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Obama evita criticar el papel de EEUU en el sostenimiento de la dictadura argentina

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Macri y Obama en una cena en la Casa Rosada. Foto: Página 12.

Macri y Obama en una cena en la Casa Rosada. Foto: Página 12.

Por Werner Pertot

Y un día el gobierno argentino volvió a sus viejos amores. Como las épocas cambian, ya nadie habló de relaciones carnales, sino de tener una “relación madura” con los Estados Unidos. Mauricio Macri recibió al presidente de ese país, Barack Obama, en la Casa Rosada donde tuvieron una reunión bilateral con sus ministros y luego a solas.

En una conferencia de prensa posterior, Macri resaltó su voluntad de incrementar las relaciones comerciales con Estados Unidos e incluso no descartó un Tratado de Libre Comercio con el Mercosur a futuro. También le agradeció por “desarchivar” los archivos sobre la dictadura argentina, un tema que hasta ahora no había formado parte de la agenda del líder del PRO.

Obama elogió el cambio en la política exterior de la Argentina e hizo su homenaje a las víctimas del atentado a la AMIA, al que comparó con el de Bélgica. Hoy irá al Parque de la Memoria a rendir tributo a los desaparecidos. Los organismos de derechos humanos anticiparon que no lo acompañarán. Ante una pregunta, Obama eludió hacer una autocrítica sobre el apoyo de su país a las dictaduras del Cono Sur.

El presidente de los Estados Unidos llegó a la madrugada a la Argentina y descansó en el Palacio Bosch, la residencia del embajador de su país. Cuatro minutos antes de las 11, arribó a la Casa Rosada, donde lo recibió un muy sonriente Macri.

El premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel dijo que Obama debería pedir perdón a las víctimas y los familiares por su responsabilidad en esta y otras dictaduras que asolaron el continente.

Ambos departieron en inglés mientras atravesaban la alfombra roja por pasillos y las escaleras. Tras la foto de rigor, tuvieron un encuentro que duró una hora y media (ver aparte) y una conferencia de prensa. Obama luego cruzó a la Catedral a rendirle homenaje a José de San Martín y a las víctimas del atentado en la mutual judía.

“Ayudaremos a encontrar a los culpables del atentado, así como lo haremos con Bélgica”, indicó. Su jornada siguió sin Macri en un encuentro con empresarios en el Sheraton y luego en un foro abierto en la Usina del Arte A la noche, fue agasajado por Macri en una cena de honor en el Centro Cultural Kirchner. Hoy hará su homenaje en el Parque de la Memoria a las 10.30 y luego partirá hacia Bariloche.

Macri dejó en claro el sentido que busca darle a la visita del presidente de los Estados Unidos: la Argentina volvió al mundo. Tras sostener en la última década que el país estaba aislado, el Presidente reconduce las relaciones hacia un realineamiento con Estados Unidos, algo que va de la mano con el pago a los fondos buitre y el retorno de las relaciones con los organismos multilaterales de crédito. Se aleja así el eje regional que incluía a Ecuador, Bolivia y Venezuela y el acercamiento a las potencias emergentes China y Rusia. La visita de Obama también marca un giro del “No al ALCA” del 2005 en Mar del Plata y a la posibilidad de retomar un tratado de ese tipo. Macri consideró que la visita marca “el comienzo de una etapa de relaciones maduras, inteligentes y constructivas”.

Para Obama, en cambio, la visita le sirvió para balancear su gira por la región, en la que viajó a Cuba. La decisión de desclasificar documentos militares y de inteligencia sobre la dictadura argentina también apunta a distanciarse del respaldo de los Estados Unidos a las dictaduras latinoamericanas en los setenta, aunque una pregunta en la conferencia de prensa de ayer mostró los límites de esa posición.

De local

El Salón Blanco era pura algarabía entre los funcionarios estadounidenses y los macristas. El jefe de Gabinete, Marcos Peña, conversaba animadamente con Roberta Jacobson, la secretaria de Estado adjunta para el Hemisferio Occidental (en los hechos, la encargada de América Latina).

La conferencia de prensa conjunta de los presidentes comenzó con una breve intervención de cada uno. Macri le dio la bienvenida y aprovechó para repudiar el atentado en Bruselas. “Los fanatismos traen intolerancia, agresión y violencia que no llevan a ningún lugar”, afirmó el presidente, quien destacó los valores que lo unen a Obama: “El respeto a los derechos humanos, las libertades individuales y la democracia”. “A horas de conmemorar 40 años del golpe militar que consolidó el capítulo más oscuro de nuestra historia, ante nuestro pedido de que se desarchivasen archivos de esa década tan violenta de la historia de la Argentina, aceptó”, afirmó Macri, quien está sumando temas nuevos a su agenda al comprobar que son reconocidos internacionalmente.

De todas formas, el Presidente obvió la historia de los reclamos que los organismos de derechos humanos hicieron desde 1991 para conocer esos documentos y prefirió enmarcarlo en su renovada relación con los Estados Unidos. “Todos necesitamos y tenemos derecho a saber cuál es la verdad y para los argentinos fue una demostración muy importante que quiero resaltar: si nosotros dialogamos con los otros países, lo hacemos con seriedad y con respeto, los países rápidamente colaboran con nuestros pedidos”, indicó. “Está en su casa”, le dijo.

Obama agradeció y calificó a Macri como un hombre apurado (“a man in a hurry”) por hacer cambios: “Se movió rápido en las reformas para reconectar a la Argentina con la comunidad internacional”. Prometió, en ese sentido, que las empresas estadounidenses aportarán millones de dólares en inversiones. Música para los oídos de los funcionarios. “Dada la historia de polarización política en la Argentina, se está trabajando entre partidos”, advirtió Obama, quien consideró que “con Macri, la Argentina está reasumiendo su rol de liderazgo en el mundo”. En particular, Obama respaldó la decisión “de la Argentina de volver a las misiones de paz” y dejó entrever que tendrá un rol para los refugiados sirios.

Sin autocrítica

Obama confirmó que Estados Unidos desclasificará documentos militares y de inteligencia referidos a la dictadura argentina. Recordó que en 2002 ya se habían desclasificado unos 4700 documentos del Departamento de Estado, fruto del reclamo del CELS, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo en 1999. “Esperemos que esto ayude a recuperar la confianza que puede haberse perdido entre nuestros países”, dijo.

“Visitaré el memorial a las víctimas de la dictadura argentina”, indicó Obama, quien hizo una corrección sobre el discurso de sus funcionarios, que venían hablando de “guerra sucia”. La traductora oficial dijo “tumbas” en vez de “memorial” (que es un lugar donde se recuerda a una persona o un evento), lo que generó una polémica en las redes sociales sobre las palabras del presidente estadounidense. La elección de los términos mostró el cuidado que tuvo el presidente por desmarcarse de las relaciones de Estados Unidos con las dictaduras latinoamericanas y el entrenamiento de militares en prácticas de tortura en la Escuela de la Américas.

No obstante, cuando le preguntaron si hacía una autocrítica por el rol de los Estados Unidos, el presidente estadounidense hizo un pronunciado silencio. “Yo… pasé mucho tiempo antes de ser presidente estudiando la historia de la política exterior de los Estados Unidos. Como toda política exterior, tuvo momentos de gloria y momentos contraproducentes o que van en contra de lo que yo creo que debería representar Estados Unidos”. “No quiero repasar las actividades de Estados Unidos en América Latina a lo largo de cien años”, afirmó. Sin embargo, Obama defendió la política exterior durante las dictaduras: “En los setentas, el enfoque de los derechos humanos no fue menos importante que combatir el comunismo. Es un tema importante tanto para republicanos y demócratas”, sostuvo, pese a las marcadas diferencias en la denuncia del terrorismo de Estado argentino que hubo en la administración de Jimmy Carter con respecto a quienes lo precedieron y quienes vinieron después.

De todas formas, el Presidente indicó: “Hemos cambiado mucho. Hemos aprendido algunas lecciones. No hay falta de autocrítica en los Estados Unidos”. Macri, por su parte, evitó hablar del rol de los Estados Unidos con respecto a la dictadura argentina y consideró que hay que esperar a ver qué dicen los documentos que se desclasificarán: “No tiene sentido especular. Cuando estudiemos la documentación, diremos qué opinamos”.

ALCA y buitres

A la hora de responder preguntas, Macri se apuró a ser él quien respondiera sobre un posible Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. “¿Puedo?”, le dijo a Obama antes de contestar: “Primero tenemos que consolidar el Mercosur y luego consolidar un acuerdo de libre comercio más amplio”, dijo Macri. “La Argentina tiene que ser nuestro socio”, indicó el presidente de los Estados Unidos, que indicó que “en el comercio, ya organizamos un grupo de trabajo entre nuestros gobiernos. Organizar un Tratado de Libre Comercio puede ser al final de ese proceso”.

La canciller Susana Malcorra había indicado en los últimos días que no estaba contemplada la posibilidad de avanzar con ese tipo de tratado por ahora. Obama aprovechó para poner las reformas económicas de Macri como “un ejemplo para otros países”.

Obama esquivó una pregunta sobre los fondos buitres: “No puedo comentar esos casos sobre los que los jueces pueden fallar”, se excusó. Pero dejó en claro su opinión: “Macri tiene un enfoque constructivo que puede llevar a la resolución de este tema. Una resolución de la controversia puede llevar a mejorar el comercio y a producir más desarrollo económico y más trabajo”.

El presidente estadounidense comparó la situación argentina con la crisis de las hipotecas subprime que le tocó enfrentar cuando asumió. “Pasé por esto en 2008, cuando el sistema financiero se iba por el inodoro. Tuvimos que tomar decisiones difíciles y no muy populares. A veces el dolor por corto tiempo es mejor que dejarlo para mañana”, afirmó Obama, que dijo en español esta última palabra.

Lo que Obama debe saber sobre la Argentina de Macri

Esta nota fue publicada ayer en el diario estadounidense The New York Times.

 

Por Gastón Chillier * y Ernesto Semán **

 

Durante su viaje a la Argentina esta semana, es poco probable que el presidente Obama visite a Milagro Sala. Reconocida activista social de la provincia de Jujuy, al noroeste del país, Sala fue detenida en enero a instancias del gobernador, Gerardo Morales, un aliado político del nuevo presidente, Mauricio Macri.

 

Su detención ha generado rechazo internacional; el papa Francisco, Naciones Unidas y Amnistía Internacional han expresado su preocupación. Pero no la Casa Blanca: al anunciar la visita de Obama, agradeció a Macri por sus “aportes a la defensa de los derechos humanos en la región”.

 

El histórico viaje de Obama a Cuba tiene toda la pompa de una despedida a la Guerra Fría en América Latina. Su visita a La Habana servirá como el punto simbólico culminante en la normalización de las relaciones de Estados Unidos con el gobierno comunista de Cuba. Pero su excursión a la Argentina tiene un sentido muy distinto.

Poco antes de que Obama llegara a Buenos Aires, su administración anunció la desclasificación de documentos del gobierno de Estados Unidos relacionados con la dictadura militar argentina del 1976 al 1983. Sin embargo, la visita no se trata del estado actual de los derechos humanos sino del libre comercio y la seguridad hemisférica.

 

Un reconocimiento del papel maligno que jugó EE.UU. en los primeros años de la dictadura es bienvenido, aun cuando sea tardío. Pero ignorar las señales de alarma sobre el impacto en los derechos humanos generadas por las acciones recientes de la nueva coalición gobernante de la Argentina es un recordatorio preocupante de ese legado. Para Macri, la visita de Obama ya es un respaldo.

 

La detención de Milagro Sala ilustra el nuevo enfoque de mano dura del gobierno argentino. Su organización jugó un papel importante al ofrecer viviendas, trabajos y educación a grupos marginados socialmente. Sala fue detenida por liderar una protesta de trabajadores cooperativistas, desempleados e indígenas en una de las provincias más pobres del país. Después, fue acusada de malversar fondos públicos. Esa investigación judicial debe seguir su curso pero el debido proceso exige que, mientras tanto, ella no sea encarcelada.

 

Esta detención arbitraria ocurre en el contexto de una serie de medidas tomadas por la administración de Macri que han debilitado el Estado de derecho bajo el pretexto de seguridad, libertad económica y la guerra contra las drogas. En enero, unas semanas después de asumir, Macri declaró la emergencia de seguridad que permitió que las fuerzas militares derriben aviones no identificados sospechados de estar vinculados con el narcotráfico.

 

En los hechos, el presidente ha decretado una pena de muerte de facto sin juicio previo. Esta política ha sido criticada como un ejemplo de la “narcotización” de la seguridad pública. Va en contra de los principios centrales de las reformas argentinas posdictadura que prohíben la intervención militar en la seguridad interior.

 

Poco después de la asunción de Macri, la Corte Suprema de la capital del país, Buenos Aires, dictaminó que la policía local puede requerir que los ciudadanos muestren sus documentos de identificación sin tener sospecha, un fallo que da luz verde al acoso policial basado en los prejuicios. En otra jugada igual de preocupante, el gobierno nacional presentó recientemente un nuevo protocolo para protestas que otorga a las fuerzas de seguridad mayores facultades para reprimir y criminalizar las manifestaciones; en un país donde la gente valora el derecho a la protesta y suele ocupar las calles para reclamar sus derechos.

 

El colapso económico y político de 2001 en la Argentina demostró definitivamente que las políticas de libre mercado de los 90 no habían mejorado las vidas de la gente común. No obstante, Macri y su equipo están resucitando algunas medidas fracasadas del pasado. Con los precios de las materias primas a la baja, quieren atraer inversión extranjera con recortes para llegar a mayor competitividad: buscan reducir el gasto público y achicar el Estado.

 

A la vez, su administración ha eliminado los controles cambiarios, lo cual aumenta la inflación. Algunos analistas estiman que el aumento de precios excederá la meta oficial para 2016 de entre 20 y 25 por ciento.

 

A pesar de sus promesas de campaña de fortalecer las instituciones democráticas, el presidente Macri está gobernando en el sentido opuesto. En diciembre, intentó nombrar a dos jueces nuevos de la Corte Suprema de la Nación por decreto y así sortear la aprobación del Senado. Ante el clamor de la sociedad, el Presidente dio marcha atrás y mandó los nombramientos al Senado.

 

No fue la única decisión prepotente: Macri utilizó varias órdenes ejecutivas para modificar un pilar de la legislación sobre los medios que había ampliado la libertad de expresión al fortalecer las normas antimonopólicas, aun cuando la administración anterior no la haya implementado bien. Este tipo de intervención presidencial sería desastrosa en cualquier circunstancia, pero en el contexto de la polarización política en la Argentina y de otras medidas represivas es alarmante.

 

El riesgo de militarizar el orden público, el debilitamiento de los límites institucionales al poder ejecutivo, la criminalización de la protesta y una obsesión con la promoción de políticas ortodoxas de libre mercado: nada de esto tiene buenos ecos en América Latina. Estados Unidos apoyó a muchos de los dictadores de la región durante los 70 y los 80 para que sirvieran de garantes locales del libre comercio y la seguridad contra el comunismo.

 

Recién después de la asunción del presidente Jimmy Carter en 1977, Estados Unidos empezó a intentar frenar las fuerzas represivas del continente. Si bien esto fue importante, no pudo compensar las décadas durante las cuales EE.UU. ayudaba a los dictadores latinoamericanos mientras decía defender la democracia.

 

Obama seguramente quiere dejar atrás ese pasado. Pero durante su administración, Estados Unidos alentó la desestabilización de la democracia en Honduras y Haití, presumiblemente porque esperaba que socios comerciales más favorables o aliados en la guerra contra las drogas tomaran el poder.

 

La decisión de Estados Unidos de desclasificar más documentos relacionados con la dictadura argentina es un paso importante que podría permitir investigaciones judiciales adicionales de crímenes de lesa humanidad. Pero ahora Obama no debe avalar la violencia estatal y la intolerancia ideológica como efectos secundarios aceptables de las metas más amplias de Estados Unidos de promoción del libre mercado y cooperación en materia de seguridad.

 

Una visita presidencial a la Argentina que ignora cómo el gobierno de Macri está socavando los derechos humanos y las instituciones democráticas –y en su lugar ofrece elogios vacíos sobre sus políticas– será interpretada correctamente como una vuelta al pasado.

 

* Director ejecutivo del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).
* * Profesor de historia en la Jepson School of Leadership Studies de la Universidad de Richmond.

(Tomado de Página 12, Argentina)

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