EE.UU.-Iraq: Bondades que matan
Orlando Oramas, periodista de Prensa Latina
El presidente George W. Bush, al parecer más preocupado por las encuestas que otra cosa, recibió en la Casa Blanca a un puñado de iraquíes que reciben atención médica en Estados Unidos.
La transmisión de CNN no dijo nada sobre si entre sus huéspedes habían víctimas de la guerra lanzada hace más de un año por la Casa Blanca, y que ha provocado miles de muertos entre la población civil, amén de otras secuelas como lisiados, viudas y huérfanos.
En el encuentro televisado los iraquíes se limitaron a estrechar la mano del mandatario, quien aprovechó la ocasión para repetir sus "slogans" pronunciados la víspera en un discurso a la nación, pero que no aportó nada nuevo respecto a una salida al conflicto.
Generosidad y amor fueron vocablos invocados por Bush a sus privilegiados invitados, de saco y corbata, algo que no tiene nada que ver con la situación que sufre la mayoría de la población de esa nación árabe, sometida a la ocupación extranjera.
"Haremos todo lo que se necesite hacer en Iraq", dijo a las cámaras el gobernante, pero como la noche anterior, la frase quedó vacía y sólo apuntó a la probabilidad de que Estados Unidos deba multiplicar sus tropas en aquel país.
La generosidad del gobierno norteamericano consiste en devolver formalmente la soberanía a autoridades locales aún por elegir, sin que ello suponga que tengan el respaldo y la credibilidad popular, y la promesa de que los ocupantes permanecerán allí.
Asimismo, Bush clamó por una presencia internacional que involucre a Naciones Unidas, a despecho de que hace un año la Casa Blanca se fue a la guerra sin conseguir la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU.
Poco a poco el tema iraquí se va situando en un lugar importante del debate para la presente campaña electoral, en particular cuando las encuestas indican que el mandatario cosecha su peor calificación al respecto.
Luego de gozar de gran respaldo tras los atentados del 11 de septiembre, Bush ha ido dilapidando aquella popularidad coyuntural hasta llegar al momento actual, en el cual la mayoría de los sondeos le son desvaforables.
No se trata sólo de si su adversario demócrata John Kerry le aventaja en la carrera por la presidencia, donde la batalla está virtualmente empatada. Lo más interesante a estas alturas son las tendencias de opinión, que marcan la caída del apoyo al actual presidente.
Cuando faltan seis meses para los comicios, el 50 por ciento de los encuestados por The Washington Post y la televisora ABC desaprueban la gestión de Bush. Es su peor resultado desde que llegó a la Casa Blanca.
Pero si de Iraq se trata las cosas van mucho peor, en particular tras el escándalo de las fotos que documentan torturas y vejaciones cometidas por tropas del Pentágono en las prisiones de la nación árabe.
Sólo cuatro de 10 norteamericanos están de acuerdo con la actuación de Estados Unidos en Iraq, donde el 65 por ciento de los entrevistados concluye que Washington está empantanado. En términos parecidos se expresaron quienes creen que Bush no tiene un plan claro para salir del atolladero.
Entretanto, en Iraq el discurso del gobernante dejó pocas esperanzas a la población. "El miente, nosotros no creemos nada que Bush diga", afirmó Haidar Majeed, un comerciante consultado por medios de prensa en Bagdad.
"Estados Unidos puede mover un tanque a Iraq en dos días, pero no pueden darnos más de dos horas de electricidad", se quejó a su vez Fallah Hassan, para quien Washington no ha cumplido sus promesas de reconstruir el país.
"Nunca hemos visto a un miembro del Consejo de Gobierno (iraquí) en las calles hablando con el pueblo o verificando el desempleo y otros problemas", fue la opinión del plomero Hamid Hassan.
Su apreciación cobra relevancia en momentos en que el enviado de Naciones Unidas Lakhdar Brahimi está empeñado en confeccionar el listado de quienes conformarán la autoridad a la cual Estados Unidos entregará ceremonialmente el poder.
Mucho más duro fue el policía Ayman Haidar, quien calificó a Bush de "escorpión y artero, haciendo todo tipo de promesas cuando sólo quiere el control de Iraq".
George W. Bush prometió que hasta el 30 de junio, fecha del traspaso, pronunciará un discurso semanal sobre la situación iraquí, donde, dijo, se esperan días difíciles.
Claro que las jornadas pasadas tampoco fueron fáciles, en particular por el incremento de las bajas que ya superan las 800 y, según el promedio, rebasarían ampliamente la barrera de los mil para los próximos meses.
Es en este escenario en el cual el presidente de Estados Unidos se enternece en la Casa Blanca ante unos pocos pacientes iraquíes, en franca puesta en escena electoralista.
Pero la generosidad de su política queda desmentida por las estremecedoras imágenes de soldados de Pentágono torturando y vejando en las cárceles bajo su control, mientras su aviación convierte a una boda en masivo funeral. Son bondades que matan.


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