Pennsylvania.
El atentado contra Cubana fue silenciado en Washington. Sus autores, Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, habían sido entrenados y enrolados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en su afán de derrocar al proceso revolucionario en la isla.
Fue la CIA la que les instruyó en el uso de explosivos y en la preparación de ataques y atentados luego ejecutados contra Cuba y terceros países, incluido el propio territorio norteamericano.
Los secuestros aéreos no se iniciaron en septiembre del 2001. Antes habían sido estrenados contra la mayor de las Antillas. Los piratas eran recibidos como héroes en Estados Unidos, que les premiaba con la residencia desde los primeros días de 1959.
Si los norteamericanos reaccionaron con horror a las escenas de las aeronaves impactando en las Torres Gemelas, en Cuba causó muerte e indignación el bombardeo ordenado por la CIA contra aeropuertos de la isla previo a la invasión por Bahía de Cochinos.
Entonces se emplearon aviones pintados con las siglas de la Fuerza Aérea Revolucionaria e incluso la Casa Blanca engañó a su propio embajador en Naciones Unidas, Adalai Stevenson, quien hizo sonado papelón entonces al negar los hechos.
Aquellos B-26 ametrallaron también a la población campesina en la Ciénaga de Zapata, víctima inerme de aquella política de terrorismo de Estado.
Si en las Torres Gemelas perecieron cerca de tres mil personas, la cifra es la misma que ha sufrido el pueblo cubano en perdidas humanas por los ataques criminales preparados y lanzados desde la gran potencia norteña.
Pero respondiendo a la pregunta que inició estas líneas, hay que marcar diferencias entre actos terroristas como el Crimen de Barbados y los sucesos del 9/11.
Estados Unidos lanzó su alegada cruzada global antiterrorista en respuesta a los ataques del 2001, que incluyen las guerras contra Afganistán e Iraq.
Ante el auditorio de West Point, el presidente George W. Bush proclamó la doctrina de guerra preventiva que amenaza a "60 o más oscuros rincones del planeta".
El ejecutivo gasta desde entonces miles de millones de dólares en medidas de control interno, entre estas el blindaje fronterizo que comprende el fichaje biométrico de quienes entran al país.
Washington ha puesto precio a la cabeza de Bin Laden y busca su captura "vivo o muerto", mientras tropas del Pentágono recorren la frontera afgano-paquistaní, vigilada desde el aire por sofisticados aviones y radares.
Pero la verdadera política de la Casa Blanca respecto al terrorismo, su doble rasero, queda expuesta con la presencia en territorio norteamericano de Luis Posada Carriles.
El más connotado terrorista del hemisferio, como lo ha catalogado el presidente Fidel Castro, pide a sus padrinos asilo político, una especie de premio a su carrera criminal.
Ya su compinche, Orlando Bosch, había recibido refugio del gobierno de George Bush, el padre del actual mandatario, a pesar de que el Buró Federal de Investigaciones y el Departamento de Justicia le catalogaron entonces como uno de los más peligrosos terroristas.
Entre los funcionarios de la administración republicana prima el desconcierto ante la reiterada denuncia de La Habana sobre el ingreso de Carriles a suelo norteamericano, confirmado por el abogado que tramita su solicitud de asilo.
Para el diario The New York Times la administración Bush pondrá a prueba su definición de terrorismo.
El rotativo señala tres variables: otorgar el asilo, detener al criminal o extraditarlo a Venezuela, cuya justicia presentó el reclamo a Washington.
La primera comprende los compromisos con los grupos contrarrevolucionarios de origen cubano del sur de Florida, que han marcado el rumbo de la política de Washington hacia la mayor de las Antillas.
Su propio doble rasero respecto al terrorismo ha puesto a Estados Unidos en una verdadera encrucijada.
La gran diferencia entre Osama bin Laden y Luis Posada Carriles no la hace que ambos compartan el terrorismo, sino que Carriles lo utilizó contra Cuba.
A fin de cuentas, para Estados Unidos el fin siempre ha justificado los medios cuando de intentar destruir a la revolución cubana se trata.


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