Un corresponsal de guerra llamado Titón: Entre el cineasta y el ser humano
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En este artículo: Cine, cine cubano, Cuba, Cultura, Historia, Historia de Cuba, Tomás Gutiérrez Alea, Victoria de Girón

El día 19 de abril de 1961, por encargo del Noticiero ICAIC Latinoamericano, el joven cineasta Tomás Gutiérrez Alea en compañía de los camarógrafos Julio Simoneau y Pablo Martínez, parte rumbo a Bahía de Cochinos, Matanzas, escenario de los cruentos combates entre las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ejército Rebelde y las Milicias Nacionales contra la Brigada mercenaria 2506, organizada y apertrechada por el Gobierno de Estados Unidos para la Invasión contra Cuba.
En el trayecto se les unió Mario Ferrer de TV Revolución. Apenas llegados al escenario del guerra, en su tercer día, sufren el asedio y la metralla de los aviones norteamericanos, con insignias cubanas, contra las fuerzas revolucionarias cubanas. Con los rockets cayendo a su alrededor, toman la cámara en mano y empiezan a filmar las primeras imágenes de lo que sería el documental "Muerte al invasor"...

“Muerte al invasor respondió a una necesidad, a una urgencia, porque al producirse la invasión era necesario mostrar lo que esta fue y los daños y muertes que produjo. Pedí ser corresponsal de guerra y fui al lugar; donde también había gente de la televisión filmando. A ellos después le pedimos material para completar nuestro documental. El filme en sí fue un reportaje sobre los acontecimientos que se usó en el Noticiero ICAIC semanal. Fue el documento más completo sobre el tema y se exhibió en casi todo el mundo. Hasta en los Estados Unidos se vio por televisión de costa a costa”(*)
En un verdadero road movie y cámara en movimiento, el documental muestra los momentos del avance de las tropas cubanas sobre los invasores en caravanas de ómnibus y blindados pese al hostigamiento, el uso de la artillería contra la desbandada de los mercenarios derrotados, la presencia y guía de Fidel Castro en el terreno de operaciones y las armas y barcazas abandonadas en lo largo de Bahía de Cochinos y Playa Girón.
Impactan las imágenes que recogen a los cadáveres de la población asesinada en las carreteras, los milicianos caídos (muchos de ellos, niños apenas) y los mercenarios derrotados, rendidos en masa a los soldados cubanos, quienes a pesar de la crudeza y el dolor de la guerra, confraternizan y curan con los vencidos en gesto de humanidad.

Rostros en primer plano del dolor, la desmoralización y derrota, la victoria y el triunfo, gestos de Patria recogidos por Titón y sus compañeros en una edición casi neorrealista (aprendida de sus enseñanzas en el Centro Sperimentale de Cinematografía de Roma) y un testimonio vivo y único de solo 16 minutos de la Primera Derrota del Imperialismo Yanqui en América Latina, que aún estremece.
16 de abril del 2026. Centro Cultural “Casa de Titón y Mirtha. Es inaugurada la Exposición "Fidel y Titón, dos hombres con una misma mirada". Apenas unos minutos previos, platico con Mirtha Ibarra, la eterna esposa de Titón, actriz, cineasta y Premio Nacional de Cine 2025 y en compañía de Luciano Castillo, investigador, crítico y también Premio Nacional de Cine 2026 ,nos va mostrando las piezas expuestas conformadas por distinciones y medallas recibidas por Titón, algunas exhibidas por primera vez.

En un momento, Mirta nos muestra el uniforme de miliciano, la vajilla de campaña y el zambran con la funda de pistola, llevadas por Titón en la batalla de Girón. Más arriba palidecemos:
-“La encontramos en un rincón de la casa con toda la vajilla adentro” - me dice Mirtha. - “Aún se me estremezco cuando la veo”.
- ¿Y Titón te contó algo de esa historia? - le pregunto.
- Nunca me dijo.... -
Sobre nuestros ojos, en la pared cerca de los uniformes, se alza una mochila con marcas de gotas de sangre, empapada en la tela hace 65 años y que Tomás Gutiérrez Alea guardaba celosamente, como secreto íntimo...
“Caen los cohetes y bombas de napalm, cerca del equipo de filmación. A su alrededor, hay milicianos y jóvenes, algunos muertos y otros heridos. Ante los quejidos, Titón detiene el rodaje, y carga a uno de los milicianos, trasladandolo a una camilla. Mientras lo arrastra, entre la sangre y el dolor, conversa y le da aliento al joven soldado, que quizás no conoce al corresponsal que lo está ayudando. Del cineasta y corresponsal emerge ese ser humano y sensible que nos acerca a Titón. Apenas se despide, toman otra vez la cámara y testimonian el horror de la guerra. En sus ojos, la visión de la muerte en su lado más cruel. Aquella muerte de la cual quizo enfrentar y hasta reírse de ella en sus películas”
Este final es solo una recreación personal en ficción de este escritor estremecido en la oculta historia de esa mochila en la pared, conmovido ante un corresponsal de guerra llamado Tomás Gutiérrez Alea.
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