La reina Victoria y Cuba


La reina Victoria. Obra de Franz Xaver Winterhalter de 1843
Tal vez el nombre de Alexandrina no nos haga recordar a ningún personaje histórico en específico, pero si nos referimos a la reina Victoria de Inglaterra inmediatamente pensamos en una de las monarquías más emblemáticas de Europa en el siglo XIX.
Nacida el 24 de mayo de 1819, era hija de Eduardo, duque de Kent, e hijo del rey inglés Jorge III y de la princesa alemana María Luisa de Sajonia-Coburgo. Tanto su padre como su abuelo fallecieron en 1820; sucedieron en el trono sus tíos Jorge y Guillermo IV, pero como ninguno de ellos, ni su otro tío, Federico, duque de York y Albany, tenían descendencia legítima, desde bien temprano se sabía que sería la reina heredera del trono.
Su nombramiento se produjo el 20 de junio de 1837, tras la muerte de Guillermo. Apenas contaba con 18 años de edad, ese mismo día escribió en su diario:
“Ya que la Providencia ha querido colocarme en este puesto, haré todo lo posible para cumplir mi obligación con mi país. Soy muy joven y quizás en muchas cosas me falte experiencia, aunque no en todas; pero estoy segura de que no hay demasiadas personas con la buena voluntad y el firme deseo de hacer las cosas bien que yo tengo”.
No le faltó razón, encabezaría uno de los reinados más extensos de la historia universal (63 años y 216 días), conocido como la Época Victoriana. Sin estar exento de complejidades y grandes contrastes, se considera una de las etapas de mayor esplendor del Reino Unido de la Gran Bretaña; caracterizada por el florecimiento económico, la estabilidad política y social, así como importantes adelantos científicos, militares, jurídicos y culturales. En este periodo Gran Bretaña se expandió en busca de nuevas colonias y constituyó la principal potencia imperial del mundo durante el siglo XIX.
Su muerte, un 22 de enero de 1901, constituyó el fin de una era, la del predominio casi absoluto de los británicos entre las potencias imperialistas.
Cuba cerca de la reina Victoria
Aunque muy distantes geográficamente, varios episodios enlazan a Cuba con la monarca más importante del mundo en el siglo XIX.
En octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes declara la libertad de sus esclavos y el inicio de las hostilidades con la metrópolis española. Luego de la Asamblea de Guáimaro, en abril de 1869, el primer presidente de la República en Armas se trazó varios objetivos estratégicos para la consolidación de la Revolución; uno de ellos, lograr el reconocimiento y apoyo de los gobiernos de la región y algunas de las principales potencias del mundo.
Lógicamente, hacia la poderosa reina inglesa dirigió Céspedes sus anzuelos políticos. Desde Sibanicú, le escribiría el 17 de junio de 1869:
Nada puede ser mas lisonjero a esta naciente República como merecer las generosas simpatías de V.M. y del pueblo clásico a cuyo frente os ha colocado la Divina Providencia. La Libertad, símbolo de vuestro gobierno y el de Cuba, y por otra parte, las grandes relaciones mercantiles, que los dos países están llamados a estrechar, son lazos que deben unir a la poderosa Albión y a la Perla de las Antillas.
No dudo por tanto invocar estos vínculos a vuestra alta consideración, para atreverme a enviar un Agente Diplomático cerca del gabinete de V.M. no sólo con objeto de que promueva y gestione el reconocimiento de la Independencia de Cuba, sino cuanto concierna a los grandes intereses recíprocos de ambas naciones. Tengo pues el honor de acreditar a V.M. al ciudadano Juan Manuel Macías, en calidad de Comisionado Especial y Ministro Plenipotenciario de esta República con la fe, que me inspira la genial magnanimidad de V.M., de que se dignará recibirlo en su corte con el carácter oficial que representa, y bajo la seguridad de que sólo se consagrará en ese Reino Unido a los objetos de su misión y al bien de los dos países. Me es satisfactorio aprovechar la presente ocasión para ofrecerme a V.M. con la más alta consideración. Patria y Libertad.
Poco se pudo lograr, pues Inglaterra estaba enfrascada en sus conquistas coloniales y en la expansión de su comercio en el mundo sobre la base de su poderosa flota naval y no estaba dispuesta a generar fricciones con una España en crisis institucional como resultado de la sublevación conocida como Septembrina.

Carlos Manuel de Céspedes, Padre de la Patria y primer Presidente de la República en Armas
Pero Céspedes no descansaría en su empeño de buscar un acercamiento con la corona inglesa. Como consecuencia de una fiebre tifoidea, en el invierno de 1871 se agravó la salud del primogénito de la monarca, el Príncipe de Gales Albert Edward y futuro rey Eduardo VII. Este hecho mantuvo en vilo a la Gran Bretaña, sus colonias y parte de Europa.
Las noticias sobre el estado de salud del príncipe circulaban casi a diario por los principales medios de Europa, Estados Unidos y Canadá. Durante los momentos de mayor gravedad se temió lo peor. Para inicios de año ya se encontraba totalmente restablecido.
Este incidente sirvió de pretexto para que el Padre de la Patria cubana le remitiera otra carta a la reina.
Señora: Las dolorísimas impresiones que durante la grave y larga enfermedad de vuestro muy amado hijo, el Príncipe de Gales, experimentó vuestro maternal corazón, hallaron profundo eco en el pueblo cubano. Grato me es hoy, cumplir para con Vuestra Majestad con dos sagrados deberes, enviándoos la más sincera y respetuosa felicitación por el restablecimiento de la salud del Príncipe, y el mayor agradecimiento por las deferencias y cariñoso trato de que, por parte de vuestras dignísimas autoridades de Jamaica, han sido objeto las familias cubanas que allí se han acogido. Obligadas a emigrar, unas huyendo de la barbarie de la guerra, expulsadas otras voluntariamente, y por ello impelidas a demandar la caridad pública, no han podido esas escenas modificar en nada las crueldades que caracterizan nuestra lucha a pesar de todos mis esfuerzos. (…)
Dispensad (Vuestra Majestad) Señora, que hoy, y en ocasión de dirigirme a vos para daros mis plácemes, asalte a mi mente la consideración de que tan crueles excesos, de que tan sangrientos cuadros pudieran cesar, si las poderosas naciones europeas y americanas reconocieran nuestra justa beligerancia.
Con la mas alta consideración y el mayor respeto, soy de Vuestra Majestad, Señora.
El Presidente de la República de Cuba, Carlos Manuel de Céspedes. Residencia del Ejecutivo, Enero 15, 1872, 5to de la Independencia.
Aunque los resultados no fueron alentadores ambas misivas son un reflejo inequívoco del ahínco con el que trabajó Carlos Manuel de Céspedes para lograr el fortalecimiento de la Revolución cubana y reflejan parte de los nexos históricos entre ambas naciones, en especial con el reinado de Victoria I del Reino Unido.
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Este trabajo debían llamarse Carlos Manuel de Céspedes y la Reina Victoria, porque a Cuba la ilustre señora la ignoró, como hacen las potencias en su desprecio por lo que no les rinde beneficio. Loable trabajo de Céspedes aunque inútil. Así lo veo. Interesante de todos modos.
Bueno... El investigador no refiere que Carlos Manuel haya recibido respuesta, ni el contenido de la misma en caso de existir. Entonces no hubo vínculo, o sí hubo: el no reconocimiento de la beligerancia cubana por parte del Reino Unido
Felicito al autor por revelar las cartas del presidente Céspedes ante la reina Victoria de Inglaterra, ambos nacidos en 1819 y cuyo artículo nos invita a entender mejor la época y su enseñanza por los docentes de la historia. Gracias y seguir publicando.
Muy interesante!!
Curioso caso este aunque siempre hemos estado más cerca del rebelde pueblo irlandés que de la aristocracia inglesa. Por lo demás, Céspedes demuestra viveza criolla. Divertida anécdota.
Pues me resulta chocante saber que un independentista contra el colonialismo español, adule a otro imperio, es más me decepciona y me hace sospechar que existen muchas verdades ocultas.Marti, estaba claro sobre los problemas que llevaron al traste la Gran Guerra.
Muy interesante información.
Nuca había visto una fotografia de Carlos Manuel de Cespedes ,su imagen es distinta a lo q había visto antes ,muy buen artículo periodistico de lo mejor q he leído