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VENEZUELA MESTIZA

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Cartas son cartas

VENEZUELA MESTIZA

Repasando viejos textos sobre Venezuela, descubro en una enmarañada papelería varios ensayos de Arturo Uslar Pietri, el venezolano Premio Príncipe de Asturias, uno de los más grandes escritores latinoamericanos del Siglo XX. El tema de los trabajos es el mestizaje de su país, una nación que posee todos los paisajes y colores probables, y que con toda razón Alejo Carpentier llamó "compendio telúrico de América".

 Uslar habla de la invención de Venezuela y reconoce que "el mestizo venezolano es la confluencia de los tres elementos raciales. Su sensibilidad es delicada, su don de adaptación rápido, su inteligencia viva y ligera; muy cargado de intuición, ambicioso, igualitario, devoto de lo mágico, violento, generoso, imprevisor, pobre en arte popular, sensible a la música, reñido con la sistematización, con el orden y con la jerarquía. Es el alma del mestizo el que va a darle su psicología a la nación y a caracterizar su historia."

Es extraordinaria esta reflexión, una síntesis perfecta de lo que, quitándose los lentes del prejuicio y los dogmas que uno carga, se puede descubrir a flor de piel en la Venezuela profunda. En un país donde no es difícil deslindar el paisaje y la naturaleza, los climas y las plantas y animales, que se muestran en dramáticos contrastes, el panorama social es casi imposible de diferenciar. El rostro del antepasado español, el indio o el negro se unen de tal manera que no podemos determinar dónde empieza uno y termino el otro, como en esas pinturas mágicas donde se pueden ver varias caras en una sola, dependiendo del lugar desde donde se mire.

Esa superposición de colores y facciones en uno y millares de individuos a la vez, dan una visión de conjunto que difícilmente se encuentre en otro país de América. Con ella aparece un nuevo individuo que aun cuando al latinoamericano resulte familiar, venga este de donde venga, allí es "otra cosa".

Por eso el proceso de Chávez no se parece a ningún otro, y también por eso, en los inicios del Movimiento bolivariano, los tirios y troyanos de la clase política lo miraban con recelos, sin comprender muy bien quién era, y hacia dónde iba.  Pero los venezolanos de Catia, de la Guaira, los indios de Elorza y los nigros de las Vegas de Barlovento, no se confundieron. La cara de Chávez tenía la fisonomía que ha ido tomando el país, cocida a fuego lento y servida en lo que Uslar llamó "la invención de Venezuela".

Venezuela inventada no es otra cosa que el encuentro de una identidad propia y una personalidad histórica diferente. Es lo que singulariza a Simón Bolívar, cuyo sino está marcado por el ansia de conducir a sus contemporáneos hacia un destino diferente al que decidido por Europa para el llamado Nuevo Mundo: "… no somos europeos, no somos indios, sino una especie media entre los aborígenes y los españoles. Americanos por nacimiento y europeos por derechos, nos hallamos en el conflicto de disputar a los naturales los títulos de posesión y de mantenernos en el país que nos vio nacer, contra la oposición de los invasores." (Discurso para el Congreso de Angostura, 1819)

Es la cara mestiza, la cara de la mayoría, la cara del humildísimo buhonero que un día, cuando el Presidente Chávez sugirió que envainaría la espada, le gritó: "Tú eres nosotros. No envaines la espada, porque nos envainas."

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Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde

Periodista cubana. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros "Antes de que se me olvide", "Jineteros en La Habana" y "Chávez Nuestro", entre otros. Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo "Juan Gualberto Gómez" y el Premio Nacional "José Martí", por la obra de la vida. Fundadora de Cubadebate y su Editora jefa hasta enero 2017. Es columnista de La Jornada, de México.