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Venezuela: Diosdado Cabello y los fantasmas

Por: Jesús Ernesto Parra
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Diputado Diosdado Cabello, en el programa de TV de José Vicente Rangel

Diputado Diosdado Cabello, en el programa de TV de José Vicente Rangel

El diálogo y la política son dos acciones muy parecidas. Una implica la existencia de la otra. Ambas, palabras esdrújulas, exigen la aceptación de una condición tácita pero fundamental en su obviedad. Nos obligan a admitir la existencia de los Otros. No solo como rasgos, o preconceptos, sino que tenemos que averiguar –sorpresa: dialogando– qué piensan, cómo piensan, y qué quieren hacer con eso que piensan. No hay política sin diálogo, y sin política no hay sociedad, para abusar de la síntesis.

Se puede hablar mucho en un diálogo, pero lo más difícil está en aceptar que el otro existe. Y que para peor, éste es distinto a nosotros. Muchas veces, ese paso sencillo jamás ocurre, y es más cómodo entonces quedarnos con la falsa y tranquilizadora imagen que de ese otro nos hicimos. Nos mentimos para no aceptar que la realidad depende de un consenso de los símbolos y los actos, porque es mucho más confortable hablarnos a nosotros mismos. O hablarle a la falsa imagen que del otro tenemos en nuestra cabeza.

Según los psicoanalistas esa falsa imagen suele denominarse “fantasía”, y representa una válvula de escape a las ansiedades y miedos, a través de una imagen exagerada y obscena del otro, que no deja nunca de ser un ejercicio narcisista por el cual la persona se habla a sí misma. Es decir, no dialoga con el otro, sino que lo imagina convertido en un monstruo. Así es más fácil, ¿verdad?

Diosdado Cabello es la fantasía de la oposición venezolana. Un rol, inventado en esa representación que la derecha venezolana se hizo a sí misma sobre el chavismo, para concentrar ciertos mensajes en una figura de la revolución. Diosdado dueño de atuneras, Diosdado peleado con Maduro, Diosdado Cartel de los Soles, Diosdado el Todopoderoso, Diosdado el Violento. Todos los vicios imputados al chavismo, volcados contra la figura de un político.

El pasado domingo, en el programa de televisión que conduce el destacado periodista José Vicente Rangel, ese fantasma le habló por primera vez a la dirigencia opositora. Le habló, en quizás, una de las horas más negras para la MUD. El momento en el que la pesadilla demuestra que es real. O sea, cuando despertamos de la fantasía confortable y tenemos que mirar al otro a la cara. En pocas palabras, cuando nos toca dialogar. Mejor dicho, ahora que le toca dialogar a la oposición.

Mucho se ha escrito sobre Diosdado Cabello, y son interminables las apreciaciones que hasta desde el mismo chavismo se le han hecho. Pero lo que no se le puede negar es la lucha incansable que asumió en defensa de la Revolución. Aún a costa de su vida, y ahora la de su familia.

La mejor de sus versiones la dio por sí mismo en el citado programa dominical. El Diosdado estratega habló hacia la MUD y su dirigencia apuntando: no habrá diálogo con un grupo de dirigentes políticos que no creen en ese mecanismo, y que incluso no creen en sí mismos como grupo.

Divididos, desordenados, caprichosos y violentos, los dirigentes opositores prefieren seguir peleando con la fantasía que auto-elaboraron sobre el país y el chavismo para no sentarse a conversar con la realidad. Realidad que implica al chavismo como fuerza de poder en Venezuela, detentadora del Ejecutivo, movilizada, y consciente de que ella es la forma del pobre de hacer política. Como a contraparte lo hace Cabello, desde un tiempo para acá, en cada uno de sus encuentros políticos a lo largo del país.

En ese mismo segmento televisivo, Diosdado relató el diálogo que ha venido sosteniendo con los sectores populares y la militancia chavista, sus reuniones con integrantes de la FANB, sin distingo de rangos. Ambos sectores –el pueblo y los militares– han sido sistemáticamente agredidos por la guerra psicológica y económica que adelanta la psicopatrocracia criolla. Y no es mala idea leer entre líneas, y pensar que es por allí donde comienza el verdadero diálogo. Con los sectores maltratados por las veleidades de una clase política opositora que siglo y medio después se niega a morir, e incluso, con sectores económicos –idea sostenida con empeño por el presidente Maduro– realmente interesados en reactivar el aparato económico.

Cuando se termina de escribir esta crónica la oposición continúa amenazando con escenarios violentos. Incapaz de mirar al otro prefiere vivir con sus propios fantasmas. Incluso reconocidos columnistas se encargan de torpedear el diálogo, e inclusive han calificado de chavista hasta al mismo Vaticano.

Es decir, si eres chavista no existes, eres un fantasma. Moraleja opositora: la peor pesadilla, como ya dijimos, es cuando el fantasma cobra vida –y nos viene a cobrar también– en la vida real. Pero puede ocurrir que una mañana de domingo, desde un programa de televisión, la realidad te pase por encima y seas tú quien termine convertido en fantasma.

(Tomado de Misión Verdad)

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